martes, marzo 30, 2010

La vagina de Dios

Un evangelizador me mandó un correo aconsejándome que modificara mis no creencias en el personaje imaginario al que rinde culto. Después de enumerarme los sufrimientos que me tiene reservado su dios de amor y misericordia si no "lo dejo entrar en mi corazón", me informó:

"Dios existe. Los científicos lo han encontrado."

Y anexo la siguiente foto, a la que agregó un pie: "El Ojo de Dios".


Expliqué que esa foto no es la del ojo del objeto de sus adoraciones religiosas sino algo más asombroso todavía: una nebulosa producto de las etapas finales de la evolución de una estrella de masa aproximada a la del Sol, visible debido a que la expansión de las capas exteriores de la estrella ha dejado libre el núcleo estelar de tal manera que la radiación ultravioleta proveniente del núcleo ioniza el gas de la nebulosa, iluminándolo.

Dije también que Ojo de Dios es un nombre reciente. En el Nuevo Catálogo General (NGC por sus siglas en inglés), que es un índice que reúne desde el s XIX algunos miles de objetos del espacio profundo, se llama NGC 7293.

Y concluí:

"Si volteas la nebulosa de tal forma que quede vertical bien podría parecer el interior de la vagina de diosito. Faltan los labios menores y mayores para completar la ilusión pero quizá en unos miles de años la gravedad haga el trabajo."

El evangelizador dijo que rezaría. Yo espero que rece por ver una vagina en el cielo aunque sea por efecto de la pareidolia y no por mi alma que no existe.

martes, marzo 23, 2010

La no validez de la prueba del polígrafo


Hace unos días en una sesión ridícula de la Cámara de Diputados en San Lázaro los protagonistas de la discusión, César Nava del PAN y Beatriz Paredes del PRI, después de un intercambio de revires, se declararon dispuestos a someterse al polígrafo "para ver cuál de los dos miente" respecto a alianzas interpartidarias que muchos consideran vergonzosas.

Al otro día, el gobernador Peña Nieto, embarrado también en la discusión, aceptó someterse al polígrafo.

Para redondear el dislate, en los medios donde se daba cuenta de la noticia, los autores de las notas usaban como sinónimo de polígrafo la frase "detector de mentiras".

Busqué en mi escepticoteca y en la Skeptical Inquirer de Enero-Febrero de 2005 me encontré un artículo mentado: Explorando las controversias en el arte y ciencia de la prueba del polígrafo, de un dr en psicología John Ruscio, quien entre otros cursos en The College of New Jersey imparte actualmente uno que se llama Ciencia y pseudociencia en Psicología Clínica y es el autor de este libro (que me latería leer). También de ahí es el dibujo que ilustra esta bosta.

De la lectura de ese artículo concluyo que César Nava, Beatriz Paredes, Enrique Peña Nieto y cualquiera que considere al polígrafo como detector de mentiras le profesan una fe absurda al aparato.

Lo que más me llamó la atención en ese artículo son varias cosas.

1. En un reportaje de 60 Minutos (el original no la franquicia que echó a perder Jaime Maussan) tres compañías distintas dedicadas a hacer pruebas de polígrafo se convocaron independientemente con la intención de encontrar al culpable de un robo de material fotográfico en una revista que hacía reseñas sobre cámaras y lentes donde trabajaban 4 empleados. A cada examinador se le dijo antes de la prueba que el material había sido robado por x persona, haciendo un énfasis muy vago sobre un empleado distinto en cada ocasión. Todos los examinadores, después de la prueba del polígrafo, concluyeron que el empleado señalado era el culpable y el resto inocente, es decir todos señalaron a un culpable distinto. Los examinadores también fallaron en detectar la verdad, consistente en que no había material robado para empezar.

2. No existe, repito no existe, ningún estudio concluyente sobre métricas únicas que relacionen respuestas fisiológicas a índices de engaño o mentira.

