martes, agosto 31, 2010

Detectores moleculares que sí funcionan y el GT200 (1 de 2)

Vamos a comenzar esta serie de bostas sobre detectores moleculares con la siguiente imagen ficticia.

El Instituto Federal Electoral (IFE) un buen día anuncia a medios de comunicación que ya no va a organizar comicios para registrar las preferencias electorales de la ciudadanía y otorgar así cargos públicos a los que aspiren a ellos. La razón de esto no es porque el IFE vaya a dejar el negocio del conteo de votos, sino porque dice que ha adquirido, de una compañía extranjera, unos aparatitos, caros y maravillosos, cuyas ondas electromagufas penetran en las cabezas duras de los mexicanos y adquieren, de primera mano y de manera inocua, el nombre del partido por el que quieren votar. Este aparato telepáticoelectoral se instalará en todas las esquinas del pais y el IFE se encargará de contar las preferencias electorales que el aparato vaya registrando. El IFE, en su anuncio, asegura que el conteo será infalible, que se ahorrarán millones en papeletas, crayones, tinta indeleble y en entripados alegando fraude y no da más explicaciones sobre el funcionamiento del aparato. "No sea que los enemigos de la democracia lo vayan a hackear" dicen.

Ahora imaginen, que días después del anuncio, nadie más que unos pocos blogueros y algún divulgador de la ciencia han expresado "esto que dice el IFE es una insensatez pues los principios científicos para que funcione tal aparato NO EXISTEN". Antes bien, los principales medios de comunicación o no dicen nada, o bien dicen "esto que hace el IFE es un paso más hacia la democracia..." y etcétera.

¿Está en su cabeza esta escena ridícula?

Hagamos los siguientes cambios: donde dice "IFE" pongan "Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA)", donde dice aparato "telepáticoelectoral" pongan "detector molecular remoto que distingue hasta centenares de metros las diferencias en el contenido de una bolsa de orégano y una bolsa de mota". En vez de llevar al país con mano firme rumbo a la mentada democracia el detector molecular lo que hace es "dar golpes duros contra la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico".

¿Ya hicieron los cambios en su escenario? Bien, lo que tienen en la cabeza no es una ficción como con la que empezamos esta bosta, sino el lamentable estado actual de la estrategia del gobierno mexicano, en instancias locales, estatales y federales, en su lucha contra el narcotráfico.

Sí, leyeron bien. Es el lamentable estado actual de la estragia del gobierno en su lucha contra el narcotráfico.

Los avezados lectores de este blog que también lean a Andrés Tonini ya les habrá parecido familiar este escenario y sabrán de qué va el asunto del GT200 aka ouija del diablo -y tan efectiva como una- y demás caterva de detectores moleculares fraudulentos con los que el gobierno mexicano dota a efectivos policiacos y del ejército para buscar armas, drogas y hasta excandidatos presidenciales secuestrados, a pesar de advertencias de otros gobiernos que ya han visto que tales detectores moleculares no funcionan.

También sabrán que ninguno de los proponentes del GT200 o similares, fabricantes, policías o militares, han demostrado su efectividad detectando armas o drogas bajo condiciones rigurosas de pruebas, como un protocolo de doble ciego. En vez de eso, los fans del GT200 cacarean con entusiasmo rebuznante las ocasiones en que una detección coincide con un hallazgo de armas o drogas y omiten decir sobre los falsos positivos que sus detectores moleculares registran.

Ahora bien, quizá haya algún crédulo de la infalibilidad castrense que quiera revirar: "¿pinche escéptico fracasado tú que vas a saber sobre cómo funciona un detector molecular?"

Bueno, resulta que sé cómo debería funcionar un detector molecular y el GT200 que usa la SEDENA y compañía no funciona así.

Esos principios científicos de los detectores moleculares que SÍ funcionan los veremos en la siguiente bosta.

jueves, agosto 26, 2010

La decena trágica

De los episodios nacionales que maś me gusta leer son los de la Revolución Mexicana.

