viernes, septiembre 23, 2005

Recordando...

En la última entrega de la revista Skeptical Inquirer el artículo central se dedica a una sesión de preguntas y respuestas de una conferencia organizada por CSICOP que tuvo lugar en Seattle en junio de 1994 titulada Asombro y Escepticismo. El ponente de esa conferencia era Carl Sagan.

No cuento en este momento con el texto de la conferencia sin embargo la lectura de la sesión de preguntas y respuestas.(disponible aquí mero junto con un emotivo artículo de Ann Druyan) me lleva a suponer que buena parte del material de la conferencia lo puede uno hallar en el excelente libro "El Mundo y sus Demonios, la ciencia como una luz en la oscuridad".

En dicho libro hay un capítulo titulado "El matrimonio entre el escepticismo y el asombro". Ofrezco un extracto del mismo, tomando como excusa que en el chido blog
razón atea se menciona que estamos a 10 años de que ese libro se haya publicado.

Nadie puede ser totalmente abierto o completamente escéptico. (pie de página: Y en algunos casos el escepticismo sería simplemente una tontería, como por ejemplo al aprender a deletrear). Todos debemos trazar la línea en alguna parte. Un antiguo proverbio chino advierte: "Es mejor ser demasiado crédulo que demasiado escéptico", pero eso viene de una sociedad extremadamente conservadora en la que se primaba mucho más la estabilidad que la libertad y en la que los gobernantes tenían un poderoso interés personal en no ser desafiados. Creo que la mayoría de los científicos dirían: "Es mejor ser demasiado escépticos que demasiado crédulos". Pero ninguno de los dos caminos es fácil. El escepticismo responsable, minucioso y riguroso requiere un hábito de pensamiento cuyo dominio exige práctica y preparación. La credulidad -creo que aquí es mejor la palabra "apertura mental" o "asombro"- tampoco llega fácilmente. Si realmente queremos estar abiertos a ideas antiintuitivas en física, organización social o cualquier otra cosa, debemos entenderlas. No tiene ningún valor estar abierto a una proposición que no entendemos.

Tanto el escepticismo como el asombro son habilidades que requieren atención y práctica. Su armonioso matrimonio dentro de la mente de todo escolar debería ser un objetivo principal en la educación pública. Me encantaría ver una felicidad tal retratada en los medios de comunicación, especialemente la televisión: una comunidad de gente que aplicara realmente la mezcla de ambos casos -llenos de asombro, generosamente abiertos a toda idea sin rechazar nada si no es por una buena razón pero, al mismo tiempo, y como algo innato, exigiendo niveles estrictos de prueba- y aplicara los estándares al menos con tanto rigor hacia lo que les gusta como a lo que se sienten tentados a rechazar.

Los énfasis son míos.

Sagan era un chingón y un idealista optimista -lo cual no es malo: ojalá hubiera más como él-. Uno de los temas caros a él consistía en abogar por la idea de un escepticismo er... amigable. Uno que no fuera condescendiente ni ignorara el hecho de que "los partidarios de la superstición y la pseudociencia son seres humanos con sentimientos reales que, como los escépticos, intentan descubrir cómo funciona el mundo y cuál podría ser su papel en él".

Desde mi punto de vista ese enfoque podría ser inefectivo ante organizaciones con una agenda. Me pregunto cuál sería la reacción de Sagan ante los asaltos (se merecen ese nombre) de creacionistas a museos en Ithaca (lugar donde él vivía) descritos en
este artículo del NYT. O qué habría opinado de conocer estos dislates del escritor Salvador Borrego.

No es díficil imaginárselo dialogando amablemente con sus interlocutores y detractores -como probablemente lo habría hecho- para hacerles ver un punto de vista alternativo a los típicos disparates pseudocientíficos. O incluso invitándolos a considerar seriamente todas las consecuencias de que las afirmaciones paranormales fueran ciertas.

No obstante, hay días en los que tanta pendejada paranormal, pseudocientífica y desinformativa junta resulta abrumadora. A riesgo de echarme encima a la comunidad escéptica (cómo si tuviera tantos lectores), debo confesar que, en esos momentos, yo prefiero imaginarme a un Sagan patea culos y revienta hocicos (juar!!!).

Aunque pensándolo bien para eso tenemos a Penn & Teller.

2 comentarios :

Is dijo...

A mí me gustó mucho ese libro, que leí gracias a ti.
Estoy de acuerdo en que Sagan era un chingón, lástima que ya se nos fue y no pudo seguir aportando su pensamiento a la sociedad mundial.
Sam

Mirabai dijo...

Estoy de acuerdo con Sam y contigo.
Cuando se va un grande como Sagan, la humanidad pierde mucho. Es irrecuperable. Podrán venir otros pero cada uno de ellos tiene su lugar aparte.
Saludos.