miércoles, diciembre 12, 2012

Santa Virgen de los Lampareados

Desde que me pitorreé de las imbestigaciones (imbestigaciones: afanes magufos por torcer la realidad para que se adapte a explicaciones imbéciles) que se han hecho a las chingiñas de la Virgen de Guadalupe he recibido comentarios de gente muy devota.

De esos, el que encuentro más destacable es este que cito a continuación (el enfasis en itálicas es mío):

Antes de hacer un blog de un tema deberían informarse primero y no sacar conclusiones ilógicas y sin fundamento. Yo les aseguro que Tonsmann sabe perfectamente bien lo que es la paraedolia mejor quee cualquiera de nosotros. Además las conclusiones de este científico han sido avaladas por más de un veintenar de oftalmólogos y otros tantos más científicos de diversas áreas. Ahora, para esclarecer un poco el motivo del cual a este fenómeno se lo considera misterio, pondré a entrever los siguientes datos...

1. las figuras humanas que aparecen en la Guadalupana no sólo se ven en un ojo, sino que también se ven "todas" en el otro ojo guardando la misma forma y posición en ambos ojos y en relación a como sería un reflejo normal en ojos reales. Aquí queda descartado que sea paraedolia.
Espero que esto aclare un poco lo que nos quiso decir jesusbrea en su comentario y que al parecer controlzape no supo responder por desconocer el tema.

2. El supuesto Voldo que todos vieron, fué la primera imagen descubierta en los ojos de la virgen y se trata de un personaje barbado que se piensa era un noble español. Al igual que las otras figuras, éste también se encuentra reflejado en ambos ojos.

3. La relación que hay entre la perspectiva de cada personaje está perfectamente ubicada a cómo debieron estar éstos personajes en el momento en que fueron capturados en la impresión de los ojos de la virgen, esto está perfectamente avalado y documentado por expertos en pintura y arte, y ellos mismos aseguran que sería prácticamente imposible lograr éstos en una pintura tan pequeña. Así es que no es que las cabezas de los españoles sean más grandes, es solo que los ojos son cóncavos y es por eso es que da ese efecto.
PD Esta aclaración es en respuesta a lo que mencionó perecle

4. Algo muy importante que nuestro desinformado bloggero no menciona, es que los ojos de la virgen reaccionan a la luz de los oftalmólogos que la han revisado además observaron que tienen profundidad tal y como si fueran ojos reales y vivientes y por tal motivo cada reflejo de las imágenes humanas se ve tres veces en cada ojo, tal y como lo hace un ojo real ((este fenómeno se llama Samson-Purkinje)). Ese efecto es imposible de lograr en pintura o fotografía alguna. Esto hace también de sus ojos un fenómeno inexplicable.
Podría darles muchas evidencias y observaciones respaldadas en documentos y archivos científicos pero para ello tendría que hacer un blogg mucho más complejo que este, el cual parece sólo fue escrito al aventon sin antes hacer una verdadera investigación. Pero no lo creo necesario ya que hay muchos libros y documentos que nos informan de todo esto de una manera objetiva y seria. Les recomiendo leer mucho antes de escribir cosas de las cuales desconocen y lo único que logran es manifestar su ignorancia quedando en ridículo ante las personas que si conocemos del tema.

De lo que resalté colijo que de esas supuestas pruebas echando "luz de oftalmólogo" a sus ojos "vivientes", la Virgen de Guadalupe quedó así:



Por lo que propongo que de ahora en adelante se le conozca como la Virgen de los Lampareados.

pd. No he recibido tantos comentarios en este otro análisis de las imágenes en los ojos de la Virgen. Yo creo que eso se debe a que los más devotos van corriendo a hacerse una puñeta que los deja en un estado mental propicio para la reflexión y para evitar insensateces.

martes, diciembre 04, 2012

Si esta es su oposición a un presidente idiota y a un partido con historia de gran corrupción, estamos jodidos

El sábado de la investidura presidencial del analfabeto Enrique Peña Nieto, iba yo por la tarde caminando por Reforma, de la Diana rumbo a la Alameda. En el trayecto, entre Insurgentes hasta Juárez, miré los vidrios rotos de cajeros automáticos y fachadas de algunos changarros. A veces me encontraba con pedazos amarillos de plástico que antes habían formado parte de algún semáforo. Había policías y granaderos resguardando los boquetes más prominentes, mientras empleados barrían los vidrios y colocaban cintas para impedir el paso. No era yo el único peatón en las aceras, había varios caminando y sacando fotos a los destrozos.