En el tema de esta semana de Recolectivo hubo chance de meter mi cuchara sobre la Decena Trágica.

Click en la imagen para leer.


martes, agosto 17, 2010

Impiedad

Constantemente nos enorgullecemos de la utilidad del dogma de la otra vida; se pretende que, aunque sea una ficción, sería ventajosa porque se impondría a los hombres y los conduciría a la virtud. A esto yo pregunto si es verdad que ese dogma hace a los hombres más prudentes y más virtuosos. Por el contrario, me atrevo a afirmar que no sirve más que para volverles locos, hipócritas, malvados, atrabiliarios, y que se encuentran más virtudes, mejores costumbres en los pueblos que no tienen ninguna de estas ideas que en aquéllos en que constituyen la base de las religiones. Si los que están encargados de enseñar y de gobernar a los hombres tuviesen luces y virtudes, los gobernarían mucho mejor con realidades que con quimeras; pero bribones, ambiciosos, corrompidos, los legisladores han encontrado más fácil adormecer a las naciones mediante fábulas que enseñándoles verdades... que desarrollarles su razón, que impulsarles a la virtud por motivos sensibles y reales... que gobernarles, en fin, de una forma razonable.
¿Suena contemporáneo? No lo es. Estas palabras (excepto por el énfasis, que es mío) fueron escritas hace más de 200 años por una persona que consideraba que la impiedad era una cualidad y una virtud.

Que es una idea que yo también comparto.

Si saben de quién son esas líneas los aplaudo por tener fresca una lectura notable. Si no saben, compongan ya esa situación.

miércoles, agosto 11, 2010

Impacto de asteroide (3 de 3 y que podría llevar como subtítulo "Estudia astronomía. Salva al mundo.")

Bien, en la bosta previa preguntábamos

¿Cómo se le hace para evitar que un asteroide nos choque?

Respuesta corta: no como en Armageddon.

Ahora va la respuesta larga.

La película va así: un asteroide de kilómetros de diámetro se dirige derechito a la Tierra. Un grupo de astronautas-militares-petroleros se sube a un cohete, se enfrentan a la roca, le echan una pieza selecta de arsenal nuclear y la vuelan en pedazos. Felicidad y luces de pirotecnia en el cielo antes de que pasen los créditos.

Suena bien... para una película de guión pitero. En la realidad eso no funcionaría. Estallar una bomba nuclear en un asteroide, si es de hierro, va a tener el siguiente efecto: calentarlo tantito.

Incluso si el asteroide es de piedra, una bomba nuclear podría no hacerle gran daño. Muchos asteroides tiene una densidad notablemente baja. Un guijarro del suelo tiene aproximadamente una densidad de 2 o 3 gramos por centímetro cúbico. Hay asteroides que tienen mucho menos que eso. Uno, llamado 253 Mathilde, que orbita el Sol, entre Marte y Júpiter tiene 1.3 gramos por centímetro cúbico. Ha de tener una textura parecida a la de unicel.

¿Cómo es que llegan a ser tan porosos? Muchos asteroides chocan entre ellos. Y si no lo hacen con la suficiente fuerza, en vez de volar en pedazos, la propia gravedad del asteroide mantiene todas sus piezas juntas. Son, en esencia, cascajo flotante.

¿Qué pasaría si se le echa una bomba a un asteroide de esas características?

Lo mismo que pasaría si uno le da un martillazo a un bulto de arena: el bulto absorbe el madrazo. Si un asteroide de esos viene en camino, podríamos lanzarle todo el arsenal que tenemos y no conseguir nada.

Además de estos problemas, está el detalle de que explotar bombas nucleares para modificar la trayectoria de un asteroide no es precisamente sútil (y además es ilegal, hay un tratado de 1963 que dice que está prohibido detonar armas nucleares en el espacio -aunque uno pensaría que ante la alternativa de una aniquilación de la especie podríamos dejar a un lado esos afanes fundambientalistas-).

