jueves, febrero 26, 2009

Reflexiones sobre escritura y texticulo en Recolectivo

Cuando iba a la SOGEM alguien (¿Oscar de la Borbolla, Bernardo Ruiz, Fernandez Unsaín, todos ellos?) nos preguntó para qué escribíamos. Una señora que llamábamos Comillas pues cada frase que decía la entrecomillaba haciendo cómo si rascara el aire con las manos, contestó:

- Yo escribo para exorcizar mis demonios.

Si bien reconozco la utilidad terapeutica de verbalizar las broncas que uno traiga como primer paso para encararlas, me parece excesivo pasar por un diplomado en creación literaria para "exorcizar demonios".

Acabo de echar una bosta en Recolectivo. Narro y me pitorreo de los meses dantescos en los que trabajé para Alejandro Ferretis. Fueron meses horribles (nah, no del todo, había buena comida) pero no veo que me haya yo embrujado de los demonios de un protoemo cincuentón que ya está muerto. Tampoco veo porque no pueda yo pitorrearme de esa relación laboral.

No hay algo por exorcizar por la sencilla razón de que no existen los demonios. Ni los literales ni los figurados.

Escribí de Alejandro Ferretis porque se me antojo ver si podía hacer algo parecido -sí ya sé que me falta aún mucho- a los cuentos que escribe Jorge Ibargüengoitia en la Ley de Herodes (sobre todo el de La Vela Perpetua).

Hagan click en la imagen para leer.


8 comentarios :

Adrián dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bruja Kozmica dijo...

jeje, me imagine a doña comillas,aja, bueno si a ver a darle click era verdad...si bueno, veamos

Anónimo dijo...

Hace unos días que entré a tu blog por primera vez y me resulta divertido lo que escribes, pero me parece que exageras con tu postura "escéptica". Yo podría considerarme escéptico también, pero no pretendo convencer a nadie de mi postura. El decálogo uno de kieslowski es una buena reflexión sobre el escepticismo. Claro que existen los demonios figurados, porque es una forma de expresar lo incontrolable. Que trates de entender las cosas de manera literal me habla un poco de tus limitaciones.
Buen blog a pesar de las necedades y de lo extremista de tus posturas. La diferencia esencial entre tu escepticismo y el mío es que a mí me importa un carajo convencer a alguien de que mis convicciones son "las correctas". Algún día podríamos charlar al respecto si te interesa. Escribo anónimo porque no tengo cuenta en blogger.

Emilio

controlzape dijo...

Van tres réplicas Emilio:

1. Escribí mal los de los demonios figurados. Cuando dije que no existen no me refería a la población en general (me queda claro que hay gente que se bronquea hasta porque ve pasar una mosca). Lo que quiero decir (y lo escribí muy mal lo admito) es que en el caso de mi expatrón no escribo de él para exorcizarlo sino para ver si podía usarlo como material para pitorreo. Lástima que ande caido recolectivo: apreciaría tu opinión sobre el texto que deje allá.

2. Una vez, hace mucho, comparé el escepticismo de Penn&Teller y Sagan. Dije que el segundo era más conciliador. Eso fue antes de enterarme de una conferencia que dió en su cumpleaños 60. Eso sirvió para darme cuenta de los siguiente:

Ante disparates un escéptico puede poner los ojos en blanco o fajarse los pantalones y exponer su postura. Los escépticos que encuentro más instructivos son los segundos y son los que procuro imitar (sí ya lo sé: muy mal pero ahí voy).

3. Hablar de las diferencias entre tú escepticismo y el mío se me hace tan divertido como contemplarnos los pitos para ver quién lo tiene más grande, por lo tanto paso de una charla al respecto.

Ribozyme dijo...

Quizás estoy pecando de puntilloso, pero me parece percibir más que un leve dejo de homofobia en el cuento y en los comentarios aquí y allá...

controlzape dijo...

No se si sea homofobia. Yo digo que no pues no me importa como resuelva alguien su sexualidad mientras sea de mutuo concenso. El chiste del cuento es dejar claro que en este caso no hubo concenso.

Ribozyme dijo...

Por eso hablo de mi percepción. Luego esos asuntos presentan sutilezas difíciles de resolver.

Ribozyme dijo...

Para ser más claro, el epílogo parece contener cierto grado de satisfacción por el hecho, un poco al estilo de Jesús en los evangelios, donde él, siempre tan lleno de amor por los pecadores, parece no verse muy molesto y más bien satisfecho cuando cuenta que los que lo rechacen serán arrojados al fuego y "ahí será el llorar y rechinar de dientes". Este tema me crispa un tanto porque durante el posgrado a un conocido que estudiaba en un laboratorio vecino lo torturaron y mataron en su departamento por el solo hecho de haber sido homosexual y un tanto incauto. Un amigo mío fue quien encontró el cuerpo ya descompuesto cuando fue a buscarlo. Y, al contrario de lo que pareces implicar, en ese asunto virtualmente nunca es cuestión de elegir. No hay elección.

Por cierto que el año pasado que leía una recopilación de cuentos de Solzhenitsin, me topé con que la película "Japón" de tu ex jefe está basada en uno de ellos. Pensé al leer "como que esta historia me suena conocida". Con algunos cambios importantes como que el protagonista en el cuento nunca tiene sexo con la anciana (por lo que la parte más desagradable de la película se podría haber omitido) y que no vive en el campo por elección, sino por una especie de exilio, castigo de las autoridades por ser un profesor que ha cometido faltas contra la ortodoxia del partido comunista soviético.