miércoles, mayo 21, 2008

¿Cómo está Álvaro?

Muerto. Eso ya se sabe. Y no hay nada que indique que siga existiendo en otro plano/dimensión/realidad. La pregunta del título es necia. Va de nuevo.

¿Cómo está el cadáver de Álvaro?

Mi idea original para responder esa pregunta consistía en tomar por asalto el Panteón de La Leona (nombres misteriosos de panteones si los hay) allá en Cuernavaca montado en una retroexcavadora, sacar el ataúd de mi cuate, abrir la tapa y tomar un montón de fotos que luego subiría a este blog pitero.

Comenté mis intenciones a varios y por sus respuestas me dí cuenta que yo era el único en considerar genial mi idea.

Pfff.

Afortunadamente está la wikipedia con la que me he podido enterar de la odisea que le ocurre a un cadáver para hacerme una idea más o menos clara de cómo está el cascarón de mi cuate a cuatro meses de que lo enterraron.

Según lo que leí no influye tanto el proceso de embalsamado. Y menos tomando en cuenta lo chambones que son los cuernavaquitas. Yo estimo que a Álvaro nomás le pusieron unas pestañotas para evitar que abriera los ojos y le cosieron el hocico para que no lo abriera además de darle una maquillada (cuando lo ví en su ataúd casi se me sale una carcajada por el aspecto metrosexualoide que traía). Si estoy en lo cierto ha de haber pasado algo así.

1. Las células de sus tejidos blandos se tiraron de cabeza a un pozo (autolisis)
2. Las bacterias de su intestino ante la falta del continuo suministro de pizza y chela se encabronaron y se comieron sus alrededores.
3. La piel de mi cuate se puso verde. No verde Hulk sino verde zombie.
4. Su cara adquirió una expresión como de víctima de niña de El Aro.
5. Se cagó encima.
6. Si en este punto alguien lo peinó se quedó con su hirsuta pelambrera en la mano.
7. Se oscureció. Más.
8. Se le abrió la panza.

Por lo tanto concluyo que a estas alturas mi cuate pesa menos –mucho menos- que yo. Nada como morirse para bajar de peso.

Pd. Esto me recordó la ocasión en la que hallamos el cadáver de un tío abuelo que se abrió la choya contra el suelo a la hora de levantarse de cagar. Tres o cuatro días después (que fue cuando lo descubrimos ) había adquirido un color morado que no se vía muy saludable y como personaje enojado de comic había roto la ropa que llevaba puesta. Si uno se quería acercar al tío había que ponerse un grueso bigote de vaporub. Silence of the lambs alike.

11 comentarios :

Lupe dijo...

auuuxilioooo! tás todo loco!

Aida dijo...

Por eso ya pedi y testamente que cuando yo cuelgue los tenis me metan derechito al horno crematorio.
Nada de misas, rezos, flores, velatorios ni demas jaladas, directo al hoyo del crematorio.
Saludos

Kix dijo...

Auch...

Nation84 dijo...

Ya tenia rato que no leia humor negro tan chingon.

Rifado.

Chingasatt dijo...

Me hiciste el dia ^_^
Como comento Aida, Yo tambien pedi que me incineren cuando me muera, para posteriormente ponerme en un reloj de arena

Luis dijo...

Jaja, si hubiera sido uno de mis amigos el maquillado, yo si me hubiera reido. Y si alguien me hacia mala cara, le hubiera dicho que el se hubiera reido mas de mi.

Ribozyme dijo...

En la novela "American Heroes" de Neil Gaiman uno de los personajes principales es un cadaver ambulante que, aunque sí desarrolla algunas de las características descritas, nunca llega a ser tan repulsivo: el típico zombi que de vez en cuando tose larvas de mosca... (bueno, no tan típico, ya que no come cerebros y es cariñosa).

Coincido completamente con Aída, yo quiero lo mismo, nada de panchos ni rollos mitológicos, aunque, claro, como yo ya no voy a estar (o, más bien, ya no voy a ser) no tengo tanto derecho a opinar. Luego hay que dejarle a los que se quedan alguna faramalla para que se consuelen.

Anónimo dijo...

se te olvido decir que apesta. Con mi cadaver ya dije que pueden hacer lo que gusten: cinco segundos despues de muerto no lo voy a necesitar y ni me voy a dar cuenta....

Antonio Fernández

controlzape dijo...

Yo he decidido donar mi cadáver a una escuela de medicina. He dado instrucciones a mis herederos de que saquen fotos cada inicio de curso para que haya qué subir al blog cuando yo no esté.

Roland dijo...

Yo tengo dos opciones. Donar mi cuerpo a la ciencia, a ver si alguien aprende algo.

O siguiendo el ejemplo de Hugh Everett III: que me cremen y tiren mis cenizas la basura.

Ribozyme dijo...

¡Uuups! ¿Se han fijado que a veces cuando la caga uno, una parte de uno mismo se da cuenta y lo recuerda subconscientemente? Tiempo después, cuando el ridículo es irreversible, surge a la consciencia. La novela de Gaiman se llama "American Gods" no "American Heroes".