rincón público de mi choya con retazos de escepticismo y pensamiento crítico y científico

martes, mayo 13, 2008
"La violencia es el último recurso del incompetente"
De acuerdo a esta nota de La Jornada, el micromichoacano que tenemos por presidente hizo berrinche ayer pues no encuentra a muchos dispuestos a decirle que echar a pelear al ejército contra el narcotráfico es una buena estrategia contra la delincuencia organizada.

A mí, que vivo con la nariz enterrada en puras ficciones (mamá dixit), los exabruptos de Felipe Calderón me recordadon los mismitos pataleos de los taradazos de Anacreonte cuando no podían hacerse por la fuerza con Terminus (aquellos que se perdieron en este último párrafo lean La Fundación).

A fin de cuentas como decía Asimov, ¿no era la violencia el último recurso del incompetente?

Ojo, con esto no quiero decir que la forma de resolver la bronca de la delincuencia organizada sea pactando con los cacagrandes de los carteles, sino que puede haber más alternativas que jugar a ver quién le tira más balas al otro.

Pd. Mientras echaba un ojo a lo del link de la investigación de la corteza insular y su influencia en adicciones, me pregunté si el volumen más choncho del narcotráfico se deberá a los consumidores casuales o a los consumidores frecuentes o adictos. ¿Por otra parte que tan frecuente debe ser el consumo para convertirse en adicción? Hallé mucha literatura que menciona esas cuestiones pero ninguna que explique cómo obtienen los resultados irregulares que presentan. Pfff.

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viernes, mayo 09, 2008
3 reflexiones de Ray Bradbury 3
Hace una semana releí Farenheit 451 en una edición que incluye un prefacio de Ray Bradbury, escrito en 1993; desconocido para mí pues yo leí hasta el despedazamiento esa novela en una edición más añeja (¡qué ruco me estoy poniendo, jo!).

Hay varios párrafos de ese prefacio que son una joya para todo aquél atolondrado -como su servilleta, avezados lectores- que considere la tarea de juntar palabras y contar una historia algo digno de sus mejores esfuerzos.

Joya 1: Los pasos de Bradbury para llegar a Farenheit 451

Cinco pequeños brincos y luego un gran salto.

Cinco petardos y luego una explosión.

Eso describe poco más o menos la génesis de Fahrenheit 451.

Cinco cuentos cortos, escritos durante un período de dos o tres años, hicieron que invirtiera nueve dólares y medio en monedas de diez centavos en alquilar una máquina de escribir en el sótano de una biblioteca, y acabara la novela corta en sólo nueve días.

¿Cómo es eso?

Primero, los saltitos, los petardos:

En un cuento corto, «Bonfire», que nunca vendí a ninguna revista, imaginé los pensamientos literarios de un hombre en la noche anterior al fin del mundo. Escribí unos cuantos relatos parecidos hace unos cuarenta y cinco años, no como una predicción, sino corno una advertencia, en ocasiones demasiado insistente. En «Bonfire», mi héroe enumera sus grandes pasiones. Algunas dicen así:

«Lo que más molestaba a William Peterson era Shakespeare y Platón y Aristóteles y Jonathan Swift y William. Faulkner, y los poemas de, bueno, Robert Frost, quizá,y John Donne y Robert Herrick. Todos arrojados a la Hoguera. Después imaginólas cenizas (porque en eso se convertirían). Pensó en las esculturas colosales deMichelangelo, y en el Greco y Renoir y en tantos otros. Mañana estarían todos muertos, Shakespeare y Frost junto con HuxIey, Picasso, Swift y Beethoven, toda aquella extraordinaria biblioteca y el bastante común propietario »

