martes, abril 06, 2010

El árbol, la edecán olímpica y el hijo de puta


El árbol


Estaba echando un ojo a fotos añejas de la ciudad y me encontré con la siguiente.



Que es una versión pretérita de esta.



Que a su vez es el ahuehuete muerto El Sargento, situado detrás de la fuente de la Templanza y frente al Hemiciclo del Escuadrón 201, a las faldas del cerro de Chapultepec.

Con ese material iba yo a hacer un chiste chafa para pitorrearme de los fundambientalistas abrazaárboles que viven echando espumarajos sobre la debacle ambiental. Iba a decirles que si no hubieran abrazado tan fuerte a El Sargento quizá este seguiría con vida.

Sin embargo, como a mí me embarga el escepticismo más que las ganas de pitorrearme de gente despistada, me quedé pensando ¿cómo fue que se murió El Sargento que era inmenso y centenario? Eché un ojo a información sobre investigaciones forestales y encontré una página del Instituto Nacional de Ecología donde al Sargento me lo clasifican como árbol notable aunque su condición fitosanitaria diga "muerto".

Se me ocurrió mandar un correo a la dirección de contacto del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, para ver si tienen más información sobre la muerte de El Sargento. Quizá alguien del laboratorio de dendrocronología (los que estudían los anillos de los árboles y los relacionan con procesos biológicos y climáticos a lo largo de una escala de tiempo) haya examinado los anillos de El Sargento.

La edecán olímpica y el hijo de puta

Mientras estaba yo buscando cómo se murió un árbol de 700 años y del tamaño de una casa me encontré con la siguiente perlita:
"El Sargento, en unión con otros cien ahuehuetes, los más viejos de todo el bosque, habían decidido ofrendar sus vidas por el buen éxito de la batalla. No verían la llegada de la próxima noche, morirían al declinar la tarde."
Esto que parece fusil chambón de drama tolkiano protagonizado por un ent, es efectivamente una chambonada, pero no de alguien que anhele escribir como Tolkien, sino de un autor cuyos libros tienen unas ventas desproporcionadas al talento con el que fueron escritos y que se llama Antonio Velasco Piña. El fragmento que cité es de una novela de ficción titulada Regina: dos de octubre no se olvida.

En la historia muy mal narrada de Antonio Velasco Piña, Regina es una joven mexicana que se inmoló junto con otros 400 turulatos en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968 como culminación de un ritual lamaztecatibetano que tenía como fin "despertar la conciencia de los mexicanos".

Por supuesto es una burrada considerar que eso sea cierto (aún sin examinar el sopor en el que se encuentra actualmente el grueso de la población nacional, lo que volvería al mentado sacrificio en un fracaso estrepitoso). Sin embargo la obra de ficción histórica chaquiriscueta de Velasco Piña, además de a su confundido autor, ha convencido a más de un lector de que la versión sobrenatural de la historia de Regina es cierta. Tal confusión entre realidad y ficción tuvo su apogeo en el no muy lejano sexenio foxista cuando hasta un musical hubo, apadrinado por la magufa pareja presidencial, Vicente Fox y Martita Sahagún.

Sin embargo, la versión de los propios familiares de Regina indica que la realidad no es la que Velasco Piña dice.

Regina fue efectivamente una estudiante masacrada el 2 de octubre de 1968. Como los baleados en Tlatelolco, su muerte no fue un sacrificio producto de un plan para despertar nosequéputas, sino el encontronazo entre una sociedad que demandaba pluralidad y un gobierno que nomás sabía contestar con "la fuerza del estado" (las semejanzas con el gobierno actual no son coincidencias, son una cadena muy clara de causas y efectos).

El nombre de esta joven era Regina Teuscher, era una de las edecanes que participaría en las olimpiadas y la imagen de su cuerpo baleado y bayoneteado fue usada por Velasco Piña para vender su ladrillo disfrazado de novela.

Eso califica a Antonio Velasco Piña como hijo de puta por el lado que se le vea y a los reginistas en unos burros de capirote que harían bien en visitar el Memorial del 68 de la UNAM a ver si aprenden algo de historia.

