viernes, 31 de octubre de 2014

Cuento de temporada

Estaba haciéndome una lista de los relatos cortos de terror más notables que he leído y encontré que mis favoritos están en un libro de cuentos del señor Stephen King, mentado Skeleton Crew. A su vez, de esos mi preferido es este, disfrútenlo:

HAY TIGRES

Charles necesitaba desesperadamente ir al lavabo. Era inútil engañarse pensando que podía esperar al recreo. Su vejiga protestaba desesperadamente, y miss Bird le había descubierto retorciéndose.

Había tres profesoras en el tercer curso del colegio de Acorn Street. Miss Kinney era joven, rubia y llena de vivacidad. Mrs. Trask tenía la hechura de un almohadón moruno, se peinaba con trenzas y reía ruidosamente. Y luego estaba miss Bird.

Charles había sabido que acabaría con miss Bird. Era inevitable. Porque estaba claro que miss Bird quería destruirle. No permitía que los niños fueran al sótano. El sótano, explicó miss Bird, era donde se encontraban las calderas de calefacción, y las señoras y los señores bien educados jamás iban allí, porque los sótanos eran lugares decrépitos y llenos de hollín. Los jóvenes y las señoritas, repitió, no bajan al sótano. Van al cuarto de baño, dijo.

Charles volvió a retorcerse. Miss Bird le miró.

—Charles —dijo mientras señalaba Bolivia con el puntero—, ¿no necesitas ir al baño?

Cathy Scott, que tenía el putitre delante de él, rió cubriéndose prudentemente la boca con la mano.

Kenny Griffen hizo una mueca y le dio una patada por debajo del pupitre. Charles se ruborizó.

—Di algo, Charles —insistió miss Bird—. Necesitas... (dirá orinar, siempre dice orinar)

—Sí, miss Bird.

—¿Sí qué?

—Que tengo que ir al só... al baño.

Miss Bird sonrió.

—Muy bien, Charles. Puedes ir al baño a orinar. ¿Es eso lo que necesitas hacer? ¿Orinar?

Charles bajó la cabeza abrumado.

—Muy bien, Charles. Ve. Y la próxima vez, por favor, no esperes a que te lo pregunte.

Risitas sofocadas. Miss Bird golpeó su mesa con el puntero.

Charles recorrió el pasillo hasta la puerta, con treinta pares de ojos clavados a su espalda. Cada uno de esos niños, incluida Cathy Scott, sabía que iba al baño a orinar. La puerta estaba a una distancia tan larga como un campo de fútbol. Miss Bird no siguió con la clase, sino que guardó silencio hasta que él hubo abierto la puerta, pasado al vestíbulo milagrosamente vacío, y vuelto a cerrar la puerta.

Anduvo hacia el baño de los chicos...

(sótano, sótano, sótano, SÍ QUIERO)

... arrastrando los dedos a lo largo de la fresca tira de mosaico de la pared, dejándolos tamborilear sobre el tablón de anuncios con los boletines pegados con chinchetas y resbalar sobre la...

(ROMPAN EL CRISTAL EN CASO DE EMERGENCIA)

... superficie roja de la caja de la alarma contra incendios.

Miss Bird disfrutaba haciéndole ruborizarse. Delante de Cathy Scott —que nunca necesitaba ir al sótano, ¿hay derecho?— y de todos los demás.

P-e-r-r-a, pensó. Lo deletreó porque el año pasado había decidido que, si deletreaba, Dios no lo consideraba pecado.

Entró en el baño de los chicos.

Dentro estaba muy fresco, con un leve y no desagradable olor a cloro. Ahora, a media mañana estaba limpio y desierto, tranquilo y agradable, no como el maloliente y humoso cubículo del Star Theatre en la ciudad.

El baño...

(¡sótano!)

... estaba construido como una L, la pata corta con una hilera de pequeños espejos cuadrados sobre palanganas de porcelana y un rollo de toallas de papel...

(NIBROC)

... y la pata más larga con dos urinarios y tres cubículos con sus tazas.