No mucho después de «Bonfire» escribí un cuento más imaginativo, pienso, sobre el futuro próximo, «Bright Phoenix»: el patriota fanático local amenaza al bibliotecario del pueblo a propósito de unos cuantos miles de libros condenados a la hoguera. Cuando los incendiarios llegan para rociar los volúmenes con kerosene, el bibliotecario los invita a entrar, y en lugar de defenderse, utiliza contra ellos armas bastante sutiles y absolutamente obvias. Mientras recorremos la biblioteca y encontramos a los lectores que la habitan, se hace evidente que
detrás de los ojos y entre las orejas de todos hay más de lo que podría imaginarse. Mientras quema los libros en el césped del jardín de la biblioteca, el Censor Jefe toma café con el bibliotecario del pueblo y habla con un camarero el bar de enfrente, que viene trayendo una jarra de humeante café.

-Hola, Keats -dije.

-Tiempo de brumas y frustración madura -dijo el camarero.

-¿Keats? -dijo el Censor jefe -. ¡No se llama Keats!

-Estúpido -dije -. Éste es un restaurante griego. ¿No es así, Platón

El camarero volvió a llenarme la taza. -El pueblo tiene siempre algún campeón, a quien enaltece por encima de todo... Ésta y no otra es la raíz de la que nace un tirano; al principio es un protector. Y más tarde, al salir del restaurante, Barnes tropezó con un anciano que casi cayó al suelo. Lo agarré del brazo.

-Profesor Einstein -dije yo.

-Señor Shakespeare -dijo él.

Y cuando la biblioteca cierra y un hombre alto sale de allí, digo: -Buenas noches,
señor Lincoln ... Y él contesta: -Cuatro docenas y siete años ...

El fanático incendiario de libros se da cuenta entonces de que todo el pueblo ha escondido los libros memorizándolos. ¡Hay libros por todas partes, escondidos en la cabeza de la gente! El hombre se vuelve loco, y la historia termina.

Para ser seguida por otras historias similares: «The Exiles», que trata de los personajes de los libros de Oz y Tarzán y Alicia, y de los personajes de los extraños cuentos escritos por Hawthorne y Poe, exiliados todos en Marte; uno por uno estos fantasmas se desvanecen y vuelan hacia una muerte definitiva cuando en la Tierra arden los últimos libros.

En «Usher H» mi héroe reúne en una casa de Marte a todos los incendiarios de libros, esas almas tristes que creen que la fantasía es perjudicial para la mente. Los hace bailar en el baile de disfraces de la Muerte Roja, y los ahoga a todos en una laguna negra, mientras la Segunda Casa Usher se hunde en un abismo insondable.

Ahora el quinto brinco antes del gran salto.

Hace unos cuarenta y dos años, año más o año menos, un escritor amigo mío y yo íbamos paseando y charlando por Wilshire, Los Angeles, cuando un coche de policía se detuvo y un agente salió y nos preguntó qué estábamos haciendo.

-Poniendo un pie delante del otro -le contesté, sabihondo.

Ésa no era la respuesta apropiada.

El policía repitió la pregunta.

Engreído, respondí: -Respirando el aire, hablando, conversando, paseando.

El oficial frunció el ceño. Me expliqué.

-Es ¡lógico que nos haya abordado. Si hubiéramos querido asaltar a alguien o robar en una tienda, habríamos conducido hasta aquí, habríamos asaltado o robado, y nos habríamos ido en coche. Como usted puede ver, no tenemos oche, sólo nuestros pies.

-¿Paseando, eh? -dijo el oficial -. ¿Sólo paseando?

Asentí y esperé a que la evidente verdad le entrara al fin en la cabeza.

-Bien -dijo el oficial -. Pero, ¡qué no se repita!

Y el coche patrulla se alejó.

Atrapado por este encuentro al estilo de Alicia en el País de las Maravillas, corrí a casa a escribir «El peatón» que hablaba de un tiempo futuro en el que estaba prohibido caminar, y los peatones eran tratados como criminales.
Joya 2: El extraordinario acto de ir enhebrando en frases una idea.

