viernes, octubre 17, 2008

El día que le perdí el respeto a una amiga de la lupe

Durante los primeros tratos que tuve con la amiga de la lupe la hallé conversadora interesante. Nomás tenía un defecto, se le olvidaba qué anécdotas ya había contado por lo que cada vez que la veíamos había que pasar por un proceso de recapitulación que con los años se volvió tedioso.

No obstante, la lupe la quería mucho y la visitábamos. Los últimos meses que íbamos a verla yo paseaba por mi mansión mental mientras la amiga de la lupe hablaba. Yo nomás movía la cabeza de vez en cuando para disimular.

Un día, cuando la amiga de la lupe todavía no se repetía hasta la náusea, fuimos a celebrar un cumpleaños.

Primero nos espantamos yendo a ver La Dama de Negro (todavía con Germán Robles) y luego cenamos en algún rincón de La Condesa. Estábamos echándonos un pastelote de chocolate -la combinación chocolate+susto ha de haber sacado lo magufo de ella- cuando la amiga de la lupe anunció que nos iba a hacer una confesión.

Le pusimos atención y nos dijo mutatis mutandis lo siguiente:

- Tuve una adolescencia muy complicada.

Ninguna noticia nueva ahí. Lo que sí fue nuevo fue la narración de las complicaciones.

- Vivíamos muchos tíos y primos en la misma casa.

Yo ya me los imaginaba viviendo damnificados y hacinados cuando dijo.

- Y pasaban cosas raras.

Mi bullshitómetro empezó a vibrar. La amiga de la lupe continuó.

- Una vez salió volando por si solo [aquí inserte el lector su pieza de decoración favorita] y el tío Perengano no se atrevía a entrar a la habitación.

Mi bullshitómetro se puso en modo de sirena de ambulancia. Después de contar otros episodios paranormales la amiga de la lupe nos aclaró.

- Pero no vayan ustedes a pensar que la casa estaba posesionada por el demonio. Lo que ocurría es que los habitantes de la casa estábamos tan bronqueados por nuestras cuitas que la energíaadolescentemuevecosassincontactofísico se manifestaba como poltergeist.

Mi bullshitómetro se quedó sin batería.

- Chale -pensé. -Este embuste ni siquiera está bien contado.

Pasaron los años. Abrí este blog y mencioné esto que acabo de contar en esta bosta. La amiga de la lupe la leyó y la siguiente vez que la vimos me arreó un zape.

pd. Actualmente la amiga de la lupe ya no es su amiga. Nos borró de su lista porque ni le avisamos ni la invitamos a nuestra boda. Pero por mí está bien. Que sus embustes se los cuente a su psiquiatra: él cobra por oirlos y la lupe y yo nos los teníamos que soplar gratis.

3 comentarios :

Ribozyme dijo...

He conocido a más de 4 personas que se caracterizaban por inventar cosas al momento de contarlas (si no las conocía uno bien, se las creía, pero después iban surgiendo las inconsistencias). Nunca he entendido la justificación que tienen ante sí mismas para ese tipo de conducta (si es que acaso tienen algo que se aproxime a una justificación consciente), pero lo peor del caso es que por lo general las invenciones se caracterizan por ser poco imaginativas (la mayoría de las veces, lugares comunes televisivos) y bastante tediosas. O sea ¡Ni siquiera sirven para darle un poco de chispa a una vida evidentemente gris!

Yo también me voy a sentir, Héctor, porque no me invitaste a tu boda... ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Con la hueva que me dan bodas, graduaciones y fiestas de quince años! A menos que contengan algún detalle folklórico que para mí sea novedoso...

Lupe dijo...

Pues yo la sigo queriendo mucho, a pesar de la incomprensión del motivo (viaje a la isla Principe Eduardo) que tuvimos para no invitar a toooodddaaa la gente que hubieramos querido. Es raro como de quien piensas te va a entender sin bronquearse no lo hace sino todo lo contrario, todos mis demás amigos lo entendieron perfecto y nos desearon lo mejor... para mí si fue muy raro y triste.

Lonjho dijo...

Yo estuve a punto de perder una amistad por burlarme de cosas como éstas...