Al llegar a la Alameda -que había ido a mirar más temprano a las 10 de la mañana ese mismo día- ví el mármol recién albeado del Hemiciclo a Juárez pintarrajeado con consignas, lo mismo la fuente de Neptuno. Ésta tenía un texto que decía "Cronopio en combate".

- A ese cronopio me gustaría conocerlo para meterle su lata de pintura por el culo junto con las obras completas de Cortázar - pensé.

Ese día en la mañana, por Juárez, había visto a algunos centenares portando banderas y pancartas en señal de oposición a Peña Nieto. Caminaban tranquilos por Juárez rumbo al Zócalo. Frente a la Alameda, en la acera del Museo de la Memoria y la Tolerancia había visto a mujeres colgando de unos hilos unos trapos bordados que consignaban nombres y circunstancias de víctimas que habían muerto durante los años de la presidencia de Felipe Calderón y su afán de erradicar la violencia relacionada al narcotráfico, con más violencia a lo pendejo.

En las horas matutinas que digo en el último párrafo, no habían comenzado aún los disturbios que varios medios consignaron con distintos grados de histeria, lo mismo que varios fulanos en twitter durante el medio día, la tarde y la noche. Lo mismo que algunos autoproclamados censores de la indignación nacional que cacareaban que había que estar ofendidos más que por los vidrios rotos y las pintas a monumentos recién restaurados, por las muertes producto de la violencia arreglanada del calderonato. Esos mismos señalaban también que había que pararse de pestañas por las detenciones arbitrarias efectuadas con más violencia que seso por parte de las autoridades locales, contra manifestantes, mirones y provocadores sin discriminar.

"Se les olvidó decir que el agua moja" - pensé.

Al momento de escribir estas líneas, no queda claro aún si la violencia fue traída como producto con el fin de desprestigiar la manifestación en oposición a Peña Nieto, o si se gestó y brotó como odio popular sin cauce ni control. Hay sin embargo, ya indicios de que fue lo primero.

En el noticiero de Carmen Aristégui, oía a Lorenzo Meyer decir "¿esto a quién perjudica?", en su análisis decía: "pues a toda la izquierda" que es la que se manifestaba en contra de una investidura presidencial que a varios nos parece retrógrada.

Con todo hay una postura que si me queda clara a casi 4 días del mitote: si las manifestaciones de oposición se desbalagan por algunos infiltrados a la batallón Olimpia, algo está muy mal en la organización de las manifestaciones.

lunes, octubre 29, 2012

Las Chido/Culeras Crónicas Culinarias de Culituerto y Culimocho: Festival de la Paella

Si tuviera que enumerar parejas geniales mi lista incluiría el chocolate y la menta, el bolillo y el aguacate y Sherlock y Watson. Y la paella y el vino de Freixenet.

Click en la imagen para leer sobre esa última pareja.

viernes, octubre 19, 2012

Aprendan feisbuqueros

Cada vez que entro a facebook y lo veo retacado de citas apócrifas pegadas a fotos, lo interpreto como señal de que el mundo está mal.

Así que ahí va mi aportación para componer eso.


miércoles, octubre 17, 2012

Ibargüengoitismos en portavasos.

La lupe fue hace unas semanas a una tienda de Algarabía y regresó con un paquetito de 20 portavasos



Los leí identificando, con la mamonería que me caracteriza, el título al que pertenecía cada uno. Al terminar me pregunté:


- ¿De dónde vamos a sacar a 20 lectores de Ibargüengoitia para empedarlos y que se usen estos portavasos?


