jueves, julio 14, 2005

Insatisfacción

Salgo a la calle y miro el cielo nocturno. Veo algunas pocas estrellas y recuerdo una de las primeras canciones que cantaba Constanza cuando estaba más chica. Una que le pide un deseo a una estrella. Tierna pero inexacta. Prefiero ver las cosas como son. Recuerdo la primera vez que leí qué eran las estrellas. También recuerdo el asombro con el que digerí la noticia y la curiosidad por indagar más al respecto. Memorias a las que no dedicaba atención desde hace tiempo se hacen presentes: fantasías prepúberes consistentes en imaginar que viajaba lejos. Hacia esos gigantescos soles que tan diminutos se ven desde aquí. Me obligo a plantearme si tales divertimentos de mi imaginación se debían más a la curiosidad o más a la insatisfacción creciente de lo que me rodeaba.

Entro a casa. Por internet escucho reflexiones que se hacen a muchos kilómetros de donde estoy. Temas principales: pobreza, desigualdad, violencia y esperanza. Punto de partida: los últimos eventos en Inglaterra. Guía: rolas chidas del Live 8. Decido participar. En un tema expreso mis dudas de que las acciones del G-8 sirvan para que la pobreza sea erradicada del planeta en tanto no incluyan educación y ciencia para los habitantes de las regiones pobres. En otro tema me pregunto si las cosas empeorarán al grado de que cada vez más gente recurra a la repudiable violencia como único medio de reclamo ciudadano ante gobiernos sordos. Varios minutos después se plantea lo que ocurre en Latinoamérica. Se comenta que hay regiones en México que se dan un quién vive con lugares en África en términos de desarrollo humano. También se pone en la mesa el mediocre trabajo del gobierno para mejorar las cosas. Se plantea la pregunta ¿qué hacer? ¿Armamos nuestro propio concierto? ¿Seguimos viviendo como hasta ahora en la esperanza de que las broncas se arreglen por sí mismas? ¿Organizarse?

Me desconecto de internet. Comienzo a escribir estas líneas. Impulsado por la insatisfacción como siempre. Extraño mi capacidad aparentemente perdida de evadirme en fantasías espaciales. A medida que avanzo recuerdo las reflexiones de Sagan consistentes en que "los métodos de la ciencia -con todas sus imperfecciones- se pueden usar para mejorar los sistemas sociales, políticos y económicos" También recuerdo las reflexiones de Jefferson (uno de los pocos gobernantes con formación sólida en ciencia que ha habido) a quien Sagan también citaba:

"Cuando concluya esta guerra [revolucionaria] nuestro camino será cuesta abajo. Entonces no será necesario recurrir en todo momento al pueblo para buscar apoyo. En consecuencia, lo olvidarán e ignorarán sus derechos. Se olvidarán de ellos mismos excepto en la facultad de ganar dinero y nunca pensarán en unirse para prestar el debido respeto a sus derechos. Así pues, los grilletes, que no serán destruidos a la conclusión de esta guerra, permanecerán largo tiempo sobre nosotros y se irán haciendo cada vez más pesados hasta que nuestros derechos renazcan o expiren en una convulsión."


Se me ocurre que las palabras de Jefferson siguen vigentes sobre todo ahora que la nación, a la que puso tantas esperanzas, encarcela a sus periodistas. De vuelta las reflexiones acerca de la torpeza de los gobiernos de todo el planeta en proporcionar esquemas efectivos de reclamo ciudadano.

Me obligo a pensar de manera más local. Prendo la radio. Un secuestro por aquí. Un asesinato por allá. Y un cacareo de alguien que cree que es un buen candidato a la presidencia. Nuevamente la insatisfacción me invade.

Miro una foto de Constanza a la que voy a ver este fin de semana. Sigo pensando en que la única forma de cambiar las cosas es sabiendo cómo son en realidad. Recuerdo a Arthur Koestler y "sus islas de congruencia". Creo que Sagan tenía razón... finalmente una idea comienza a tomar forma en mi cabeza.

Y por fin me voy a dormir.

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