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I.
Recién me preguntaron qué oigo cuando corro. Creo que soy tradicional al respecto. Lo que encuentre que me guste y cuyos beats suenen parecido al golpe de mis pies contra la arcilla es lo que oigo. A mi playlist le puse "No oí que sonara la campana, hijodeputa" (al lector que requiera explicación de esa referencia péguese un balazo, o mejor aún, siéntese a mirar las películas de Rocky). Dura aproximadamente 55 minutos y pasé depurándola el último trimestre de entrenamiento para la siguiente Spartan Race. Cuando hago 10K suelo quedarme sin oir una o dos rolas (depende de la altimetría de la pista donde corra) pero cuando hago 12K o 15K empiezo a oir rolas repetidas. Lo que está bien para mí.
Va mi soundtrack para correr -y también lo uso cuando el entrenamiento no incluye correr- (sin ningún orden en especial).
1. Hyperballad de Björk. Por alguna razón que muchos encuentran inquietante a mí me anima a correr la imagen mental cuando dice
it's real early morning
no-one is awake
i'm back at my cliff
still throwing things off
i listen to the sounds they make
on their way down
i follow with my eyes 'til they crash
imagine what my body would sound like
slamming against those rocks
and when it lands
will my eyes
be closed or open?
2. Tema principal de la película de Superman. John Williams, con cuerdas y metales me ha servido para remontar sin detenerme "la pared" del Bosque de Tlalpan.
3. Heart's on fire de John Cafferty. Del soundtrack de Rocky IV, las pocas sesiones que estuve probando las aplicaciones chafas para celular -Nike+, Runkeeper, etc- que miden distancia a esta era la que configuraraba como mi power song. Si Rocky pudo detener la guerra fría a puñetazos con esto seguro yo puedo correr una vuelta más.
4. Training montage, también del soundtrack de Rocky IV. Hace buena mancuerna con la anterior y funciona bien sola cuando hay que hacer secuencias de sprints.
5. Pressure de Billy Joel. Si suena cuando me están molestando las pantorrillas, el tobillo derecho o la rodilla izquierda -lo que pasa con más frecuencia de lo que me gusta admitir- no ocurre ninguna magia de desaparecer el dolor pero sí cumple su cometido de que me de cuenta que aún las puedo y continuo.
6. Over and over again de Clap your hands Say Yeah. No importa si suena al inicio, a la mitad o al final del entrenamiento, siempre me sirve de recordatorio para seguir dando zancadas. O haciendo burpees. O colgándome como chango de una barra. Lo que toque.
7. Light and Day de Polyphonic Spree. Me gusta en especial cuando corro en las mañanas o en las tardes y sol está cerca del horizonte. La imagen mental de perseguirlo corriendo la encuentro alentadora.
8. Raiders of the Lost Ark. John Williams de nuevo haciendo lo suyo para que yo haga lo mío.
9. Shine de Love Freaks. Cuando la oigo, mi cabeza pone play al video donde sale una guapa bailando en patines. Se está divirtiendo tanto que considero que vale la pena procurar imitarla.
10. Steam train to Mallaig. Esta venía en un disco que les compré a los de la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio. Y ha de ser la única rola de gaitas que he oído que resulta alentadora, no nostálgica. La tocan mejor los del Batallón de San Patricio que cualquier otra banda que he oido en los youtubes.
11. Arise de Posthumus. Si con chelos y violines en permanente crescendo justo antes de que lleguen las percusiones y metales a hacer lo mismo, no levantas las rodillas, con nada lo vas a hacer.
12. Spectrum de Zedd. Esta rola tiene la característica nada despreciable de quitarme el mal viaje que tenga.
13. Firework de Katy Perry. De nuevo, esta rola remite mi cabeza al video, donde, ya se sabe, sale Katy Perry echando fuegos artificiales por las tetas. Por supuesto, es una imagen para correr por ella.
14. A little less conversation de Elvis vs JXL. Si el señor Elvis Presley dice que menos conversación y más acción, uno le hace caso. Si te pones a discutir lo estás haciendo mal.
Y ya.
II.
Compré el libro de Haruki Murakami De qué hablo cuando hablo de correr, atraído por la perspectiva de leer sobre una actividad a la que en los últimos meses le he dedicado tanto tiempo, desde el punto de vista de un señor que vive de juntar palabras una detrás de otra.
