lunes, marzo 21, 2011

Vida inteligente extraterrestre

Cuando me hacen una pregunta que involucra el título de esta bosta yo suelo pensar en los extraterrestres de Hawking y Niven, pasando por los de Plait y Sagan.

Hace varios meses, ya lo saben, (y si no lo saben, recomiendo que salgan más a menudo de abajo de la piedra en la que viven) el señor Stephen Hawking, en un documental, dijo al respecto de la vida inteligente extraterrestre:

"Sólo tenemos que mirarnos a nosotros para darnos cuenta de cómo es que la vida inteligente puede desarrollarse en algo con lo que no quisiéramos toparnos. Imagino que podrían existir en naves masivas, habiendo usado todos los recursos de su planeta nativo. Alienígenas avanzados vueltos nómadas, buscando conquistar y colonizar los planetas que tengan a su alcance."
Más adelante en el documental Hawking abunda:
"Si llegaran alienígenas a visitarnos creo que los resultados se parecerían mucho a cuando Cristóbal Colón llegó a América, evento nada afortunado para los nativos americanos."
Esas declaraciones me recordaron el escenario que describe Phil Plait en el capítulo Alien Attack! de su libro Death from the Skies! donde aborda el menú que tiene el Universo para matarnos. El escenario va así, más o menos:
Una nave, después de semanas de examinar la estrella brillante que tiene ante sí, tiene todos los datos que necesita para tomar una decisión.

La estrella está rodeada de varios planetas gigantes gaseosos. Cada uno de ellos con lunas heladas orbitándolos, en donde es posible que haya agua. La estrella también tiene algunos planetas rocosos. En el tercero de ellos hay señales inequívocas de una atmósfera de origen biológico. Si la nave hubiera estado equipada con emociones habría echado bips de alegría. En vez de eso, desacelera durante meses para aproximarse al sistema solar hasta su objetivo: un asteroide metálico de más de un kilómetro de diámetro.

La nave deja un paquete en el asteroide y se aleja para continuar su búsqueda en las estrellas vecinas.

Del paquete emerge una araña diminuta, luego otra y otra... Al cabo, una docena de esos robots minúsculos se mueven por la superficie del asteroide y se pone a trabajar. Al cabo de una treintena de rotaciones del asteroide han terminado la primera fase de su trabajo.

Como un hongo liberando esporas, el asteroide hace erupción en miles de pequeñas explosiones. Cada una de ellas sirve para lanzar una esfera de metal de un metro de diámetro. Algunas están dirigidas a otros asteroides, otras a Marte. Y otras a la Tierra. Dentro de ellas van centenares de robots arácnidos, con una programación sofisticada pero con un propósito simple: convertir cualquier materia prima en más arañas; cuando haya suficientes, hacer más naves que serán lanzadas al espacio buscando otros sistemas solares, y repetir el ciclo.

La Tierra fue arrasada en días. Las primeras arañas aterrizaron en Australia y consumieron todo lo que estaba a su alcance. Piedra, metal, gas, agua, plantas y carne. Los humanos no tuvieron nunca oportunidad. Aunque la intensa luz de los motores de la nave interestelar habían sido detectados con meses de anticipación, no hubo tiempo para que alguno de los gobiernos de la Tierra reaccionara. Después de dos semanas, en la Tierra ya no había ningún ser vivo. La superficie había sido convertida en fábricas. Después de un año las primeras naves interestelares eran lanzadas de la superficie de la Tierra.