Era relativamente pobre en 1950 y no podía permitirme una oficina. Un mediodía, vagabundeando por el campus de la UCLA, me llegó el sonido de un tecleo desde las profundidades y fui a investigar. Con un grito de alegría descubrí que, en efecto, había una sala de mecanografía con máquinas de escribir de alquiler donde por diez centavos la media hora uno podía sentarse y crear sin necesidad de tener una oficina decente.

Me senté y tres horas después advertí que me había atrapado una idea, pequeña al principio pero de proporciones gigantescas hacia el final. El concepto era tan absorbente que esa tarde me fue difícil salir del sótano de la biblioteca y tomar el autobús de vuelta a la realidad: mi casa, mi mujer y nuestra pequeña hija.

No puedo explicarles qué excitante aventura fue, un día tras otro, atacar la máquina de alquiler, meterle monedas de diez centavos, aporrearla como un loco, correr escaleras arriba para ir a buscar más monedas, meterse entre los estantes y volver a salir a toda prisa, sacar libros, escudriñar páginas, respirar el mejor polen del mundo, el polvo de los libros, que desencadena alergias literarias. Luego correr de vuelta abajo con el sonrojo del enamorado, habiendo encontrado una cita aquí, otra allá, que metería o embutiría en mi mito en gestación. Yo estaba, como el héroe de Melville, enloquecido por la locura. No podía detenerme. Yo no escribí Fahrenheit 451, él me escribió a mí. Había una circulación continua de energía que salía de la página y me entraba por los ojos y recorría mi sistema nervioso antes de salirme por las manos. La máquina de escribir y yo éramos hermanos siameses, unidos por las puntas de los dedos.
Joya 3: Otra vez, lo mejor al último: porque las bibliotecas rulean (el énfasis es mío).

Sólo resta mencionar una predicción que mi Bombero jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al kerosene o persigan al lector. Si la enseñanza primaria se disuelve y desaparece a través de las grietas y de la ventilación de la clase, ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién le importará?

No todo está perdido, por supuesto. Todavía estamos a tiempo si evaluamos adecuadamente y por igual a profesores, alumnos y padres, si hacemos de la calidad una responsabilidad compartida, si nos aseguramos de que al cumplir los seis años cualquier niño en cualquier país puede disponer de una biblioteca y aprender casi por osmosis; entonces las cifras de drogados, bandas callejeras, violaciones y asesinatos se reducirán casi a cero. Pero el Bombero jefe en la mitad de la novela lo explica todo, y predice los anuncios televisivos de un minuto, con tres imágenes por segundo, un bombardeo sin tregua. Escúchenlo, comprendan lo que quiere decir, y entonces vayan a sentarse con su hijo, abran un libro y vuelvan la página.
Pd1. Nomás añado que considero que este mundo sería uno mejor con más bibliotecas y menos iglesias.

Pd2. ¿Porqué Bradbury le habrá puesto al antagonista de Montag nombre de niña?

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miércoles, mayo 07, 2008
Jo, jo, jo, jo
Jorge Pinto hace un comic sobre los habitantes de un laboratorio. Hay unos muy buenos.


Mi favorito es este.


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lunes, mayo 05, 2008
Diálogo entre novatos vidrieros del metro

- Ya te volviste a cortar.

- Seh.

- Alguien se puede desmayar. Límpiate la sangre.

- Nel... me gusta como se ve la sangre escurriendo.

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viernes, mayo 02, 2008
Reto astrológico
Alguien meneó la bosta de los revires de Sagan.

Allá en menéame también hay comentarios al respecto. El que más me llamó la atención es el de un estudioso de la influencia de los astros en la conducta humana que dice que puede probar que la astrología no es un fraude.

Ha llegado incluso a lanzar una especie de reto solicitando fecha, hora y lugar de nacimiento de quien desee comprobar sus capacidades adivinatorias mediante la astrología.