Charles enfiló la esquina después de contemplar, aburrido, su rostro delgado y pálido en uno de los espejos.

El tigre estaba echado al fondo, exactamente debajo del ventanuco blanco. Era un gran tigre, con rayas y manchas oscuras en su piel. Levantó la cabeza vivamente APRA mirar a Charles y sus ojos verdes se estrecharon. Una especie de gruñido, suave como un ronroneo, escapó de su boca. Los ágiles músculos se flexionaron y el tigre se levantó. Agitó la cola y golpeó contra los lados de porcelana del último urinario.

El felino parecía muy hambriento y agresivo.

Charles salió precipitadamente por donde había entrado. La puerta pareció tardar años en cerrarse, neumáticamente, tras él, pero cuando lo hizo se sintió a salvo. No recordaba haber leído u oído que los tigres supieran abrir puertas.

Charles se secó la nariz con el dorso de la mano. Su corazón palpitaba desbocadamente. Seguía necesitando ir al sótano, más que nunca.

Se revolvió y apretó la mano contra el vientre. Tenía que ir al sótano. Si pudiera tener la seguridad de que no se acercaría nadie, podría entrar en el de las niñas. Estaba del otro lado del vestíbulo. Charles lo miró anhelante, sabiendo que no se atrevería ni en un millón de años. ¿Y si llegaba Cathy Scott? Oh, horror de los horrores... ¿Y si la que llegaba era miss Bird?

Quizá el tigre habían sido imaginaciones suyas.

Abrió la puerta lo suficiente para mirar por el resquicio.

El tigre le miró a su vez desde el ángulo de la L, con los ojos de un verde resplandeciente. Charles imaginó ver una minúscula manchita azul en aquel brillo profundo, como si el tigre se hubiera comido uno de sus ojos. Como si...

Una mano rodeó su cuello.

Charles lanzó un grito sofocado y sintió que el corazón y el estómago se le anudaban en la garganta. Por un momento tuvo la terrible sensación de que iba a orinarse encima.

Era Kenny Griffin, sonriendo burlonamente.

—Me ha mandado miss Bird porque llevas años sin volver. Prepárate.

—Sí, pero aún no he podido entrar en el baño —dijo Charles medio muerto del susto que le había dado Kenny.

—¡Estás estreñido! —exclamó Kenny alegremente—. ¡Espera a que se lo cuente a Cathy!

—¡No se te ocurra! —dijo Charles—. Además, no lo estoy. Ahí dentro hay un tigre.

—¿Y qué está haciendo? —preguntó Kenny— ¿Pis?

—No lo sé —murmuró Charles mirando a la pared—. Yo sólo quiero que se vaya. —Y se echó a llorar.

—Eh —dijo Kenny, desconcertado—. ¿Qué te ocurre?

—Tengo que ir al lavabo. Pero no puedo entrar ahí... Miss Bird dirá que...

—Vamos —insistió Kenny, cogiéndole del brazo con una mano y empujando la puerta con la otra—. Te lo estás inventando.

Estuvieron dentro antes de que Charles, aterrorizado, pudiera zafarse y retroceder.

—¡Un tigre! —se burló Kenny-. Chico, miss Bird te matará.

—Está del otro lado.

Kenny empezó a avanzar junto a las palanganas:

—Gatito, gatito... ¡Gatito!

—¡No lo hagas! —chilló Charles.

Kenny desapareció tras la esquina.

—Gatito, gatito... Gat...

Charles salió disparado por la puerta y se apoyó contra la pared, esperando, cubriéndose la boca con las manos, y los ojos cerrados con fuerza.

No se oyó ningún grito.

No sabía cuánto tiempo permaneció allí, paralizado, con la vejiga a punto de reventar. Contemplaba la puerta del lavabo de chicos. Pero no le decía nada. Era sólo una puerta.

No iría.

No podría.

Pero al fin entró.

