miércoles, junio 11, 2008

Bosta multiblog v3.0 o cómo fue que empecé a pensar que el escepticismo rulea

Leyendo a luis me encontré un post donde reflexiona sobre escepticismo y divulgación. En él pide que yo "debraye sobre si el escepticismo innato produce el gusto por la divulgación científica o viceversa".

Para hoy tenía yo agendado un post que iba a esclarecer de una vez por todas la importantísima cuestión de la influencia de la dieta de dicotolidoneas en los clérigos eslavos del siglo XV... pero bueno, creo que el mundo puede esperar a las sesudas respuestas a ese problegómeno que no ha de dejar dormir a más de uno.

Antes de debrayar sobre qué va primero, si el gusto por leer textos de divulgación científica o el desarrollo del pensamiento crítico y del escepticismo, voy a debrayar sobre el caracter innato del escepticismo repitiendo algo que Asimov ya dijo en la introducción que escribió para el libro de James Randi, Flim Flam:

"Los niños son por naturaleza escépticos".

¿No quedo claro? Va de nuevo.

"Los niños son por naturaleza escépticos".

Ahora bien. Quizá alguno de uds tenga en la choya una dantesca imagen de un montón de mocosos vociferantes haciendo fila para sentarse en las rodillas de un señor vestido de santaclos y piense: "ese Asimov estaba pedo cuando escribió eso".

Yo lo dudo. A Asimov no le gustaba ingerir alcohol cuando escribía. Además hay algo adicional qué considerar y es lo siguiente:

Los mocosos son curiosos (la palabra curioso no la estoy usando como sinónimo de interesante o notable, la estoy usando como sinónimo de alguien con ganas de inquirir). Quien lo dude deje un tornillo al lado de un bebé y enfréntese a la posibilidad de terminar el día en la sala de urgencias de un hospital esperando que le puedan sacar al bebé de la garganta el mentado tornillo que se zampó por investigar qué era esa cosa metálica de superficie tan garigoleada.

Y en el fondo ese es el quid del escepticismo. Curiosidad. Sin ganas de inquirir no hay manera de entender cómo es el mundo que lo rodea a uno. Carl Sagan solía llamar a la habilidad efectiva de inquirir un matrimonio entre asombro y escepticismo. Pero a mí me gusta ser más claro y breve, y prefiero la palabra curiosidad.

Por tanto, creo que cualquier niño (a menos que tenga una tara mental irremediable) viene equipado con lo esencial para ser escéptico. Y también creo que si no se fomenta esa actitud innata entonces al cabo de pocos años uno va a tener en las manos un adulto paranormafílico crédulo y que se traga todo lo que la figura de autoridad en turno le diga. Ya sean sus padres, sus maestros, sus gobernantes, los desaforados locutores de televisión que alegan que estamos inundados hasta el cuello de visitas extraterrestres o los infomerciales que prometen quitar lo gordo, lo impotente y hasta lo bruto gracias a la ingestión del milagroso hongo michoacano (no, avezados lectores, cuando escribí hongo michoacano no me refería a Felipe Calderón).

Ya que quedó zanjado eso de lo innato vamos a la pregunta de luis: ¿lee uno divulgación científica y se vuelve escéptico? ¿O uno al ser escéptico por eso lee divulgación científica?

Aquí hay que tener en cuenta de que a pesar de que uno desde pequeño traiga toneladas
de curiosidad (sí, ya sé que no se mide en toneladas pero esto es una figura retórica chafa que por el momento sirve), a medida que se van adquiriendo experiencias y explicaciones provisionales de esas experiencias, uno va olvidando que dichas explicaciones son eso, provisionales, y adquieren caracter de inamovibles y así se quedan hasta que uno se muere junto con sus ideas y creencias ridículas.

A menos que antes uno tenga un choque con la realidad.

Yo fui afortunado y ese choque con la realidad lo tuve leyendo Cosmos. Que no fue de los primeros libros de divulgación que leí.

Antes de Cosmos mis lecturas de divulgación nomás eran dos. Una si era científica y la otra era magufa.

La científica consistía en rebanarme como jamón las yemas de los dedos a la hora de pasar las hojas de cualquier tomo de la enciclopedia Time Life. Estaban buenas las fotos (además los tomos negros dedicados a historia eran geniales).

La otra lectura que yo creía que era de divulgación era una revista promagufa setentera que se llamaba Duda. Explicaba en formato de comic maguferías que iban desde la lectura de auras con cámaras Kirllian hasta ognis y búsquedas heróicas de agua o tesoros con varitas de madera.

En aquellos días no tenía yo mucho sentido crítico para discernir qué era magufo y qué era ciencia.

El primer paso para entender la diferencia lo tuve cuando en una navidad ochentera mi papá me regaló Cosmos. En el capítulo número 1 leí de Eratóstenes y cómo midió el planeta en el siglo tercero a. de C.

