miércoles, enero 07, 2009

Los milagros del hermano Andrés en el oratorio de San José del Monte Real

En 2005 hice un viaje en tour a Canadá (si esto lo lee rox, la mejor cronista de viajes que van a hallar en mi blogroll, tal vez piense: ese controlzape está bien guey; viajar en un tour no es viajar, es pagar para que te paseen -y yo le diría que tiene toda la razón pero eso es tema de otra bosta).

Al otro día de que llegamos a Montreal, el guía del tour nos llevó a ver las iglesias más notables y a contarnos de la fundación de la ciudad.

- Miren, aquí se casó Celine Dion – nos dijo en el interior de Notre Dame.

Después nos subió al autobús y mientras nos dirigíamos a una basílica famosa por lo grandota en un promontorio frente al Colegio de Notre Dame nos iba contando de la vida y obra de un señor conocido como el hermano Andrés.

- Era muy humilde y muy piadoso. Tuvo una infancia muy difícil e inició la construcción del oratorio de San José que es adonde vamos ahora– dijo el guía mutatis mutandis.

Durante el trayecto al oratorio el autobús pasó al lado de la universidad McGill.

- Chido – pensé entusiasmado por primera vez en el día- estamos pasando al lado de la universidad McGill.

- Estamos pasando al lado de la universidad McGill – dijo el guía y no abundó mucho más sobre ese lugar.

Entre las cosas que el guía pudo haber contado está que en ese lugar fue donde Rutherford descubrió que la desintegración radioactiva ocurre siempre exponencialmente estableciendo un pilar fundamental para la datación de fosiles y otras cosas, entre ellas la Tierra.

En lugar de eso continuó platicándonos de la vida y obra del hermano lego Andrés.

- El vaticano ya lo beatificó y como han sido muchos sus milagros están estudiando canonizarlo – dijo el guía.

Cuando llegamos a la basílica contemplamos su gigantesca cúpula.


- Sólo las cúpulas de San Pedro en el Vaticano y la de San Pablo en Londres son más grandes que esta – nos informó el guía.

Yo, guarro y prosaico como siempre, ante las mentadas cúpulas en el Vaticano y en Londres me acordé de una novia pechugona que tuve.

Entramos y me di cuenta que al recinto lo usan para coleccionar muletas.





- Son las de los que vienen en muletas y las dejan como testimonio de que su fe en San José y el Hermano Andrés los ha curado – explicó el guía.

Aquí debo mencionar que durante la visita vi a varios en sillas de ruedas y en andaderas. Así como llegaron, así se fueron; en silla de ruedas y en andaderas. Si esperaban algún milagro de ortopedia espontánea este no ocurrió durante su visita.

Después de sermonearnos, el guía dejó que la horda de turistas mexicanos y muy católicos visitaran la tienda de recuerdos de la basílica. Hubo quien se trajo a México botellas del aceite del Hermano Andrés publicitadas como muy curativas.

Esta visita que cuento muy resumida al oratorio de San José la hago porque me acordé de ella leyendo el libro The Faith Healers de James Randi. En el penúltimo capítulo titulado Where's the evidence? Randi cuenta una experiencia que tuvo en la tienda del oratorio cuando era un niño de 12 años (sí, aunque no lo crean; Randi fue alguna vez un niño):

Cuando vivía en esa ciudad [Montreal], visitaba con frecuencia a mis abuelos maternos, que vivían cerca del oratorio, entonces íbamos al templo y veíamos las largas filas de fieles suplicantes subiendo dolorosamente a rodillas las largas escaleras para ganarse su recompensa. Dentro del templo, hileras de muletas y aparatos ortopédicos cubrían las paredes. Testimoniales de los milagros del hermano Andres colgaban por todas partes. El aire estaba saturado del olor dulzón de las veladoras.

Afuera estaba la infaltable tienda de recuerdos, donde tuvo lugar un evento que me convenció, a la edad de 12 años, del engaño que se practicaba ahí. Estaba yo sentado en el suelo, recargado en un mostrador leyendo un comic que relataba la vida del hermano Andres, fuera de la vista de un vendedor que se acercó al otro lado del mostrador y comenzó a rellenarlo de pines, crucifijos, medallas y anillos para los fieles. Había dos recipientes adyacentes para los crucifijos, uno etiquetado "bendecidos en el Oratorio" y el otro etiquetado "bendecidos en Roma". Ví a la mano del vendedor, encima de donde yo estaba sentado, vaciar a medias una bolsa llena de crucifijos en el primer recipiente y luego vaciar el resto en el segundo. El vendedor se alejó al otro extremo del mostrador, me puse de pie y miré los recipientes. Descubrí que los items divinos no se diferenciaban entre sí -sobre todo provenientes de la misma bolsa-.
Me imagino que Randi niño se ha de haber quedado reflexionando para qué servían las etiquetas diferenciando los dos recipientes si los crucifijos de los que estaban rellenos eran los mismitos.