Una alternativa a echar bombas nucleares sería bombardearlo con impactores. Ya hemos hecho eso. En julio 4 del 2005 la sonda Deep Impact chocó contra el cometa Tempel 1 creando un flashazo detectado por centenares de instrumentos científicos en todo el mundo. El impactor era de 400 kilos de cobre y se dirigió al cometa a más de 9 kms/s. La explosión resultante fue como detonar 5 toneladas de TNT.

Sin embargo, eso fue en un cometa de 5 a 8 kms de diámetro. De tener que hacerlo en un asteroide de menor tamaño quién sabe si le hubiéramos atinado. Aunque como primer intento fue exitoso y mucho se aprendió de eso.

Es importante señalar que el impactor en un escenario de asteroide-chocando-contra-la-Tierra también tiene desventajas similares a las de la bomba nuclear. Si es una pila de cascajo la que nos cae encima, el impactor sólo será absorbido. Y si no controlamos bien el impacto, bien podríamos lanzar el asteroide a otro impacto contra la Tierra en una órbita futura.

Es necesario aprender a manejar piedras del tamaño de montañas.

Hay un organismo llamado la Fundación B612 que es un lugar donde científicos, ingenieros y astronautas se sientan a discutir cómo salvar al mundo de impactos futuros. Su página web tiene unas ideas que parecen de ciencia ficción, pero que son plausibles.

Una de esas ideas es la siguiente: ¿y qué tal si nuestra mejor opción es lanzar un cohete que no le atine para nada al asteroide?

Veamos esa idea más de cerca.

Los asteroides, aunque pequeños tienen masa. Y los objetos con masa, como bien decía Newton, tienen gravedad. El cohete que lancemos también tiene masa y por lo tanto gravedad. Entonces la solución sería así: un cohete se pone en órbita cerca del asteroide. La gravedad del asteroide jala al cohete y la gravedad del cohete jala al asteroide. Si en esas condiciones, prendemos el cohete con mucho, mucho, mucho cuidado para contrarrestar su caída hacia el asteroide obtenemos un jalón gravitacional. Con el tiempo suficiente, el jalón gravitacional podría modificar la órbita del asteroide a una más segura.

Incluso se podría intentar una solución híbrida: la del impactor cinético y la del jalón gravitacional. El primer golpe sería para mover el asteroide a una zona segura, y el jalón gravitacional para afinar su trayectoria para que no nos vaya a sorprender órbitas más tarde.

Lo único malo es que a pesar de lo prometedoras que suenan estas tecnologías, aún no las podemos implementar. Estamos cerca, probablemente estamos a años del jalón gravitacional en lugar de a décadas.

Y aquí es donde entras tú, adolescente turulato que no sabe qué estudiar ¿Alguna vez soñaste con tener superpoderes y salvar a la Tierra? Bueno, tirarte de cabeza a un bote de desechos tóxicos no va a ayudar. Pero sí estudias matemáticas y astronomía bien podrías ser quien resuelva uno de los chingomil intríngulis para mover asteroides o para calcular la trayectoria de uno con las suficientes órbitas de antelación para hacer algo al respecto.

Si piensas "¡bleh! eso no va a pasar nunca", sugiero que eches un vistazo al paper donde se calcula una probabilidad de 1/1000 de que el asteroide (101955) 1999 RQ36 choqué contra la Tierra en la segunda mitad del siglo XXI. Y además ten cuenta lo siguiente.

El chance de que nos pegue una piedra cualquiera son del 100%. Y dado el suficiente tiempo, si no hacemos nada al respecto, va a haber impactos. Y uno de ellos va a ser GRANDE... si no hacemos nada al respecto. Lo interesante es que podemos hacer algo.

