viernes, 14 de noviembre de 2014

No vean películas de ciencia ficción con su mame configurado al 100%, gente


El domingo vi Interestelar. Dos veces.

- Controlzape pendejo - quizá piense algún lector anónimo. - ¿Necesitabas ver más de una vez esa porquería para entenderle?

- No - contestaría yo, si los comentarios asociados a google+, todavía permitieran la participación de fansfromhell anónimos en este blog pitero. - La ví dos veces el mismo día porque es muy chingona.

Advertencia: van spoilers. Si quieren llegar vírgenes a ver Interestelar ya saben qué hacer.

Continúo.

He leído varios espumarajos (como los que echó Phil Plait que debe ser horrible como compañero para ir al cine) sobre la mala ciencia de la película. La trama a grandes rasgos consiste en irse a meter a un agujero de gusano orbitando Saturno, que conduce a otra galaxia, para luego ponerse a explorar planetas que a su vez orbitan un agujero negro supermasivo con el objetivo de encontrar hogar nuevo para la humanidad, porque la Tierra se está volviendo en un lugar cada vez más hostil para la especie humana (como lo es la mayor parte del Universo, pues).

Si a alguien no le gustó Interestelar y echó el espumarajo "¡miren la malaciencia!" no creo que la crítica desfavorable haya achacársela a Kip Thorne, astrofísico y consultor científico del filme (quien hizo un gran trabajo), ni a la inexactitud relativista que pueda haber en la historia para ajustarse al guión. Si alguien echa ese espumarajo es por meterse a ver una película de ficción con su configuración personal de mame al 100%.

Por ejemplo, a mí no se me echó a perder la película cuando ví que los protagonistas llegan a un planeta oceánico donde el agua les llega a las rodillas y donde cada hora aparece una ola del tamaño del Himalaya y pensé "¿de dónde sale el agua para formar olas de ese tamaño en un océano de profundidad de fuente de glorieta chilanga? misterio".

Quizá me hubiera emocionado más ver que la gravedad del agujero negro, en lugar de formar olas gigantes, provocaba que cada tanto brotara del suelo un Paricutín eruptando lava y haciendo que llovieran piedras del cielo. PIEDRAS. Pero eso es por que tengo preferencias de volcanes sobre olas en el tema de desastres naturales que debe enfrentar un actor que me cae mal (tú no, Anne Hathaway, soy fans).

*Se acuerda de Anne Hathaway en disfraz de Gatúbela montando una moto*

**El trasero de Anne Hathaway le provoca efectos relativistas**

***Pasan horas***

¿En qué iba? Ah sí. Entonces, mi recomendación, avezados lectores es la siguiente: configúrense, como TARS y CASE, los robots geniales de la película. Bájenle rayitas a su mame y disfruten Interestelar.

pd1. Lo que más me gustó de la película, es cuando queda claro que engañar a los niños enseñándoles que las misiones Apollo fueron montaje y pantomima, no es solución para enfrentar una crisis de supervivencia de la especie. Entiendo que los granjeros son importantes para que todos comamos (hasta los contadores son importantes para registrar lo que gastamos y lo que ahorramos -no no me estoy pitorreando-). Pero para trascender la idiotez inherente a nuestra especie de primates bípedos, también se necesitan exploradores y científicos.

pd2. El Agujero Negro quedó en un muy lejano segundo lugar en mi lista de películas donde un agujero negro rifa.

pd3. Tengo que aprender a no pensar en voz alta. La primera vez que ví Interestelar le arruiné el final a toda mi fila.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Marcha y música

El sábado en la noche fui a caminar con los que marchaban por el pronto encuentro con vida de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa y para repudiar las labores chambonas de la PGR y del Gobierno en turno para encontrarlos. La marcha terminó en el Zócalo con incendio de una puerta del Palacio Nacional por parte de una minoría encapuchada y torpe para encender material flamable, y en detenciones arbitrarias de más de un docena de mirones y paseantes por parte de granaderos.



