miércoles, agosto 13, 2008

Isla Principe Eduardo vol I

(reportando desde Summerside, PEI).

Hasta hace poco si alguien mentaba la Isla Príncipe Eduardo yo pensaba en la montaña fortaleza del malo en Krull: un pedazo de tierra que un día amanecía en un lugar y otro día en otro. Por el nombre me sonaba perteneciente a la commonwealth y creía que estaba por la India, o en Nueva Zelanda y o que era un islote en medio de algún lago escocés.

La Isla Príncipe Eduardo está en el Golfo del Río Saint Lawrence en la costa atlántica de Canadá (en ese río estuve metiendo las patas hace 3 años). Para mayor referencia geográfica a los que por hueva no quieran darle vueltas al globo en google earth, menciono que si se tiran de cabeza al río en Quebec puede que desemboquen en ese golfo y choquen con la isla.

Ahí estamos pasando la lupe y yo nuestras vacaciones. No digo luna de miel porque desde que pisamos tierra en estas latitudes no he visto la luna pero si muchas nubes.

Los isleños con los que hemos tenido contacto nos han hecho la misma pregunta que seguramente se hacen uds, avezados lectores, ¿qué putas hacen dos mexicanos en la isla Principe Eduardo (PEI de aquí en adelante)?

Para responder a esa pregunta yo suelo señalar a la lupe a la vez que menciono su fascinación por una autora que se llama Lucy Maud Montgomery y su libro Anne of Green Gables, que es la primera novela que escribió. Los nativos asienten y aplauden. Pero para los lectores mexicas que no sepan de qué hablo, va una explicación extra.

La acción en los libros de Lucy Maud Montgomery ocurre principalmente en PEI. La lupe (lo mismo que fans de todo Canada y Japón -hasta anime hay-) decidió venir a mirar los lugares donde su autora favorita se inspiró y donde puso a dar de brincos a sus personajes. Esta es una visita alentada por las oficinas de turismo del gobierno canadiense que a su vez destina muchos recursos a preservar y divulgar a sus autores nacionales.

Es como si el gobierno de la cd de México y el de Guanajuato se juntaran (jojo) y convencieran a Joy Laville de que les permitiera hacer réplicas de los cuadernos de Jorge Ibargüengoitia y los pusieran en una exposición permanente en la casa en la que vivió en Coyoacán (jojojojo) junto con su pañuelo de escultismo y sus alpargatas con las que iba a pedir dinero prestado al banco.

Ahora bien, sé que las autoridades mexicanas jamás van a dedicar un peso a un museo con una exposición permanente de esas características (y sí eso ocurriera nomás iriamos a verla cuatro mexicanos), por lo tanto decidí acompañar a la lupe a ver memoriales permanentes y bien montados de su autora favorita.

Para llegar a PEI desde México hay que tomar un avión de Air Canada. Es más barato que uno de Mexicana o Aeromexico. Primero hay que llegar a Montreal o Toronto (los vuelos los domingos temprano son más baratos) y luego ahi se puede hacer una conexión a Charlottetown que es la capital de PEI.

Aquí la gente es muy amable y está muy orgullosa -con razón- de los paisajes de su isla, además de lo de la mentada L. M. Montgomery. A los visitantes los tratan muy bien. La isla tiene una decima parte de la cantidad de habitantes que tiene la delegación Cuauhtemos nomás que repartidos en un área diez veces mayor. Lo cual ha de contribuir a su amabilidad.

Llegamos casi a medianoche a Charlottetown el domingo y nos hospedamos en un Bed & Breakfast que la lupe reservó por dos noches. Al día siguiente la dueña del B&B, una isleña amabilísima, nos dió los muffins más sabrosos que he probado y nos explicó cómo caminar hasta el lugar donde ya teníamos un tour reservado.

El conductor del tour se entusiasmó cuando supo que éramos mexicanos.

- Son los primeros que vienen este verano – nos dijo.

Abordamos su camioneta y junto con unos güeros de Ottawa, unas chinas de Boston, unos pareja de paquistanís de Toronto y una tatuada de Londres nos paseamos todo el día por lugares de prosapia escocesa/inglesa: Cavendish, New Glasgow, New London mientras eramos bombardeados con historia, geografía e industria de la isla.

Dave, el conductor, nos llevó a un lugar que se llama Rustico North y nos entretuvo platicándonos sobre las trampas de las langostas. A mí lo que me gustó más de esa sesión informativa fue cómo hacer para zamparse una langosta de tres mordidas.

