lunes, julio 25, 2005

Así mero hay que contestar

El jueves Rafael Barajas aka El Fisgón publicó en La Jornada esta imagen.



El sábado en la sección El Correo Ilustrado del mismo diario el director de Comunicación Social del Arzobispado de México se queja del cartón de El Fisgón.

Señora directora: Es por medio del diálogo, el respeto a la pluralidad y la apertura a otras ideas como se puede dar ejemplo de una auténtica labor periodística, y por lo mismo nos resulta extraño que un medio de comunicación tan serio como es La Jornada recurra a la ofensa y a la ridiculización de aquellas personas o instituciones con las que de momento no está de acuerdo.
En este sentido, deseo manifestar nuestra inconformidad con el irrespetuoso trato que El Fisgón dio a los obispos en una caricatura de mal gusto, en la que lejos de recurrir al buen humor utilizó un lenguaje ofensivo al referirse a la jerarquía católica, cuya obligación es y será defender la vida y la dignidad humanas. No es por medio de la ofensa a quienes opinan diferente como se avanza o se llega a la verdad. Es probable que para el dibujante resulte una "estupidez o un acto de ignorancia y atraso" el hecho de que la Iglesia católica se preocupe por los indefensos y aquellos que no tienen voz. Nuestra función ética y moral seguirá siendo la misma, pero al tratar de ridiculizar nuestro trabajo sólo queda de manifiesto el deseo de ofender a quien procura hablar con la verdad.
De igual modo, no estamos conformes con el
editorial del periódico correspondiente al pasado 20 de julio, que también recurre a calificativos ofensivos, irracionales y sin ningún fundamento, más que el odio del editorialista a la Iglesia católica.
Sin más por el momento, agradezco nos conceda el derecho de réplica y sea tan amable de publicar esta carta.
Atentamente.
Presbítero Hugo Valdemar Romero A., director de Comunicación Social del
Arzobispado de México

El Fisgón le revira al presbítero en la misma sección de correo:

Señora directora: Mucho le agradezco al presbítero Hugo Valdemar Romero A., director general de la Oficina de Comunicación Social del Arzobispado de México, el que me escriba unas líneas protestando por un dibujo que critica las declaraciones del secretario de Gobernación, Carlos Abascal.
El vocero del Arzobispado (y, por lo visto, de Abascal) tiene razón cuando plantea la importancia del diálogo en el periodismo (y en la sociedad en general), pero para establecer un diálogo respetuoso es necesario que las partes den la cara y se hagan responsables de sus planteamientos; ahora, gracias a la carta del presbítero Hugo Valdemar, ya tenemos la certeza de algo que apenas insinuaba mi caricatura: que las declaraciones de Abascal en el sentido de que la llamada píldora del día siguiente es "ciencia para la destrucción masiva" es en realidad una posición de la Iglesia católica, y que, por lo tanto, está más cerca de los dictados del Vaticano que de las necesidades reales de los mexicanos.
Me parece espléndido que un vocero de la Iglesia plantee la necesidad del diálogo, del "respeto a la pluralidad y la apertura a otras ideas". Esto es algo que siempre hemos sostenido los que no pretendemos que nuestras posiciones son una verdad divina. También comparto la preocupación del presbítero por defender la vida y la dignidad humanas, y por sostener una posición ética. Por lo anterior, creo necesario defender el derecho a una vida sexual sana (es decir, gozosa), a la planificación familiar, a la diversidad sexual, a las decisiones reproductivas de la mujer. Me parece muy noble que alguien se preocupe por los indefensos y aquellos que no tienen voz; por eso creo que es necesario darle voz a los condenados por los prejuicios religiosos, a las mujeres violadas, a los discriminados por su preferencia sexual, a las víctimas de curas pederastas. Creo que lo que atenta contra estos derechos, lo que ataca a estos individuos vulnerables, es lo que en realidad constituye una posición intolerante, y también creo, siguiendo la lógica clásica de Voltaire, que el ser tolerante con la intolerancia sólo favorece a la intolerancia. Esta ética humanista es la razón de ser de mi dibujo. Por último, lamento que el presbítero encuentre que mi caricatura "recurra a la ofensa y la ridiculización", pero me veo obligado a recordarle que, como todo género satírico, la caricatura precisamente busca la ridiculización de su sujeto y que, como dice el ensayista inglés Gilbert Highet, "la mayoría de los escritos satíricos utilizan palabras crueles y obscenas". La caricatura es un género que suscita polémica y por ello nos acerca más a la verdad que los dogmas y la fe. Atentamente.
Rafael Barajas (El Fisgón)

juar!!! y luego preguntan por los motivos de
mis afanes por volverme apóstata.

6 comentarios :

Is dijo...

Buena bosta!!!
El fisgón tiene mucha razón en cuanto a su tendencia por defender sus ideas y no nada más sobre lo que comenta en su contestación: "el derecho a una vida sexual sana (es decir, gozosa), a la planificación familiar, a la diversidad sexual, a las decisiones reproductivas de la mujer." si no todas las que él tenga, así como todos nosotros para eso somos individuos no?
Hay que explicarle al presbítero el objetivo de una caricatura y su género satírico
Saluditos
Sam

Anónimo dijo...

Bravo por El Fisgón. Todavía hay gente en el país que se preocupa y hace algo más que retórica y la caricatura en Mécxico tienen larga historia al respecto, gracias por respetar mi marca registrada en los "noticiegos".
Clau

David Moreno dijo...
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David Moreno dijo...

No conocía la polémica...ando medio desconectado, pero la retomaré en mi programa del viernes...

saludos

Anónimo dijo...

Respetos guardan respetos. Si no existe la verdad absoluta, ¿quién soy yo para juzgar que el otro está equivocado o que hace mal las cosas? La Iglesia Católica y la autoridad eclesiástica siempre generarán la polémica, pero su posición no debe ser objeto de ironías.

Anónimo dijo...

Con qué cara Hugo Valdemar apela a la ética si es bien sabido en todo su gremio que él se ha distinguido desde siempre por ser un corrupto hambriento de dinero y poder.


Gustavo