La marcha había sido convocada el mismo día vía redes sociales para apersonarse ante la PGR, en el 211 de Reforma, a las 20hrs y caminar hasta el Zócalo. Yo me junté a los marchantes cuando se aglutinaban frente a la PGR. Comenzamos a avanzar después de un rato y caminé junto entre toda la bola. Algunos llevaban veladoras. Pasando Insurgentes una media docena de marchantes cambió las veladoras por antorchas. Cuando pasaba ante la fuente de Felguerez ví a un encapuchado gordo poner una pinta en la fuente que decía ¡Los vengaremos! Contuve mi ibarguengoitiafilia y no lo molí a golpes.


Entre consignas, gente lenta para caminar y una valla cada vez más nutrida de apoyo a la marcha de espontáneos cargando cartulinas o coreando, llegué al Zócalo a las 22hrs aproximadamente.

La camioneta con sonido que encabezaba la marcha ya estaba a un lado del asta. Cuando me acerqué, alguien pasaba la lista de los 43 estudiantes desaparecidos. Al terminar, convocó a tumbarse al suelo para hacer un performance de gente tirada en el suelo contando a coro hasta 43 en voz alta.

Esa fue mi participación en la marcha. Cuando terminó el perfomance, me levanté, me dio sed y como no tenía muchas ganas de quedarme a chelear por el centro, me fui a mi casa. Ahí, me enteré que me perdí de las emociones de practicar el deporte de "brinco de granadero chaparro".

Pfff.

Durante las siguientes horas, lo que se comentaba en redes sociales y notas de periódicos era la puerta quemada y la correteada de granaderos. La imagen de una puerta en llamas del Palacio Nacional se convirtió en estandarte para que  zoquetes y tibios, estigmatizaran toda la protesta social.

Supongo que varios se quedaron con esa imagen como visualización del final de la marcha.

En mi cabeza hay otra imagen del final de la marcha.

Al pasar por la esquina de 5 de Mayo y Bolívar me encontré a una chica que tocaba el cello. No reconocí la rola pero me gustó. No era la primera vez que veía a la cellista. Dos fines de semana antes, en la cervecería de la contraesquina, alguien me hizo notar como una patrulla era convocada por un policía para obligar a la cellista a irse con su música a otra parte.

No obstante, la noche de la marcha la cellista tocaba en paz. Ignoro si los disturbios de más tarde la interrumpieron, pero mientras yo caminaba por ahí, ella tocaba sin ser interrumpida por los policías, ocupados redirigiendo la circulación lejos de la marcha.


Una chica tocando el cello sin que llegaran a chingar los policías. Así terminó para mi ese episodio de protesta social.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El vampiro científicamente correcto

En las películas de vampiros, cuando les da la luz del Sol y se achicharran y se vaporizan, siento que falta más drama. Para componer eso se me ocurrió aportar la siguiente línea de agonía y muerte que pongo a consideración de guionistas y cineastas.


De nada. Mi natural modestia me impide recibir sus efusivos agradecimientos.

lunes, 3 de noviembre de 2014

#yosiquierofoodtrucks

Mi experiencia comiendo en foodtruck no es mucha pero eso es algo que planeo componer. Como comensal sólo me he zampado una hamburguesa durante los días del Corona Capital más reciente (las otras veces que me dio hambre en el Corona preferí hacer fila en el puesto de dorilocos porque avanzaba más rápido), y el sábado pasado comí un ceviche negro, costra con camarón y agua de coco en uno de los foodtrucks estacionados en la entrada de la Feria de Chapultepec. La hamburguesa costó 40 pesos y el menú marisquero 99 pesos. Con la hamburguesa aguanté hasta que Beck terminó de cantar, y con los mariscos pude ver, sin hambrearme, El Juez, película que dura lo mismo que una cuaresma.

Antes de eso mi experiencia foodtruckera se limitaba a ver los camioncitos con cocina cuando caminaba por la Roma. Había identificado a dos que se habían vuelto parte permanente del paisaje. Uno en la esquina de San Luis Potosí y Medellín y el otro a un costado de la Parroquia del Verbo Encarnado y Sagrada Familia. Ninguno de esos ofrecía algo que me gustara así que nunca me apersoné a comer ahí. Supongo que si ahora voy por esos rumbos no me los voy a encontrar, debido a los esfuerzos del jefe delegacional de la Cuauhtemoc por retirar foodtrucks en la Roma y la Condesa.

