miércoles, junio 15, 2011

¿México es un estado laico?

Respuesta corta: sí, en el papel; no, a la hora de los madrazos.

Ahora examinen la respuesta larga que inicia con el siguiente testimonio de una mujer identificada como Doctora Ramirez.

Varios hombres me persiguieron en un camión mientras corría sola. Recibí por lo menos 20 machetazos planos en las piernas. Me correteaba un hombre con un machete, cuando ví la puerta de una casa y me lancé allí, cerrándola en la cara del atacante. La gente de la casa me dijo que si venía la turba me entregarían para salvar sus propias vidas. Finalmente me ayudaron a escapar tapada con una cobija.
El testimonio de la doctora se refiere a una corretiza tumultuaria protagonizada por a) los correteados, 160 protestantes que fueron a efectuar un retiro espiritual (cantar himnos, leer la biblia) en la cima de un cerro durante la noche, y b) los perseguidores, centenares de habitantes de los pueblos cercanos, azuzados por altorparlantes y campanas de los templos católicos difundiendo que unos paracaidistas habían invadido sus terrenos, que protestantes profanaban la verdadera religión, que no rendían culto a los símbolos patrios, y que hacían misas negras narcosatánicas.

Cuenta Carlos Monsivais, en El Estado laico y sus malquerientes:

El pueblo [...] que jamás ha permitido la disidencia religiosa, sale en masa al desalojo de "los invasores".

En la "expedición punitiva" participan en la etapa del cerro, unas tres mil personas [...] El descenso (huída) se realiza en condiciones muy penosas: entre puntapies, pedradas, golpes planos de machetes, tiros al aire se reciben exhortaciones: "¡Mátalos!", "¡Este es un pueblo católico!", "¡Vamos a lincharlos!".

Los fugitivos recorren en esas condiciones seis o siete kilómetros durante más de tres horas. Caen en hoyancos, alzan alambradas paa pasar, tropiezan con espinas, pierden los zapatos. Al llegar a la carretera creen que ha terminado la persecución, pero ésta sigue. Llegan patrullas que los ayudan y recogen a los heridos más graves. La multitud perseguidora no se intimida por los patrulleros, que también son apedreados.
No hay muertes pero si algunos descalabrados, y muchos luxados y torcidos.

Ahora bien, esto que pasó no ocurrió en un sitio remoto de esta república bananera, católica y guadalupana en la que vivimos, tampoco pasó hace muchas décadas. Ocurrió en la Ciudad de México, más específicamente en el Ajusco, la noche del 2 de febrero de 1999.

Ante estos hechos el subdelegado de la Zona Alta del Ajusco en Tlalpan, Guillermo Gutierrez (según nota del Unomasuno de David Cano fechada el 5 de febrero) se echó la siguiente perla:

Nosotros (los habitantes de los pueblos católicos del Ajusco) sólo pedimos respeto a nuestras creencias y a nuestras manifestaciones religiosas.
Considero que que esa cantaleta de "respeto a nuestras creencias" pocas veces se ha dicho con un hijoputismo más impune que en esa ocasión.

Al final de esta crónica de Monsivais una de las perseguidas, la más sensata en mi opinión, dice lo siguiente:

Que yo sepa, en México hay libertad religiosa, o eso creía hasta hace poco, y si a mí me da la gana creer en una piedra, pues creo en una piedra. Esa noche no le hicimos daño a nadie, no hablamos con otras personas además de nuestro grupo y vea como nos fue. Y yo no olvido.
¿Y cuál fue la reacción de los jerarcas católicos ante estos dislates de su feligresía?

Exacto, ignoraron el acontecimiento y ni pío dijeron.

Por acontecimientos como este digo que aquí en México el estado laico nomás es de papel y que a la hora de los madrazos, el derecho a creer disparates distintos a los disparates católicos (o a no creer en ningún disparate) le vale madres a la mayoría. Empezando por la beata que echa espumarajos por que a uno no se le da la gana considerar ni símbolo patrio ni religioso a la muy puta virgen de Guadalupe, hasta llegar al enano que tenemos de presidente de la República que en arrebato religioso invita de visitar a México al chingado Papa en nombre de todos los mexicanos (como si todos fuéramos católicos y convencidos de la infalibilidad vaticana).

Hay una palabra que va de la mano del laicismo y se llama diversidad. Que la olviden unos fundamentalistas (católicos o no) es deplorable. Y que los olvidadizos estén a cargo de puestos públicos es, además de deplorable, algo a lo que hay que oponerse. Sean del partido que sean.

1 comentario :

Sir David von Templo dijo...

¿En plena ciudad de México, en 1999, persiguiendo "infieles"? Diste junto en el clavo hermano, el mexicano no sabe el significado de la palabra "laico"

Saludos