6 comentarios :

Lupe dijo...

Nunca me ha llamado la atención leer ese libro, y ahora menos jojojo. Y pues esperemos la respuesta a la muerte de El Sargento.

Juan Carlos Bujanda Benitez dijo...

Y algunas escuelas secundarias lo exigen como lectura a sus alumnos, supongo que para resaltar el misticismo mexicano.

Me toco "ayudar" a una madre de familia cuando pregunto en una librería, que quien habia escrito "Regina", ante la duda del dependiente (entrometí) comente:
"Se llama Antonio Velazco Piña señora y le hace honor a su segundo apellido, es un charlatán al que demandaron los padres de Regina por mentiroso, si lo lee mas vale que no le crea nada.

Mauricio-Jose Schwarz tiene una buena reseña en "El Retorno de los Charlatanes". http://charlatanes.blogspot.com/2005/09/masacres-supersticin-poder.html

Saludos

Antonio dijo...

También me acordé de la entrada en el blog Charlatanes.

Sí parece tolkeniano. Los ents serían el ejército de apoyo en la lucha contra los tolls, trasgos y demás gente incondicional al presi de labios gruesos de Mordor.

Un Abrazo.

Kix dijo...

De hecho según recuerdo, los familiares de REgina levantaron una demanda al autor, por hacer mal uso de la imagen de la chica. Sí, leí la novela, pero tanto misticismo no me gustó.

Sidurti dijo...

Es curioso, ese libro de Regina parece que es el fundamento de algunos grupos de los movimientos de la "mexicanidad", precisamente de los que andan cada equinoccio en zonas arqueológicas. Al menos así lo clasifica una prof. Yolotl González

Gonzalo Ramos Aranda dijo...

AHUEHUETE, “EL SARGENTO”

“Tu caso, triste presagio, de la humanidad, . . . naufragio.”

Arbol del gran Moctezuma,
permite que te presuma,
hacia arriba, dos vertientes,
copa, ramas imponentes.

Predilecto de natura,
cuarenta metros de altura,
quince de circunferencia,
marcaste, así, diferencia.

“Centinela” de las frondas,
raíces profundas, hondas,
del bosque todo un Señor,
“Viejo de Agua”, el más mayor.

Ahuehuete, “El Sargento”,
hace tanto, tanto tiempo,
te sembraron, ahuehuete,
¿lo añoras?, fuiste cadete.

De tronco firme, muy regio,
diste sombra a aquel colegio,
al Colegio Militar,
te mereces un altar.

A las faldas del Castillo,
te nutrió sol amarillo,
fuiste nido de “aguiluchos”,
te rociaron con cartuchos.

Centuria mil ochocientos,
como han soplado los vientos,
soportaste las batallas,
de aquellos “gringos”, canallas.

Que invadieron vuestros pastos,
que recuerdos tan nefastos,
en tu cima de sabino,
se escuchó el fragor de niños.

¡Niños Héroes, mi ahuehuete!
muertos en cuarenta y siete,
de la historia fiel testigo,
¡marchito, que cruel “castigo”!

El Cerro del Chapulín,
triste vio llegar tu fin,
año del sesenta y nueve,
siglo veinte, se conmueve.

Secular, sacro ahuehuete,
¿por qué quedaste al garete?
tus milenios se acabaron,
¿por qué, a ti, te abandonaron?

La tragedia, así, se fragua,
bien seco por “. . . falta de agua
y contaminación . . .”, traspié,
reza una placa a tu pie.

Falta de agua, . . . qué ironía,
¿es qué, nadie lo sabía?,
sed e infección, tu martirio,
¿qué pensaría Don Porfirio?

De la polución y ozono,
que funesto desazono,
tú no tienes sustituto,
Chapultepec . . . negro luto.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 13 de septiembre del 2015
Reg. SEP Indautor No. 03-2016-070109301200-14
Dedicado a mi hermano, el Sr. General de Brigada e Ing. Constructor (en retiro), Adrián Ramos Aranda.