Me enteré la semana pasada del retiro de foodtrucks parqueados permanentemente por parte de la delegación Cuauhtemoc gracias a un artículo de un Carlos Mota en El Financiero. Para llegar a la información relevante sobre el retiro de foodtrucks y sobre la ausencia de regulación que hay en la ciudad de México en ese ámbito de comida callejera, tuve que chutarme párrafos escritos con más nostalgia que oficio describiendo o la comida de las mocedades del autor u otro tipo de comida callejera más tradicional. Cuando llegué a la parte donde dice que los foodtruckeros son "en alguna medida, capricho de algunos niños ricos" (Carlos Mota ha de pensar que la oferta gastronómica en la Condesa y la Roma lo hace la UNESCO), comprendí que estaba leyendo a alguien al que no le gustan los foodtrucks, no por la comida sino por emputamiento inexplicable con sus dueños.

Después de algún troleo dedicado a @SOYCarlosMota y a su artículo mal escrito, dos días después reviró en El Financiero. Esta vez diciendo que los foodtruckeros tienen la piel delgada y que por eso no se los imagina haciendo los mismos esfuerzos pedaleros que un tamalero de triciclo. Después de citar a más emputados con los foodtrukeros, por fin Carlos Mota explica porqué no le gustan. Dice: "la pretensión de transformar la Condesa en Tribeca no me apetece mucho."

La imaginación de Carlos Mota trabaja muy raro: no se puede imaginar a un foodtrukero pedaleando un triciclo pero sí se puede imaginar a media docena de foodtruckeros transformando la Roma y la Condesa en NY. Por otro lado, en la Condesa y la Roma hay problemas más críticos, urgentes y reales que resolver que la imaginada manhattanización de sus calles, como se puede ver en este caso de un portero de un edificio de la Roma Norte asesinado por franeleros.

La Condesa como Manhattan no es la única analogía pendeja que se puede apreciar en este foodtruckergate. Por ejemplo, uno de los lectores de Carlos Mota se aventó la siguiente joyita en tuiter.
Me sumo a la posición de @SOYCarlosMota Los #FoodTrucks son a la gastronomía, lo que los discos piratas son a la música.
No sabía yo que los foodtruckeros se metieran a las cocinas de los restaurantes fijos a robarse recetas e ingredientes para malcocinarlos y ofrecerlos a 10 pesos.

Carlos Mota remata su texto con una predicción, realizada más al estilo de Walter Mercado que de periodista especializado en negocios, economía y finanzas: que los foodtrucks "serán llamarada de petate."

Mientras ese petate arde, yo lo que haré será revisar los avisos de la Asociación Mexicana de Foodtrucks vía @foodtrucksmx, para ver en qué evento me los puedo encontrar y así ampliar la variedad de comida que me zampo. Comer en un restaurante, o en un puesto de lámina, o ante un foodtruck para mí es circunstancial. Si el lugar donde como me etiqueta como hipster, o foodie, o el anglicismo que sea el más sobado ahora, me vale reata. Comer es de esas actividades democráticas que todos tenemos que hacer, de preferencia más de una vez al día. La variedad para satisfacer esa necesidad se agradece y es bievenida. Si por embrutecimiento ideológico a Carlos Mota y cia nomás les entra un tamal de triciclo cuando tienen que comer en la calle, pues que se lo coman y que les aproveche.




#yosiquierofoodtrucks

pd. Si así está el mame con los foodtrucks imaginen cuando en esta ciudad haya fucktrucks sin mafia de trata.

viernes, 31 de octubre de 2014

Cuento de temporada

Estaba haciéndome una lista de los relatos cortos de terror más notables que he leído y encontré que mis favoritos están en un libro de cuentos del señor Stephen King, mentado Skeleton Crew. A su vez, de esos mi preferido es este, disfrútenlo:

HAY TIGRES

Charles necesitaba desesperadamente ir al lavabo. Era inútil engañarse pensando que podía esperar al recreo. Su vejiga protestaba desesperadamente, y miss Bird le había descubierto retorciéndose.