3. En la mayoría de los estados gringos, la prueba del polígrafo no se acepta como evidencia en casos del ámbito civil ni penal, sin embargo muchos individuos, muy tarugos, estipulan tratos donde sí aceptan esas pruebas. Es el equivalente a que los litigantes se pongan de acuerdo echando una moneda al aire.

4. En el transcurso de una hora, usando el método de prueba poligráfica de preguntas de control (en vez de uno más difícil de establecer pero quizá más confiable llamado prueba del conocimiento del culpable) a unos estudiantes se les entrenó en contramedidas para pasar la prueba. Nomás en una hora.

Con esta información ¿hay todavía quien considere en serio que una prueba de polígrafo aplicada a un político revele alguna verdad oculta?

viernes, marzo 19, 2010

Resucité mi participación en nolecuentes.com

En esta ocasión con un recorrido por Donceles, en el centro histórico de la Cd de México.

Click en la imagen para leer.


lunes, marzo 15, 2010

Receta asimoviana para la histeria sísmica

A raíz de los sismos recientes de Haití, Chile y Turquía, tanto en conversaciones presenciales como en foros de discusión, twitter, facebook, formspring y en cadenas turulatas que me mandan a mi correo electrónico he notado una preocupación recurrente que se puede resumir en la siguiente pregunta:

¿La Tierra se estará sacudiendo de encima a la humanidad y a sus excesos?

Se me ocurren varias formas (no todas amables) de contestar esa pregunta, sin embargo en esta ocasión voy a dejar que un escéptico más chinquetas que yo que ya ha abordado ese tema responda esto.

Con uds el señor Isaac Asimov, de La Receta del Tiranosaurio y otros 100 ensayos (excepto en el título el énfasis es mío).


Los estragos de la naturaleza.

El 19 y 20 de septiembre de 1985 dos terremotos gemelos pasaron con gran estruendo a través de la ciudad de México, la más grande del mundo. Murieron unas 20,000 personas, otras 40,000 quedaron heridas, y 31,000 se quedaron sin hogar. En ese mismo año otro poderoso temblor golpeó a Chile, el 3 de marzo, con la consecuencia de 150,000 personas sin hogar; afortunadamente tan sólo murieron 177. Otros sacudieron a China y la Unión Soviética.

Durante la noche del 13 de noviembre de 1985 un volcán colombiano, inactivo durante mucho tiempo, rugió volviendo a la vida y enterró con lodo caliente a toda una población a sus pies, matando a 25,000 personas que dormían tranquilamente. Más de 60,000 sobrevivientes estaban heridos o sin hogar.

El 31 de mayo de 1985, en el noreste de Estados Unidos, hubo docenas de tornados que se constituyeron en la peor demostración en los libros de records. Mataron a 88 personas, hirieron a cientos y borraron pueblos completos.

A todo esto agregue deslizamientos de tierra, aludes, huracanes y tifones asesinos, hasta un récord de desastres aéreos, y parecería que la naturaleza se ha desencadenado. ¿Podría darse el caso de que, por alguna razón, hemos maltratado tanto a nuestro planeta que lo hemos desequilibrado? ¿O podría ser que ciertas fuerzas sobrenaturales están molestas con nosotros?

¿Tales catástrofes seguirán empeorando? ¿O se trata de desastres naturales cíclicos y tan sólo estamos en la temporada mala del ciclo?

En efecto, si contemplamos cuidadosamente estos casos, parece claro que los desastres naturales se presentan al azar. Esto no significa que se distribuyan equitativamente y que todos los años sean iguales. Hay años buenos y años malos. Si se presentan al azar, de vez en cuando podremos tener un largo período de relativa calma para después, inesperadamente, tener un período de muchos años turbulentos. Hasta ahora no hay forma de predecir ni prevenir los años malos.

Aún así, esta sospecha de la casualidad del desastre no parece estar en lo correcto. La gente de mi edad puede recordar años anteriores, cuando pocas veces ocurrían desastres y no se trataba de noticias cotidianas como hoy en día. ¿Por qué?