Las palanganas y los espejos seguían ordenados, y el vago olor a cloro persistía. Pero ahora parecía que había otro olor por debajo de aquél, un olor vagamente desagradable, como de cobre.

Con gemidos de impaciencia pero silenciosos se acercó al ángulo de la L y miró.

El tigre estaba echado en el suelo, lamiendo sus patas con una enorme lengua rosa. Miró a Charles con indiferencia. En una de sus garras había un trozo de camisa.

Pero la necesidad era ya pura agonía, y no podía esperar un segundo más. Tenía que orinar. Se acercó de puntillas a la palangana más cercana a la puerta.

Miss Bird entró como un vendaval cuando él se abrochaba los pantalones.

—¡Vaya, niño repugnante! —le increpó.

Charles, asustado, no dejaba de mirar la esquina.

—Lo siento, miss Bird... el tigre... voy a limpiar la palangana... lo haré con jabón... le aseguro que lo haré...

—¿Dónde está Kenneth? —preguntó miss Bird con calma.

—No lo sé. —Era verdad.

—¿Está ahí dentro?

—¡No! —gritó Charles.

Miss Bird se acercó a la esquina.

—Ven aquí, Kenneth. Ahora mismo.

—Miss Bird...

Pero ella ya había desaparecido tras la esquina. Iba dispuesta a atacar, pensó Charles, pero iba a descubrir lo que era un ataque de verdad.

Volvió a salir por la puerta. Bebió agua en la fuente de la entrada. Miró la bandera norteamericana colgada sobre la entrada del gimnasio. Miró el tablón de anuncios. Mochuelo del Bosque avisaba: GRITAD, PERO NO CONTAMINÉIS. Buen Amigo aconsejaba: NO OS VAYÁIS CON DESCONOCIDOS. Charles lo leyó todo dos veces.

Después volvió a la clase, recorrió el pasillo hasta su sitio con la mirada en el suelo, y se deslizó en su asiento. Eran las once menos cuarto. Sacó Caminos a todas partes y se puso a leer la lección «Bill en el Rodeo».

pd. Ahora que si lo que quieren es sentir miedo, pónganse a jugar Dead Space de madrugada y solos. Todo mundo es macho hasta que tiene que jugar Dead Space de madrugada.

martes, 28 de octubre de 2014

El país ya se fue a la mierda

Cuando blogueaba más seguido sobre algún dislate cortesía de alguno de los zoquetes pertenecientes a la clase gobernante de este país bananero, usaba una etiqueta parecida a la del título de este post (¡ah ese Felipe Calderón, cuánta burrada cometía!).

Lo malo es que el rosario de malas noticias de los últimos días indican que el país ya se cayó en un bache repleto de mierda y estamos con ella hasta el cuello.

Iguala y Ayotzinapa

Hace un mes pasó lo de la balaceada y apañe por parte de policías de Iguala y Cocula a estudiantes normalistas de Ayotzinapa que boteaban en Iguala. Hasta ahora, sólo algunos de los perpetradores han sido consignados, se ha girado orden de aprensión a la pareja presidencial municipal responsable, hubo enroque en el poder ejecutivo estatal y los estudiantes siguen desaparecidos a pesar de las reacciones ciudadanas en forma de marchas, pintas, consignas y gigas de condena, lamento y mentadas al Estado en redes sociales.

Tamaulipas

Hace unos días una médica, que también era activista, llamada María del Rosario Fuentes Rubio, que colaboraba en una comunidad de redes sociales llamada Valor por Tamaulipas, dedicada a reportar sobre la violencia en Tamaulipas, fue secuestrada al salir de su trabajo. Al día siguiente en su cuenta de twitter alguien publicó una foto de su cadáver. Hasta ahora lo único que ha pasado es que la UNESCO condenó el asesinato, lo mismo que un chinguero de tuiteros mexicanos, exigiendo al gobierno de México que investigue.

