viernes, febrero 13, 2009

200 años del nacimiento de Charles Darwin (II)

Continuemos con lo que empezamos la bosta previa.

¿Se subiría Darwin al Beagle a pesar de las protuberancias de su cabeza tan poco favorables para el capitán Fitzroy el frenológico?

Darwin no era la primerísima opción de Fitzroy. Dos naturalistas ya le habían dicho a Fitzroy "¿viaje alrededor del mundo? No, gracias. La siguiente semana tengo tertulia para ir a recoger grillos en el patio trasero de la casa."

Eso y que un pariente le escribiera a Fitzroy una carta asegurándole que Darwin era un caballero de caracter hecho y derecho contribuyeron para que aquél decidiera llevarse a Darwin como naturalista de El Beagle y damo de compañía.

Darwin se puso a preparar lo que preparan los naturalistas para un viaje alrededor del mundo. El mismísimo Lyell (el padre de la geología moderna) le había pedido a Fitzroy que echara un ojo a piedras, guijarros y acantilados. Fitzroy para preparar a Darwin en esa tarea le regaló Los principios de Geología de Lyell. Es un libro que explica a las características de la superficie de la Tierra (montañas, cañones, acantilados) como el resultado de un proceso que tiene lugar en largos períodos de tiempo y no en un día de la semana.

Después de algunos retrasos El Beagle partió. Ambos, Fitzroy y Darwin, empezaron a llevar diarios del viaje. Cuando regresaron cinco años después, Fitzroy publicó en cuatro volúmenes su diario de viaje anexando el diario de Darwin. El editor se dió cuenta que la parte de Darwin era más popular (lo que escribió Fitzroy hay quien lo usa como remedio para el insomnio) y lo publicó aparte. Después de varias ediciones le pusieron el nombre que todos conocemos El viaje de El Beagle.

Darwin se divirtió y aprendió mucho durante el viaje. Cuando partió era un naturalista amateur y su idea era coleccionar todo lo que pudiera y dárselo a expertos cuando regresara a Londres. En la primera parada, Cabo Verde, Darwin vió de cerca formaciones volcánicas. Lo que vió y la lectura de Lyell sirvieron para que empezara a teorizar sobre eventos que tienen lugar en largos periodos de tiempo. En Brasil vió de cerca dos cosas: el bosque tropical y la esclavitud. El primero le gustó, la segunda no.

En una de sus cenas con Fitzroy comentaron el tema de la esclavitud.

- Una vez supe del dueño de una estancia brasileña que le dijo a sus esclavos si querían ser libres y estos contestaron que no – dijo Fitzroy que no entendía para qué quería ser libre un esclavo.

Darwin que quizá fuera medio tarambana pero siempre fue un gran escéptico reviró:

- Dudo que un esclavo pudiera contestar honestamente esa pregunta si se la hace su dueño. Sobre todo si este está agarrando un látigo.

Fitzroy se paró de pestañas y corrió de la cena a Darwin gritándole cómo podía dudar de su palabra. Más tarde Fitzroy escribió una nota como quinceañera como caballero inglés pidiéndole perdón.

El incidente le sirvió a Darwin para darse cuenta que su compañero de viaje tenía pedos en la cabeza. Dicen que la tripulación conocía a su capitán como "Hot Coffee" por su tendencia a calentarse hasta el ardor.

Darwin encontró fósiles en Argentina, se puso una peda con gauchos, atestiguó el fracaso civilizador de los fueguinos amaestrados de Fitzroy, le tocó un terremoto en Chile que elevó la costa arriba de la linea de la marea, fue a ver los andes montado a caballo, estuvo un mes tumbado en cama y regresando de comprar chimichurri en Mendoza vió un bosque petrificado en las montañas.

En cada puerto con correo que se encontraba enviaba a Inglaterra sus hallazgos y lo que había coleccionado. Los naturalistas ingleses eran felices con los envíos.

En Las Galápagos coleccionó más ejemplares mientras esperaba a que El Beagle regresara con agua fresca que fue a buscar al continente. Fue cuando estaba ordenando sus notas y su colección, quizá zampándose una sopa de tortuga, ya rumbo a Tahiti, que se dió cuenta de algo interesante: los pinzones recolectados en cada una de las distintas islas diferían por isla.

Visitaron Tahiti, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania y Cocos (unas islas que están a medio camino entre Australia y Sri Lanka). Después de bajarse a estirar las piernas en la isla de Mauricio continuaron al Cabo de Buena Esperanza.

Ya de vuelta al Atlántico se fueron a turistear a la isla de Sta Elena para ver la tumba de Napoleón. Darwin escribió que si sus sospechas sobre los pinzones y las tortugas de las Galápagos y los zorros de las islas Malvinas eran ciertas "podrían socavar la [idea de] estabilidad de las Especies".

Fitzroy quería hacer una última medición de la longitud en Brasil. Darwin estuvo encantado de ver una vez más el bosque tropical.

De regreso en Inglaterra Darwin tuvo una calurosa bienvenida. De su familia porque ya lo extrañaban y de los naturalistas ingleses por la enorme colección que Darwin había acumulado. Nomás eso hubiera bastado para darle un lugar en la historia.

Lo invitaban a pedas, a conferencias y a reuniones. Tardó años en organizar su colección y sus notas, por lo vasto de lo recogido y por los errores de novato que había cometido al recoger especímenes. Después de ese esfuerzo tenía un esbozo de una teoría que explicaba el origen de la diversidad de formas de vida en el planeta, una teoría de la evolución.

En lugar de salir corriendo a la calle para anunciarla a sus amigos, la guardó en un cajón por quince años y se ocupó en engendrar 10 hijos, en mirar percebes y en sufrir sus achaques y los remedios de caballo que le daban los doctores de la época (hay quien dice que contrajo la enfermedad de Chagas en Sudamérica).

¿Por qué razón Darwin metió en un cajón una de las ideas más notables que alguien haya concebido y se dedicó a cosas más prosaicas?

Lo averiguaremos en la siguiente y última bosta de esta serie.

Actualización y nota al calce: Fitzroy no sale por completo de esta historia. Antes de volver a ella fue precursor de los reportes de metereología y gobernador de Nueva Zelanda. Ambas actividades las tomó con seriedad y entusiasmo pero con resultados ingratos e irregulares.

5 comentarios :

Lupe dijo...

Espero la última parte de esta interesante historia ;)

Sivoli dijo...

A veces Luis explica la ciencia de manera semejante, y es entonces cuando si le pongo atención. Sea influencia de Don Jorge I. o no, me divierte bastante.

Saludos.

Pereque dijo...

En lo que el anfitrión termina su historia, quizá a alguien le interese saber más sobre el capitán Fitzroy.

¡Saludos!

Antonio dijo...

Yo leí (en el libro de Tim Ferris) que, al pasar por la zona de los atolones en el Pacífico, aprovechó para proponer una teoría sobre el origen de los atolones a partir de los volcanes submarinos.

Un Abrazo.

controlzape dijo...

En efecto. Cuando visitaron Cocos pudieron comprobarlo.

La idea se le ocurrió a Darwin anclado frente a Lima (antes de zarpar hacia Las Galápagos y esperando que en la cd se sofocara una insurrección). La teoría de Lyell decía que los atolones se formaban a partir de volcanes extintos elevándose en la superficie. A Darwin le hacía más sentido que era lo contrario: volcanes hundiéndose de tal forma que los arrecifes de coral crecían manteniéndose en la superficie mientras el volcán se hunde.