jueves, diciembre 15, 2005

Personajes anuméricos de antaño

Cuando se aproximaban los exámenes finales de Ecuaciones Diferenciales (a las que, gracias a una maestra que sí sabía hacer su chamba, sólo comencé a prestar atención después de 3 intentos, ya no de aprobarlas sino tan sólo de cursarlas) se me acercó un compañero de clase, angustiado (adivinaste avezado lector: lo llamaremos Angustias).

- Me van a expulsar si repruebo otra vez ecuaciones – informó Angustias.

- ¿Cuánto necesitas en el examen final para aprobar?

- 10.

- ¿Hablamos en decimal o en binario? - pregunté (broma inútil, el otro no la entendió).

Angustias no acudió a mí con la intención de que le ofreciera mi hombro para llorar sino para que yo le contestara su examen final. La mayor parte de la clase solía impresionarse de que yo terminara exámenes sin errores en pocos minutos; cabe mencionar que esa mayoría intentaba resolver por su propia cuenta sólo uno o dos problemas de ecuaciones diferenciales durante todo el curso de 16 semanas.

Yo en ese entonces ya tenía serias dudas de la conveniencia de continuar estudiando en el ITESM (domesticación muy cara disfrazada de educación). Por esas dudas y por el hecho de que Angustias NO era mi cuate, decidí sacarle provecho a la situación.

- Te va a costar – le dije.

- ¿Cuánto?

- Dos mil (téngase en cuenta que, además de que soy pésimo para cobrar, esto pasó hace 11 años; snif, snif, qué viejo estoy).

- No los tengo – se angustió Angustias.

- Adios, entonces.

- Espera, espera, espera... no tengo el efevo pero nos podemos arreglar de otra forma.

- Estás muy feo, muy chaparro y muy pendejo como para gustarme.

- Te doy mi HP – ofreció Angustias.

La HP de Angustias era una calculadora muy chingüengüenchona que él se compró para su tercer intento de aprobar Ecuaciones Diferenciales. Obviamente no le sirvió. A mí, en cambio, si me iba a servir.

- Órale, pues – acepté.


Llegó el día del examen final. Además de contestarle el examen a Angustias, se lo contesté a la chava con la que yo andaba (ay! esas hormonas que tanto lo apendejan a uno). Al llegar el turno de contestar mi propio examen me limité a resolver sólo 3 de los 10 problemas de mi examen pues no necesitaba nada más para aprobar y las calificaciones me eran irrelevantes.

Un par de días más tarde Angustias me estaba entregando su HP (lo que me entregaba la chava a la que le hice su examen no es tema de esta bosta).

Después de jugar con las capacidades de programación de la HP decidí rifarla. Obtuve otros dos mil pesos de la venta de boletos. El número ganador no se vendió así que la calculadora me la quedé.

Comenzando el siguiente semestre Angustias se me acerca de nuevo.

- Quiero mi calculadora de vuelta – dice.

- Sí, cómo no. ¿Cuánto ofreces por ella?

- Pues ya no está nueva pero me da flojera pedir otra y que me la traigan y la necesito para Investigación de Operaciones... te doy los 2000 que vale.

- Ok.

A las pocas horas de efectuada la venta, a Angustias se le cayó su refresco encima de la HP.

2 comentarios :

Caminante dijo...

Ademas de ignorante, orate.

Kix dijo...

Jajaja, ahhhh esas anécdotas universitarias!

Me recordaste la frase "Solo hay 10 personas en este mundo, las que entienden binario y las que no"