Michoacán

Ayer salió a decir el Procurador General de Justicia en Michoacán que hace unos días unos policías de Vista Hermosa apañaron a un señor que vivía en Yurécuaro, lo entregaron a sepaquién quien "pagó 500 pesos a dos de los policías y a los otros dos les dio cinco dosis de metanfetaminas". Días más tarde apareció la cabeza del señor secuestrado en una hielera.

Estado de México

Al conteo, lamentablemente creciente de feminicidios en el Estado de México hay que agregar los cuerpos recientemente encontrados en el Río de los Remedios. Esa información, según un texto publicado en la revista Vice sólo ha sido confirmada por un activista, un reportero gráfico y la familiar de una persona desaparecida. Hasta el momento las autoridades no han dicho ni pío del hallazgo, pero en el mismo texto de Vice se hace constar que las mentadas autoridades, aunque quisieran, están muy mensas para determinar si esos cuerpos corresponden a cuáles desaparecidas.

El país ya se fue a la mierda. Los encargados de garantizar seguridad, en lugar de atender a la ciudadanía o la entregan al grupo criminal en turno, o se quedan empantanados en el pasmo, la burocracia y el bomberazo mal atendido.

Para cambiar esa situación no va a bastar con salir a votar por quien se considere menos peor en las elecciones para ayuntamientos, diputados y algunos gobernadores en junio de 2015. Sobre todo teniendo en cuenta que los partidos políticos o bien pueden candidatear a bandidos coludidos con grupos criminales a pesar de sus promesas diciendo lo contrario, o bien pueden candidatear a mesias que usen la fuerza del estado para empeorar las cosas.

Si el Estado no las puede, quizá sea hora de prescindir de él.

jueves, 23 de octubre de 2014

Pagar por sexo no es lo mío

Hace décadas, cuando las opciones para navegar en los internetes no iban mucho más allá de participar en newsletters y echarle un ojo a las páginas de geocities (¡qué tiempos!), el spam no era tan variado como ahora; sólo consistía en saturar la bandeja de entrada con promesas de alargamiento de pito, o propuestas de vaciar la cuenta bancaria de algún nigeriano millonario recién fallecido. También había ofrecimientos de sexo gratuito, variado, cachondo y sin compromisos, a cambio de intercambiar perfiles en alguna página de citas entre adultos.

En aquellos días finiseculares pasé por un periodo de abstinencia sexual involuntaria. La desesperación resultante me llevó a inscribirme a uno de esos sitios de citas. Transcurrió poco tiempo para que comprendiera que no iba a pasar nada y me dí de baja. A continuación expongo cómo fueron disminuyendo mis expectativas.

PRIMERA SEMANA

Busco divertirme con una mujer experimentada entre 27 años y 27 años y 2 meses, que tenga un CV que incluya dirección de dos empresas que salgan en Forbes, y que en sus ratos libres sea gimnasta, modelo, cazadora con arco, esgrimista y paracaidista. Debe leer a De Sade, a Proust y a Dovstoyevski en sus idiomas originales y los debe poder traducir al mixteco y al zoque-popoluca.

Su apariencia física debe cumplir con todos los requisitos para ser asistente de vuelo en Lufthansa y en KLM, además de ser una diosa del sexo y haber protagonizado al menos 10 películas porno, de preferencia haciendo DP, LP y CD y demás sopas de letras que no sé qué quieran decir pero que se oyen muy cachondas.

Cuando camine debe parecer que flota entre nubes de mota y a su paso debe dejar un aroma a pedo de deidad griega.

Es un plus si sabe hacer una barbacoa en quince minutos, lo mismo que zurcidos invisibles con los ojos vendados y con una mano atada a la espalda.

SEGUNDA SEMANA

Quiero estar con alguien que a la que pueda invitar a un restaurante lo mismo que a un puesto callejero sin que haya que llevarla de urgencia a un hospital. Si se sabe más de dos chistes estaría bien.

TERCERA SEMANA

Me conformo con pasar un tiempo no mayor a 15 minutos con alguien que tenga piernas y brazos y que sepa leer lo suficiente para distinguir cuál es la estación de metro en la que quedamos.