Había tres profesoras en el tercer curso del colegio de Acorn Street. Miss Kinney era joven, rubia y llena de vivacidad. Mrs. Trask tenía la hechura de un almohadón moruno, se peinaba con trenzas y reía ruidosamente. Y luego estaba miss Bird.

Charles había sabido que acabaría con miss Bird. Era inevitable. Porque estaba claro que miss Bird quería destruirle. No permitía que los niños fueran al sótano. El sótano, explicó miss Bird, era donde se encontraban las calderas de calefacción, y las señoras y los señores bien educados jamás iban allí, porque los sótanos eran lugares decrépitos y llenos de hollín. Los jóvenes y las señoritas, repitió, no bajan al sótano. Van al cuarto de baño, dijo.

Charles volvió a retorcerse. Miss Bird le miró.

—Charles —dijo mientras señalaba Bolivia con el puntero—, ¿no necesitas ir al baño?

Cathy Scott, que tenía el putitre delante de él, rió cubriéndose prudentemente la boca con la mano.

Kenny Griffen hizo una mueca y le dio una patada por debajo del pupitre. Charles se ruborizó.

—Di algo, Charles —insistió miss Bird—. Necesitas... (dirá orinar, siempre dice orinar)

—Sí, miss Bird.

—¿Sí qué?

—Que tengo que ir al só... al baño.

Miss Bird sonrió.

—Muy bien, Charles. Puedes ir al baño a orinar. ¿Es eso lo que necesitas hacer? ¿Orinar?

Charles bajó la cabeza abrumado.

—Muy bien, Charles. Ve. Y la próxima vez, por favor, no esperes a que te lo pregunte.

Risitas sofocadas. Miss Bird golpeó su mesa con el puntero.

Charles recorrió el pasillo hasta la puerta, con treinta pares de ojos clavados a su espalda. Cada uno de esos niños, incluida Cathy Scott, sabía que iba al baño a orinar. La puerta estaba a una distancia tan larga como un campo de fútbol. Miss Bird no siguió con la clase, sino que guardó silencio hasta que él hubo abierto la puerta, pasado al vestíbulo milagrosamente vacío, y vuelto a cerrar la puerta.

Anduvo hacia el baño de los chicos...

(sótano, sótano, sótano, SÍ QUIERO)

... arrastrando los dedos a lo largo de la fresca tira de mosaico de la pared, dejándolos tamborilear sobre el tablón de anuncios con los boletines pegados con chinchetas y resbalar sobre la...

(ROMPAN EL CRISTAL EN CASO DE EMERGENCIA)

... superficie roja de la caja de la alarma contra incendios.

Miss Bird disfrutaba haciéndole ruborizarse. Delante de Cathy Scott —que nunca necesitaba ir al sótano, ¿hay derecho?— y de todos los demás.

P-e-r-r-a, pensó. Lo deletreó porque el año pasado había decidido que, si deletreaba, Dios no lo consideraba pecado.

Entró en el baño de los chicos.

Dentro estaba muy fresco, con un leve y no desagradable olor a cloro. Ahora, a media mañana estaba limpio y desierto, tranquilo y agradable, no como el maloliente y humoso cubículo del Star Theatre en la ciudad.

El baño...

(¡sótano!)

... estaba construido como una L, la pata corta con una hilera de pequeños espejos cuadrados sobre palanganas de porcelana y un rollo de toallas de papel...

(NIBROC)

... y la pata más larga con dos urinarios y tres cubículos con sus tazas.

Charles enfiló la esquina después de contemplar, aburrido, su rostro delgado y pálido en uno de los espejos.

