miércoles, diciembre 08, 2010

Lo que dejó la bacteria come-arsénico que vino del espacio

GFAJ-1. Así la bautizaron. Es una bacteria que vive en un lago de California y que, aparentemente, puede usar arsénico en vez de fósforo para hacer sus cosas de bacteria (eso incluye incorporar arsénico a su ADN algo nunca visto antes). Lo que de confirmarse, la catalogaría como un organismo campeón, extremófilo, capaz de prosperar en ambientes extremos y hostiles, y por eso mismo, de gran interés para los astrobiólogos, los que investigan sobre la vida fuera de la Tierra.

Todo eso es muy emocionante y muy instructivo. Pero al momento de escribir estas líneas (y hago énfasis en al momento), yo encuentro más instructiva la manera en la que evolucionó la noticia que la evolución de la propia bacteria.

El frénesi comenzó cuando hace unos días en el sitio de la NASA apareció un anuncio de una conferencia de prensa, relacionada a un artículo de la revista Science. La descripción de la conferencia, muy llana, decía: "para discutir un hallazgo de astrobiología que impactará la búsqueda de evidencia de vida extraterrestre".

Así nomás.

Pasó una semana en lo que llegaba el gran día. No había muchas pistas más alla´de los nombres de los participantes en el comunicado de prensa. Entre esos nombres estaba el de Felisa Wolfe-Simon. Que a decir de los enterados en astrobiología, era conocida por haber pasado los últimos años trabajando en Mono Lake, un lago con altas concentraciones de arsénico, cultivando bacterias provenientes de ese ambiente químicamente hostil.

En los días previos a la conferencia de la NASA, comenzó la especulación. Hubo quien mencionó
descubrimientos en Titán, la luna de Saturno, de bacterias alienígenas.

La especulación siguió el camino del teléfono descompuesto en los siguientes días. Algunos astrobiólogos fueron entrevistados, los periódicos exageraron la nota y se llegó a afirmar que la NASA anunciaría haber encontrado vida extraterrestre o, ya de perdida, evidencia de una biósfera alterna y desconocida hasta entonces en la Tierra, un segundo génesis de la vida. Para cuando llegó el anuncio de la NASA y la publicación de la investigación de Felisa Wolf-Simon, et al, en la revista Science los más exaltados se llevaron una desilusión: ni se trataba de extraterrestres, ni de una forma de vida fundamentalmente distinta a la que conocemos.

¿Qué ha pasado después? Uno lo puede leer en el post de Martin Robbins, Arsenic about face, donde se exploran las relaciones entre medios de comunicación, ciencia y el proceso de revisión por pares, y del que que quiero destacar lo siguiente:

Para empezar, el artículo de Wolfe-Simon ha recibido objeciones de expertos. Por ejemplo, Forest Rohwer, un microbiólogo que busca especies nuevas de bacterias y virus en arrecifes, comenta: "ninguno de los argumentos son convincentes por sí mismos". Incluso hubo quien llegó a afirmar: "ese artículo [el de Wolf-Simon] no debió haberse publicado".

En eso último no estoy de acuerdo. Como indica Robbins en su post ¿cuál sería el chiste de publicar sólo artículos que estén correctos? ¿No se supone que la revisión por pares es para que otros evaluen un artículo? ¿No es ese uno de los principales objetivos de publicar en ciencia? Estamos hablando de ciencia, gente, no de literatura chafita culturosa: los artículos científicos no son para recibir palmaditas de aceptación en la espalda. Son para ser sometidos a revisión por pares, con la consigna de encontrar qué está mal y señalarlo.

¿Qué se le dio demasiado hype a la noticia? Bueno, sí. Pero eso la NASA y la AAAS (
Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, quien publica Science), podrían mitigarlo con una buena aproximación de relaciones públicas.

Lo malo es que esa aproximación, no existe.