CUARTA SEMANA

Busco a alguien que no sea un cadáver frío y tieso...

Ahora bien, después de esa experiencia frustante reconozco que pude haber recurrido a las ofertas de sexoservicio en esta ciudad. Pero tengo la convicción, basada en evidencias, de que en este país jodido, pitero, corrupto e impune hay más probabilidades de que termine siendo cliente de una víctima de trata que de una sexoservidora que escogió ese oficio porque se le antojó.

Así que paso.

martes, 21 de octubre de 2014

El elevador

El departamento a donde recién me mudé está en un sexto piso. Las escaleras del edificio tienen la característica de provocarle a quien las usa las mismas sensaciones que le provocaba a Ibargüengoitia bajarse de un puente peatonal cuando cruzaba Churubusco: sentir que uno ha escapado de una muerte horrible. Por lo tanto, procuro usar el elevador.

Quien haya programado ese elevador es un bromista. Para abordarlo hay que estar atento a cuando se abra la puerta para lanzarse de un brinco a su interior; si uno se tarda tantito para meterse, la puerta se cierra en las narices de uno. O en un hombro. O en la cadera.

Hoy que ya estaba metido en el elevador, en uno de los pisos inferiores, ví a una pareja de vecinos formada por vecino y vecina cuando se abrieron las puertas del elevador en su piso. En lugar de brincar para adentro, el señor vecino se hizo a un lado para que pasara la señora vecina. La señora vecina comenzó a dar un paso y el elevador al que le vale madres la caballerosidad y esas cosas le cerró la puerta en la nariz y continuó su trayecto hasta la planta baja.

Mientras bajaba iba yo buscando alguna ventaja evolutiva consistente en que una persona con pito se haga a un lado para que pase antes, en un umbral, una persona con vagina. Elucubré que en el pasado remoto, los homínidos que dejaban pasar antes a su compañera a la cueva donde había riesgo de ser devorada por un tigre dientes de sable podían sobrevivir para ir a reproducirse a otro lado más seguro. Pero eso no es consecuente con el comportamiento de los homínidos actuales así que llegué a la planta baja con más dudas.

Ya caminando por la calle se me ocurrió que la ventaja evolutiva quizá consistiera en que las homínidas se sientan atraídas por los homínidos que les ceden el paso, y así se va pasando de generación en generación el comportamiento.

Pero después de comparar eso con mi propia experiencia, me negué a aceptar que a las homínidas actuales les prenda que les cedan el paso. Al menos no a las que trato.

Por lo tanto, concluyo provisionalmente que eso de ceder el paso es una de esas imbecilidades micromachistas que por repetirlas hasta la naúsea por tradición uno no nota que son eso, purititas imbecilidades.

Se me ocurrió la idea de hackear los elevadores de la ciudad para que más gente lo note.

pd. No se me escapa que pude haber detenido la puerta del elevador para que mis vecinos, menos ágiles que yo, pudieran abordarlo. Pero no lo hice para hacerles el favor de que se dieran cuenta que son unas plastas lentas a las que más les vale ponerse a hacer ejercicio. Por lo que considero que me merezco un monumento al buen vecino.

viernes, 17 de octubre de 2014

"Y quizás si hablo lo suficiente, diga algo con sentido."

El título es una frase que dice Montag, el bombero quemalibros, en Farenheit 451, cuando medio desesperado busca ayuda para oponerse a la barbaridad de su chamba.

Hace poco releí (sí, otra vez) la novela de Bradbury y me encontré con fragmentos que me laten para describir la corriente de insensatez de algunos timelines de twitter o facebook.

Fragmento uno

"A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el «Metro». O en las
cafeterías. Y, ¿sabe qué?
-¿Qué?
-La gente no habla de nada.
-¡Oh, de algo hablarán!
-No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas, y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original."

Fragmento dos


"Todo se reduce a la anécdota, al final brusco."

Fragmento tres


"El idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorado."

Fragmento cuatro


"Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse."

