lunes, junio 29, 2009

Felipe Calderón vs el Estado Laico

Felipe Calderón no sabe diferenciar entre sus creencias y entre la diversidad social de un Estado Laico. Recordemos sus dicharachos de enero pasado (mis reacciones en itálicas)

Durante el VI Encuentro Mundial de las Familias (al que deberían cambiarle el nombre por el más correcto de Encuentro de Familias Tradicionales Católicas e Ignorantes De Que Hay De Otras Familias):

“Sean ustedes bienvenidos, como ya dijeron aquí los señores cardenales, a esta tierra de María Guadalupe y de San Juan Diego, también de los mártires de la persecución...” Y con esta frase, Felipe Calderón redujo a dos personajes imaginarios y a unos correteados durante la guerra cristera, a lo que puede ofrecer México al visitante extranjero.

[Sobre el Papa(natas) Benedicto XVI] "La verdad es que lo extrañamos en México y aquí lo vamos a seguir esperando siempre con los brazos abiertos." Lo extrañarán ud y sus correligionarios, señor. Por mí el Papa se puede caer de cabeza a un pozo.
Ahora veamos el desfiguro más reciente de Felipe Calderón, durante el Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas:

[...] Para que nuestros jóvenes, que les ha tocado vivir una época en que hay cada vez menos razones sólidas de creer; una juventud que ha sido, además, ha estado en el centro de las cuestiones existenciales más complejas.

Una juventud que por sus condiciones sociales, familiares, educativas, por falta de oportunidades, tienen pocos asideros trascendentes, que tienen poco que creer, que no creen en la familia, que no tuvieron; que no creen en la economía o en la escuela, que no creen en Dios, porque no lo conocen.

Que no creen en la sociedad, ni quien la representa. Esta falta de asideros trascendentales hace, precisamente, un caldo de cultivo para quienes usan y abusan de este vacío espiritual y existencial de nuestro tiempo.
Felipe Calderón miente: creer en diosito o en algún otro "asidero transcendental" no es garantía contra la drogadicción ni el comportamiento criminal o autodestructivo. De hecho, el comisionado de la Policía Federal afirmó recientemente que hay una relación entre religión y reclutamiento de miembros en grupos de narcotraficantes. Relación que Felipe Calderón decidió ignorar en su discurso procatólico

Quizá algún correligionario y fan del micromichoacano quiera participar comentando que hay que tolerar a quien no cree lo mismo que uno y etcétera. Antes de que alguien escriba algo así, considérese lo siguiente: no me importa si Felipe Calderón (o cualquiera de uds) rinde culto a diosito, a jebus, a la virgen, al ratón de los dientes, a santaclós, a la gran calabaza, a supermán, a sanjuditas, a sus parientes muertos, al mojón que les sale de sus cuerpos todos los días o a nadie en absoluto. Lo que sí me importa y no tolero, es que un funcionario público mezcle el discurso de políticas públicas con el discurso de su fe personal, pues vivimos en un país laico.

Vivir en un país laico, no significa que el presidente y funcionarios gubernamentales sean ateos (aunque a mí me gustaría ver a un presidente que valore más los esfuerzos de la gente que los premios o castigos atribuidos a un personaje ficticio). Significa vivir en un país donde el presidente y funcionarios gubernamentales profesen la fe que se les antoje, sin que ello afecte al resto de la población que puede profesar esa fe, otra fe, o ninguna. El estado laico es el único contrato que garantiza la convivencia entre individuos que creen en diosito y entre individuos que creen en otra cosa y entre individuos que no se nos antoja creer. Y a Felipe Calderón, cada vez que hace proselitismo católico en actos públicos amparado por su dudosa investidura, se le olvida el siguiente hecho: no todos los que pagamos impuestos somos católicos. Por eso digo que es un peligro para el estado laico. Y no es el único botarate que vive confundiendo su fe con la política, ahí esta el gobernador de Jalisco, por ejemplo.

La política es pública, la fe es personal. Y al funcionario público (o suspirante a su puesto) que se le olvide esa regla fundamental de convivencia en una sociedad cada vez más diversa y plural, se merece una patada por el culo. Y eso también va para fulanos del clero.

Cierro con una pregunta (parafraseando a Pereque): ¿el próximo 5 de julio vas a votar por un partido que apoya a un fulano que piensa que los problemas que enfrentamos como sociedad son porque la juventud no cree en la versión particular de amigo imaginario todopoderoso que él tiene?

Yo no.