La solución me la dio una amiga cuando le conté mi dilema. Fue simple y genial.


- Mejor tú y la lupe tómense 10 vasos cada uno.


Además de detonar una buena idea etílica, los portavasos rellenos de ibargüengoitismos sirvieron para que reviviera mi participación de coadministrador de la página de fans de Jorge Ibargüengoitia en Facebook. El razonamiento que me impulsó a hacerlo fue el siguiente: "si pongo fragmentos temáticos de la obra de Ibargüengoitia quizá evite que el Universo implote por godinez execrable posteada en Facebook".


Sintiéndome salvador del Universo escogí de la narrativa de Ibargüengoitia los fragmentos de las relaciones de sus protagonistas con las mujeres de sus historias. La de Paco Aldebarán con Sarita y con Gloria Revirado, la del Negro con Lucero y Amalia, la de su personaje autobiografiado con el personaje de Luisa Josefina Hernández en los cuentos de La mujer que no y La Vela perpetua y algún etcétera. De esos fragmentos el comentario menos desafortunado que recibí fue: "Las mujeres en las novelas de Ibargüengoitia suelen ser o muy recatadas, moscas muertas o imposibles de poseer."


Luego continué con fragmentos de un tema que titulé "mocosos execrables" y ahora estoy haciendo uno sobre los trabajos que decía que pasaba Ibargüengoitia al momento de escribir.


¿Quién hubiera pensando que unos portavasos iban a ser inspiración de momentos tan divertidos?


Nota mental: que el siguiente bloque de fragmentos sea del tema "alcohol".

martes, octubre 16, 2012

Oh, Ангелина

En 1996, cuando asistía a la escuela de escritores de la SOGEM recibí de Alejandro César Rendón una de las tareas más interesantes que me han encargado.

"Escriban una obra de teatro en tres actos" dijo (eso no fue lo interesante). "Usen de protagonista a la persona que les toque en estos papelitos que vamos a sortear".


A mí me tocó uno que decía Angelina Beloff. El resto de los papelitos que les tocaron a mis compañeros de clase de Guionismo I traían nombres de extranjeros notables que habían dejado un buen cacho de su obra en latitudes mexicas.


Entonces era yo mucho más turulato que ahora y no sabía quién era Angelina Beloff. Tampoco había wikipedia a la mano que compusiera en dos clicks esa situación. Por lo tanto, me apersoné en una biblioteca donde me enteré que Angelina Beloff fue una pintora rusa, que estuvo casada con Diego Rivera con quien vivió en París y con quien tuvo un hijo que se les murió de meningitis, que después vino a México -no en pos de Rivera- que le gustó y se quedó y que se volvió autoridad de teatro guiñol.


Eso lo averigüé en el acervo diminuto de la biblioteca de la esquina. Para saber más fui a la Biblioteca México y encontré Querido Diego, te abraza Quiela de Elena Poniatowska, una ficción en forma de epistolario en el que la autora usa la voz de la pintora para hacer un resumen de la relación de Diego y Angelina en París y de los afanes de la última por conocer México.

Con ese material me senté frente a la máquina de escribir (debe haber sido la última vez que usé una de esas cosas antediluvianas) y me puse a escribir un culebrón del que sinceramente espero que haya terminado en el bote de basura, y cuyo punto culminante consiste en un agarrón de greñas entre Angelina Beloff y Frida Kahlo, no por los amores de Diego Rivera, sino por la trascendencia de la obra pictórica de cada una. O alguna otra burrada insufrible que se me ocurrió para cumplir con la tarea. Nada se perdió ahí.


De esa tarea aprendí dos cosas. Primero, que los textos de Elena Poniatowska no son nada inspiradores. Y segundo, que quería saber más de Angelina Beloff, de preferencia sin pasar por interpretaciones cursis y noveladas de su vida.