El tigre estaba echado al fondo, exactamente debajo del ventanuco blanco. Era un gran tigre, con rayas y manchas oscuras en su piel. Levantó la cabeza vivamente APRA mirar a Charles y sus ojos verdes se estrecharon. Una especie de gruñido, suave como un ronroneo, escapó de su boca. Los ágiles músculos se flexionaron y el tigre se levantó. Agitó la cola y golpeó contra los lados de porcelana del último urinario.

El felino parecía muy hambriento y agresivo.

Charles salió precipitadamente por donde había entrado. La puerta pareció tardar años en cerrarse, neumáticamente, tras él, pero cuando lo hizo se sintió a salvo. No recordaba haber leído u oído que los tigres supieran abrir puertas.

Charles se secó la nariz con el dorso de la mano. Su corazón palpitaba desbocadamente. Seguía necesitando ir al sótano, más que nunca.

Se revolvió y apretó la mano contra el vientre. Tenía que ir al sótano. Si pudiera tener la seguridad de que no se acercaría nadie, podría entrar en el de las niñas. Estaba del otro lado del vestíbulo. Charles lo miró anhelante, sabiendo que no se atrevería ni en un millón de años. ¿Y si llegaba Cathy Scott? Oh, horror de los horrores... ¿Y si la que llegaba era miss Bird?

Quizá el tigre habían sido imaginaciones suyas.

Abrió la puerta lo suficiente para mirar por el resquicio.

El tigre le miró a su vez desde el ángulo de la L, con los ojos de un verde resplandeciente. Charles imaginó ver una minúscula manchita azul en aquel brillo profundo, como si el tigre se hubiera comido uno de sus ojos. Como si...

Una mano rodeó su cuello.

Charles lanzó un grito sofocado y sintió que el corazón y el estómago se le anudaban en la garganta. Por un momento tuvo la terrible sensación de que iba a orinarse encima.

Era Kenny Griffin, sonriendo burlonamente.

—Me ha mandado miss Bird porque llevas años sin volver. Prepárate.

—Sí, pero aún no he podido entrar en el baño —dijo Charles medio muerto del susto que le había dado Kenny.

—¡Estás estreñido! —exclamó Kenny alegremente—. ¡Espera a que se lo cuente a Cathy!

—¡No se te ocurra! —dijo Charles—. Además, no lo estoy. Ahí dentro hay un tigre.

—¿Y qué está haciendo? —preguntó Kenny— ¿Pis?

—No lo sé —murmuró Charles mirando a la pared—. Yo sólo quiero que se vaya. —Y se echó a llorar.

—Eh —dijo Kenny, desconcertado—. ¿Qué te ocurre?

—Tengo que ir al lavabo. Pero no puedo entrar ahí... Miss Bird dirá que...

—Vamos —insistió Kenny, cogiéndole del brazo con una mano y empujando la puerta con la otra—. Te lo estás inventando.

Estuvieron dentro antes de que Charles, aterrorizado, pudiera zafarse y retroceder.

—¡Un tigre! —se burló Kenny-. Chico, miss Bird te matará.

—Está del otro lado.

Kenny empezó a avanzar junto a las palanganas:

—Gatito, gatito... ¡Gatito!

—¡No lo hagas! —chilló Charles.

Kenny desapareció tras la esquina.

—Gatito, gatito... Gat...

Charles salió disparado por la puerta y se apoyó contra la pared, esperando, cubriéndose la boca con las manos, y los ojos cerrados con fuerza.

No se oyó ningún grito.

No sabía cuánto tiempo permaneció allí, paralizado, con la vejiga a punto de reventar. Contemplaba la puerta del lavabo de chicos. Pero no le decía nada. Era sólo una puerta.

No iría.

No podría.

Pero al fin entró.

Las palanganas y los espejos seguían ordenados, y el vago olor a cloro persistía. Pero ahora parecía que había otro olor por debajo de aquél, un olor vagamente desagradable, como de cobre.

Con gemidos de impaciencia pero silenciosos se acercó al ángulo de la L y miró.

El tigre estaba echado en el suelo, lamiendo sus patas con una enorme lengua rosa. Miró a Charles con indiferencia. En una de sus garras había un trozo de camisa.