Más adelante Randi relata que en el mismo mostrador vió unos trozos de tela que se vendían anunciados como reliquias de la mortaja del hermano Andrés. Randi cuenta que su papá y su padrino, que trabajaban en la sastrería de la Morgan's Department Store en el centro de Montreal, fueron en una ocasión a dejar una pesada tela de lana al oratorio. Su jefe los había instruido para que se quedaran después de entregar la tela para hacer algo de "sastrería" para los padres. Estos pusieron al papá y al padrino de Randi a cortar la tela en trozos. Que luego los padres vendían en la tienda. Como reliquias.

Con esto que cuenta James Randi yo creo que a los que iban en el tour conmigo y se trajeron aceite curativo del hermano Andrés harían mejor en usarlo para cocinarse un huevo que en untárselo en sus reumas (y a lo mejor ni para cocinar sirve porque ahora que escribo estas líneas recuerdo que no era aceite comestible; mejor úsenlo para que las puertas de sus casas no hagan ruido).

pd1. Si le buscan pueden encontrar fraudes similares en la tienda de artículos magufo / religiosos de su preferencia.

pd2. Si esto lo lee (juar) la gente que organiza tours a Montreal consideren pasar más tiempo en la universidad McGill. Ahí sí han ocurrido cosas mucho más interesantes que las que dicen que ocurren en el oratorio de San José. ¿Qué va de los logros de Rutherford a los milagros del mentado hermano Andrés?

14 comentarios :

Ribozyme dijo...

En la Basilica de Guadalupe (si, he ido) tienen la tienda de regalos en el lugar de honor: justo debajo y hacia atrás del altar, para que los incautos que se suben a las bandas transportadoras que permiten ver más de cerca la pintura de la Lupita, al bajarse queden frente a la entrada de la tienda y con la mejor disposición sicológica para comprar mercancía "sagrada", "bendita", o como se la quiera llamar ("basura kitsch" es la mejor descripcion).

Tu historia me recuerda el comentario de Emile Zola al ver el mismo tipo de "testimonios" en Lourdes: "Como, no hay piernas de madera?!"

Lupe dijo...

Con razón Lucy Maud se alegraba de no ser católica :)

Chingasatt dijo...

apoyo tu peticion de visitar mejor la universidad McGill

Rox dijo...

Muuchas gracias por las flores :D

Eso te pasa por ir en esos turs de camioncito! Yo me he encontrado turismo cientifico y no por entrar a un museo de la ciencia, si no por eventos -casi siempre gratis- como ver las estrellas.

Afortunadamente no todo es ir a ver iglesias ;)

AndreaLP dijo...

Pues yo no pagaría por ver iglesias, a menos que la arquitectura fuera excelsa.

Es difícil hacer entender a un fanático la cuestión engañosa (¿o tramposota?)con los artículos milagrosos pero seguiremos en la lucha, no, Héctor?

Semidios dijo...

A mi las iglesias me dan ñáñaras, tantas que hasta parece que estoy poseído.

Creo que leí en El Pequeño Rius Ilustrado, en la definición de Fé algo como: "Unos tienen fé, otros preferimos pensar"

Este post tatodamadre

Márquez dijo...

Yo me acuerdo que en esa iglesia hay un corazón en formol, creo que fue lo mas interesante que vi.

En lo personal me encanta ir al altar de los reyes en la catedral, señalar las cargas culturales de las imágenes, que los fieles te vean raro y se escandalicen.

Kix dijo...

Jajaja, uta qué experiencia la de Randi... creo que lo mejor que puedo hacer para que mi hija igual no crea en esas madres es llevarla a la iglesia...

Roland dijo...

Yo dejé de utilizar las muletas hace varios años. Es lo chido de la capacidad que tienen los huesos de curarse solitos.

Otro pequeño hecho (ficticio) acerca de McGill: ahí estudió Wilson. (El de House).

Saludos.

TheJab dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
TheJab dijo...