El libro consta de un montón de textos o memorias, escritos entre el verano de 2005 y otoño de 2006, en los que Murakami aborda sus entrenamientos (no se espanten, no se van a encontrar tablas inmensas de tiempos y distancias semanales), sus recorridos en Hawaii, Boston, NY y Japón, y sus preocupaciones y reflexiones antes y durante las carreras en las que ha participado (hace maratones y triatlones y ha corrido una ultramaratón), más o menos acomodados cronológicamente.
Y en algunos textos aborda los paralelismos que ha encontrado entre correr carreras de fondo y escribir novelas.
También resultó refrescante ver que incluso para alguien tan experimentado como Murakami, el hecho de encarar una carrera para la que se estuvo entrenando, siempre es una incógnita. En mi caso las preguntas que repito en mi cabeza unas cienmil veces diarias los días previos a estar yo cagado de nervio ante la salida son ¿habré entrenado lo suficiente? ¿sí las podré llevar hasta la meta? ¿la sufriré más de lo que la disfrutaré?
De todo lo que leí lo que viene a continuación es lo que encuentro más rifador. No es una cita corta:
[Después de terminar un triatlón del que Murakami salió satisfecho]
Por supuesto, físicamente resultó muy duro y, en el plano psicológico, viví también momentos de gran decaimiento. Pero esa dureza viene a ser algo así como una premisa para los deportes de esta índole. Si el sufrimiento no formara parte de ellos, ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafíos como una maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan?
Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, sí al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las calificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos.
Mientras conducía en el camino de vuelta desde Niigata a Tokio, vi a varias personas que regresaban de la carrera con las bicicletas sujetas a los techos de sus coches. Gente bronceada y de complexión fuerte. Cuerpos de triatletas. Había terminado nuestra modesta carrera dominical de principios de otoño y volvíamos a nuestras casas y a nuestras rutinas. Y, cada uno en su ciudad, nos entrenaríamos en silencio como hasta ahora (supongo) para preparar la siguiente carrera. Aunque este tipo de vida, vista desde fuera (o tal vez desde muy arriba), pueda parecer efímera, inútil y sin mucho sentido, o sumamente ineficaz, me digo que hay que resignarse a lo que hay. Aunque realmente no se trate sino de un acto vano, como verter agua en una vieja olla agujereada, al menos siempre quedará el hecho de haber realizado el esfuerzo. Tendrá su utilidad o no, será o no atractiva a los ojos de los demás, pero, en definitiva, lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad. Tal vez sean tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas. Eso pienso yo. Pienso así tanto por lo que siento, como por mi experiencia.
Por descontado, ignoro hasta cuándo podré mantener este ciclo de tareas y actividades de escasa utilidad. Pero, por lo pronto, ya que hasta ahora he venido realizándolas con perserverancia y sin hastiarme, pienso intentar seguir realizándolas mientras pueda. Y es que las carreras de larga distancia han ido educando y formando (en mayor o menor medida, para bien o para mal) a esta persona que soy yo ahora. Así que presumo que, en adelante y mientras me sea posible, tendré que seguir viviendo y sumando años junto a todo lo que tenga que ver con ellas. Supongo que ésa es también una (y no pretendo de calificarla de coherente) forma de vivir. O, mejor dicho, es la única que a estas alturas puedo elegir, ¿no?
Es esos pensamientos perdía mi mente mientras iba con las manos al volante.
Supongo que el próximo invierno tendré que volver a correr a otro maratón en alguna parte del mundo. Y supongo que, en el verano del año que viene, tendré que enfrentarme de nuevo a una carrera de triatlón en algún otro lugar. De este modo irán sucediéndose las estaciones y transcurriendo los años. Yo cumpliré un año más y tal vez escriba una novela más. De cualquier modo, tomaré en mis manos las tareas que en ese momento tenga frente a mí y las iré despachando una a una con todo mi empeño. Me concentraré en cada una de las zancadas que deba dar. Pero, al mismo tiempo, intentaré reflexionar sobre las cosas con la mayor amplitud de miras posible y ver los paisajes lo más alejado que pueda. Porque está claro que soy un corredor de distancias largas.
Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, o cómo te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Para un corredor como yo, lo importante, es ir superando, con sus propias piernas y firmeza, cada una de sus metas. Quedarse convencido, a su manera, de que ha dado todo lo que tenía que dar y de que ha aguantado como debía. Ir extrayendo alguna enseñanza concreta (no importa lo nimia que sea, pero que sea lo más concreta posible) de las alegrías y los fracasos. Y, a base de tiempo y de años, ir acumulando una por una carreras de ese tipo para, finalmente, sentirse satisfecho. O, tal vez, aproximarse, siquiera un poco, a algo parecido a eso (sí tal vez esta expresión sea más adecuada).
Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera elegir yo las palabras, me gustaría que dijera lo siguiente
HARUKI MURAKAMI
Escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final
Es estos momentos, eso es lo que desearía
Pocas veces estoy tan de acuerdo con alguien. Murakami, tiene razón, uno vive con base en esfuerzos que no son otra cosa que aproximaciones sucesivas a un ideal (paréntesis para recordar que ese concepto de aproximaciones sucesivas también funciona en la ciencia: como nuestro mapa-rompecabezas en permanente construcción del Universo).
Aguantar sin caminar hasta el final es un buen motivo para continuar. Estoy considerando adoptarlo.
Si aún hay lectores de este blog quizá recuerden que hace algunas semanas estaba yo contando de la ordalía voluntaria -y nada gratuita- a la que me sometí al participar en una Spartan Race Sprint.
Pues bien, tantito por masoquismo, tantito porque fue una experiencia más divertida que agotadora y muchote porque no quiero yo volver a tener carnes fofas producto de mi godinismo glotón y sedentario (aunque eso de mi godinismo está en suspenso, como ya expliqué), me he inscrito a una siguiente Spartan Race. Ésta, Super (es decir, más kilómetros y más obstáculos), en Valle de Bravo, en mayo.
He aquí la altimetría de la ruta que publicaron los organizadores en FB.
Ante ese panorama de corredera tan abrupta, hace unos días que estuve en Morelos, decidí incorporar a mi entrenamiento treparme al Tepozteco. Hasta la cima, no hasta la pirámide que es a donde nomás llegan los turistas que no hallan qué hacer el fin de semana.
Cuando subo al Tepozteco me gusta hacerlo en la mañana. Así que paso la noche previa en la casa de mis papás que viven en Cuernavaca. Mi mamá, cuando se entera de lo que quiero hacer a la mañana siguiente, me cuenta una historia disuasoria, sin importarle si ya lo ha hecho decenas de veces antes y si yo ya he subido otras tantas el mentado Tepozteco.
Digo que es historia disuasoria porque creo que la intención de mi madre es que yo reaccione diciendo "uy que susto, no subiré al Tepozteco, me quedaré y seré un fofo feliz como tus otros hijos".
La historia va así.
Iba mi mamá caminando un día, muy contenta, al pie del Tepozteco con intenciones de subir el cerro y llegar a la pirámide cuando ve pasar corriendo a unos paramédicos cargando una camilla vacía en la misma dirección que ella llevaba. Más tarde ve pasar a los mismos paramédicos, esta vez en dirección contraria y con la camilla ocupada por un señor que parecía desmayado pero que ya estaba muerto.
Mi madre no es que tenga superpoderes de diagnóstico clínico remoto. Se enteró que el señor por el que se había armado tanto relajo estaba muerto porque cuando se desanimó y desandó el camino hasta el estacionamiento, se dio cuenta que la camilla con todo y muerto estaba obstruyendo la salida del cajón que ocupaba su coche mientras los paramédicos esperaban a que llegara alguien del Ministerio Público a decirles qué hacer con el cadáver.
Así que mi mamá se quedó esperando también. Durante la espera, antes que el agente del Ministerio Público, llegó la recién viuda llevando a un niño recién huérfano. Mi mamá no tiene superpoderes de diagnóstico clínico remoto, pero sí los tiene para entablar conversación con todo mundo sin importar las circunstancias. Así fue como se enteró que el muerto era cuarentón, que jamás se había enfermado de nada grave antes, que durante su vida matrimonial no había ido a una consulta médica y que ese fin de semana quiso subir El Tepozteco amparado con su última frase célebre que fue mutatis mutandis "todavía las puedo" antes de caer exánime al suelo.
Fin de la historia que me cuenta mi mamá.