Estudia astronomía. Salva al mundo.

pd. De nuevo, la fuente de estas bostas meteóricas fue Death From the Skies! del señor Phil Plait. Léanlo. Aprenderán de otras ocho maneras que tiene el Universo para matarnos.

martes, agosto 10, 2010

Impacto de asteroide (2 de 3)

En la bosta previa nos quedamos en la siguiente pregunta:

¿Qué pasaría si impactara la Tierra un asteroide de 500 metros de díametro?

Bueno, eso depende de lo que esté hecho. Antes veamos que pasa con piedras más pequeñas.

Sucede que el espacio no está tan vacío; en un día la Tierra recibe de 20 a 40 toneladas de meteoros. Sí, en un día.

Aunque suene mucho, eso en realidad es una cantidad pitera comparada con la masa total de la Tierra.

Casi todo ese material es detritus, pedacitos de piedra que se queman en nuestra atmósfera. Lo que la mayoría llama "estrellas fugaces", meteoros en realidad, o más precisamente, meteoroides, no son más grandes que una uva.

¿Cómo es que algo tan pequeño brilla tanto en el cielo nocturno? Para responder eso tienes que saber dos cosas. Primero, el aire comprimido se calienta (cualquiera que haya usado una bomba de aire para inflar un balón o una llanta de bicicleta lo sabe). Mientras más se comprima el gas, más se calienta. Segundo, la velocidad de un meteoroide puede ser enorme. Entre 15 y 30 kms por segundo. Algunos viajan a 95 kms por segundo.

Cuando algo así de rápido entra a la atmósfera terrestre comprime mucho el aire. El aire se comprime tan rápido y a tanta presión que se calienta en miles de grados y empieza a brillar.

El meteoroide viajando a algunos centímetros detrás de ese aire comprimido no es inmune al calor. No dura mucho en esas condiciones y termina consumiéndose. Añadiendo su masa a la de la Tierra.

Eso pasa a 80 kms de altura. Donde el aire no es tan denso, pero sí lo suificiente para comprimirse y calentarse como ya lo platicamos y detener meteoroides pequeños.

¿Pero qué pasa si el meteoroide es del tamaño de un sofá o un carro o de un autobús?

Explota.

¿Cómo que explota? preguntarán uds. Pues sí, explota.

La física es la misma, nomás que aplicada en mayor superficie. El aire comprimido por la velocidad del meteoroide, también ejerce una presión enorme sobre su superficie. La piedra sólo puede aguantar esa presión unos instantes antes de desmoronarse. En pocos segundos, en lugar de una piedrota, tenemos muchas piedritas, centenares o miles, todas moviéndose a varios kilómetros por segundo y todas transfiriendo su energía al aire que las rodea, que a su vez se comprime y se calienta. En instantes, hay un montón de piedras liberando su energía de una patada.

Eso es una explosión.

Así que los meteoroides de tamaño regular explotan. De nuevo, esto pasa bastante arriba de nuestras cabezas. Dependiendo de lo que esté hecho el meteoroide (hay unos de metal) puede penetrar profundamente en nuestra atmósfera, pero aún así explotan a gran altura. La energía que liberan es impresionante, una piedra de un metro de diámetro libera el equivalente a centenares de toneladas de TNT. De acuerdo a registros mlitares, estas explosiones ocurren en promedio una vez al mes.

La mayoría de las veces estamos a salvo de meteoroides de ese tamaño. Pero si no viajan tan rápido, la fractura inicial puede frenarlos lo suficiente para que los pedazos más duros no se continúen desintegrando y lleguen hasta el suelo. Si hacen eso, los meteoroides se graduan a meteoritos.

Esos pedazos llegan al suelo a velocidades terminales. De uno o dos centenares de kilómetros por hora. Como si los tiraras de un edificio alto. Mientras no te caiga en la cabeza, está bien. En 1954 le cayó a una mujer uno de estos en su casa, mientras dormía. La dejó toda morada pero sobrevivió.

