jueves, 23 de octubre de 2014

Pagar por sexo no es lo mío

Hace décadas, cuando las opciones para navegar en los internetes no iban mucho más allá de participar en newsletters y echarle un ojo a las páginas de geocities (¡qué tiempos!), el spam no era tan variado como ahora; sólo consistía en saturar la bandeja de entrada con promesas de alargamiento de pito, o propuestas de vaciar la cuenta bancaria de algún nigeriano millonario recién fallecido. También había ofrecimientos de sexo gratuito, variado, cachondo y sin compromisos, a cambio de intercambiar perfiles en alguna página de citas entre adultos.

En aquellos días finiseculares pasé por un periodo de abstinencia sexual involuntaria. La desesperación resultante me llevó a inscribirme a uno de esos sitios de citas. Transcurrió poco tiempo para que comprendiera que no iba a pasar nada y me dí de baja. A continuación expongo cómo fueron disminuyendo mis expectativas.

PRIMERA SEMANA

Busco divertirme con una mujer experimentada entre 27 años y 27 años y 2 meses, que tenga un CV que incluya dirección de dos empresas que salgan en Forbes, y que en sus ratos libres sea gimnasta, modelo, cazadora con arco, esgrimista y paracaidista. Debe leer a De Sade, a Proust y a Dovstoyevski en sus idiomas originales y los debe poder traducir al mixteco y al zoque-popoluca.

Su apariencia física debe cumplir con todos los requisitos para ser asistente de vuelo en Lufthansa y en KLM, además de ser una diosa del sexo y haber protagonizado al menos 10 películas porno, de preferencia haciendo DP, LP y CD y demás sopas de letras que no sé qué quieran decir pero que se oyen muy cachondas.

Cuando camine debe parecer que flota entre nubes de mota y a su paso debe dejar un aroma a pedo de deidad griega.

Es un plus si sabe hacer una barbacoa en quince minutos, lo mismo que zurcidos invisibles con los ojos vendados y con una mano atada a la espalda.

SEGUNDA SEMANA

Quiero estar con alguien que a la que pueda invitar a un restaurante lo mismo que a un puesto callejero sin que haya que llevarla de urgencia a un hospital. Si se sabe más de dos chistes estaría bien.

TERCERA SEMANA

Me conformo con pasar un tiempo no mayor a 15 minutos con alguien que tenga piernas y brazos y que sepa leer lo suficiente para distinguir cuál es la estación de metro en la que quedamos.

CUARTA SEMANA

Busco a alguien que no sea un cadáver frío y tieso...

Ahora bien, después de esa experiencia frustante reconozco que pude haber recurrido a las ofertas de sexoservicio en esta ciudad. Pero tengo la convicción, basada en evidencias, de que en este país jodido, pitero, corrupto e impune hay más probabilidades de que termine siendo cliente de una víctima de trata que de una sexoservidora que escogió ese oficio porque se le antojó.

Así que paso.

martes, 21 de octubre de 2014

El elevador

El departamento a donde recién me mudé está en un sexto piso. Las escaleras del edificio tienen la característica de provocarle a quien las usa las mismas sensaciones que le provocaba a Ibargüengoitia bajarse de un puente peatonal cuando cruzaba Churubusco: sentir que uno ha escapado de una muerte horrible. Por lo tanto, procuro usar el elevador.

Quien haya programado ese elevador es un bromista. Para abordarlo hay que estar atento a cuando se abra la puerta para lanzarse de un brinco a su interior; si uno se tarda tantito para meterse, la puerta se cierra en las narices de uno. O en un hombro. O en la cadera.

Hoy que ya estaba metido en el elevador, en uno de los pisos inferiores, ví a una pareja de vecinos formada por vecino y vecina cuando se abrieron las puertas del elevador en su piso. En lugar de brincar para adentro, el señor vecino se hizo a un lado para que pasara la señora vecina. La señora vecina comenzó a dar un paso y el elevador al que le vale madres la caballerosidad y esas cosas le cerró la puerta en la nariz y continuó su trayecto hasta la planta baja.

Mientras bajaba iba yo buscando alguna ventaja evolutiva consistente en que una persona con pito se haga a un lado para que pase antes, en un umbral, una persona con vagina. Elucubré que en el pasado remoto, los homínidos que dejaban pasar antes a su compañera a la cueva donde había riesgo de ser devorada por un tigre dientes de sable podían sobrevivir para ir a reproducirse a otro lado más seguro. Pero eso no es consecuente con el comportamiento de los homínidos actuales así que llegué a la planta baja con más dudas.

Ya caminando por la calle se me ocurrió que la ventaja evolutiva quizá consistiera en que las homínidas se sientan atraídas por los homínidos que les ceden el paso, y así se va pasando de generación en generación el comportamiento.

Pero después de comparar eso con mi propia experiencia, me negué a aceptar que a las homínidas actuales les prenda que les cedan el paso. Al menos no a las que trato.

Por lo tanto, concluyo provisionalmente que eso de ceder el paso es una de esas imbecilidades micromachistas que por repetirlas hasta la naúsea por tradición uno no nota que son eso, purititas imbecilidades.

