viernes, diciembre 16, 2005

¿Mentirle a los chamacos?

Aprovechemos esta temporada decembrina para mencionar un puntacho al que se enfrentan los padres que usan el pensamiento crítico y escéptico para andar por la vida: contarle a los chamacos de uno quién lleva los regalos de navidad a la casa.

Durante parte de mi infancia yo sí creía en la existencia de personajes sobrenaturales que llegaban en trineo o montados en animales exóticos a dejar regalos. No sé de dónde obtuve por primera vez esa información, pero sí sé bien que fue en primaria cuando otro mocoso me dijo que ni santa ni los reyes traían los regalos. Armado con ese dato, cada vez que veía a mis padres salir por la noche en aquella temporada decembrina, me quedaba despierto hasta que regresaran. Eventualmente los caché metiendo de contrabando una bicla que había pedido a los reyes.

(Quizá algunos se pregunten porqué no cuestioné a mis padres directamente si ellos traían los regalos y me ahorraba tanta molestia. No recuerdo si lo hice. Si fue así, evidentemente su respuesta no me dejó satisfecho.)

Años más tarde con una criatura en los brazos y con la caída de veinte consistente en que era yo responsable de lo que le metiera en la cabeza, me propuse ser los más honesto que pudiera con ella. Máxime porque durante algún momento de mi vida recurría regularmente a la mentira como forma de sair del paso; algunas fueron mentiras gordas y otras mentiras sin daño ni consecuencias. No obstante cuando cargué por primera vez a Constanza decidí que a ella no le iba a mentir.

Tan pronto como noté que Constanza era conciente de que por estas fechas hay guateque y se reciben regalos, su mamá y yo la llevamos a la juguetería a que ella escogiera sus regalos. Le explicamos que a muchos padres, maestros y otros adultos (como los de Cartoon Network y Nickelodeon) les parece buena idea mentirle a los niños diciéndoles que sí existen personajes llamados Santa Claus o los Reyes Magos que traen los regalos. Le contamos sobre la diferencia entre lo que es cierto y lo que es ficción y que se vale entretenerse con (o incluso aprender de) los productos de la ficción en tanto uno conozca siempre la diferencia.

Algunos me han dicho que soy un mal padre por "quitarle la ilusión de Santa y los Reyes" a mi hija. Ante esa afirmación respondo que eso no es quitarle una ilusión. Es enseñarle desde temprano que la realidad es tanto o más chida que muchos productos de nuestra imaginación. Y eso es algo que deberían saber todos los niños. De esa forma al llegar a ser adultos quizá no tendrían que tomar decisiones basados en disparates como la grafología, una tabla ouija, voces imaginarias de difuntos queridos, el psíquico televisivo, el psicoanalista de la esquina, el horóscopo del periódico, entre otras cosas.

Además, al momento de recibir sus regalos no veo que Constanza los disfrute con menos entusiasmo que otros niños que "creen" que los recibieron de un ser supernatural. En última instancia creo que sólo son los adultos los que se hacen pendejos a sí mismos creyendo que sus chamacos son igual de tarados que ellos.

ps. Si alguno se escandalizó con mi parenting espérese a leer sobre cómo toma Constanza el asunto de diosito, la virgen y los santos.

Actualización 1: En lugar de soltarle mentiras a los chamacos mejor suelten este discurso.

Actualización 2: En el blog Sentido Común de Juan Carlos Bujanda hay apreciaciones interesantes al respecto de Santa.