La respuesta es que se trata de un espejismo debido al adelanto de la tecnología humana.

Hoy en día nuestros satélites de comunicación —que giran en órbita alrededor de la Tierra— y las televisiones en todas las casas, nos dan cuenta inmediata de los detalles de todos y cada uno de los desastres.Durante días y días vimos las fatigadas cuadrillas mientras se esforzaban por rescatar a otro bebé de losmontones de escombros en los que se había convertido gran parte de la ciudad de México. Podíamos ver los daños, ver miradas temerosas y desesperadas, estábamos completamente conscientes del alcance del desastre.

Aún así, ni siquiera se acercó al peor terremoto de la historia. El 23 de enero de 1556 un terremoto derrumbó acantilados en el norte de China, y la Tierra —al hundirse— enterró a 830,000 personas en cinco minutos. Los europeos de aquellos días nunca oyeron de tal catástrofe. La conocemos tan sólo por los registros chinos

Una vez más, el 27 de agosto de 1883 la pequeña isla volcánica de Krakatoa —entre Java y Sumatra— estalló y provocó una tsunami (marejada) que ahogó a 36,000 personas en las costas cercanas. La gente de Europa y América se enteró después, con pocos detalles y (por supuesto) sin imágenes de televisión. En occidente la vida continuó como si Krakatoa nunca hubiera estallado.

Pero el 18 de mayo de 1980, cuando el Monte Santa Helena sufrió una pequeña erupción — comparativamente— en el noroeste de Estados Unidos, matando unas cuantas docenas de personas, todas las noches veíamos acontecimientos en la televisión, veíamos las columnas ascendentes de humo y ceniza, las corrientes de lava, el polvo que caía sobre Portland, Oregon, y muchas otras cosas. A los estadounidenses pudo haberles parecido que el desastre del Monte Santa Helena era peor al de Krakatoa, tan distante en el tiempo como en el espacio.

Ahora bien, tendemos a medir la intensidad de un desastre por el número de personas muertas y los millones de dólares de propiedades destruidas. También esto tiende a hacer que las catástrofes del presente parezcan mucho peores a las del pasado. Después de todo, hoy en día hay más gente en la Tierra que la que había en el pasado, y está bastante más apiñada y, por lo tanto, destinada a morir en mayor número en cualquier catástrofe de hoy en día que en el caso de catástrofes similares hace cien o más años.

Una vez más, estructuras humanas de todo tipo (fábricas, presas, centrales eléctricas, altos edificios dedepartamentos) ocupan la superficie de la Tierra como nunca antes, y cada una de ellas es bastante más cara que cualquier otra cosa del mismo tipo en el pasado. Por lo tanto, cualquier catástrofe actual está destinada a destruir más que en el pasado. Por ejemplo, el terremoto más espantoso que alguna vez golpeara a Estados Unidos no tuvo lugar en California. Tuvo lugar en el aparentemente tranquilo y estable Medio Oeste, como una serie de sacudidas que comenzaron el 6 de diciembre de 1811, y que llegaron a su clímax, con un feroz terremoto, el 7 de febrero de 1812. El epicentro estuvo cerca del Río Mississippi, en el lugar donde ahora se encuentra New Madrid, Missouri.

Los temblores se sintieron en lugares tan alejados como Boston, y se destruyeron 150,000 acres de bosques. El curso del Mississippi fue cambiado en varios lugares, se formaron nuevos lagos, se secaron algunos pantanos. Aún así, no sabemos de una persona que haya perdido la vida en este extenso desastre. Después de todo, la zona casi no estaba poblada en aquella época. Por otra parte, si hoy en día fuera a tener lugar un terremoto de la misma intensidad y en el mismo lugar, con seguridad morirían muchos miles de personas, al igual que quedarían destruidos muchos millones de dólares en propiedades. En nuestros días aún un pequeño temblor en el mismo lugar provocaría más daños que el monstruoso terremoto de 1811-12, y con seguridad la gente tendría la impresión de que, de algún modo, los terremotos están empeorando.