Pasaron años y la primera vez que pude ver una pintura de Angelina Beloff fue cuando abrieron el Centro Cultural Tlatelolco y lo rellenaron, entre otras cosas, con la Colección Blastein. Ahí me encontré esto:


Avenida Hidalgo vista desde Bellas Artes”(1949)

Pasaron más años y en Guanajuato, durante el reciente Cervantino no. 40, como serendipia con chiripa, después de mirar en Casa Sinaloa los títeres de Pedro Carreón, fui con la lupe a mirar qué había en la Feria del Libro de las Artes en el Patio de la Santísima Trinidad (pegado a la Universidad de Guanajuato). Ahí me encontré con un catálogo de una exposición titulada Angelina Beloff, trazos de una vida y fui feliz.

La exposición se inauguró en el Museo Mural Diego Rivera en febrero de este año, y tantito por imbecilidad mía y tantito porque mi chamba apesta (y en febrero apestó horrendo) me la perdí.


Sin embargo, tengo el catálogo de una obra pictórica notable y que me gusta mucho -que es más de lo que puedo decir de la mierda irredenta que pintaba la Kahlo-. De lo que he visto, mis preferidos son los cuadros de escenas urbanas -como el que está arriba-. A continuación va un grabado de un rincón chido de la ciudad.



Si no la conocen usen sus deditos para googlear más sobre Angelina Beloff. Una de las virtudes de su obra es que sirve para quitarse el mal sabor de boca que dejan los fridakahloinómanos.

lunes, octubre 01, 2012

Convocatoria para cuento de ciencia ficción

Me pide Gustavo Arciniega que les comente, avezados lectores, que el Instituto de Astronomía de la UNAM está convocando a su 2do Concurso de Cuento de Ciencia Ficción "Las 4 esquinas del universo".

A continuación reproduzco las bases del concurso y enfatizo los puntos importantes.
De los participantes:

1. Podrán participar las personas con residencia en México y mexicanos en el extranjero.

2. La participación será individual.

3. Cada participante podrá concursar con solamente una obra.

De la obra:

1. El cuento debe ser escrito en castellano, inédito (ya sea en medios impresos o electrónicos) y sin participación paralela en otros concursos.

2. La obra deberá estar enmarcada en el género de la ciencia ficción, abordando algún tema relacionado con la astronomía, ya sea en sus conceptos fundamentales como en las teorías o fenómenos relacionados con ésta, por ejemplo: la gran explosión, cosmología, relatividad, sistemas planetarios, galaxias, medio interestelar, mecánica cuántica, formación estelar, etc.

3. La extensión será de un mínimo de 8 cuartillas y un máximo de 25, escritas a doble espacio utilizando la fuente Arial a 12 puntos.

4. Los trabajos deberán aparecer suscritos bajo seudónimo, enviarse cinco juegos impresos en un mismo sobre o paquete, de ser posible añadiendo una copia en formato digital en un disco compacto rotulado con el seudónimo. Si se utiliza el servicio postal nacional se deberá enviar a la dirección:

Concurso de Cuento “Las cuatro esquinas del Universo”, Instituto de Astronomía, UNAM, Cubículo 15, Apartado postal 70-264, Ciudad Universitaria, México D.F. 04510, México.

En caso de utilizar algún servicio de mensajería privado la dirección es:

Concurso de Cuento “Las cuatro esquinas del Universo”, Instituto de Astronomía, UNAM, cubículo 15, Circuito exterior s/n, Ciudad Universitaria, México D.F. 04510, México, Tel. (55) 56-22-39-06.

5. Dentro del sobre o paquete que contenga la obra, se deberá adjuntar un sobre chico, cerrado y rotulado con el seudónimo, en donde se incluya una ficha con los datos del autor: nombre completo, dirección, teléfono y correo electrónico.

6. La presente convocatoria queda abierta desde su publicación y hasta el 17 de noviembre de 2012. En todos los casos se tomará en cuenta la fecha del matasellos postal. Después de esta fecha ningún trabajo será aceptado. Los envíos se harán bajo la responsabilidad del participante.

