martes, 11 de agosto de 2009

Reflexiones piteras sobre el anumerismo de una niña de 13 años

Hace un mes que ví a mi hija, me dió una noticia horrible.

- Papá, me fuí a extraordinario de matemáticas - dijo.

Yo, como padre escéptico y fatalista, me he imaginado haciendo frente a todo tipo de noticias funestas de mi hija adolescente, como por ejemplo “papá, estoy embarazada” o “papá, acabo de tirar a un cristiano de cabeza a un pozo”. Su anumerismo, no obstante, me tomó por sorpresa.

Quién sea lector constante de este blog, sabe que considero que este sería un mundo mejor si en la escuela se le pusiera más énfasis a matemáticas que a las esdrújulas, a los brincos sobrenaturales de Juan Escutia o a la corretiza que le pegaron los aztecas a Hernán Cortés. Opino, igual que John Allen Paulos, que el analfabetismo matemático (anumerismo) es peor obstáculo para comprender la realidad que no saber dónde va el acento de una palabra, y además es garantía de incapacidad para abordar la ciencia, aún a niveles básicos.

Se me pasó la alteración inicial, reflexioné, y me dije que esa condición de anumerismo no es una que tenga que ser permanente, y que Constanza ya ha dado muestras de sobreponer su razón a la tontería que la rodea. Además buena parte de la culpa la tengo yo por ausentarme muchos meses y no estar al pendiente de las broncas que pudiera tener en la escuela.

La parte burocrática ya la había resuelto la mamá de mi hija: regañarla, comprender que Constanza ignora a quien le grite, ir a la escuela para reunirse con el profe de mate y conseguir bibliografía para estudiar. A mí me tocaba sentarme con Constanza los pocos días que la puedo ver y hacer que aprendiera en un mes lo que no había aprendido en un año.

Abrí su libro de “Ejercicios de matemáticas para 1er año de secundaria”, lo miré y me fuí de espaldas al darme cuenta que buena parte del material consistía en temas que, según recuerdo, los de mi generación ya dominaban (o debían dominar) en primaria. La regresión no nada más sirvió para ponerme a meditar sobre la decadencia de la educación en México, sino que también me permitió recordar que yo era muy malo en matemáticas hasta que les hallé “el gusto” cuando ya estaba estudiando para ser ingeniero computito. Me acordé que muchos cursos de mate los sufrí, por carecer de las habilidades que se supone que tenía que haber adquirido en los cursos previos. Eso se me quitó un día (falso: fue en unas vacaciones de verano), en que decidí sentarme a resolver todos los ejercicios que tenía el Leilthold y el Zill. Cuando me atoraba haciendo álgebra, recurría al Baldor y así, cuando llegué a Ecuaciones Diferenciales no tenía las lagunas que les afectaban a la mayoría de mis compañeros y pude enterarme de qué se trataba la materia.

Decidí que Constanza no tenía porqué pasar lo que le resta de secundaria, sus años de prepa y los primeros semestres de la carrera que escoja, sufriendo matemáticas y se lo dije. Le dije también que no me interesa que resuelva la conjentura de Goldbach, ni que reescriba los Principia Mathematica, ni que sea Gauss con vagina; pero que sí me interesa que cuando esté en clase de matemáticas sepa lo que está ocurriendo. Estuvo de acuerdo y le dije que le iba a ayudar.

El último mes, cuando nos hemos visto, la he tenido resolviendo divisiones largas, operaciones con fracciones, problemas de proporcionalidad y ecuaciones de primer grado. Me enteré que no tenía idea de que existieran los números negativos y se los enseñé. Hemos hecho un buen número de ejercicios, he detectado muchas deficiencias y he tratado de quitárselas, mediante puro trabajo y solución de ejercicios. Lo he conseguido parcialmente y espero que le vaya bien en su examen. Aunque para ser sincero no me interesa mucho el resultado de su examen (las calificaciones caen por su propio peso cuando sabes qué estás haciendo y en la mayoría de los casos he visto que no sirven de nada: muchos de mis coetáneos de puro 10 se quedan mirando a lontananza cuando hablo sobre las probabilidades de sacarse un premio en el melate), pero sí sé que estos pasos que hemos dado son los primeros, de un esfuerzo que planeo mantener, en la dirección correcta: quitarle lo anumérico a mi hija.

pd. Uno de los primeros ejercicios que venían en el libro consistía en resolver el 10mo término de una serie. Los primeros términos son estos:

1, 8, 27, 64....

Mientras Constanza resolvía esto, decidí hacer un experimento. Fuí con mi papá, le enseñé el problema y respondió: 1000. Fuí con una pareja de visita en casa de mis papás, les enseñé el problema y respondieron: “No le entiendo a la pregunta.”

Les ayudé un poco, describiéndoles la operación a resolver:

- Cada término está elevado al cubo. ¿Cuánto es 10 por 10 por 10? - dije.

- ¿100? - dijeron.

Comprendí que el anumerismo de ese par (quienes también son retesupersticiosos y evidencias vivientes de que ambas cosas van relacionadas) quizá no tenga remedio, pero el de mi hija sí.
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