Aún así, la humanidad no ha tenido que vivir los peores desastres de todos, que perfectamente podrían ser cíclicos. En el presente los científicos discuten acaloradamente respecto a la posibilidad de que, de vez en cuando, una lluvia de cometas pueda cruzar en todas direcciones el Sistema Solar interior y que algunos de estos, por pura casualidad, pueda chocar contra la Tierra.

Un sencillo golpe de un cometa, de un radio de unos cuantos kilómetros, provocaría un cráter de cientos de kilómetros de ancho y enviaría tal cantidad de polvo a la parte superior de la atmósfera que, virtualmente, durante meses o años desaparecería la luz del Sol. Dejaría de existir mucha vida vegetal, de tal forma que lo mismo pasaría con la vida animal que dependiera de ella. Se supone que un choque como estos, hace 65,000,000 de años, aniquiló a los dinosaurios junto con muchos otros tipos de plantas o animales. Pero eso no fue lo peor. Parece que un choque parecido hace unos 230,000,000 de años aniquiló a más del 90 por ciento de todo tipo de plantas y animales que entonces vivían. En cada uno de los casos (hasta ahora) la vida continuó pero cambió drásticamente, ya que nada más los supervivientes se multiplicaron y volvieron a colmar a la Tierra.

Algunos científicos creen que tal "Gran Mortalidad" tiene lugar cada 26,000,000 de años. Parece que el último se presentó hace 13,000,000 de años, por lo que el siguiente no se dará durante otros 13,000,000 de años. Así, tenemos tiempo suficiente y, quizá, si los seres humanos o sus descendientes todavía viven para entonces, quizá tengamos la tecnología para prevenirlo.

Mientras tanto podemos avistar la venida de los huracanes por medio de nuestros satélites meteorológicos; estamos desarrollando métodos para predecir terremotos y erupciones volcánicas; y, en general, estamos intentando evitar que nos sorprendan los desastres. Esto, en sí mismo, debe mejorar las cosas.

En conclusión, a aquellos que dicen que estamos ante el fin de los tiempos o que hay que ponerse a rezar en vez de a estudiar sobre tectónica de placas, el señor Isaac Asimov y yo les tenemos un mensaje.

jueves, marzo 11, 2010

Ay el anumerismo

Releyendo los comentarios en las bostas Probabilidad y chones, El disparate de la memoria de las monedas, ¿Qué tan anuméricos andamos?, Calcular la probabilidad de ganar el primer premio del melate y Pseudomatemáticas de oficina tengo la impresión de que algunos anónimos que han llegado a corregirme la plana hacen matemáticas como Hobbes.

martes, marzo 09, 2010

Sonora

El otro día estaba yo mirando libros en la librería del palacio de Bellas Artes y me encontré con Sonora de Kurt Hollander.


Kurt Hollander es entre otras cosas un escritor de crónicas de viajes y este libro contiene sus impresiones sobre el mercado Sonora que es uno de los lugares más magufos de la ciudad de México. En comparación, lugares como el changarro del Brujo Mayor en Santa María La Ribera y el pasaje esotérico de Plaza Galerías son unos changarros piteros y sin chiste.

A continuación algo del material gráfico del libro (mis comentarios al pie de cada foto).

La mujer que quiera asegurarse la exclusividad de los quereres de su amante, le lava los tompiates, antes y después de coger con agua donde se diluyeron previamente estos polvos, y al pobre hombre no se le va a parar el pito con ninguna otra mujer.

Los efectos de este polvo como pueden ver consisten en que el amante se pone a lamer los tacones de su mujer. Ideal para fetichistas.

Para que vean que el sincretismo del mercado Sonora abarca hasta a Edvard Munch.

Este menjunge es muy bueno para evitar malidicencias pero no faltas de ortografía.