Cada vez que oigo esa historia me quedo pensando no en el muerto ni en la viuda, y mucho menos en que me vaya a pasar lo mismo, sino en la criatura. A veces me lo imagino en brazos de su mamá, otras veces, ya más crecido, de pie y sin soltar la mano de su mamá. Pero siempre con los ojos abiertos como platos contemplando los elementos de la escena: el papá tumbado en una camilla y mosqueándose al pie de las llantas traseras del coche de mi madre, los paramédicos esperando y su mamá explicando a sollozos como cayó fulminado su papá. Sin entender del todo lo que pasa pero quedándosele grabado en la cabeza el drama.
Como ésta es una historia repetida hasta la naúsea, ya han pasado algunos años del incidente. El niño ya no lo es. Debe ser un adolescente o está a punto de serlo. También me lo imagino yendo al Tepozteco por su cuenta para enfrentar la cordillera que mató a su padre...
... y la cara de desconcierto que ponga cuando vea que el lugar está repleto de gordos y gordas subiendo las lajas de piedra que conducen a la pirámide, echando sudores y jadeos, pero sin caer fulminados.
Por eso amiguitos, levanten el culo de vez en cuando de enfrente del monitor y usen el poder de sus piernas para ir de un lado a otro. Si han cumplido al menos cuatro décadas (si no saben contar décadas eso quiere decir que están treintones) usen ese poder para irse a hacer un chequeo. No vayan a ser los progenitores de chamacos que pasen sus primeros años pensando en retos imposibles donde no los hay.
Para el siguiente 1ero de abril espero amanecer con las siguientes características:
Desempleado. Exgodinez.
Los últimos 24 meses de chamba han sido, en el ámbito profesional, ruinosos. Sí, ruinosos, esa es la palabra. Si no estuviera yo más interesado en cambiar de carrera que en darle continuidad a la que ya tengo, estaría en un dilema de agregar en mi CV el último proyecto en el que participé que quedó en puros pitos y flautas.
Pero me estoy adelantando. Veamos si puedo poner por escrito el progreso de la debacle laboral en la que estoy.
En marzo del 2011 estaba yo pisando los cimientos poco firmes del ISSSTE como computito de una consultoría ambiciosa y con proyectos interesantes. El ISSSTE, para quien no lo sepa, es la institución gubernamental encargada de brindar servicios de salud a los trabajadores del Estado mexicano, a puro burócrata pues. Si digo que los cimientos del ISSSTE son poco firmes es porque es una de las instituciones más corruptas que hay y porque sus oficinas situadas en Av de la República están yéndose de bruces sobre la calle.
Antes de eso había pasado una temporada larga haciendo lo mismo para otra consultoría mangoneada por hindúes -hindúes ojetes no hindúes chidos como el que sale en TBBT- TATA. TATA se había hecho con el contrato de outsourcing computito del IMSS (otra institución gubernamental, ésta proveedora de los servicios de salud de 1 de cada 2 mexicanos) en 2008 y en enero de 2011 el instituto le dio una patada en el trasero y yo, a mi vez, les di otra.
A finales de marzo, los encargados en el IMSS de un proyecto largo, tedioso y cagante -como la cuaresma, por lo que en adelante lo llamaré el proyecto cuaresma- me buscaron para reincorporarme. La idea era que me contrataría la Universidad del Estado de México, que se quedó con el proyecto, junto con los millones que paga el IMSS por puritita basura, para ser computito de outsourcing de lo que se ofreciera en el instituto. Como ví que había urgencia decidí que si iba usar mi tiempo en el IMSS y en el proyecto Cuaresma había que pedir un chinguero de dinero a cambio.
Y así me convertí en puta. Puta cara pero al final en puta.
Durante varios meses fui testigo, cómplice y víctima del desarrollo del proyecto Cuaresma. Cuando nos entregaron las primeras versiones del sistema producto de todos nuestros afanes me di cuenta que no servía para lo que habíamos escrito en un chinguero de casos de uso, pero que sí era muy bueno para pegar corajes.
Hubo varios cambios de administración del proyecto. A la única administración que no fue completamente desafortunada y con la que pudimos avanzar a pesar de las insensateces burocráticas de directores y coordinadores, recientemente le dieron carpetazo, por "decreto de austeridad".
Y una de las consecuencias de ese decreto de austeridad consiste en que el 31 de marzo, todos los computitos externos al IMSS deberemos irnos a nuestras casas.