En Cavendish vimos la casa-granja donde creció la autora favorita de la lupe. Los canadienses, muy listos, la remodelaron de acuerdo a las descripciones en Anne of Green Gables y sus demás libros. El fan de la obra queda pues encantado (de nuevo para los mexicas ibarguengoitianos es como si uno fuera a Guanajuato a ver la casa donde nació Jorge Ibargüengoitia convertida en el putero de las Baladro mientras va admirando durante el camino los huizachales de la región).

Cerca de New London una descendienta de una prima de la autora nos dejó mirar entre otras cosas la envoltura de un dulce que L M. Montgomery se comió en su casa (exagero pero el material expuesto ahí, excepto por tres piezas, no era más interesante que lo que miramos en Cavendish).

En New Glasgow comimos un pay de papa. Rarísimo pero muy sabroso. Acá en en primavera y verano se dedican a sembrar, cosechar y cocinar papas, preparar conservas y pescar langostas y mussles. Mirar a tanta gente trabajadora e industriosa provoca hambre.

Y en la costa contemplamos un acantilado rojo como el tezontle mientras mirábamos al mar erosionar la isla que consiste en su mayor parte de arena rica en hierro -de ahí lo rojo-. Cada año pierde metro y medio aproximadamente. Si van a visitarla procuren hacerlo antes que trancurra un millón de años.

Cuando regresamos a Charlottetown el conductor del tour volvió a entusiasmarse cuando se enteró que la lupe tenía boletos para ir a ver Anne of Green Gables The Musical (yo en cambio quedé consternado cuando me enteré que había musical) y me dió una palmada de felicitación por haber traido a la lupe a la tierra de su autora favorita.

No quise explicarle que yo hubiera preferído ver Estas ruinas que vez, el musical.

Fuimos a ver el mentado musical del cual puedo decir que le encontré dos cosas notables: a) tiene un tour en el backstage para que uno se entere de los aspectos más interesante de producción de esta obra que dicen que compite con The Fantastics en Londres por ver quien tiene más representaciones efectuadas, y b) sirvió para quitarme el cansancio del tour pues me quedé dormido durante la primera parte.

A la mañana siguiente nos despedimos de nuestra casera en Charlottetown y abordamos un coche rentado, en el cual la lupe abrazando el volante y yo un mapa de la isla, llegamos a Summerside. Encontramos una cabaña que decía Visitor Information Center y después de algunas llamadas ya habíamos encontrado otro B&B que nos alojara.

Dejamos las maletas en un cuarto que tenía una cama como en la que ha de haber pasado su última noche María Estuardo -el de Charlottetown parecía de rosita fresita- y salimos a caminar por la marina. Vimos los tres botes de los que se compone la flota del lugar, pudimos contemplar una playa roja, el museo de la antigua industria de la cola de zorro plateado y un supermercado. Justo cuando pensamos que habíamos agotado en dos patadas lo que podía ofrecer Summerside, comenzó a llover y creímos que el día se nos había echado a perder. Se compuso cuando nos secamos y fuimos a comer una langosta que le debía a la lupe por una apuesta que perdí muy pendejamente en una trivia de Jorge Ibargüengoitia (por eso me he acordado de él).

Durante la comida se quitaron las nubes y pudimos contemplar el sol poniéndose en el golfo Saint Lawrence, que es uno de los lugares más apacibles que existen (chale se me están pegando los montogmeryismos de la lupe y de los isleños).

Hoy planeamos subir hasta un lugar que se llama North Cape. Voy temeroso de que con mis habilidades de navegación terminemos en Inglaterra.

6 comentarios :

brenda dijo...

Que bueno que se la esten pasando bien, traigan muchas fotos porque no me imagino el lugar. No te hizo daño la langosta?

Jorge Luis dijo...

si hubiera un museo de Ibargüengoitia, también contaría con mi asidua asistencia.

felicidades por la nube de miel.

Rox dijo...

quesque ahora en el cervantino va ha haber homenaje a su hijo ilustre (si, ibargüengoitia) ¿Sabes si estará chido? (no, no es musical :/)

Por otro lado, ya espero la segunda parte de tu relato y las fotos!!

que pinche envidia, yo aqui de computita.

SALUDOS!

Kix dijo...

Lo que yo no entiendo, Sr. Héctor, es qué hace usted en la blogósfera en plenas vacaciones!!

Antonio dijo...

Muchas felicidades a ambos.

Un Abrazo.

Evelyn Contreras dijo...

La "lupe" me cae bien :) ya questions Tambien es mi libro favorito y pienso ir pronto a canada y visitar la isla. Gracias por tu historia fue entretenida ;).