Justo esa sensación es la que me produce estar mirando las tendencias en twitter, es como el adormecimiento por escuchar el rumor ininteligible de miles de voces hablando al unísono.

No obstante, no afirmo que todo lo que se tuitea o se feisbuquea sea mierda irredenta, pero sí hay mucha. Lo que me recuerda dos cosas:

Primera cosa recordada

Hace unos días, en esos timelines de tuiter que están lejos de ser parte del conjunto mierdairredenta mencionaban un artículo en El País titulado ¿Por qué no es posible la revolución? en el que se abordan las razones por las que las protestas en masa y convocando "a la revolución" para derrocar lo que no gusta del statu quo, son ingenuas. Me traigo lo siguiente del artículo:


"El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad."

Segunda cosa recordada

Escribir en un blog le daba chance a uno la posibilidad de contar con un espacio propio en donde podía uno desarrollar, en la medida de sus posiblidades, tiempo e intelecto, un tema. Todo esto al margen de la cantidad de comentarios, visitas, hits por búsquedas de google, likes, favs, RT's o demás números de fama y autosobe.

Creo que vale la pena retomar el hilvane de ideas más allá de la red social. Creo que si hay algo que se oponga al contenido de mierdairredenta que sube como marea en el internet es el retome de los blogs.

¿Y quién sabe? Quizás si hablo lo suficiente, diga algo con sentido.

jueves, 17 de julio de 2014

Mantra

En el ámbito de la corredera, ejercitadera, calistenia, bodyweight y etcétera hay un principio que se dice con religiosidad de mantra; aunque, a diferencia de cacarear "om mani padme hum", éste si funciona.

Regresa a lo básico.

Sirve muy bien cuando uno retoma la actividad física después de interrumpirla. O cuando uno se encuentra con un estanco que parece infranqueable durante el progreso para adquirir fuerza, coordinación, equilibrio y/o flexibilidad. O cuando uno está redefiniendo sus objetivos para entrenar.

Ese principio creo que también sirve para otros ámbitos. Como sentarse a hacer narrativa.

En ese ánimo van dos citas de autores que han estado en mi cabecera desde hace algunas décadas. Los dos abordan preocupaciones de aspirantes a narradores, una es sobre forma y otra es sobre intenciones:

El objetivo de la narrativa no es la corrección gramatical, sino poner cómodo al lector, contar una historia... y, dentro de lo posible, hacerle olvidar que está leyendo una historia. El párrafo anterior de frase única se parece más al habla que a la prosa escrita, y bien está. Escribir es seducir. La seducción tiene mucho que ver con hablar con gracia. Si no, ¿por qué hay tanta parejas que empiezan cenando y terminan en la cama?

Stephen King, Mientras escribo.

Yo creo que un escritor que tiene puesto un ojo en el papel y otro en el público está perdido. El querer que el libro se venda es algo que viene a posteriori, cuando ya el libro está escrito, no en el momento de escribirlo. Es como querer que los hijos tengan éxito en la vida. Escribir un libro para que lo lean millones es como querer tener un hijo para que sea como Napoleón.

Jorge Ibargüengoitia en conferencia Los narradores ante el público, 1966.

Aprendan, chavos.

miércoles, 11 de junio de 2014

Blasfemia de puesto de quesadilla

El fin de semana pasado fui a subirme al Nevado de Toluca en bola. Cuando bajamos con hambre dispuesta para zamparnos un chivo, entramos a uno de los changarros especializados en servir comida en sope o envuelta en tortilla o quesadilla.

Ahí me encontré esto.



Las mejores oportunidades para pitorrearme de creencias religiosas no han venido de los aburridos revires de ateos furiosos. Esas oportunidades suelen venir de la mano de la gente devota (como ya lo he ilustrado en otra ocasión).

Mientras esperaba una quesadilla de chorizo verde, le dediqué un pie a esa imagen piadosa.

Virgen: A ver, mijito, estira bien los brazos para medirte el sueter.

Jesús: Pero mamaaaá...

Virgen: Que los estires bien, dije.