7. Los autores, tanto de la obra ganadora como de las obras con mención honorífica, aceptan al momento de participar ceder los derechos de su obra a la Universidad Nacional Autónoma de México.

De la premiación:

1. Habrá un primer premio de $15,000 M.N.

2. Se hará la publicación de un libro con las mejores obras consideradas por el jurado y/o el comité organizador bajo el sello de la Universidad Nacional Autónoma de México.

3. La selección de las obras ganadoras y el resto de las obras publicadas será hecho con base en su fundamento científico así como en su calidad literaria.

4. Los autores cuya obra sea publicada serán merecedores a una mención honorífica y 5 ejemplares del libro.

5. El jurado estará integrado por 5 personas con capacidades demostradas en los campos literario y/o científico.

6. Los resultados del concurso así como el lugar y fecha de la premiación, serán dados a conocer en esta página.

7. El jurado tendrá la capacidad de declarar desiertos los premios si los trabajos no reúnen los requisitos necesarios.

8. Cualquier caso no previsto en la presente convocatoria será resuelto según el criterio del comité organizador.
Nótese el punto 3 de la sección de la premiación. Colijo de ese punto que no sólo hay que escribir bien sino hay que escribir bien y buena ciencia. Me acordé de lo que decía Sagan al respecto en el Cerebro de Broca.

Por otro lado también estuve buscando algún texto de gente que haya participado de jurado en certámenes literarios (no necesariamente de ciencia ficción) o que supiera algo más que yo del tema. Encontré dos que me parecieron pertinentes. Uno de Héctor Torres y otro de Abel Amutxategi.

Los invito a sentarse a producir un texto y mandarlo a Las 4 esquinas del Universo.

viernes, septiembre 28, 2012

Las Chido/Culeras Crónicas Culinarias de Culituerto y Culimocho: sopa coreana zonarosense.

Estoy retomando esto de escribir. He empezado con una nueva entrada en nolecuentes.com que casi culmina en ahogamiento en sopa. Mafalda tendría algo que decir al respecto, aunque a mí la que me gusta es Libertad.

Click en la imagen para leer.

lunes, agosto 27, 2012

"Que la tierra quede libre de esa gentuza"

Hace poco empecé a leer El cementerio de Praga, atraído por lo que dice del protagonista su autor, Umberto Eco:

"Tenía dudas cuando terminé este libro: acababa de crear al personaje más antipático de la historia de la literatura."

Los personajes antipáticos son los que encuentro más interesantes. Quizá sea porque yo también soy uno.

El capitán Simonini, falsificador, misántropo (los que dicen que sólo era antisemita y misógino no leyeron bien) y sibarita, en el primer capítulo echa derecha la flecha cuando expone las causas de sus disgustos; entre ellos, los curas.

Lean.

"Los curas... ¿Cómo los conocí? En casa del abuelo, me parece, tengo el recuerdo oscuro de miradas huidizas, dentaduras podridas, alientos pesados, manos sudadas que intentaban acariciarme la nuca. Qué asco. Ociosos, pertenecesn a las clases peligrosas, como los ladrones y los vagabundos. Uno se hace cura o fraile para vivir en el ocio, y el ocio lo tienen garantizado por su número. Si hubiera, digamos, uno por cada mil almas, los curas tendrían tantos quehaceres que no podrían estar tumbados a la bartola mientras se echan capones entre pecho y espalda. Y entre los curas más indignos, el gobierno elige a los más estúpidos y los nombra obispos.

Empiezan a revolotear a tu alrededor nada más nacer cuando te bautizan, te los vuelves a encontrar en el colegio, si tus padres han sido tan beatos para encomendarte a ellos, luego viene la primera comunión, y la catequesis, y la confirmación; y ahí está el cura el día de tu boda para decirte lo que tienes que hacer en la alcoba, y el día siguiente en confesión para preguntarte cuántas veces lo has hecho y poder excitarse detrás de la celosía. Ta hablan con horror del sexo, pero los ves salir todos los día de un lecho incestuoso sin ni siquiera haberse lavado las manos para ir a comerse y beberse a su señor, y luego cagarlo y mearlo.