Pero la necesidad era ya pura agonía, y no podía esperar un segundo más. Tenía que orinar. Se acercó de puntillas a la palangana más cercana a la puerta.

Miss Bird entró como un vendaval cuando él se abrochaba los pantalones.

—¡Vaya, niño repugnante! —le increpó.

Charles, asustado, no dejaba de mirar la esquina.

—Lo siento, miss Bird... el tigre... voy a limpiar la palangana... lo haré con jabón... le aseguro que lo haré...

—¿Dónde está Kenneth? —preguntó miss Bird con calma.

—No lo sé. —Era verdad.

—¿Está ahí dentro?

—¡No! —gritó Charles.

Miss Bird se acercó a la esquina.

—Ven aquí, Kenneth. Ahora mismo.

—Miss Bird...

Pero ella ya había desaparecido tras la esquina. Iba dispuesta a atacar, pensó Charles, pero iba a descubrir lo que era un ataque de verdad.

Volvió a salir por la puerta. Bebió agua en la fuente de la entrada. Miró la bandera norteamericana colgada sobre la entrada del gimnasio. Miró el tablón de anuncios. Mochuelo del Bosque avisaba: GRITAD, PERO NO CONTAMINÉIS. Buen Amigo aconsejaba: NO OS VAYÁIS CON DESCONOCIDOS. Charles lo leyó todo dos veces.

Después volvió a la clase, recorrió el pasillo hasta su sitio con la mirada en el suelo, y se deslizó en su asiento. Eran las once menos cuarto. Sacó Caminos a todas partes y se puso a leer la lección «Bill en el Rodeo».

pd. Ahora que si lo que quieren es sentir miedo, pónganse a jugar Dead Space de madrugada y solos. Todo mundo es macho hasta que tiene que jugar Dead Space de madrugada.

martes, 28 de octubre de 2014

El país ya se fue a la mierda

Cuando blogueaba más seguido sobre algún dislate cortesía de alguno de los zoquetes pertenecientes a la clase gobernante de este país bananero, usaba una etiqueta parecida a la del título de este post (¡ah ese Felipe Calderón, cuánta burrada cometía!).

Lo malo es que el rosario de malas noticias de los últimos días indican que el país ya se cayó en un bache repleto de mierda y estamos con ella hasta el cuello.

Iguala y Ayotzinapa

Hace un mes pasó lo de la balaceada y apañe por parte de policías de Iguala y Cocula a estudiantes normalistas de Ayotzinapa que boteaban en Iguala. Hasta ahora, sólo algunos de los perpetradores han sido consignados, se ha girado orden de aprensión a la pareja presidencial municipal responsable, hubo enroque en el poder ejecutivo estatal y los estudiantes siguen desaparecidos a pesar de las reacciones ciudadanas en forma de marchas, pintas, consignas y gigas de condena, lamento y mentadas al Estado en redes sociales.

Tamaulipas

Hace unos días una médica, que también era activista, llamada María del Rosario Fuentes Rubio, que colaboraba en una comunidad de redes sociales llamada Valor por Tamaulipas, dedicada a reportar sobre la violencia en Tamaulipas, fue secuestrada al salir de su trabajo. Al día siguiente en su cuenta de twitter alguien publicó una foto de su cadáver. Hasta ahora lo único que ha pasado es que la UNESCO condenó el asesinato, lo mismo que un chinguero de tuiteros mexicanos, exigiendo al gobierno de México que investigue.

Michoacán

Ayer salió a decir el Procurador General de Justicia en Michoacán que hace unos días unos policías de Vista Hermosa apañaron a un señor que vivía en Yurécuaro, lo entregaron a sepaquién quien "pagó 500 pesos a dos de los policías y a los otros dos les dio cinco dosis de metanfetaminas". Días más tarde apareció la cabeza del señor secuestrado en una hielera.