Durante esta experiencia conocí gente genial, gente chida, gente horrenda y gente olvidable. El primer rubro los cuento con los dedos de una mano y me sobran dedos. Es gente cuya ausencia en mi vida no me la quiero ni imaginar. Del rubro de los chidos hay más gente (ya necesito las dos manos para contarlos). Es gente con la que puedo irme a echar una chela, o varias, y salir contento de la experiencia. También es gente que tiene talento y capacidad con la que se puede concretar un proyecto.
De los otros dos rubros hay muchos más. No volverlos a ver ni a tener noticias de ellos me causaría el mismo pesar que el que me provoca perderme un concurso de futbol.
Ahora bien, aunque me llamen a continuar no tengo muchas ganas de seguir haciendo la misma chamba, o más específicamente, no tengo ganas de seguir viendo como el 99% de lo que hago se queda metido en un archivero cuyo único fin es facturar horas para que algún pendejo que no sabe nada de nada las cobre, en lugar de convertirse en algún producto de software.
Por lo tanto para quitarme ese mal sabor de boca me iré a correr un rato a la playa y luego a un cerro. Y después veré qué hacer con mi chingada vida.
Octubre
Paso en pelotas ante un espejo y no reconozco mi reflejo.
- ¿Quién es ese fulano blando de carnes fofas y godinezcas? - digo.
Decido que ya estuvo bueno de tanta huevonería. Me consigo unos tenis buenos y salgo a correr a las 6 de la mañana.
Hago cuatro kilómetros a 8 minutos por kilómetro, como viejito, pues; mientras me empapo con la última tormenta madrugadora del año.
Al terminar convenzo a mi cerebro de que fue una gran experiencia que conviene repetir al día siguiente.
Diciembre
Me subo a una báscula. Mis afanes reduciendo la ingesta de calorías y el tiempo en el que recorro un kilómetro han dado algunos resultados. Mi peso está más cerca de 80 kg que de 90 kg.
Lo encuentro alentador.
Al regresar a mi oficio computito, me encuentro un anuncio en no sé qué página que dice Spartan Race México. Hago click en la imagen y miro un video donde salen unos corriendo a campo traviesa y pasando por obstáculos salidos de la imaginación de un inquisidor.
Se ve divertido y me inscribo.
Enero
Reviso los ejercicios que propone uno de los patrocinadores de la carrera. Aprendo a hacer burpees. Cuando termino esas sesiones no me queda claro si en los charcos del suelo hay más sudor que lágrimas.
Un día en la chamba noto que lo único que sostiene mis pantalones son mis nalgas. Al otro día en el closet encuentro un pantalón que no me ponía desde hace años, talla 32. Me cierra sin quitarme el aliento como la vez previa que me lo probé.
El último sábado de enero visitamos la lupe y yo a Culimocho que recién se convirtió en padre de una bebé. Estrena chamba más cercana a su casa y no nos hemos visto en un par de meses. Cuando me abre la puerta su primera reacción consiste en decir "¡qué pinche flaco estás!" y en ir corriendo, no por su hija para que la conociera, sino por una báscula que me avienta a los pies.
Febrero
Hago 6 kms en 32 minutos. En la pista llena de polanquitas donde corro no hay gordos que me rebasen. Una mañana de domingo voy a correr a Viveros. Doy tres vueltas al circuito y voy rebasando a la mayoría.
Pasa mi cumpleaños 40. Lo celebro comiendo como "boa y naúfrago".
17 de febrero (día de la carrera)
Hago que mi porra consistente en la lupe, carnala, cuñado, sobrino e hija me lleve de mi casa al lugar de la carrera. Considero que los organizadores debieron haber incluído en su conteo de obstáculos el traslado a ese ano del Estado de México en medio de la nada.
Llego y veo todo muy bien organizado. Firmo una carta diciendo que si quedo muerto o mutilado no se culpe a los organizadores. A cambio de esa cartita y mi boleto de inscripción me dan mi número y mi chip.
Veo salir a dos rondas de corredores antes de que sea mi turno. Mientras caliento les echo un discurso a mis rodilla izquierda y tobillo y hombro derechos:
- Uds me odian y yo los odio. Procuremos mantener esa sana relación sin que los tenga yo que amputar a media carrera.
Los que correríamos a las 10 nos congregamos ante la salida y dos animadores muy pendejos.
- ¿Aguantar estos chistes chafas será otro obstáculo?
A las 10 salimos corriendo. Los más entusiastas somos los primeros en bajar una loma, subir otra, bajar otra y aterrizar en un río de agua con lodo. El fango del fondo parece que se va a zampar nuestros tenis a cada paso.
