jueves, 29 de setiembre de 2005

Pseudomatemáticas de oficina

Echándole un ojo a las estadísticas del blog me he percatado que una de las búsquedas más frecuentes que traen a visitantes a este espacio tiene que ver con los sorteos de melate. Más específicamente, con la búsqueda de algún método mágico-matemático que adivine-calcule los números del próximo sorteo.

Entiendo perfectamente las motivaciones de esas búsquedas. Yo mismo las hacía. Hace algún tiempo desperdiciaba mi talento en una consultoría de software con un futuro tan escaso como escasos tenían sus huevos los dueños de dicha consultoría para sacar los proyectos adelante (saludos al babastiesas que parece seguir aguantando aún). En un lugar con sueldo más o menos cómodo pero sin perspectivas no era raro que algunos nos desesperáramos e intentáramos vender el alma al diablo. O jugáramos al melate.

Desoyendo aquella vieja consigna que reza que jugar a la lotería (o al melate en este caso) es el pago de impuestos de los pendejos, íbamos muy contentos a adquirir nuestros boletitos para participar con 1, 2 o 3 juegos de números; dependiendo de nuestras finanzas y de nuestros ánimos por mandar al carajo a nuestros jefes obtusos.

Ante los nulos resultados (er... no... no me lo gané, si así hubiera sido no estaría ocupando mi tiempo escribiendo en este pinche blog y sí en la noble tarea de rascarme el ombligo en alguna playa abrazado a mi güera y a una chela), comenzamos a recurrir a métodos más esotéricos. Pero inefectivos.

Antes de escoger los números con los que íbamos a jugar algunos inquirían por fechas de nacimientos de mascotas, familiares y demás seres queridos. Otros con vena más analítica pero igual de acrítica revisábamos los números de los torneos pasados y armados con nuestros textos de la carrera hacíamos sesudos análisis de probabilidad y trazábamos curvas normales. Debo confesar que yo llegué al extremo de fabricarme una entidad supernatural a la que le prometía buenas y chingonas acciones si me ganaba el melate. Como todos los dioses, este también falló en proveer.

Pasó el tiempo y algunos comprendimos que la solución a nuestra situación no era tan desesperada y estaba al alcance de la mano. Mandamos a chingar a su madre esa chamba del nabo. Hecho eso adquirí dos cosas que me hacían falta: tiempo y lucidez. Ambas me permitieron recordar un hecho claro que todos aquellos pseudomatemáticos vivales, que abundan en internet y que a veces salen en tele abierta, pasan por alto al momento de ofrecer sus métodos famosos para calcular los números ganadores de antemano.

El hecho mencionado es el siguiente: EL JUEGO NO TIENE MEMORIA. No importan un carajo los resultados previos. Estos son independientes de los próximos resultados. Cada conjunto de 6 números, donde cada uno de ellos se escoge de un conjunto de 47, 46, 45, 44, 43 y 42 números respectivamente, en principio y suponiendo que el juego sea justo, tiene una probabilidad de 1/10737573 de ser premiado con el primer lugar. Y no existe ningún método matemático que los adivine de antemano. Ni que pueda aumentar esa probabilidad con las mismas condiciones. La respuesta no está en algún rincón de Pi, ni en la raíz cuadrada de 2, ni en el chingonésimo número primo que puedan calcular, ni en la mal llamada razón dorada. Y mucho menos está en las estadísticas ramplonas.
Publicar un comentario