martes, noviembre 22, 2011

Eterna de Guillermo Del Toro y Chuck Hogan


O The Night Eternal como le pusieron sus autores en inglés. Al momento de escribir estas líneas aún no se vende el libro en español pero no ha de faltar mucho. Por lo tanto si tú, avezado lector, has sido de los que ha leído las dos entregas previas de la trilogía, Nocturna (The Strain) y Oscura (The Fall) y quieres que tu mente sea territorio virgen para la estupenda narrativa de Del Toro y Hogan, entonces sugiero que dejes de leer esta bosta ahora.

Si eres de los que no ha leído ni media línea de esta trilogía tienes dos opciones:

a) tírarte de cabeza por la ventana ya, o
b) arreglar tu lamentable condición. Ahora. Acá está el PDF de Nocturna (la primera parte de la trilogía).

Si ya leíste las dos partes previas y si tus ansias por conocer un poco del final de una de las mejores historias de vampiros de las chingomil que hay disponibles (escupo en sus vampiros Stephanie Meyer y Anne Rice, puaj), se parecen a las de un strigoi ermitaño entonces lee un poco de lo sigue. Prometo dejar intactas las partes más chidas de la historia.

[Advertencia de ruina para los que no han leído nada de nada de la trilogía]

Una de las ventajas de las trilogías es que permiten a sus autores seguir casi naturalmente una receta milenaria y efectiva para contar historias. La estructura aristotélica del drama, a grandes rasgos, describe una sucesión lineal de acontecimientos acomodados en una presentación, un nudo y un desenlace.

Y si tienen en la cabeza el final de Oscura, recordarán que Del Toro y Hogan dejaron un nudo de no mamar. A toda la gente con la que he platicado que leyó Oscura se preguntaban lo mismo que yo al terminarla: "¿Y ahora cómo van a hacerle Del Toro y Hogan para componer el mundo?"

Ahí va la respuesta: no lo hacen.

Eterna comienza 2 años después de los diez días de acontecimientos de Nocturna y Oscura. El mundo, en tinieblas por las explosiones nucleares y las piras funerarias de decenas de metros que les siguieron, se ha convertido en un habitat ideal para el vampiro Maestro y sus strigoi. A las 2/3 partes de la humanidad que se le permitió sobrevivir se las mantiene trabajando, comiendo, durmiendo y entretenidas con repeticiones de TV, bajo la constante amenaza de convertirse en parte de los Campos de Sangre que mantienen los strigoi en cada gran centro urbano. El Maestro ha conseguido, con presición matemática, mantener un balance entre el número de strigoi y humanos y ha convertido a la economía mundial en una basada en sangre, con el apoyo de Stoneheart, el cúmulo de empresas del finado Palmer.

La dominación mundial del Maestro es casi completa. A los humanos que no tiene subyugados, los tiene de aliados. Excepto unos pocos que aún resisten y que tienen en su poder el secreto para destruirlo: el Occido Lumen. Aunque aún no saben cómo interpretarlo.

A lo largo de un poco más de 370 páginas. Uno puede leer las cuitas de Fet el exterminador, la dra Nora Martínez y Eph Goodweather para evitar ser convertidos en strigoi y para recuperar algo del mundo que perdieron. Sobre todo Eph, que incluso está tentado a traicionar a sus amigos entregando el Occido Lumen a el Maestro a cambio de su hijo Zack quien ha vivido, aún humano, pero en perpetuo estado de corrupción, bajo el cuidado del Maestro.

Estos tres cazadores de vampiros tienen dos aliados, que antes habían sido sólo comparsas y que en Eterna tienen participaciones mucho más protagónicas. Uno de ellos es Gus Elizalde, el cazador solar de los vampiros Antiguos y Mr. Quinlan, el vampiro guardaespaldas de los Antiguos y que no pereció con estos al final de Oscura.

Alguien me preguntaba si no se extrañaba demasiado a Setrakian, el caza vampiros. La respuesta es no. Hay un momento muy álgido en la historia en la que los recuerdos que tienen los protagonistas de Setrakian, salvan el día. Y no sólo eso, los Interludios, esos muy bienvenidos flashbacks, que antes narraban la vida de Setrakian, ahora consisten en explicar el origen de los vampiros Mr Quinlan, los antiguos y El Maestro.

Ahora bien, para explicar esos orígenes los autores recurren a tomar prestado algo del flocklore bíblico al que agregan elementos que a mí en lo particular me parecen, deliciosamente blasfemos, lo que significó un gran bonus a la historia.

Lo que más me gustó en esta trilogía llena de cosas que me gustaron y que hace que Del Toro y Hogan merezcan una ovación de pie fue la siguiente. Si han puesto atención se habrán dado cuenta que Eph es el protagonista y el Maestro (antes en el cuerpo de noble gigante Sardú y ahora en el del rockstar Bolivar) es el antagonista. Además del planeta (que a mi me parece circunstancial) la razón por la que están peleando es por Zack. Ahora bien, como protagonista Eph es uno muy hamletiano, en lugar de tomar al toro por los cuernos, cuando se pone fea la cosa toma una botella. El resto de los protagonistas no están muy seguros de que sea buen líder en la batalla final que tienen ante ellos y para acabarla de chingar ni el propio Eph está seguro de sí mismo. Justo cuando uno como lector ya está harto de Eph, en tres patadas muy bien narradas, Eph logra sobreponerse a su hamletismo y se convierte en un oponente peligroso para el Maestro.

¿Cómo? Quizá se preguntarán uds.

Lean Eterna y averígüenlo.

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