viernes, octubre 14, 2011

Reflexiones sobre Investigación en Software

Una de las citas más frecuentemente usadas en historia de la ciencia es una de Newton, dice mutatis mutandis:
"Si he visto más lejos, es porque voy en hombros de gigantes".
Es cierto en muchas actividades. Y considero que si uno es computito debería tenerla grabada con fuego en algún lugar de sus circunvoluciones cerebrales.

Al rato regresamos a esa frase.

Hubo un tiempo, lejano a sólo muy pocas décadas, en el que hablar de informática, computación y telecomunicaciones requería diferenciar bien esos tres ámbitos. Ya no es así. Ahora, hablar de informática, computación y telecomunicaciones es hablar de una industria cuyos productos tecnológicos van integrados. Un ejemplo muy claro lo tienen frente a su nariz, en este momento.

Esto que digo y que parece obviedad es para meterles en la cabeza la idea de que la computadora que tienen ante uds ha seguido un proceso de evolución.

Ahora hagamos una analogía. Si imaginamos a esa industria que construyó la computadora que ahora contemplan, como un gran rascacielos (la analogía tiene fallas: cuando se construye un rascacielos este suele tener un tope fijo, pero sirve para que los no-computitos entiendan), Steve Jobs -un señor que influyó en esa industria y que murió recientemente para la consternación histérica de algunos de sus clientes- sería el decorador y el que vende los departamentos. Quizá sobrevaluados pero tan bonitos y "usables" que se hacen filas para adquirirlos.

Jobs iba montado a hombros de gigantes.

Llevemos un poco más lejos la analogía. La estructura de acero que sostiene el rascacielos no se levantó por generación espontánea ni intervención divina. Hubo personas que la construyeron.

También montados a hombros de gigantes.

A esa clase de gente pertenecía el señor Dennis M. Ritchie quien, recientemente, ha muerto.

Recordemos algo de lo que dejó Ritchie.

En 1983, Ritchie recibió el premio A. M. Turing. Aquí va un paréntesis: Turing fue otro montado en hombros de gigantes. En nuestra analogía del rascacielos Turing sería de los que pusieron los cimientos y fuera de la analogía fue un matemático, criptoanalista y científico computacional, tan chinguetas que le echó a perder a los alemanes, durante la 2da Guerra Mundial, su intercambio de mensajes cifrados. Fin de paréntesis. El premio Turing lo otorga la Association for Computing Machinery, y Ritchie lo recibió junto a su colega Ken L. Thompson.

Cuando recibió el premio, Ritchie habló de lo que ocurrió en Bell Laboratories para que él, Thompson y otros desarrollaran e implementaran el sistema operativo UNIX (algo que no les caería mal aprender a apreciar, avezados lectores, si es que son usuarios de Linux, iOS, o MacOS).

El texto de Ritchie se titulaba igual que este post y está disponible para su lectura. Esto que pongo aquí es la parte que hallo más notable.


Tiempo y compromiso al valor a largo plazo de la investigación son ingredientes necesarios, tanto de parte de los investigadores como de la gerencia.

Los laboratorios Bell han cumplido con ese compromiso. Y no sólo eso: han provisto un ambiente de investigación, raro, único y estimulante para mis colegas y para mí. A medida que entra lo que las publicaciones de la compañía llaman "la nueva era competitiva", sus gerentes y trabajadores harán bien en mantener en mente cómo, y bajo qué condiciones, UNIX fue un éxito. Si podemos mantener la suficiente apertura a nuevas ideas, la suficiente libertad de comunicación y la suficiente paciencia para permitir que el novel prospere, continuará siendo posible que un futuro Ken Thompson encuentre una CRAY/I empolvada y confeccione un sistema tan creativo e influyente como UNIX.
Lean ya el texto de Ritchie y aprendan que un ambiente de investigación y desarrollo más colaborativo que competitivo, más solidario que gandalla puede ser cuna de productos asombrosos. Productos que van más allá de "¿y ahora qué le ponemos al siguiente iPhone?"

Y recuerden, compañeros computitos, que al final, todos esos productos sólo son las escaleras para la siguiente generación de los que se suban a hombros de gigantes para ver más lejos.