En 1992 un meteoroide del tamaño de un autobús, entró a la atmósfera y viajó rumbo al noreste sobre Estados Unidos y fue visto por miles de personas. El meteoroide se fracturó y dejó regados pedazos por todos lados. Uno de ellos, del tamaño de un balṕn cayó en un coche.

Pero la superficie de la Tierra es grande y estas piedras cayendo del cielo son pequeñas. El chance de que te descalabre una es pequeño.

Pero no todas las piedras que caen del cielo son pequeñas.

En junio 30 de 1908, la Tierra y una roca, relativamente blanda, de 60 y tantos metros de diámetro se encontraron.

La piedra entró a la atmósfera sobre Rusia y viajó hacia el noroeste. En Siberia, en una región remota cerca del río Tunguska, la presión creciente del aire desbarató la roca y luego a cada pedazo, haciendo que se liberara una enorme cantidad de energía. El objeto explotó liberando entre 3 y 20 megatones. Unas centenas de veces más energía que la liberada por la bomba de Hiroshima, aventada 37 años después.

La explosión fue vista por centenares de testigos y se registró en sismómetros. Tumbó a gente al suelo a centenares de kilómetros de distancia.

A pesar de lo notable del evento, pasaron años antes de que alguien fuera a ver qué había pasado. La región es muy difícil de alcanzar. En verano es un pantano y en invierno es impenetrable. Lo que vieron los primeros que llegaron era asombroso.

A medida que se acercaban al área de la explosión, la expedición se encontró árboles tirados en el suelo, como palillos de dientes en centenares de kilómetros cuadrados. Los árboles estaban tumbados en patrones paralelos. Siguiendo ese rastro, llegaron a un punto donde los árboles, caídos, apuntaban radialmente a los árboles de la zona cero, aún de pie, sin ramas ni hojas.

Hasta la fecha no se ha encontrado un cráter, ni algún rastro definitivo de la piedra. Explotó muchos kilómetros sobre el suelo y se evaporó por completo. Los árboles justo debajo de la explosión se mantuvieron de pie porque la onda de choque pasó entre ellos, los demás árboles soportaron la onda de choque más perpendicularmente y cayeron. En pruebas de explosiones nucleares sobre el suelo ese mismo patrón se ha detectado.

Aunque pasó en un lugar remoto, la explosión mató a algunas personas. Si hubiera pasado en Moscú o Londres millones hubieran muerto. En Tunguska la explosión no afectó más que a un área local y remota.

Pero de nuevo, no todos los impactores son de unas pocas decenas de metros de diámetro. Y no todos los impactos afectan sólo a un área local.

En la bosta previa, Ribozyme pegó un link a un video que seguro ya varios han visto. Llega una piedra de 500 kms de diámetro, cae en el océano y el planeta se incendia.

Bueno, en realidad la piedra no tiene que ser tan grande. La que cayó en Yucatán en un muy mal día para los dinosaurios (que fue la culminación de un par de millones de años de malos días) era lo suficientemente grande, con sus 9 kms de diámetro para hacer lo que se muestra en el video.

Imaginen: una piedra del tamaño de monte Everest cayendo a 16 kms por segundo. Cuando la piedra estuviera haciendo contacto con el suelo, su otro extremo iba a estar fuera de las partes más densas de la atmósfera. De ese tamaño ya no se les llama meteoroides.

La energía que se liberó es difícil de calcular, pero está en el orden de centenares de millones de megatones. Un millón de veces más poderosa que todo el arsenal nuclear actual. Todo eso concentrado en un solo punto.

Antes del impacto, el aire comprimido por el asteroide creó una onda de choque, supercalentando la atmósfera a kilómetros a la redonda. Todo lo que estuviera debajo del asteroide, quedó achicharrado antes del impacto.

El asteroide no se frenó ni perdió masa hasta que tocó el suelo. En ese tiempo la península de Yucatán estaba bajo el agua, así que una buena parte del Golfo de México se conviritó en vapor. En el agua poco profunda el asteroide debe haber llegado con toda su fuerza hasta la placa continental.