Después del río de lodo hay que escalar una red, bajarla y correr un tramito para echarse a otro río de lodo surcado por alambre de puas. Al salir brincamos unas brazas y corremos y corremos y corremos hasta llegar a tres paredes a la mitad de un páramo. Una pared la brincamos, otra la pasamos por abajo y otra por en medio. Ahi me doy cuenta que no llevo más mi número de competidor.
- Espero que nadie tenga que consultar la información "que puede salvarme la vida" que me hicieron escribir detrás.
Sigo corriendo hasta ver a un grupo hacer fila para tomar una cuerda y jalarla. En el otro extremo de la cuerda está un peso que hay que subir hasta la copa de unos árboles. El corredor que estaba delante de mí dejó caer su peso y la cuerda fue a dar hasta la chingada donde voy a recogerla. Procuro ser más solidario con el corredor que está formado detrás mío.
Más correr.
Al pie de una lomita nos dan un buche de bebida de colores y nos esperan unos bultos de arena. Los oscuros son para los hombres y los rosas para las mujeres. Me pongo uno de los oscuros en los hombros y los paseo de subida y de bajada por la mentada loma.
Más correr. De subida. De bajada. Con brincos. Con ramas en la jeta.
Llego a un sitio donde están incrustadas en la tierra unas tablas formando zigzag. Hay que subirse al canto de las tablas y cruzarlas sin caerse. Sólo me faltan 3 pasos para llegar al otro lado, pero pierdo el equilibrio y caigo.
Burpees antes de seguir corriendo.
Al fondo de una cañada hay unos bloques de cemento con cadena. Tomo uno y lo arrastro un circuito corto pero demandante. Después de eso, adivinaron, salgo corriendo al monte.
La mayoría alcanzamos la cima caminando. Mientras bajo ese cerro llego a un recodo donde descubro que para llegar al fondo hay que hacerlo con la ayuda de una cuerda.
Hay que correr. Ahora por un sendero muy angosto, sinuoso y repleto de raíces. Para recorrerlo con rapidez pego brincos en todas direcciones.
Me acerco a un río, de agua turbia y helada, de poca profundidad pero un chinguero de piedras. Descubro con sorpresa que es una delicia meter ahí los pies después de tanta corredera a pesar del riesgo de torcerme una pata.
Otra subida a un monte que parece que no se va a acabar nunca. A ratos camino y a ratos corro.
Al llegar a la cima hay un gran extensión. Paso por debajo de unas escaleras que una hora antes había subido. Estoy llegando al último set de obstáculos.
Ante mí hay tres paredes de madera que hay que trepar. La más bajita está de mi tamaño. Cuando logro estar a horcajadas sobre la tercera una chava chaparra que no recibe el suficiente impulso de alguien de su equipo me pide ayuda. Logro jalarla para que alcance la parte superior y trepe antes de soltarme por el otro lado.
Más correr. No muy lejos escucho unas campanas. Temo que sea uno de los obstáculos para los que casi no entrené. Después de un recodo confirmo que tengo razón: hay que trepar una cuerda. Mientras me formo por mi turno miro a los que logran llegar hasta lo alto, para imitar sus movimientos... y meto la pata en un agujero torciéndome el tobillo. Muy torcido.
Veo luces que un epiléptico reconocería.
Al subir la cuerda no logro que mi pie derecho logre afianzar junto con el izquierdo los nudos para impulsarme por la cuerda. Bajo lo poco que había logrado subir.
Otras 30 burpees. Éstas a un pie.
Reflexiono que un tobillo torcido no me va a detener y continuo corriendo.
Ya está cerca la meta. Hay que cruzar una pared a lo ancho poniendo pies y manos en unas agarraderas de madera. La corredora que va adelante de mí titubea mucho y tarda lo que me parece años en cruzar, al grado de que casi hace que yo pierda asidero. Aguanto más por necio que porque todavía las pueda.
Sigue un tramo corto corriendo antes de llegar a un lugar donde hay unas pacas de heno para ensartar con una javalina. Me dan una y veo la punta roma y corta.
- Mejor pásenme un mondadientes.
Lanzo la javalina con más fuerza que tino.
Otras burpees. En el lodo, pues hasta ahí llega el agua de uno de los últimos obstáculos en el que hay que trepar por una pared de madera inclinada a la que siempre le están echando un chorro de bombero nomás que de agua con lodo.
