sábado, diciembre 30, 2006

Cuento escéptico con poquita ficción

Era una pareja de crédulos que se conoció en la Universidad. Cuando recién ingresaron, ambos encaraban por primera vez los dilemas de vivir solos en una ciudad enorme, ajena y lejana a las faldas de sus respectivas madres.

Él, sufriente crónico de enfermedades, unas exóticas y otras imaginadas, todas mal diagnosticadas, era un usuario recurrente de chamanes, brujos y autoproclamados curanderos. Ella, nomás extrañaba a su familia y se sentía sóla.

A veces él amanecía agotado. Después de consultarlo con el brujo que esquilmaba a su familia desde hacía años, concluyó que esos episodios de agotamiento se debían a un fenómeno paranormal. Decía, que varios en la escuela les robaban la energía con nada más mirarlos. Para evitarlo, a instancias del brujo familiar, comenzó a rodearse de sendos vasos de agua a modo de escudo.

Ella le creyó sus explicaciones, y llegó a encontrar muy natural parapetarse con su novio tras vasos de agua en los lugares más concurridos.

Esa práctica prevaleció durante el noviazgo y continuó hasta el matrimonio, cuando ambos se fueron a vivir a la casa paterna.

Ahí, en las ventanas que daban a la calle y detrás de todas las puertas ponían vasos y palanganas con agua. Alegaban, cuando alguien les preguntaba, que servían para detener las malas vibras.

Pasó el tiempo y él y ella se reprodujeron.

Con el fin de que sus hijos crecieran a salvo de tanta mala vibra, los vasos y palanganas llenos de agua fueron multiplicados. Tenían al menos uno cubriendo cada esquina de la casa.

Fue cuando comenzó la fiebre y el dolor. En cada uno de los miembros de la familia.

Consultas al brujo familiar y visitas para limpiar la casa de malos espíritus no arreglaron el problema.

Tampoco ayudó alinear todos los muebles al norte geográfico a sugerencia del experto en feng shui.

En su desesperación consultaron a un médico. Uno que estudió ciencia. En la primera consulta les dijo que era lo que tenían. Dengue.

Todo debido a que su casa con decenas de palanganas y vasos se había vuelto un medio de hospedaje ideal para el mosquito transmisor.

pd. La pareja en cuestión existe. No se han muerto de dengue. La otra alternativa probable de fin que le veo a tanto vaso es la electrocutación cuando estén cambiando un foco.

7 comentarios :

Anónimo dijo...

qué mamón!! jajaja

y yo que pensé que a lo mejor era algo por la humedad de la casa.

Anónimo dijo...

Te deje un mensaje privado en Foros Mexico

Gracias

Jack Maybrick dijo...

¿Será esto a lo que las personas léidas y escrébidas llaman "Realismo Mágico"?

Lupe dijo...

A pero que ignorantes!

Antonio dijo...

¿Pero qué no sabían que para evitar el dengue había que levantarse todas las mañanas por el lado izquierdo de la cama y dar los primeros diez pasos de rodillas?

El final de la electrocutada se me hace algo forzado. Lo del dengue es más elegante.

Un Abrazo

PD: la historia parece sacada de una canción de Joaquín Sabina

Anónimo dijo...

Leyendo tus comentarios añejos, no todos me asalta una duda:¿eres perredista?en caso afirmativo explícame como un escéptico como tu acepta le mezcla de salinismo vs antislinismo.En caso de no ser perredista disculpa mi atrevimiento.

control_zape dijo...

No, no soy perredista. Creo que todos los partidos a la hora de ejercer el poder cometen errores dignos de pitorreo escéptico.