Veamos, esa revisión por pares, no termina en la sala de redacción de Science o de cualquier revista científica de prestigio. Es un proceso que se va retroalimentando a medida que la comunidad científica y el público va enterándose de los contenidos del artículo y hace públicas sus propias conclusiones. Esa publicación, en estos días, no está limitada a intercambios epistolares vía Science, sino también a la blogósfera (ojo; hay blogs de ciencia y hay blogs de pseudociencia y magufería, en este caso estamos hablando de los primeros).

Y eso último, parece que la NASA no lo ha terminado de entender. O más específicamente, Dwayne Brown, comunicólogo de la NASA, quien dice respecto a las objeciones "que sólo serán respondidas en una publicación cientifíca". Es decir que, de acuerdo a Dwayne Brown, lo que importa no es ni el contenido, ni la integridad, ni el campo de experiencia de las personas que objeten sino que lo hagan en la revista adecuada o en la conferencia de prensa correcta.

Lo que es una barbaridad victoriana teniendo en cuenta la cantidad de contenido en línea que genera la propia NASA y la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.

Aún no sabemos si, en verdad, GFAJ-1 incorpora a sus moléculas arsénico, pero mientras tanto ese bicho, extremófilo o no, ya sirvió para distinguir algunas relaciones, cada vez más complejas y dinámicas -y no siempre afortunadas-, entre divulgación científica, medios de comunicación y revisión por pares. Relaciones que a individuos como Dwayne Brown les convendría estudiar.

pd. Nota para mí: rentar el título de este post para una película de ciencia ficción.

2 comentarios :

Ribozyme dijo...

La cuestión por la que algunos decimos que el artículo no debió haberse publicado (sí, me incluyo) así como está, es que es tarea de los revisores determinar si un artículo aporta la suficiente evidencia para apoyar sus conclusiones, y si la metodología utilizada es lo suficientemente estricta. A casi todo mundo nos retachan los papers, a veces varias veces, pidiendo que se corrijan errores o se realicen experimentos extras. A continuación transcribo casi en su totalidad uno de mis típicamente mamotréticos comentarios en el blog de Martín Bonfil:

A mí también me encantó la noticia, pero sin tener acceso al artículo (Science es de paga), confié en la palabra de los investigadores y en que sabían lo que hacían (no cualquiera obtiene un grant de NASA), que utilizaron métodos más allá de toda duda. Ya se está viendo que no. Esta señora Redfield hizo una disección excelente, así es como se debe analizar cualquier trabajo científico (para los que digan que los científicos perseguimos cuestiones ideológicas o de conveniencia en lugar de la verdad), incluso en los seminarios de avances del departamento donde trabaja uno (hace poco una investigadora "muy connotada" del lugar donde trabajo se ofendió conmigo porque en un examen de maestría de uno de sus estudiantes, les dije que las evidencias aportadas no sostenían las conclusiones propuestas, se enfurruñó y no hubo manera de que contestara mis cuestionamientos punto por punto).

Una crítica diferente, hecha por Alex Bradley, pega en un asunto crucial que resulta evidente para los biólogos moleculares, y es que el método de extracción para el análisis del DNA, que utiliza extracción con cloroformo y fenol (una metodología casi estándar), elimina toda traza de biomoléculas del As-DNA que pudieran estabilizarlo, con lo cual su vida media sería de 10 minutos en solución. Sin embargo, en ese método, el DNA permanece disuelto por alrededor de una hora y aun así lo obtuvieron bastante íntegro. El error es tan garrafal, que como dice la Dra Redfield, si un estudiante me viniera con eso, le retachaba sus resultados y lo pondría a buscar alternativas mejores.

Ribozyme dijo...

Por otro lado, NASA la cagó gacho al manejar la noticia de la manera en que lo hizo, promoviendo descaradamente el sensacionalismo, por lo visto no aprendiendo del anticlímax que fue lo del primate fósil "Ida" el año pasado, y peor porque ya está haciendo un osote con lo que a todas luces va a resultar un gran chasco.