Ya sabemos que cualquier lectura de horóscopo nomás nos va a proporcionar datos de una generalidad tal que se le pueden achacar a cualquier evento que nos ocurra en nuestro atolondrado ir y venir. Por lo tanto, avezados lectores, yo nomás daría por buenas las habilidades del astrólogo retador si fuera capaz de decirme, a partir de los datos que solicita, la fecha exacta en que ocurrieron tres eventos en mi vida reciente: los días que mandé al carajo mis tres últimas chambas.

He aquí los datos que solicita por si algún astrólogo se anima:

07/02/1973 03:45AM Ciudad de México.

pd. AStrólogos participantes no busquen esas fechas en el blog, no están.

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martes, abril 29, 2008
Los revires de Carl Sagan
En el libro que presumía la bosta prevía, El Universo de Carl Sagan, hay una conferencia que dió Sagan en 1994 en la Universidad de Cornell con motivo de su cumpleaños. A continuación están algunas de las preguntas y respuestas al final de esa conferencia. Las he acomodado por temas.

Nomás una aclaración para que sepan a qué se refieren dos de estas preguntas: durante la conferencia, Sagan usó el término "degradaciones" para referirse al antropocentrismo idiota de algunos ante los descubrimientos que nos han permitido tener una idea precisa de que no somos el centro del universo (la revolución copernicana, las ideas de Darwin, etc).

Lean y aprendan (el énfasis en negrillasitálicas es mío).

1. Religión y diosito bimbo.
Pregunta: ¿Cuál es su religión personal? o ¿cree usted que existe algún tipo de dios?, ¿qué sentido tiene que estemos sentados en esta pequeña mancha en medio de este mar de estrellas?

Sagan: No quiero eludir ninguna pregunta y tampoco lo voy a hacer con esta. Pero antes de nada permítame preguntarle a qué se refiere cuando emplea el término "dios".

Pregunta: Bueno, supongo que con mi pregunta me refiero a si todo esto tiene algún sentido, quiero decir, en vista de todas estas degradaciones ¿porqué no nos destruimos?

Sagan: Permítame invertir la pregunta. Si nos destruyéramos, ¿refutaríamos la existencia de Dios?

Pregunta: No, supongo que no. Supongo que mi pregunta alude a que casi prescindimos de Dios al hablar de todas esas degradaciones... A través de los tiempos, nosotros, los humanos, hemos creado un cuerpo mitológico que siempre ha implicado, o que a menudo ha implicado a algún tipo de espíritu superior... Si eso se termina a medida que aprendemos más y más y cada vez parece más difícil demostrar la existencia de algo así, ¿a dónde nos conducirá todo esto?

Sagan: A nosotros mismos. (Aplausos). En lo cual veo una responsabilidad mucho mayor que en la esperanza de que venga alguien procedente del exterior para salvarnos de nosotros mismos. En este último caso, no tendríamos que dedicar nuestros mejores esfuerzos a hacerlo por nuestro propios medios.Si yo estuviera equivocado y hubiera alguien que viniera a salvarnos, pues perfecto.

El término Dios engloba un enorme abanico de ideas diversas (y así lo reconoce ud. por el modo en que ha expresado la pregunta) que va desde un hombre descomunal, de piel clara, con larga barba blanca que ocupa un trono en el cielo, que registra la caída de cada gorrión y del cual no existe evidencia alguna, hasta el tipo de dios proclamado por Einstein o Spinoza, que guarda gran parecido con la suma total de las leyes de la naturaleza. Ahora bien, la existencia de leyes aplicables a todo el universo constituye un hecho observable y magnífico. Si a eso es lo que ud quiere denominar Dios, entonces por supuesto Dios existe.