Repiten que su reino no es de este mundo, y ponen las manos encima de todo lo que puedan mangonear. La civilización nunca alcanzará la perfección mientras la última piedra de la última iglesia no caiga sobre el último cura y la tierra quede libre de esa gentuza."

miércoles, mayo 02, 2012

Carlos Monsiváis vs Jorge Ibargüengoitia, sobre un asesino serial y un prohombre de letras

En la más reciente Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en el stand de la Universidad Autónoma Metropolitana encontré la siguiente joya:





El Libro de oro del teatro mexicano es un volumen que contiene 23 de los 31 artículos que escribió, mensualmente, Jorge Ibargüengoitia en la Revista de la Universidad de México entre 1961 y 1964 (artículos seleccionados, anotados y provistos de introducción por Luis Mario Moncada). Ahora bien, ¿de qué son esos artículos? De crítica teatral: a Jorge Ibargüengoitia le pagaban por ir al teatro y escribir lo que le había parecido la experiencia. Lo interesante es que esa chamba la hizo en un período de desencanto con su carrera como dramaturgo por lo que las críticas no son blanditas. De esas críticas pongo aquí dos, sin más permiso que el que me concede mi afán por divulgar la obra de Ibargüengoitia, para someter a su consideración, avezados lectores, un intercambio de revires entre un veinteañero Carlos Monsiváis y Jorge Ibargüengoitia.

Ahora va un par de antecedentes para que disfruten mejor los revires:

1) La crítica de Jorge Ibargüengoitia es a dos obras de Alfonso Reyes, ¿que quién fue Alfonso Reyes? Borges decía de él que era el mejor prosista en lengua española de todos los tiempos. Cuando don Alfonso era todavía Alfonsito, su padre protagonizó una de las escenas más interesantes de la historia nacional. Después de ocupar cargos diplomáticos, Alfonso Reyes fue director de El Colegio de México y los volúmenes de sus obras completas se podrían usar para dar descalabros y zapes.

2) Una de las obras criticadas es Landrú y está inspirada en un personaje real, Henri Désire Landru, que se dedicó a estafar viudas en París durante la 1era Guerra Mundial. Como sus primeras estafas concluyeron en acusación y encarcelamiento, Landrú razonó que además de estafar a sus víctimas había que matarlas, así que en su siguiente estafa se graduó de asesino serial. Después de la guerra un pariente de una de las viudas desaparecidas lo reconoció, con lo que intervino la policía para detenerlo. Finalizó sus días guillotinado. Chaplin hizo una película basado en Landrú (guión de Orson Welles) que se llamó Monsieur Verdoux y Chabrol hizo otra.

Bueno, ya con esos antecedentes lean y disfruten.


El Landrú degeneradón de Alfonso Reyes


Chabrol y la Sagan, demostraron hace poco, y no sé si con intención, no sólo que asesinar a ocho o diez mujeres puede ser aburrido, sino que es aburrido ver cómo las asesinan. Mientras el público bosteza, un buen actor, con barba, calva y voz formidable, va matando toda una serie de jamonas (incluyendo a Michele Morgan y Danielle Darrieux) para mantener precariamente una familia que no vale la pena y que hubiera sido más sencillo abandonar o meter en el horno de una buena vez y dejarse de cosas. Ese Landrú es, en realidad, una especie de versión masculina de Irma la Douce; ella es tan burocrática en la cama como lo es él en el asesinato. La calidad rutinaria de los actos de esos dos personajes los despoja de toda connotación moral. Landrú no es en realidad un asesino, sino más bien un marido abnegado, que sale de su casa, como se dice vulgarmente, a darse de bofetadas con la vida; su oficio consiste en conseguir seducir, asesinar y robar, destruir los cadáveres de todas esas pobres señoras: es tan virtuoso como el señor aquél de Corazón, Diario de un niño, que se acaba los ojos copiando los legajos a horas inoportunas. ¿Que la señora rezonga porque no tiene con qué pagar al carnicero? Allí va Landrú a matar otra gorda.