Llego a la cima de ese obstáculo y bajo por el otro lado donde veo a tres del staff haciendo de gladiadores. Están con unos cotonetes que de cerca se ven enormes, listos a soltar de madrazos a los corredores. Del otro lado está la meta.
Un corredor baja a mi lado. Vamos corriendo juntos contra los de los cotonetes. Logramos quitárnoslos de encima sin tanto madrazo. De pronto un linebacker gigante me tapa el paso.
- Sigue, no te detengas - me grita.
- Sí, cómo no. Sólo quítate de en medio - pienso.
Pero mi cuerpo decide no hacerme caso a mí sino al linebacker y después de un breve intercambio de empujones y bofetadas entre caballeros llego a la meta.
Mientras me ponen mi medalla al cuello y hago fila para entregar mi chip suena el señor Freddie Mercury por los altavoces diciendo "We will rock you".
- Sí, Freddie. Como siempre tienes toda la razón - pienso mientras escogía la talla de una playera que planeo no quitarme hasta el fin de los tiempos.
pd. A ver qué tal me va en la próxima carrera en mayo. En esta hice 1:24:27 y quedé en el lugar 2259 de un total de 4785 corredores sin vagina.
Actualización 19/02/2013: Acá las fotos.
Hace unos años, abordando el libro de Phil Plait que trata del menú que tiene el Universo para matarnos, platicábamos sobre lo que ocurre cuando un meteorito entra a la atmósfera.
Va una parte de aquella serie de bostas:
¿Cómo es que algo tan pequeño brilla tanto [...]? Para responder eso tienes que saber dos cosas. Primero, el aire comprimido se calienta (cualquiera que haya usado una bomba de aire para inflar un balón o una llanta de bicicleta lo sabe). Mientras más se comprima el gas, más se calienta. Segundo, la velocidad de un meteoroide puede ser enorme. Entre 15 y 30 kms por segundo. Algunos viajan a 95 kms por segundo.
Cuando algo así de rápido entra a la atmósfera terrestre comprime mucho el aire. El aire se comprime tan rápido y a tanta presión que se calienta en miles de grados y empieza a brillar.
El meteoroide viajando a algunos centímetros detrás de ese aire comprimido no es inmune al calor. No dura mucho en esas condiciones y termina consumiéndose. Añadiendo su masa a la de la Tierra.
Eso pasa a 80 kms de altura. Donde el aire no es tan denso, pero sí lo suificiente para comprimirse y calentarse como ya lo platicamos y detener meteoroides pequeños.
¿Pero qué pasa si el meteoroide es del tamaño de un sofá o un carro o de un autobús?
Explota.
¿Cómo que explota? preguntarán uds. Pues sí, explota
La física es la misma, nomás que aplicada en mayor superficie. El aire comprimido por la velocidad del meteoroide, también ejerce una presión enorme sobre su superficie. La piedra sólo puede aguantar esa presión unos instantes antes de desmoronarse. En pocos segundos, en lugar de una piedrota, tenemos muchas piedritas, centenares o miles, todas moviéndose a varios kilómetros por segundo y todas transfiriendo su energía al aire que las rodea, que a su vez se comprime y se calienta. En instantes, hay un montón de piedras liberando su energía de una patada.
Eso es una explosión.
Así que los meteoroides de tamaño regular explotan. De nuevo, esto pasa bastante arriba de nuestras cabezas. Dependiendo de lo que esté hecho el meteoroide (hay unos de metal) puede penetrar profundamente en nuestra atmósfera, pero aún así explotan a gran altura. La energía que liberan es impresionante, una piedra de un metro de diámetro libera el equivalente a centenares de toneladas de TNT. De acuerdo a registros mlitares, estas explosiones ocurren en promedio una vez al mes.
La mayoría de las veces estamos a salvo de meteoroides de ese tamaño. Pero si no viajan tan rápido, la fractura inicial puede frenarlos lo suficiente para que los pedazos más duros no se continúen desintegrando y lleguen hasta el suelo. Si hacen eso, los meteoroides se graduan a meteoritos.
Esos pedazos llegan al suelo a velocidades terminales. De uno o dos centenares de kilómetros por hora. Como si los tiraras de un edificio alto. Mientras no te caiga en la cabeza, está bien. En 1954 le cayó a una mujer uno de estos en su casa, mientras dormía. La dejó toda morada pero sobrevivió.