El escenario infernal se convirtió en apocalíptico cuando ocurrieron los siguientes eventos a la vez. La corteza terrestre en el punto del impacto se fundió y el impacto la mandó, junto con agua de mar vaporizada en una columna que se debe haber elevado kilómetros de altura, tan brillante y caliente como el Sol. El impacto además generó una onda de choque sísmica que debe haber sepultado todo en un radio de centenares de kilómetros a la redonda.

Detrás de la onda sísmica iba una onda de choque. Una bomba sónica ha de haber dejado sordo a cualquier ser vivo en miles de kilómetros.

Lo que estuviera cerca del Golfo de México, poco después, enfrentó un tsunami de centenares de metros de altura, viajando a casi mil kilómetros por hora, provocado por el desplazamiento de inmensos volúmenes de agua, tanto por evaporación como por la onda de choque.

Una ola llevando miles de millones de toneladas de agua llegó a la costa de Texas y marchó por kilómetros tierra adentro, devastando todo a su paso.

Mientras esto pasaba, la roca fundida de la corteza que el impacto mándó fuera de la atmósfera en trayectorias balísticas comenzó a caer al suelo. Este material, caliente y ardiendo replicó en una escala mucho menor, el evento original, nomás que por todo el planeta.

El planeta completo se incendió (lo que es consistente con la evidencia geológica; arriba de la capa de iridio que dejó el asteroide hay una de ceniza, en varias áreas del planeta).

Para acabarla de chingar, el asteroide chocó con la Tierra en un punto rico en nitratos que al reentrar en la atmósfera, crearon ácido nítrico que debió llover por todo el planeta, en cantidades suficientes para destruir la capa de ozono miles de veces, lo que desbarató la cadena alimenticia en tierra y mar a niveles fundamentales y provocando la extinción del 75% de toda la vida en la Tierra (que con el tiempo se repobló).

Adicionalmente, en
esta lista de cráteres que lleva la universidad de New Brunswick hay varios que tienen la misma edad que el crater yucateco (aunque no el mismo tamaño) lo que sugiere que además de éste, varios otros pudieron haber impactado la Tierra por las mismas fechas, añadiendo su cuota de ruina y destrucción a la extinción de finales del cretácico.

Bueno, con esto que ya sabemos, podemos hacernos una idea de lo que pasaría si una piedra de 500 mts, un poco más del 5% del asteoroide que aterrizó en Yucatán, choca contra la Tierra, Primero, la atmósfera haría lo suyo. Dependiendo de la blandura de la piedra y de la velocidad a la que viaje quizá una buena parte de ella se fracture y se vaporice. Quizá podríamos tener varios Tunguskas en lugar de uno.

Por otra parte una porción pudiera llegar al suelo. Hace unos 50,000 años un asteroide de hierro, de unos 50 metros de diámetro llegó al suelo a 12 kilómetros por segundo. El agujero que dejó se puede ver hasta la fecha en Arizona y tiene un diámetro de 1200 metros Se cree que la mitad de la masa del impactor se vaporizó antes de alcanzar el suelo.

Para una perspectiva más clara de lo que pasaría recomiendo revisar la lista de cráteres de la universidad de Brunswick (
ordenada por edad del impacto) y leer información sobre los más recientes.

Ahora, para cerrar esta serie de bostas meteóricas: ¿cómo se le hace para evitar que un asteroide nos choque?

La respuesta en la siguiente bosta.

Fuente: Death from the Skies! de Phil Plait

miércoles, agosto 04, 2010

Impacto de asteroide (1 de 3)

Hace unos días ví esta nota en El Universal:

Click en la imagen para leer la nota

Que a su vez es un refrito de un nota publicada por El Mundo.