Se me ocurrió la idea de hackear los elevadores de la ciudad para que más gente lo note.

pd. No se me escapa que pude haber detenido la puerta del elevador para que mis vecinos, menos ágiles que yo, pudieran abordarlo. Pero no lo hice para hacerles el favor de que se dieran cuenta que son unas plastas lentas a las que más les vale ponerse a hacer ejercicio. Por lo que considero que me merezco un monumento al buen vecino.

viernes, 17 de octubre de 2014

"Y quizás si hablo lo suficiente, diga algo con sentido."

El título es una frase que dice Montag, el bombero quemalibros, en Farenheit 451, cuando medio desesperado busca ayuda para oponerse a la barbaridad de su chamba.

Hace poco releí (sí, otra vez) la novela de Bradbury y me encontré con fragmentos que me laten para describir la corriente de insensatez de algunos timelines de twitter o facebook.

Fragmento uno

"A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el «Metro». O en las
cafeterías. Y, ¿sabe qué?
-¿Qué?
-La gente no habla de nada.
-¡Oh, de algo hablarán!
-No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas, y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original."

Fragmento dos


"Todo se reduce a la anécdota, al final brusco."

Fragmento tres


"El idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorado."

Fragmento cuatro


"Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse."

Justo esa sensación es la que me produce estar mirando las tendencias en twitter, es como el adormecimiento por escuchar el rumor ininteligible de miles de voces hablando al unísono.

No obstante, no afirmo que todo lo que se tuitea o se feisbuquea sea mierda irredenta, pero sí hay mucha. Lo que me recuerda dos cosas:

Primera cosa recordada

Hace unos días, en esos timelines de tuiter que están lejos de ser parte del conjunto mierdairredenta mencionaban un artículo en El País titulado ¿Por qué no es posible la revolución? en el que se abordan las razones por las que las protestas en masa y convocando "a la revolución" para derrocar lo que no gusta del statu quo, son ingenuas. Me traigo lo siguiente del artículo:


"El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad."

Segunda cosa recordada

Escribir en un blog le daba chance a uno la posibilidad de contar con un espacio propio en donde podía uno desarrollar, en la medida de sus posiblidades, tiempo e intelecto, un tema. Todo esto al margen de la cantidad de comentarios, visitas, hits por búsquedas de google, likes, favs, RT's o demás números de fama y autosobe.

Creo que vale la pena retomar el hilvane de ideas más allá de la red social. Creo que si hay algo que se oponga al contenido de mierdairredenta que sube como marea en el internet es el retome de los blogs.

¿Y quién sabe? Quizás si hablo lo suficiente, diga algo con sentido.

jueves, 17 de julio de 2014

Mantra

En el ámbito de la corredera, ejercitadera, calistenia, bodyweight y etcétera hay un principio que se dice con religiosidad de mantra; aunque, a diferencia de cacarear "om mani padme hum", éste si funciona.

Regresa a lo básico.

Sirve muy bien cuando uno retoma la actividad física después de interrumpirla. O cuando uno se encuentra con un estanco que parece infranqueable durante el progreso para adquirir fuerza, coordinación, equilibrio y/o flexibilidad. O cuando uno está redefiniendo sus objetivos para entrenar.

Ese principio creo que también sirve para otros ámbitos. Como sentarse a hacer narrativa.

En ese ánimo van dos citas de autores que han estado en mi cabecera desde hace algunas décadas. Los dos abordan preocupaciones de aspirantes a narradores, una es sobre forma y otra es sobre intenciones:

El objetivo de la narrativa no es la corrección gramatical, sino poner cómodo al lector, contar una historia... y, dentro de lo posible, hacerle olvidar que está leyendo una historia. El párrafo anterior de frase única se parece más al habla que a la prosa escrita, y bien está. Escribir es seducir. La seducción tiene mucho que ver con hablar con gracia. Si no, ¿por qué hay tanta parejas que empiezan cenando y terminan en la cama?

Stephen King, Mientras escribo.

Yo creo que un escritor que tiene puesto un ojo en el papel y otro en el público está perdido. El querer que el libro se venda es algo que viene a posteriori, cuando ya el libro está escrito, no en el momento de escribirlo. Es como querer que los hijos tengan éxito en la vida. Escribir un libro para que lo lean millones es como querer tener un hijo para que sea como Napoleón.

Jorge Ibargüengoitia en conferencia Los narradores ante el público, 1966.

Aprendan, chavos.

miércoles, 11 de junio de 2014

Blasfemia de puesto de quesadilla

El fin de semana pasado fui a subirme al Nevado de Toluca en bola. Cuando bajamos con hambre dispuesta para zamparnos un chivo, entramos a uno de los changarros especializados en servir comida en sope o envuelta en tortilla o quesadilla.

Ahí me encontré esto.



Las mejores oportunidades para pitorrearme de creencias religiosas no han venido de los aburridos revires de ateos furiosos. Esas oportunidades suelen venir de la mano de la gente devota (como ya lo he ilustrado en otra ocasión).

Mientras esperaba una quesadilla de chorizo verde, le dediqué un pie a esa imagen piadosa.

