martes, octubre 19, 2010

Pues resultó que los niños no son escépticos por naturaleza. Al menos no tanto.

Hace algunos años, escribí en una bosta la siguiente frase:

"Los niños son, por naturalza, escépticos".

Es una bosta que cada vez que releo hallo más ininteligible, excepto por una de las ideas centrales que consistía en considerar como un motor del escepticismo a la curiosidad. Con ello daba yo una maroma retórica para justificar la noción de que los niños, siendo curiosos por naturaleza, son también escépticos.

Bueno, pues resulta que no son escépticos. O no tanto. Lo que es una lástima pues esa frase asimoviana que viene en la introducción de Flim Flam! de James Randi rifaba mucho.

De acuerdo a este comunicado de prensa de la Asociación para la Ciencia Psicológica, los niños son confiadísimos de los dicharachos de un adulto.

Vikram K. Jaswal de la Universidad de Virginia, a raíz de trabajos previos sobre el aprendizaje y lenguaje en niños se preguntó qué es lo que hacían los niños con lo que oían. Para averiguarlo hizo un experimento para comparar la influencia de la información que recibían por las orejas contra información que recibían de manera no verbal.

El experimento consistía en poner ante los mocosos dos tazas boca abajo, una amarilla y la otra roja; la roja conteniendo una calcomanía. Un adulto les decía a unos niños (incorrectamente), la taza amarilla es la que tiene la calcomanía. Mientras a otros niños no les decía nada pero les ponía una flecha señalando a la taza amarilla, vacía. Los niños tenían, en cada ocasión, chance de revisar sólo una taza y si atinaban a la taza que tenía la calcomanía se quedaban con ella. Este juego se repitió ocho veces, a lo largo de varias rondas donde se cambiaba el color de la taza que contenía la calcomanía.

El resultado fue el siguiente, los niños que vieron al adulto poner una flecha en la taza equivocada, pronto aprendieron que su indicación de la flecha no era de fiar. En cambio, los niños que recibieron la mentira verbalmente seguían buscando debajo de la taza errónea. De los 16 niños de ese grupo hubo 9 que nunca encontraron una calcomanía.

Conclusiones: Los niños como los del experimento, de 3 años, tienen una predisposición (quizá así está alambrado nuestro cerebro) para no evaluar lo que la gente les diga. Eso es útil si los que los cuidan les dicen cosas que sean ciertas y los ayuden a sobrevivir. Pero como dice el dr Jaswal "hay veces en las que los adultos mienten deliberadamente a los niños -como con lo de Santa Claus- pero también en situaciones que no son tan inocuas." Entre esas situaciones no tan inocuas se me ocurre que podríamos poner los dislates religiosos de los padres.

También es notable que los niños sean más escépticos sobre información que reciben de formas no verbales.

Así que ya saben gente. En esa edad en la que los niños son especialmente confiados de lo que uno les diga, procuren no llenar de mierda la choya de los niños a su cargo.

8 comentarios :

Corsario dijo...

Bueno, no hay forma de evitar el llenar a nuestros hijos con nuestros prejuicios y necedades. Por mas que queramos evitarlo, algo de lo malo en nosotros pasa a ellos.

Yo, por uno, creo que lo importante viene después. No importa que de niños crean en los reyes magos o en el conejo de pascua, mientras de grandes sean capaces de discernir la verdad, y ser críticos y consientes.

¿Es tu caso? En mi caso me criaron con una gran dosis de "valores religiosos". Y ya ves el bien que hizo, ya que ahora soy ateo practicante.

Y en el caso de mis hijos, los considero un interesante experimento sociológico, ya que han sido educados con ausencia de religiones o mitologías (en el sentido de creer que son reales). Lo mas cercano que tienen a "educación espiritual" es creer en Santa Clos y en el Día de Muertos (mexican-style).

Así que diría que no es tan importante con cuanta agua nos bauticen de bebés, mientras podamos aprender después a distinguir entre el agua y el vino.

Muy buen blog, por cierto.

maryjuana dijo...