Monsieur Verdoux tenía a su mujer paralítica y sus hijos, etcétera, como cualquier señor (que tenga mujer paralítica), y además, veladas aburridísimas con el boticario aquél cuya esposa no puedo recordar si se reía mucho, o era asmática, o demasiado gorda, o las tres cosas; pero tenía una vida aparte, muy emocionante y admirable, que consistía en asesinar señoras, recoger grandes cantidades de dinero (en hermosos billetes de diez mil francos que contaba con la maestría que le daban sus no sé cuántos años de empleado bancario) y colocarlo en las más prometedoras empresas del mercado bursátil; tenía, además, la gran virtud de que sus ṕlanes no siempre tuvieron éxito, como por ejemplo sus intentos de asesinar a Martha Raye, en el laguito y con el venenazo aquel que había puesto en el aperitivo y que acabó quemando el cabello de la criada, gracias a una confusión veneno-agua-oxigenada, aperitivo-zarzaparrilla. Estos intentos frustrados son los que acabaron por atraer su desgracia, puesto que si el asesinato de Martha Raye hubiera tenido efecto, Verdoux no la hubiera encontrado en su boda (de Verdoux) con aquella otra señora (a quien él, por cierto, tenía la extraña tendencia de confundir con el ama de llaves) que indudablemente tenía una fortuna mucho más sólida que la de él y que, por consiguiente le hubiera evitado el desastre del 29 y la miseria. Sin la miseria, él no hubiera encontrado por casualidad a La Que No Mató Por Ternura y a su vez los parientes de la Primera Asesinada no lo hubieran encontrado, también por casualidad, a él en el Salón de Té.


Pero Monsieur Verdoux, con ser lo más interesante que se ha hecho sobre el caso Landrú, deja en el misterio uno de los aspectos más interesantes en un criminal de esa naturaleza: su sexualidad; porque el criminal que asesina por rutina o por deporte es una cosa, y el que asesina por vicio y hace un negocio de ribete es otra muy diferente. Esto ya requiere verdadero genio.


¿Le gustaba a Landrú asesinar señoras?, ¿qué hacía con ellas una vez muertas?, ¿cómo seleccionaba a sus víctimas?, ¿por su dinero?, ¿por cierta cualidad que le resultaba apetitosa?, ¿porque las circunstancias de ellas le prometían impunidad? Según Chabrol, Landrú mataba el conejo más cercano; según Chaplin, el más gordo. ¿Qué opinaba de todo esto don Alfonso?


Los venticuatro años que transcurrieron entre que Reyes comenzó la opereta que nos ocupa y dejó de ocuparse de ella, no fueron bastantes, porque la obra no está terminada, sino apenas comenzada.


El Preludio en la Soledad, que la primera parte de la pieza, es una especie de monólogo de un Segismundo cincuentón e intelectual, que lo mismo puede llegar a ser asesino notable que director de El Colegio de México. A juzgar por la dimensión del Preludio el autor pensaba escribir una obra de no menos de setenta páginas, en vez de las siete u ocho que ha de tener el manuscrito. "Del pliegue de cortinas grises, poco a poco se destaca Landrú, como diferenciado en la célula", etcétera y empieza diciendo:


¿Qué suceder es éste, qué armonia
vibrada entre la rueda y el cuadro?
¿Quién al espacio-tiempo me confía?
¿Quién se burla de mí, pues me ha creado?


que está muy bien para leerse, pero que como cuarteta inicial de una opereta es pedante, confusa y floja.


Pero después viene una cuarteta que es ejemplo notable de lo que los escritores de hace treinta años gustaban de oír dicho en escena:


Y gracias que, de triste, me deslío,
y oceanográficamente me dejo
ir en la barca suelta de mi hastío
hasta el otro hemisferio del espejo.