Lo preocupante que hallo de la noticia (
acá el paper) no es la probabilidad de 1/1000 de que una piedra de 500 metros de diámetro choque contra la Tierra en la segunda mitad del s XXII, ni las complejidades por resolver para calcular más precisamente la órbita de un asteroide de 500 mts debido al efecto Yarkovsky (una característica que un ruso muy listo halló que tenían las piedras dando vueltas por el espacio y que pueden afectar sus órbitas debido a intríngulis térmicos).

Lo que sí es para espantarse es la calidad de los comentarios. Si ese tipo de valemadrismo ocupa las mentes de la mayoría de los individuos de las siguientes generaciones, quizá estemos tan jodidos como los dinosaurios.

Se me ha ocurrido entonces, dedicar las siguientes bostas a escribir de lo que va un impacto de asteroide, no para espantarlos, sino para que vean que ni Armageddon ni Bruce Willis tienen las respuestas a estos dilemas.

Imagina el siguiente escenario. Suena tu despertador y te levantas de la cama medio apendejado de sueño. En el camino te das cuenta que el ruido matutino de los centenares de pájaros del enorme árbol que está afuera de tu casa, barullo que te anuncia que ya amaneció, ha sido reemplazado por puro silencio.

Piensas "buh, talaron el árbol" mientras te asomas por una ventana para verificar. Pero el árbol sigue ahí y notas la segunda cosa rara del día. El árbol proyecta dos sombras dos, en el suelo. Una de ellas se mueve muy rápido.

Miras al cielo para ver qué puede estar provocando ese fenómeno tan extraño. Un disco casi tan brillante como el sol está cruzando el cielo más rápido que un avión.

El disco desciende sobre el horizonte y de pronto hay un flashazo mudo. Tan intenso que te lloran los ojos y apartas la mirada. Cuando miras de nuevo, el disco brillante ya no está. En su lugar hay un gran resplandor surgiendo del horizonte. Es notable el calor que sientes. La copa del árbol de afuera empieza a humear.

Piensas que quizá estés en problemas y mientras reflexionas qué hacer un súbito e intenso terremoto te arroja al suelo. Pasa rápido. Mientras te levantas, confundido y temeroso, notas más calor que entra por las ventanas rotas de tu casa. Piensas que lo peor ya pasó, mientras una onda de choque viajando a más de 1000 km/h va directo a tí.

Demasiado tarde, ves el frente de la onda de choque dirigiéndose a tí como un tsunami de más de 15 kms de altura. La onda pulveriza tu casa contigo adentro.

Todo lo que esté debajo de la onda de choque queda como si le hubieran pasado una aplanadora. Los árboles que estaban incendiándose un momento antes quedan hechos astillas. El anillo en expansión de presión de decenas de kilómetros de díametro, se extiende más allá de donde estaba tu casa, consumiendo edificios, árboles, coches y personas.

Antes de desvanecerse, la onda de choque le da la vuelta a la Tierra. Dos veces. Sismógrafos en todo el planeta registran el evento, pero no hay quien interprete los datos. La gente que queda está muy ocupada sobreviviendo.
Este escenario hipotético, con el que Phil Plait abre el primer capítulo de su libro Death From the Skies! (libro de consulta en este blog cuando se trata de dilucidar ruina, muerte y destrucción proveniente de los cielos), dedicado a impactos de asteroides y cometas, es lo que pasaría si cae una piedra del tamaño de la que se asocia con la extinción de los dinosaurios, que no tenían un programa espacial que monitoreara asteroides ni cometas.

Ahora bien ¿qué pasaría si impacta la Tierra un asteroide como el de la nota, que nomás tiene 500 metros de díametro no 9 kms?

La respuesta a esa pregunta la veremos en la próxima bosta.

pd. No se me escapa el hecho de que todos los astrólogos del mundo no fueron capaces de adivinar esto. Quizá sea porque sus predicciones nomás las pueden hacer con un año de adelanto y son sólo para vender calendarios y libros engañabobos.