Como que me están dando ganas de encargar 15 costales para esparcir El Odiosismo.

Por que los jorobados son imbatibles a la hora de humillar.

Este aromatizante seguro es tan efectivo como Felipe Calderón el autoproclamado presidente del empleo.

Tenga ud mucho cuidado de no mezclarlo con el aceite entra pa' dentro.

Este libro es genial como catálogo de creencias jocosas. También es muy recomendable como guía de compra de material engañabobos cuando visiten el mercado Sonora.

miércoles, marzo 03, 2010

Probabilidad y chones

Hace años, cuando recién había aprendido algo de probabilidad fui a un guateque donde una guapísima, a la que por alguna feliz deformación en su percepción no le resultaba yo del todo aborrecible, me preguntó:

- ¿De qué signo eres?

En lugar de responder "no te voy a decir mi signo porque esa información nomás va a servir para que hagas generalizaciones tarugas que no revelan ni una chingada de la personalidad y en cambio, esto que te estoy diciendo, añadido a que considero a los que creen en la astrología a un tris de la imbecilidad, te dice más sobre mí que cualquier interpretación astral" que es lo que ahora suelo responder a esa pregunta, dije:

- Acuario.

Eso fue debido a que en ese momento estaba yo más dispuesto a bajar chones que a esparcir el odiosismo escepticismo.

- Yo también - dijo muy contenta la guapísima. - ¿Qué día naciste?

- 7 de Febrero - dije.

- ¡Qué maravilla! ¡Yo también! Esto es una coincidencia asombrosa... ¿cuáles son las probabilidades de que dos personas tengan el mismo cumpleaños? ¿No se te hace esto una conexión cósmica?

Conté a los que estábamos en el guateque, éramos más de 23.

- No, porque la probabilidad es de más de 50% - dije.

- ¿Eh? -dijo.

Entonces expliqué:

"Si una persona está sola, la probabilidad de que no comparta años con nadie es de 366/366, contando el 29 de Febrero, es decir, una certeza, y la probabilidad de que cumpla años con alguien más es 0, pues no hay nadie más, o 1 - (366/366). Si llega otra persona la probabilidad de que comparta cumpleaños con la primera es

1 - (366/366 * 365/366)

Si llega una tercera entonces la probabilidad de que 2 cumplan años en la misma fecha es

1 - (366/366 * 365/366 * 364/366)

Si llega una cuarta persona la probabilidad de que 2 coincidan en su cumpleaños es:

1 - (366/366 * 365/366 * 364/366 * 363/366)

Generalizando, entonces:


Si haces las cuentas verás que con 23 personas obtienes una probabilidad aproximada de 50% de que al menos 2 compartan cumpleaños. Para estar segura de que en una reunión hay 2 cuyos cumpleaños coincidan necesitas 367 personas.

Aquí habemos 50 personas, por lo tanto el que haya dos que tienen el mismo cumpleaños es más probable que atinarle a un volado, lo que no tiene nada de asombroso ni de especial."

Esa noche los únicos chones que bajé fueron los míos cuando me encueré para dormir solo, snif. Si en ese entonces hubiera sabido lo que sé ahora, habría añadido a mi perotata:

"Pero si consideras que a partir de 50 personas se pueden obtener 50*49/2 es decir 1225 combinaciones de parejas distintas y que tú y yo compartimos además del cumpleaños, una cierta curiosidad por ver al otro en pelotas, entonces sí, se me hace una coincidencia que nos conviene examinar."

Eso, por supuesto, no era garantía de bajada de chones ajenos, pero si hubiera dicho eso no me sentiría un completo idiota cada vez que me acuerdo de la bateada que me dieron.

Corolario: Si se modifica 366 por 12 en la fórmula de arriba se obtiene la probabilidad de que dos personas compartan signo zodiacal. En ese caso sólo se necesitan 13 para tener la certeza y 5 para tener una probabilidad del 61%. En otras palabras, es una burrada considerar que eso es improbable o asombroso.