Estado de México

Al conteo, lamentablemente creciente de feminicidios en el Estado de México hay que agregar los cuerpos recientemente encontrados en el Río de los Remedios. Esa información, según un texto publicado en la revista Vice sólo ha sido confirmada por un activista, un reportero gráfico y la familiar de una persona desaparecida. Hasta el momento las autoridades no han dicho ni pío del hallazgo, pero en el mismo texto de Vice se hace constar que las mentadas autoridades, aunque quisieran, están muy mensas para determinar si esos cuerpos corresponden a cuáles desaparecidas.

El país ya se fue a la mierda. Los encargados de garantizar seguridad, en lugar de atender a la ciudadanía o la entregan al grupo criminal en turno, o se quedan empantanados en el pasmo, la burocracia y el bomberazo mal atendido.

Para cambiar esa situación no va a bastar con salir a votar por quien se considere menos peor en las elecciones para ayuntamientos, diputados y algunos gobernadores en junio de 2015. Sobre todo teniendo en cuenta que los partidos políticos o bien pueden candidatear a bandidos coludidos con grupos criminales a pesar de sus promesas diciendo lo contrario, o bien pueden candidatear a mesias que usen la fuerza del estado para empeorar las cosas.

Si el Estado no las puede, quizá sea hora de prescindir de él.

jueves, 23 de octubre de 2014

Pagar por sexo no es lo mío

Hace décadas, cuando las opciones para navegar en los internetes no iban mucho más allá de participar en newsletters y echarle un ojo a las páginas de geocities (¡qué tiempos!), el spam no era tan variado como ahora; sólo consistía en saturar la bandeja de entrada con promesas de alargamiento de pito, o propuestas de vaciar la cuenta bancaria de algún nigeriano millonario recién fallecido. También había ofrecimientos de sexo gratuito, variado, cachondo y sin compromisos, a cambio de intercambiar perfiles en alguna página de citas entre adultos.

En aquellos días finiseculares pasé por un periodo de abstinencia sexual involuntaria. La desesperación resultante me llevó a inscribirme a uno de esos sitios de citas. Transcurrió poco tiempo para que comprendiera que no iba a pasar nada y me dí de baja. A continuación expongo cómo fueron disminuyendo mis expectativas.

PRIMERA SEMANA

Busco divertirme con una mujer experimentada entre 27 años y 27 años y 2 meses, que tenga un CV que incluya dirección de dos empresas que salgan en Forbes, y que en sus ratos libres sea gimnasta, modelo, cazadora con arco, esgrimista y paracaidista. Debe leer a De Sade, a Proust y a Dovstoyevski en sus idiomas originales y los debe poder traducir al mixteco y al zoque-popoluca.

Su apariencia física debe cumplir con todos los requisitos para ser asistente de vuelo en Lufthansa y en KLM, además de ser una diosa del sexo y haber protagonizado al menos 10 películas porno, de preferencia haciendo DP, LP y CD y demás sopas de letras que no sé qué quieran decir pero que se oyen muy cachondas.

Cuando camine debe parecer que flota entre nubes de mota y a su paso debe dejar un aroma a pedo de deidad griega.

Es un plus si sabe hacer una barbacoa en quince minutos, lo mismo que zurcidos invisibles con los ojos vendados y con una mano atada a la espalda.

SEGUNDA SEMANA

Quiero estar con alguien que a la que pueda invitar a un restaurante lo mismo que a un puesto callejero sin que haya que llevarla de urgencia a un hospital. Si se sabe más de dos chistes estaría bien.

TERCERA SEMANA

Me conformo con pasar un tiempo no mayor a 15 minutos con alguien que tenga piernas y brazos y que sepa leer lo suficiente para distinguir cuál es la estación de metro en la que quedamos.

CUARTA SEMANA

Busco a alguien que no sea un cadáver frío y tieso...

Ahora bien, después de esa experiencia frustante reconozco que pude haber recurrido a las ofertas de sexoservicio en esta ciudad. Pero tengo la convicción, basada en evidencias, de que en este país jodido, pitero, corrupto e impune hay más probabilidades de que termine siendo cliente de una víctima de trata que de una sexoservidora que escogió ese oficio porque se le antojó.

Así que paso.