Ahí tuve una revelación. Me dí cuenta que todo lo que había leido era pura basura. Aún no sabía que Time Life contuviera ciencia, ni que la revista Duda contuviera puro bullshit. Lo que sabía es que estaba yo ante la primera ocasión en la que alguien, Sagan, explicaba con palabras que podía yo entender y con un método que juzgaba yo reproducible, la manera en la que otro, Eratóstenes, había aprendido uno de los datos que yo me había aprendido como perico: el diámetro de la Tierra.

Y pues de ahí pa'l real. A medida que pasaba el tiempo me daba cuenta que lo magufo era de lo que hallaba explicaciones chafitas e inamovibles y lo que era ciencia era de lo que encontraba explicaciones provisionales pero plausibles.

Eso sonó muy rápido, pero no fue así. Fue un proceso de muchos años que me ha costado llevar a más ámbitos en mi vida -a veces tortuoso porque además de escéptico suelo ser rematadamente necio- y que va a terminar hasta el día que me muera.

Y ya. A lo que pregunta luis no creo que haya una regla. Hay gente que escribe divulgación y que es muy escéptica en su campo pero que se traga cualquier cosa si se les saca de su ámbito. Hay gente que puede citar en gramos cuánto pesa la Tierra pero que no sabe cómo llegamos a esa conclusión. Hay gente que se lía a bofetadas con creacionistas cristianos enunciando de memoria la edad de la Tierra y sumando la duración de cada era geológica pero que no saben de los distintos cálculos a lo largo de los últimos 300 años para averiguar cuántos años tiene el planeta. Hay también indignados ante los negacionistas del holocausto que tampoco están muy enterados de la manera en la que los historiadores llegan a la suma de judios muertos en ese genocidio. Y hay gente muy lista que cree que Freud y Lacan eran de lo más sensato a la hora de estudiar la psique humana.

Todos esos aunque tengan los datos correctos nomás han sido expuestos a divulgación científica enciclopédica. Y esa, no es la que hace a un escéptico.

Creo que lo que hace a un escéptico es una mezcla muy rara de información, de autocrítica, de indignación y de mucha curiosidad. No basta con mirar lo que se publica en Science. Vean si no a otro luis; uno que se apellida González de Alba.

¿Ya había dicho y ya?

13 comentarios :

Iván dijo...

Muy interesante el proceso por el que pasaste, yo apenas voy en la etapa de "aplicarlo en todos los campos de mi vida" y pues una de las fuentes que me ayudaron mucho a distinguir lo magufo de lo científico fué precisamente tu blog. Ojalá nunca dejes de escribir así, en términos que cualquier hijo de vecino entienda. Si yo lo entendí, cualquiera puede.

Caminante dijo...

Chido viaje, pensaba que para ser esceptico solo habia que dudar y ya, los siguientes pasos entiendo que corresponden a otras categorias.

El Nahual dijo...

A mi lo que me volvió escéptico en gran medida fue la falta de coherencia entre lo que dicen los pseudo científicos y lo que sucede en la realidad. Todo comenzó con los llamados productos milagros. En algún momento de mi vida cayo en mis manos un catalogo de Sears de 1910 (aproximadamente) y estaba lleno de los mismos aparatos y lociones milagrosas que actualmente prometen bajar de peso, hacer crecer el cabello, reducir la celulitis, etcétera. (Casi los mismos, sólo imagínatelos en versión vintage) Simplemente me pareció imposible que después de tantos años siguiera existiendo el sobrepeso, la calvicie, etcétera. Mi conclusión fue que se trataba simplemente de vender algo para hacerse millonarios, no importando si fuese cierto o falso. Este razonamiento no me fue muy difícil trasladarlo a otras situaciones como con los astrólogos o la ufología donde tampoco he encontrado la minima coherencia entre lo que dicen y la realidad.

Juan Carlos Bujanda Benitez dijo...

Hector:

Sin afán de meterme en una larga discusión, mas por falta de tiempo que de ganas.

Creo que eso de que "Los niños son por naturaleza escépticos" tiene mucho de discutible (aunque lo haya dicho Asimov).

Aquí el problema es como siempre definición de términos.

Estoy seguro que los niños son por naturaleza curiosos, pero de aquí a concluir que eso los hace necesariamente escépticos hay mucho camino.

La curiosidad simple también te puede llevar a la credulidad; lamentablemente en eso termina la mayoría de las veces la curiosidad de los niños.

Creo que la curiosidad es un componente necesario del escepticismo, pero no suficiente para mantenerlo de por vida.

Igual podríamos decir que "Los niños son por naturaleza crédulos" y no estriamos diciendo mentiras.

De hecho su credulidad los mantiene con vida, es una herramienta de supervivencia, en cambio el escepticismo es una herramienta de progreso.