(por comentar algo, jeje)

Cuando era niño, fui a vender ramos un Domingo de ramos.
En realidad, era muy niño, válgame usted la expresión.

Mi hermano mayor encabezaba un grupo de tres pequeños vendedores.

De pronto, en plena vendimia, algunos potenciales clientes empezaron a preguntar si los ramos estaban 'bendecidos'.
"No"; decía mi hermano. Los clientes buscaban un ramo bendecido con algún otro vendedor y lo pagaban al triple.

Mi hermano empezó a mentir para vender los ramos como bendecidos (sí, también al triple) gracias a lo cual éstos se vendieron más rápido que pronto.


Aquél día fue para mí muy útil, por lo aprendido y por el dinerito extra que mi hermano me entregó.

Antonio dijo...

Héctor, todo tiene una explicación razonable:

La razón por la que nadie se curó en tu viaje fue porque estabas tú, emitiendo tus malas vibras escépticas, así que la próxima vez, mejor escoge un tur científico a la universidad de McGill, en donde el mayor daño que podrás hacer será provocar que los estudiantes se equivoquen en sus exámenes.

Lo de Randi también tiene otra explicación. El tipo que vaciaba las reliquias bendecidas en los diferentes recipientes sabía que la mano invisible de Dios haría el milagro de poner cada reliquia en donde le corresponde.

Un Abrazo

hit dijo...

Déjenme platicarles algo…
Hace tiempo Yo padecía un par de enfermedades que muy posiblemente me conducirían a una muerte temprana….
NO TENGAN MIEDO… no les narraré NINGÚN MILAGRO ni del hermano Andrés ni de San José… porque además han de saber que según mi Fe (la católica) Ningún Santo o fiel hace Milagros… los milagros los hace el mismo Dios, pero alguien con una fe muy firme (como es un Santo o un Hombre o Mujer de fe) los puede invocar con efectividad.
Bueno les decía de mi par de enfermedades… estas eran el tabaquismo y la obesidad.
Las padecí por largos años… y durante esos años no tuve posibilidades de curarme…por mucha fe que tuviera Yo o aunque algún Santo, vivo o de los que ya gozan de la presencia de Dios, intercediera por mi; NUNCA me iba a curar…. PORQUE NO SABIA QUE ESTABA ENFERMO.
No fue hasta que acepte que estaba enfermo…que un poco de fuerza de voluntad me llevo fácilmente a dejar de fumar y a perder todo el peso que amenazaban mi salud.
Pero recuerdo que cuando alguien me decía “no te das cuenta que fumar te va a matar...” o “debías de bajar de peso porque con la edad te va a dar diabetes u otras enfermedades” .mi reacción era desde un sencillo enojo hasta la cólera…”Como pueden estos ignorantes imbéciles pensar que no estoy enterado de esos datos…SOY MEDICO…y doctor en filosofía…” Y POR SUPUESTO UTILIZABA MIS PODEROSOS ARGUMENTOS, que gracias a mi preparación y la inteligencia que Dios me regalo son muchos, para ridiculizar sus intentos y hacerlos ver y sentir como metiches imprudentes.
Me gustaría tener palabras para convencer a los que aquí han escrito de la fuerza de la fe, de lo grande del premio a que se aspira con la devoción, un premio ciertamente mas grande y caro que la salud del cuerpo, un premio de vida eterna. Y créanme que desearía encontrarlos a todos algún día en ese paraíso que pretendemos con la fe.
Pero cualquier cosa que diga les hará tratar de refutar e incluso ridiculizar mi versión. Podría decirles que el hombre que engañó con las reliquias estuvo mal, y muy posiblemente sus superiores también, (así como quien escribe que engañó a los fieles vendiendo ramos diciendo que estaban benditos), pero que la mala conducta de unos no demerita la fe de otros; pero seguramente tendrían argumentos en contra de eso (como yo lo tenía cuando alguien me instaba a adelgazar o a dejar de fumar).
Ustedes van a encontrar la cura de su anemia espiritual, el día que se den cuenta de que tienen espíritu, y que este está sufriendo de desnutrición, antes de que ustedes mismos caigan en esa verdad, difícilmente podrán encontrar y conocer, vamos…ni siquiera imaginar, la fortaleza y plenitud que les dará la fe, la confianza de esperar algo mayor.
Realmente espero encontrarlos algún día en los caminos de la fe. Que Dios este con ustedes.

controlzape dijo...

Que Dios este con ustedes.

Nah, gracias. Quédatelo. Aquí no necesitamos amigos ficticios.