El sueño de la humanidad de alcanzar las estrellas por fin se había realizado. Sólo que no en la forma que la había imaginado.
Antes de que salgan corriendo a esconderse a las faldas de Jaime Maussan pensando que él tiene experiencia en trato con extraterrestres, consideren los siguientes fragmentos del capítulo Enciclopedia Galáctica de Cosmos (el libro). Al aplicar estimaciones optimistas en los factores de la ecuación de Drake, Sagan escribe:
Si hay millones de civilizaciones distribuidas de modo más o menos casual a través de la Galaxia, la distancia a la más próxima es de unos doscientos años luz. Incluso a la velocidad de la luz un mensaje de radio tardaría dos siglos en llegar desde allí. Si la humanidad hubiera iniciado el diálogo es como si Kepler hubiese preguntado algo y la generación actual estuviera recibiendo la respuesta.
Después de ponderar la lección histórica de encuentros entre civilizaciones aquí en la Tierra (Cortés y los aztecas es de los ejemplos clásicos de encuentros funestos entre civilizaciones, pero también los hay de otro tipo, como el caso de Fitzroy, el capitán del Beagle, y los habitantes de Tierra del Fuego), Sagan dice:
Mi colega William Newman y yo hemos calculado que si hubiese emergido hace un millón de años una civilización de viajeros espaciales con un ritmo de crecimiento lento de la población a doscientos años luz de distancia y se hubiese extendido hacia el exterior colonizando en su camino los mundos adecuados, hasta ahora no estarían entrando sus naves de exploración en el sistema solar. Si la civilización más próxima es más joven de lo indicado, todavía no nos habrían alcanzado. Una esfera de doscientos años luz, contiene 200,000 soles y quizás un número del mismo orden de mundos de posible colonización. Nuestro sistema solar sería descubierto accidentalmente...
Bueno, sabemos que el espacio es grande. Ese es el principal impedimento que tiene que resolver cualquier civilización por avanzada que sea para llegar hasta nosotros (eso suponiendo que sabe a dónde llegar). Como lo propone el propio Sagan en su novela Contacto, para encontrar vecinos del Cosmos es más efectivo usar como embajadores, señales de radio en vez de naves. Lo malo es que en el caso de la humanidad esos embajadores son telenovelas y anuncios para bajar de peso usando imanes. Si un radioastrónomo extraterrestre se encuentra con ese contenido quizá piense que acaba de descubrir a la civilización más mensota del universo.

Regresando a lo que dicen Hawking y Plait sobre los peligros de que nos halle una civilización alienígena temo que se quedaron cortos. La hostilidad no es lo único de lo que hay que preocuparse en un encuentro entre civilizaciones: también está el recelo.

Para ilustrar mi punto usaré una novela de Niven pero antes va una aclaración obvia: en estos temas sobre vida inteligente extraterrestre a falta de evidencias uno no puede hacer otra cosa más que especular. Hay quienes alegan visitas de naves extraterrestres a nuestro planeta, pero lo cierto es que lo que presentan por evidencia es pitero y sólo sirve para comprobar la existencia de gente crédula.

Y en el terreno de la especulación sobre vida extraterrestre, ante falta de más evidencia, me parece tan bueno Niven como Hawking.

¿Quién es ese Niven?

Si uno no está rodeado por analfabetas de ciencia ficción dura y dice Larry Niven, quizá a los interlocutores les pase por la cabeza una serie de imágenes: un mundo anillo, titerotes, kzinti, protectores de Pak, una flota de mundos, un humano bicentenario y un montón de cosas más que ocurren en un universo que se llama el Espacio Conocido.

Pero no es de ese universo del que vamos a platicar ahora sino de otro, llamado el Universo del Condominio de Jerry Pournelle.

La escena me la imagino así, un día estaban Larry Niven y Jerry Pournelle rascándose cada uno por su lado el ombligo cuando se les antojo escribir juntos una historia sobre cómo sería un primer encuentro entre la humanidad y una civilización alienígena. Después de echarse un volado eligieron el Universo del Condominio de Pournelle, en el que no hay extraterrestres, como escenario para su historia, La Paja en el Ojo de Dios.

La historia comienza cuando una de las naves del Segundo Imperio de la Humanidad, la INSS MacArthur, después de sofocar una revuelta independentista en Nueva Chicago y yendo en misión de custodia de un par de pasajeros notables, recibe un comunicado del Almirantazgo: ir al encuentro de la primera nave alienígena detectada en espacio humano.

En el Universo del Condominio las naves de la humanidad se mueven casi todo el tiempo por el espacio normal. Cuando quieren recorrer distancias interestelares lo que tienen que hacer es hallar un punto Alderson (un agujero de gusano) y usar un impulsor del mismo nombre que los lleva instantáneamente hasta el otro extremo del agujero, a años luz del punto de inicio. Durante los últimos mil años la humanidad se ha ido esparciendo así en colonias cuyos límites están allende una nebulosa llamada El Saco de Carbón (que sí existe).