Hasta aquí o dejo porque ya me esta saliendo un post.

PD.
Lo que hace uno por no darse tiempo de escribir entradas propias, snif.

Saludos

Luis dijo...

Muy bueno y concuerdo.

Mi primer encuentro con la divulgacion cientifica fue por error, un error muy afortunado.

Mi tia, la que me inculco el habito de la lectura, comenzo a comprar libros en en la libreria de la UNAM (en donde da clases de quimica) y del bulto compro unos de Asimov de cuentos cortos. Me los dio (ese fue mi encuentro con la CF, snif). Como vio que me encantaron (yo tenia unos 10 u 11 años), la proxima vez que fue compro lo que encontro de Asimov, ahi venian un par que no eran de ficcion, sino pura divulgacion. Yo al principio me saque de onda porque no entendia bien que lo que estaba leyendo no eran cuentos, sino simple y pura informacion...interesantisima. En cuanto le agarre el hilo, pues bien, de ahi pal real.

Y para mi algo importantisimo es no perder la capacidad de asombro, sin eso, uno corre el riesgo de anquilosarse en lo que ya sabe y se pierde de todo lo que aun desconoce.

ldecaso dijo...

Que casualidad, yo tenia el DUDA cuyo lema era "lo increible es la verdad",tambièn, el retorno de los brujos, las locuras de Lobsang Rampa, el cíclope (revista d ovnis española) etc. Desde chico me gustó mucho la astronomia, pero como que las lecturas de divulgación astronómica no me hacian caer el veinte del escepticismo. Fue estando en el 2o trimestre de economía en la UAM que vi los videos completos de Cosmos, y eso fue deteminante para cambiarme de carrera a Fìsica, y para empezar a volverme escéptico.
Y hablando de divulgaciòn y el hecho de que no caiga el veinte, hay divulgación de la ciencia que no hace referencia al escepticismo porque supone que el lector ya es recionalista.Esto ayuda a dar un sustento ad-hoc y muy superficial a lectores no entrenados en el escepticismo pero entusiastas (como el taxista del primer capitulo del mundo y sus demonios) que creen en cualquier tipo de patraña, por ejemplo los puentes de Einstein-Rosen u hoyos de gusano sirven para que los ovnis viajen por el espaciotiempo a raptarnos y hacer figuritas en el trigo, o la tectònica de placas y la deriva continental para explicar la súbita desaparición de la atlántida y la emigración de sus habitantes a la peninsula de Yucatán para convertirse en mayas y hacer profecias.

SAludos

Vagancianet dijo...

Uy excelente.

En mi caso mi primer encuentro no fue una lectura, sino la mismísima serie Cosmos que pasaron en alguna época. Me emocionaba escuchar las explicaciónes de Sagan y la forma en que lo hacía.

Y también llegué a leer Duda aunque no mucho ya que me prefería reirme con Semanario de lo insólito que mi papá tomaba de algunos consultorios.

Nostromo dijo...

Héctor. Yo también me rebanaba los dedos con "La colección científica de Time Life" Aunque nunca me topé con los tomos negros de historia. Además estaba "La colección de la naturaleza". También quedé encantado con Cosmos. Aunque el primer programa de divulgación científica que recuerdo es "El tesoro del saber" donde granjeros, animales, plantas y hasta el espantapájaros hablaban de ciencia. Gracias por hacerme recordar.

Cazador de Tatuajes dijo...

¿Se vale que haga de este post un meme y de yo mi respuesta?

¿puedo convertir esto en una estafeta?

Cazador de Tatuajes dijo...

No se si ya estás enterado pero creo que esto te interesará un chingo

http://www.cnnexpansion.com/lifestyle/2008/06/05/2018a1salva-un-libro-2019/print

Anónimo dijo...

Si los niños son muy curiosos principalmente los NIÑOS INDIGO.
Seguro tu eres uno de ellos.

Roland dijo...

Jojojojojo.

Niños índigo.

Muy. Gracioso.

Nation84 dijo...

Muy chido.

Voy a coperar con la mimesis.

Buena parte de lo que soy actualmente se lo debo a la biblioteca personal de mi abuelo a la que tuve acceso desde que aprendi a caminar.

Obvio que al principio el principal uso de esos libros era como bloques de construccion y maquetas para los hotwheels, despues para ver los "dibujitos" que traian y finalmente para leer de que demonios trataban (la mayoria eran de medicina e instrumental medico y uno que otro de politica).

Por el otro lado un Tio que gustaba de lo fantasioso dejaba al lacance de mis pegajosas manos sus revistas "Año Cero" las cuales me llamaban la atencion principalmente porque sus ilustraciones rulean, ya adentrandose en el contenido te encontrabas chistes del calibre de la magnetoterapia y venta de productos del tipo "Aumente su inteligencia con los lentes de no se que madre".