lunes, marzo 05, 2007

Visita escéptica a la exposición Reliquias del Tibet



El domingo, la lupe y yo fuimos a ver la cacareadísima exposición Reliquias del Tíbet en San Ildefonso.

Si tuviera que resumir en una sola palabra la impresión que me provocó la exposición usaria la siguiente: PITERA.

Verán, avezados lectores, la entrada a la exposición es libre y sólo estará disponible en México por pocos días. Ello, aunado al supernaturalismo budista muy publicitado en varios medios y que suele servir de gancho a varios de nuestra sociedad neurótica y atolondrada, ocasiona que para acceder a la exposición uno deba hacer una fila gigantesca. Nosotros, aún cuando nos apersonamos una hora antes de que abrieran, tuvimos que formarnos detrás de algunos centenares que también querían ver las reliquias milagrosas.

Dos horas después de que arribamos, entramos y nos dieron un papel con oraciones para decir en presencia de las reliquias (chale). Estábamos subiendo las escaleras rumbo a la sala Octavio Paz que es donde está la exposición para encontrarnos, sí, adivinaron, otra fila. Esta más corta que la anterior pero no menos execrable. Mientras esperábamos, otra vez formados como borregos, recibimos indicaciones:

- Están a punto de ver reliquias de Maestros Budistas. Estas reliquias son perlas que quedan después de que son cremados y son evidencia de que los Maestros alcanzaron cualidades de compasión y sabiduría antes de la muerte. Cuando estén frente de las reliquias les pedimos que guarden silencio y traten de vaciar su mente de pensamientos...

Volteé a mi alrededor y me dí cuenta que después de estar de pie tanto tiempo a la mayoría no le iba a costar trabajo esa recomendación. Siguieron indicándonos:

- Mucha gente se siente conectada espiritualmente con las reliquias. Algunos oran por la paz del mundo. En todo caso guarden silencio y respeto. Les recomendamos que eviten cualquier pensamiento negativo.

Yo estuve a punto de levantar la mano y preguntar qué ocurriría si entraba con la cabeza llena de ruina, muerte y destrucción después de jugar Resident Evil y Silent Hill toda la noche pero me lo pensé mejor y me contuve. No por vergüenza -que no tengo- sino por que no quería que estando tan cerca de la meta me sacaran a patadas (eso sí, muy devotas).

- Antes de entrar a la sala donde están las reliquias les pasaremos un video del Proyecto Maitreya que son los que trajeron esta exposición a México.

En el video de marras salían varios vestidos y rapados como el Dalai Lama platicando sobre la riqueza del budismo y algo que llamaban amor bondadoso (¿o era bondad amorosa?... da igual). De acuerdo al video lo que el mundo necesita es más amor. Yo esperaba que a continuación saliera la rola all you need is love pero, oh desilusión, salió de lo que iba el proyecto Maitreya. Nos informaron que Maitreya es el próximo buda que va a traer amor, paz y bonanza al mundo (nomás omitieron decir cómo iba a lograr esa proeza). En tanto llega ese feliz día algunos maestros budistas han tenido la ocurrencia de hacer una estatua gigantesca de Maitreya en algún lugar de la India que se me escapa. Como el amor no basta para levantar estatuas ni edificios han organizado la exposición itinerante de reliquias de maestros budistas para que el mundo se solidarice con la construcción de su próximo centro de rapiña... perdón centro espiritual y de peregrinaje.

Apropiadamente adoctrinados por el video nos pasaron a un recinto donde se podía leer en una pared el bulshit budista (y el de cualquier religión organizada) de siempre: en resumen que un buda es una persona muy chingona y que el resto somos unos tarados que sin su guía estamos perdidos y condenados.

Sobre los beneficios de contemplar las reliquias leímos que
"Las reliquias brindan una oportunidad de hacer una conexión espiritual con seres iluminados. Estos Maestros deliberadamente escogieron dejar detrás estas reliquias para que podamos crear las causas de nuestra propia felicidad.

En repetidas ocasiones ha habido gente que se ha conectado directamente con esta poderosa energía amorosa que emana de las reliquias. Tanto budistas como no budistas nos dicen que se sienten inspirados, sanados y en paz con sólo estar en presencia de las reliquias. Cada visitante se pone en contacto con lo divino dentro de si mismo(a)"
A continuación a la entrada de la sala de las reliquias me encontré con este letrero:



Mucho amor bondadoso pero poca disposición a la crítica nunca ha traido nada bueno, iba yo reflexionando cuando descubrí que el que puso ese letrero tenía razones fundadas de que los asistentes se pitorrearan de la exposición.

En medio de la sala había una mesa como de buffet. Nomás que en lugar de comida había unos adornitos frente a fotos de más personajes rapados envueltos en trapos. Una asistente nos dijo a la lupe y a mi que juntáramos las manos para echarle agua a una estatua diminuta dorada de buda. Nos explicó que con ello íbamos a recibir hartas bendiciones. Tuve que aguantarme mis ganas de mear encima de la estatua y de la asistente.

Esto es toda la exposición

A continuación nos paseamos alrededor de la mesa para ver las reliquias. Nada especial que ver y si alguien sentía alguna conexión espiritual con piezas que tenían toda la apariencia de ser sólo cuentas de vidrio o de chaquira se estaba autoengañando lamentablemente.

He visto canicas más interesantes (útale, ya me volví a meter autogol)

Después de darle la vuelta a la mesa nos encontramos a unos fulanos que le soltaban al que quisiera una bendición. Le ponían a uno un embudo en la choya y musitaban inaudiblemente alguna oración. Muchos salían sonriendo como idiotas de la experiencia. Como buen escéptico me pregunté si no me estaba yo perdiendo de algo y me formé también. Debo confesar que al llegar mi turno sí sentí algún alivio pero nada más fue el debido a hincarme para darle descanso a mis patas que me habían sostenido por casi tres horas seguidas para ver una exposición de mucha devoción y nula museografía.

Centro de oración. Yo lo usé como zona de pits.

pd1. Admito que sí me sentí inspirado frente a las reliquias... pero a mentarle la madre al que se le ocurrió usar a San Ildefonso para montar la exposición más pitera que he visto.

pd2. La entrada era libre, no obstante al final de la ordalía había una cajita de donativos y una mesita donde el que quisiera despedirse muy estúpidamente de su dinero podía comprar agüita budista y unos posters.