Pero hay otros matices. Está, por ejemplo, el dios deista en el que creyeron muchos de los padres fundadores de este país, un roi faineant, un rey que no hace nada, el dios que crea el universo y luego se retira y ante el cual los rezos se convierten en una especie de sinsentido. Ya no está aquí, se marchó a algún otro lugar; tenía otras cosas que hacer. Se trata de otro tipo de dios, otro dios creador pero muy diferente del dios judeo-cristiano-musulmán. De modo que tanto si respondo que sí como si respondo que no a su pregunta de si creo en Dios, usted no habrá aprendido nada en absoluto.

Pregunta: Me imagino que le estoy pidiendo que defina el suyo, en caso de que crea en alguno.

Sagan: Pero ¿por qué emplea un término tan ambigüo, de significados tan distintos?

Pregunta: Eso le da libertad a la hora de definirlo.

Sagan: Me da la libertad de parecer que coincido con otras personas con las que en realidad no coincido. Anula las diferencias. Evita roces sociales pero no ayuda a encontrar la verdad. Creo que las preguntas de este tipo requieren un leguaje mucho más definido. Disculpen que dedique tanto tiempo a esta respuesta, pero me parece una cuestión importante.
2. Astrología y percepción extrasensorial.
Pregunta: Me gustaría saber qué opina de la astrología; por lo que sé es una ciencia relacionada con la astronomía.

Sagan: La astrología es un fraude.

Pregunta: ¿Cómo?

Sagan: Que es un fraude. F-R-A-U-D-E.

Pregunta: Ok, ¿y qué me dice de los estudios documentados con pruebas sobre percepción extrasensorial, clarividencia...?

Sagan: Eso es distinto, ¿no? La astrología no es lo mismo que la percepción extrasensorial o que la clarividencia.

Pregunta: Ok, pues he confundido una cosa con la otra...

Sagan: No, sí me alegro de responder a la pregunta. Solo quería ser claro.

Pregunta: Ok, pues ¿existe la percepción extrasensorial o la telequinesis y las personas que disfruten de ellas? En tal caso ¿cómo las adquirieron?

Sagan: Si existen, han debido llegarnos por evolución, por selección natural, del mismo modo que todo lo demás. ¿Pero a qué nos referimos con percepción extrasensorial? En África hay un pez de agua dulce que crea campos eléctircos estáticos para detectar su presa mediante las perturbaciones que experimenta el campo eléctrico. Nosotros no podemos hacer nada semejante. No tiene parangón con ninguno de nuestros sentidos. ¿Disfruta este pez de una percepción extrasensorial?

Pregunta: En cierto sentido, sí, pero vale...

Sagan: Si admitimos que disfruta de ella, ¿se trata de algo misterioso? ¿Desafía a la ciencia o es tan solo una forma distinta de percibir el mundo?

Pregunta: Es una forma distinta de percibir el mundo.

Sagan: Eso es. De modo que si existe la percepción extrasensorial creo que tenemos excelente posibilidades de interpretarla mediante la ciencia. Pero desde lo mejor de mis conocimientos le diré que tal percepción no existe.
3. Visitas extraterrestres
Pregunta: Feliz cumpleños doctor Sagan. Lamento no haberle traído un regalo. Bueno. Hay quien afirma que ciertas estructuras de los Andes y también algunas formaciones en cultivos del norte de Inglaterra se deben a actuaciones extraterrestres.

Sagan: La Pampa de Nazca.

Pregunta: Me estaba preguntando sobre su opinión de si han aterrizado o no en nuestro planeta.