Virgen: A ver, mijito, estira bien los brazos para medirte el sueter.

Jesús: Pero mamaaaá...

Virgen: Que los estires bien, dije.

lunes, 26 de mayo de 2014

Lo que se ve vs lo que se dibuja

Hace unos meses, mientras me zampaba una nieve de cardamomo en La Especial de París ví un cartel convocando al que quisiera a inscribirse a un curso de dibujo en los talleres del Museo del Chopo. Ví que el horario me cuadraba y fuí a inscribirme.

Durante una noche a la semana de las siguientes semanas, a veces con gises pasteles, a veces con barritas Conté, a veces con plumas y las últimas veces con pinceles embadurnados en tinta china he intentado pasar a una hoja de papel lo que estoy mirando; siempre alguien en pelotas que cada pocos minutos cambia de posición de acuerdo a las indicaciones del maestro.

Las posiciones que más he encontrado difíciles de dibujar son en las que el o la modelo se tumba en la mesa y algunas partes de su cuerpo me quedan mucho más cerca que otras. Eso es porque esas partes se ven vastamente más grandes en comparación con las partes lejanas. Esta obviedad de perspectiva que estoy diciendo, la entienden ustedes y la entiendo yo. Quien no la entiende aún es mi cerebro de dibujante principiante que va por la vida en la creencia de que la cabeza del modelo, por ejemplo, es imposible que sea más grande que las piernas. Y dicha creencia tiene influencia sobre la evidencia de mis propios ojos, y en vez de dibujar lo que veo, modifico el dibujo para adaptarlo a lo que creo y a mi interpretación errónea de la realidad.



Supongo que necesito concederme más tiempo para dibujar e ir corrigiendo esas torceduras con la práctica.

martes, 15 de abril de 2014

Chica lista, decisión desesperada

Hace unos días, en uno de los ratos de descanso entre pararme de manos y elaborar planes para mandar al lado lejano de la Luna a la gente que usa crocs, estaba yo agradablemente sorprendido al darme cuenta que al contar con los dedos de las manos el número de chicas listas que trato casi todos los días, ya no me sobran tantos dedos -en cambio, mi conteo de gente lista sin vagina que veo todos los días no se ha movido en años y sigue consistiendo en el ogro que me encuentro en el espejo-.

Con una de esas chicas listas recién tuve un diálogo a teclazos. Abordamos su decisión de voto y me explicó porqué había votado por el PRI (supongo que leyó que aborrezco al PRI y vuelvo a suponer que se puso a leer las insensateces que yo publico para determinar si soy un orate inofensivo o uno peligroso). En resumen y sin reducirlo más que por brevedad, me dijo que había votado por el PRI porque quería que el pueblito de donde es oriunda y en el que todavía viven sus papás, saliera de la lamentable condición de pueblo fantasma asolado por la extorsión de los narcos de la zona, en el que lo metió, como a muchos otras comunidades, la guerra mal declarada y peor ejecutada del gobierno de Felipe Calderón. Su razonamiento consistía en que durante los años de gobierno priista el pueblito había sido seguro y su voto iba encaminado a que el lugar donde sus papás habían vivido años seguros volviera a la tranquilidad.

Sonaba a punto válido. Días más tarde me encontré un texto que podría aplicar a modo de revire.

El texto es de Temoris Grecko (en otra ocasión platiqué de un libro suyo) y trata sobre la renuncia del pensamiento independiente, del que Paz en los noventas era un ejemplo cuando le reviró a espumarajos a Vargas Llosa lo de la dictadura perfecta. También trata de las ocasiones en las que Temoris ha sido testigo -y en sus adolescencias, incluso participante- de cómo la devoción ideológica no sirve más que para afianzar situaciones que ya no se sostienen.

El caso de la chica lista votando por el PRI no lo percibo como devoción ideológica -que es lo que critica Temoris en su texto-. No obstante, el siguiente fragmento del texto de Temoris me recordó la situación de la chica lista.

En tiempos de confusión, en los que la izquierda no logra articular una propuesta alternativa […], el miedo está arrastrando a muchos hacia las seguridades del pasado, a los tiempos en que no había dudas sobre quiénes eran los malos y quiénes los buenos. Pero esos buenos no eran buenos, eran tan malos como los otros. Y no hay cobijo en taparse los ojos con viejas vendas. 

Si hay desconcierto ahora, en buena parte se debe a la falta de pensamiento crítico e independiente, a la exigencia verticalista de someterse a las imprescindibilidades. Esto es lo que canceló las oportunidades de señalar los errores, los desvíos y las traiciones, lo que persiguió las alternativas y la exploración.

A la chica lista (por eso está en ese conteo) no le falta pensamiento independiente ni crítico, sin embargo la situación de su pueblito natal la pone en un estado en que no es nada fácil ponerse crítica e independiente.

Al final, creo que votar por el PRI es, parafraseando a Temoris, una cancelación a explorar alternativas, de gobierno y de solución a las crisis que tenemos encima. Y también creo que con una pistola en la cabeza, esa exploración es una urgencia.