La nave alienígena, en cambio, es impulsada por una vela solar (tecnología que sí existe) y lleva 150 años viajando desde su sistema solar, un sol amarillo que junto con una supergigante roja forman una binaria en la nebulosa El Saco de Carbón. Como desde la perspectiva de la colonia humana Nueva Caledonia la nebulosa parece un hombre cargando un saco de carbón y la supergigante su ojo, al sol amarillo que la acompaña la llaman "la paja en el ojo de Dios".

Niven y Pournelle presentan a unos extraterrestres asimétricos y muy raros. La traducción al español de la novela le agrega un elemento de rareza: a los alienígenas se les llama pajeños en referencia a su estrella, por lo que cada vez que había que visualizarlos yo me los imaginaba haciéndose una puñeta.

Bien, ese encuentro es desafortunado. La vela solar, de miles de kilómetros de diámetro tiene un sistema de defensa antimeteoros automático que ataca a la MacArthur. Ésta para defenderse a su vez, retira las anclas de la vela solar y consigue meter la nave abordo. Poco tiempo después se descubre que el único tripulante y piloto de la nave alienígena estaba muerto.

La humanidad manda a la MacArthur y a la Lenin al planeta pajeño. A la MacArthur para establecer el primer contacto y a la Lenin para vaporizar todo rastro de vida en el planeta en caso de que los pajeños sean hostiles o desentrañen los secretos de las dos maravillas tecnológicas de la humanidad, el impulsor Alderson y el campo Langston, ambos artefactos necesarios para llegar al sistema pajeño sin ocupar centurias de viaje (el impulsor Alderson sirve para llegar al agujero de gusano cercano a la supergigante roja, el campo Langston para sobrevivir la fotósfera de la supergigante pues el agujero de gusano está muy cerca de la estrella).

No voy a arruinarles más la historia. Terminaré diciendo que a pesar de las buenas intenciones de los miembros de ambas especies, una de las naves humanas es destruida y la humanidad se escapa por un pelo pajeño de abrirle la puerta al peligro más grande al que se haya enfrentado. Y eso que no había hostilidad de por medio. Sólo recelo, de que los humanos se enteraran que los pajeños tenían un gravísimo y recurrente problema de explosión demográfica.

Echen un ojo a La Paja en el Ojo de Dios y consideren un primer contacto humano-alienígena más interesante que el que les suelen pintar. Aca está disponible el PDF.

4 comentarios :

Alessandro dijo...

Voy a leer ese libro, si Heilen dice q es el mejor libro de CF del mundo, woow.

Por lo que comentas, me suena un poco a La Guerra Joe Haldeman

Qaariinaa dijo...

:) Hola, me gustaria saber si sigues en Softtek?

Lei algunos de tus post.

controlzape dijo...

No, ya no estoy. Respecto a lo que preguntabas en el otro post acá está mi respuesta.

Ribozyme dijo...

He leído algunas novelas de Niven, de "Mundo Anillo", aunque lo primero que leí de él fue una historia corta, "Estrella Oscura", si mal no recuerdo, en una antología de Asimov, cuando empecé a leer ciencia ficción, en el 82. A Pournelle no he tenido el gusto de leerlo hasta ahora, ya que la publicación de ciencia ficción en español fuera de España es casi nula.

La propuesta de Hawking suena a que es fan de Independence Day. Por otra parte, la de Plait me hizo recordar a un cuento poco conocido de Asimov, sobre robots, que trata sobre robots que son las típicas máquinas de von Neumann, máquinas que producen copias de si mismas, usadas en este caso para la explotación minera de asteroides. El problema se suscita cuando dichos robots, que normalmente tienen un sistema de seguridad que evita que se reproduzcan más allá de cierto número de veces, como las células normales del cuerpo humano, sufren una "mutación", que elimina ese bloqueo, permitiéndoles reproducirse indefinidamente e invadir otros asteroides, como en las células cancerosas. El cuento termina en incertidumbre sobre las consecuencias que eso tendrá. Se me figura que la propuesta de Plait más que reflejar lo que una civilización extraterrestre se propondría deliberadamente (¿cuál es el propósito de tener cada vez más arañas robot?), refleja un posible fallo en su tecnología, que se independiza de sus amos y probablemente se vuelve contra ellos.

Excelente post, Héctor, se te extrañaba.