Sagan: Una forma de verlo consiste en preguntarse de dónde han salido todos esos chismes que afirman que la Pampa de Nazca es misteriosa y tiene algo que ver con los extraterrestres. Pues proceden de un hotelero suizo, Erik von Daniken, quien escribió libros que se convirtieron en superventas en todo el mundo. Daniken decía, que en la Pampa de Nazca, en Perú, hay dibujos gigantes, algunos de ellos parecen arañas, otros parecen pavos, otros son líneas rectas, y concluyó que las líneas rectas eran aeródromos y que el resto de las figuras representaban mensajes que humanos bobalicones grabaron en el desierto de Perú por orden de los extraterrestres. ¿Por qué? ¿De qué va todo esto? ¿Es que no sabemos hacer dibujos gigantes sin necesidad de que los extraterrestres nos digan cómo hacerlo? Algunas de esas líneas rectas tienen poco más de 15 centímetros de ancho. ¿De qué tamaño son los aviones que aterrizan en esos campos de aviación? ¿Cómo imaginarnos una nave estelar que atraviesa cientos, miles de años luz, que abre su puerta de carga y expulsa por ella pequeños aeroplanos de hélice de tamaño semejante al de los aviones con lo que juega mi hijo de tres años y medio? Es una idiotez. La característica común de toda la fantasmagoría de von Daniken es que subestima las capacidades de nuestros ancestros. Va a Egipto y contempla las pirámides "¡Eso sí que es grande! ¿Cuánto pesarán esos bloques de piedra?"; "Cien toneladas". "Cien toneladas", dice von Daniken, en efecto."Yo no sería capaz de alzar un bloque que pesara siquiera la mitad". Por tanto, los seres humanos no son capaces de levantar bloques de esa masa; por tanto, las pirámides son obra de extraterrestres. Q.E.D. Pero sabemos cómo se construyeron. Sabemos que hubo canteras y leños que sirvieron como rodillos, balsas remontando el Nilo, rampas y decenas de miles de trabajadores. Comprendemos de qué modo pudo hacerlas la humanidad. Nuestros antepasados eran perfectamente capaces de realizar contrucciones colosales. Me parece estúpido considerar indispensable la visita de extraterrestres cada vez que un observador ingenuo es incapaz de imaginar el modo en que se hizo algo. Puede que el único aspecto positivo de von Danien sea que entre la frustración y la perplejidad puede hacer que ocasionalmente algún lector se interese por la arqueología.
4. Y lo mejor de todo.
Pregunta: Usted ha descrito varias de las principales degradaciones que hemos padecido. ¿Cree que hemos llegado al máximo grado posible de degradación?

Sagan: No.

Pregunta: ¿Qué otras humillaciones nos augura usted para un futuro inmediato?

Sagan: Pues verá, a mi entender, el colmo de la humillación consiste en pensar que nuestro sentido de autoestima no depende de nuestras acciones ni de nuestros méritos sino de lo accidental de nuestro nacimiento. Recomendaría a quienes se preocupan por estar degradados, a quines desean que seamos importantes, que hagan algo importante. Deberíamos fijar objetivos fáciles de entender, realizables e inspiradores para la especie humana y luego emprenderlos y cumplirlos. Eso nos daría la confianza que nos hace falta cuando nuestra autoestima no depende de nada de lo que hacemos. Consigamos un planeta en donde nadie pase hambre. Consigamos un planeta donde todos los hombres y las mujeres tengamos idénticas posibilidades para llegar al poder. Consigamos un planeta en el que ningún grupo étnico disfrute de privilegios negados a otras etnias. Consigamos un planeta en el que la ciencia y la ingeniería sean utilizados en beneficio de toda la humanidad. Consigamos un mundo que nos conduzca a otros mundos.
pd. Jo. Transcribir esto me ha puesto contento. Qué bueno que no usé un scanner.

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lunes, abril 28, 2008
2 del Fondo 2
La lupe y yo fuimos a la librería del FCE del Ajusco. Ahí encontré dos maravillas:

1. Como en las librerías de Donceles y Liverpool, en el Fondo alguien con sentido del humor está a cargo de la sección de religión.



2. Hallé una compilación de varios autores comentando sobre Carl Sagan. Hay textos de Frank Drake, James Randi, Ann Druyan y un montón más. Lo que llevo leido es una joya. Proximamente posteo una sesión de preguntas y respuestas que un colega de Sagan transcribió al final de una de sus conferencias.

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