Pueden nacer pero los puedes hacer escépticos. Max, con sus escasos 5 años comento al ver un comercial de la crema esa  cicatricure: " son puras mentiras " cómo van  a quitar las arrugas. ¿ verdad mamá ? A lo que conteste, efectivamente mijo. Y termino diciendo ¡ te imaginas ! No existirían los viejitos.        
Considero que es mejor instruirlos desde que nacen de esa manera tendremos menos riesgo de que se queden crédulos y religiosos. Tengo 5 hermanos, 2 solo somos ateos y los otros 4 siguen creyentes. 

Sir David von Templo dijo...

El detalle esta en instruir a los chamacos desde que nacen a cuestionarlo todo. Pero también hay que tener en cuenta que a lo largo de su vida, hasta que llegan a la adolescencia, van a convivir con otros mocosos, y como bien sabemos, los mocosos en la primaria, en su mayoría, son el reflejo de los defectos sin diluir de sus padres.

Saludos

Sir David von Templo dijo...

El detalle esta en instruir a los chamacos desde que nacen a cuestionarlo todo. Pero también hay que tener en cuenta que a lo largo de su vida, hasta que llegan a la adolescencia, van a convivir con otros mocosos, y como bien sabemos, los mocosos en la primaria, en su mayoría, son el reflejo de los defectos sin diluir de sus padres.

Saludos

Corsario dijo...

El problema es que la proposición es una falacia lógica.

Decir que le diremos a nuestros hijos a cuestionar todo es como decir que siempre decimos mentiras.

Si van a cuestionar todo deberían cuestionar el que les digamos que cuestionen todo.

En mi opinión, como padre, es que deben empezar a cuestionar cuando tienen la capacidad de hacerlo, allá por la adolescencia. Pedirle a un niño de 3 o 5 o 9 años que "cuestione" científicamente todo es ridículo.

Dejemoslos disfrutar de Santa Claus. Y cuando sean adolescentes dejemosles cuestionar a gusto, que son buenos en ello.

controlzape dijo...

Dejemoslos disfrutar de Santa Claus

En mi experiencia he visto que Santa Claus no es condición para que un niño disfrute lo que uno le regala.

de aqui soy dijo...

Lo primero es que los niños de esa edad no deberían tener necesidad de cuestionar nada. Yo creo que debieran tener la posibilidad de confiar en los adultos. Y eso, me parece, nada tiene que ver con lo religioso.

Como sea, me acorde de la bosta en la que nos narras de cuando atinaste a meter los pañales a la lavadora y dejaste aquel licuadazo, con cuya imagen ahora coercionas a tu hija adolescente. Quise imaginarte planteándote el escepticismo por instruir en ella.

Corsario dijo...

En mi experiencia he visto que Santa Claus no es condición para que un niño disfrute lo que uno le regala.

El consumismo... por eso ya no me agrada la navidad.

Debo confesar algo. Soy ateo, anarquista, y de lo mas escéptico que han visto en la tierra. A mis hijos los he educado sin el elemento "espiritual" (en palabras de mi abuela, muy religiosa: "como los animalitos"). Y estoy muy a gusto con que no tengan ni idea por que la gente hace señas y gestos frente a las estatuas de la virgen de guada-lumpen.

Sin embargo, soy aficionado a mentirles sobre Santa Claus, o como le decimos nosotros, San Nicolas de Bari. Les he enseñado fotos y referencias sobre Laponia, donde vive. Cada año seguimos su avance a través de NORAD mientras da la vuelta al mundo en una noche (hace un par de años leímos un articulo muy bueno tratando de explicar el que pueda entregar los regalos tan pronto como una consecuencia relativista de viajar tan rápido), sobre los niños que no tienen juguetes y Santa Claus se los lleva, sobre las habilidades logísticas y de producción de los duendes y claro, sobre que galletas le gustan mas.

Es una buena forma de pasar la navidad. Nos divertimos mucho.

Y yo estoy esperando a ver cuanto tiempo me la creen. Cuanto tiempo tardan en darse cuenta que no es posible, por mas que NORAD y yo digamos lo contrario. Quiero que lo descubran ellos mismos, PESE a lo que yo les diga (y eso que soy bueno para "dorarles la pildora").

Es verdad, podría darles los juguetes en la mano, sin envolver y sin necesidad de dormir temprano antes que Santa Claus llegue.

Pero no sería tan divertido.