jueves, 17 de noviembre de 2005

Otra más del Ki Motion

El sábado pasado Constanza y yo fuimos a casa del gordo. Encontramos que ya son los felices poseedores de un Ki Motion (no me pregunten cómo llegó ahí).

El gordo es uno de los lectores de este blog y me invitó a probarlo (el ki motion, bola de cabrones, el ki motion). Rápidamente lo saqué de su cajita, lo conecté a la toma de corriente de la pared y lo puse en el suelo. En tanto, el gordo rescató del caos que invade su casa periódicamente (ese quizá sea tema de otra bosta) el plastiquito/foamy para que el usuario se acueste en el suelo mientras pone las patas en el mentado aparato.

Una vez que armamos todo el tinglado activé el timer y durante los 2 minutos siguientes ocurrieron los siguientes fenómenos:

1. Me sentí muy tonto (y eso que no era yo el comprador).

2. Recordé que tengo un par de lesiones: una en la columna y la otra en un tobillo, y que tengo que atenderlas con base en fisioterapia y ejercicio y no en zangoloteos con dizque propiedades paranormales.

Transcurridos los 2 minutos invité a Constanza a treparse al Ki Motion. En esa ocasión confirmé observaciones previas de que mi hija me heredó la pata grande.

- ¿Qué te pareció? - le pregunté cuando acabó.

- Aburrido. Prefiero nadar.

Cabe mencionar que mi cuate el gordo también se había trepado antes al ki motion en un intento inútil por quitarse una gripe que traía. Pero se negaba a hacerlo en nuestra presencia. Lo cual agradezco: la imagen de un cachalote convulsionando no es algo que me lata traer en la cabeza.

ps. Días después mientras estaba lavando la ropa me senté en la lavadora y noté que el ki motion no lo hace mejor en términos de zangolotearlo a uno.
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