En 1992 un meteoroide del tamaño de un autobús, entró a la atmósfera y viajó rumbo al noreste sobre Estados Unidos y fue visto por miles de personas. El meteoroide se fracturó y dejó regados pedazos por todos lados. Uno de ellos, del tamaño de un balṕn cayó en un coche.
Pero la superficie de la Tierra es grande y estas piedras cayendo del cielo son pequeñas. El chance de que te descalabre una es pequeño.
Pero no todas las piedras que caen del cielo son pequeñas.
Ahora bien, a menos que uds vayan por la vida sin enterarse de nada, ya sabrán que hace unas horas cayó un meteorito en Rusia, dejando casi 1000 heridos, al momento de escribir estas líneas.
De acuerdo a los testigos, "la caída del cuerpo celeste se acompañó de fuertes explosiones".
Bueno, ya revisamos cómo es que eso ocurre. Ahora examinemos cómo se ve gracias al youtube y a que buena parte de la población carga con una cámara de video en la bolsa en estos días.
Impresionante.
Si fuera yo de esos que cuentan su edad usando el sistema decimal, hoy que cumplí 40 años escribiría muchas líneas como excusa por llegar vivo a esta década y sobre lo poco que he aprendido y lo mucho que me falta por aprender y bla bla bla.
Pero como yo soy yo y no cuento mi edad en años ni décadas sino en kilómetros que llevo recorridos sobre esta bola de barro que comparto con uds, avezados lectores, diré solamente que según mis cuentas llevo aproximadamente 37680x10^6 kms de vueltas al Sol.
Lo que se presta a chistes sobados de que voy por la vida dando vueltas en círculos. Chistes que se desbaratan en cuanto uno amplia su marco de referencia.
Por ejemplo, esas vueltas en círculos que parece que voy -vamos- dando alrededor de el Sol no lo son tales pues nuestra estrella también tiene un movimiento de translación siguiendo la ecliptica de la Via Lactea, ésta que a su vez va moviéndose dando tumbos junto con otras galaxias del Grupo Local por el Super Cluster de Virgo.
Así que si algo tengo que decir en este cumpleaños es que aprecien el sitio por el que pasan. No volverán a transcurrir por él jamás.
El domingo pasado, día de Super Bowl y eventos deportivos que me provocan tanto interés como conocer el número de ángeles que bailan en la punta de un alfiler, decidí participar en el borlote por red social diciendo qué es lo que yo entiendo por un touchdown.
Esto es lo que pasa por mi cabeza cuando escucho la palabra touchdown. Puro literalismo el mío, como pueden ver.
Y subí la foto con comentario al calce a twitter y a facebook.
En twitter no hubo bronca, pero a los 15 minutos facebook me notificó que había yo infringido no sé cuántas leyes de tráfico de pitos y vaginas y que había que borrar ese contenido, o se inundaba Tabasco. O algo peor.
Iba yo a optar por mandar a facebook muy a la chingada pero me acordé que ando a mitad de afán divulgatorio de obra de Ibargüengoitia así que me aguanté las ganas de borrar mi cuenta de ese convento de monjas de la vela perpetua disfrazada de red social.
Luego me acordé "oei, tienes un blog al que de vez en cuando llega alguien todavía, y Google no es tan espantadizo como Facebook". Por eso estoy actualizando.
Esta censura feisbuquera me recordó las reacciones que leí en una reseña en La Jornada de la inaguración en junio de 1995 de la exposición "Toscani al muro" en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Desafortunadamente las ediciones de La Jornada sólo están disponibles hasta marzo de 1996, así que no les podré citar las paradas de pestañas de algunos visitantes del MAM cuando vieron en un fotomural los siguientes pitos y vaginas.
Pero lo que sí les puedo citar es algo que Oliviero Toscani, el autor de esa foto de Benetton, dijo en una conferencia previa a la inaguración de la exposición:
"La provocacion proporciona la posibilidad de ver la realidad con otro enfoque".
Esa es una idea con la que comulgo y la principal falla que le encuentro a Facebook y a otras redes sociales o ámbitos comunitarios con reglas de vamos-todos-a-llevar-la-fiesta-en-paz.
pd. Tengo la sospecha de que alguien en facebook está revisando las denuncias de contenido "inapropiado" para ver si hay pornografía que valga la pena llevarse. Sí es así, espero que la aproveche en muchas puñetas.