Pero hagamos una composición de lugar: esto está dicho sin antecedentes (porque precisamente éstos son los antecedentes), por un señor envuelto en una cortina, que no está hablando con el público, sino consigo mismo. Aquí podríamos entrar en una larga disquisición acerca de la posibilidad, o cuando menos, la conveniencia de comenzar una obra con un mónologo tan poco concreto, en resumidas cuentas, como el de "To be or not to be, that is the question", sin que sepamos quién es Hamlet, ni qué es lo que lo trae tan preocupado; o bien, con "Apurad, cielos, pretendo, ¿por qué es que me trataís así?, ¿qué delito cometí contra vosotros naciendo?" sin que haya cadenas, ni el señor esté disfrazado de abominable hombre de las nieves y, sobre todo, sin que haya el antecedentes de "Hipógrifo violento, que corres parejas con el viento". Pero, en fin, cada autor comienza sus obras como le da la gana.


Eliot, por ejemplo, tiene como frases iniciales de una opereta también inconclusa, las siguientes:


And how about Pereira?
- What about Pereira?



que podrían servir de modelo a las generaciones.


Pero volvamos a Landrú. El Coro de las Amas de Llaves viene después del preludio. "En este alegre mercado, / hemos venido a escuchar / la nostalgia del pescado: / la que hace que suene el mar", etcétera. Esta ya está mucho mejor, pero desgraciadamente la acción se vuelve vertiginosa, porque dieciséis líneas exactamente después de la última citada arriba, ya vienen estas otras: "Yo de las medias de lana / la sacerdotisa soy... / ¡Landrú, no me da la gana! / ¡Landrú, que no, que no voy! / ¡Saca esa garra sutil / de debajo del mandil!"


Y como quien dice... al horno.


"Mientras cunde por el ambiente un fuerte olor de carne asada, Landrú, a solas, descoyuntado de placer, jadeante de emoción, gesticula y canta, llevando el ritmo con dos canillas, glorioso en bata y en pantuflas". Y canta Ven, Himeneo. Esto, según yo, es lo más espeluznante que se ha escrito nunca acerca de Landrú: significa que nuestro héroe no sólo era necrófilo, sino "roasbeefilo", que sería como para poner a vomitar a medio público, si se diera cuenta de lo que está viendo. Después de echar cuentas y hacer metafísica, viene la policía (agolpada en la reja) y canta: "Somos la policia / siempre llegamos tarde: / el crimen es cobarde, / ni aviso nos envía", etcétera. Y después de otro monólogo del jefe, telón. ¡A qué se reduce la opereta?, a tres monólogos de Landrú, otro final del jefe de la policía, un coro de la policía y otro de las amas de llaves.


Es decir, no es opereta, sino cuatro monólogos y dos coros de Alfonso Reyes.


Lo más triste del caso es que Reyes fue el primer escritor que vio las posibilidades dramáticas de Landrú y que además lo vio a él, no como héroe cómico, ni como mártir de la domesticidad, sino como lo que muy probablemente ha de haber sido, un señor mediocre y vagamente degeneradón.


El espectáculo de la Casa del Lago está formado por dos obras: La mano del comandante Aranda y Landrú. La primera es una obra extraordinaria, que podría llamarse Cómo matar de tedio en ocho páginas, escrita por un señor (Alfonso Reyes) que no tenía nada que decir y que estaba emṕeñado en escribir ocho páginas. Al final del cuento, el protagonista, que es la mano del comandante Aranda, descubre que después de todo, ha sido pretexto literario infinidad de veces y decide suicidarse, que lo que debieron hacer las ocho cuartillas de Alfonso Reyes, desgraciadamente o lo hicieron y se las tiene uno que soplar para ver Landrú, dichas lo mejor posible por Claudio Obregón y Marta Verduzco, que tratan de hacer parecer ingenioso un texto que de una estupidez y una densidad verdaderamente lamentables. El público de la Casa del Lago se ríe cuando se lo mandan, que es cada vez que la mano hace un signo procaz. Esto es más lamentable todavía que la obra, porque ocho cuartillas malas cualquiera las escribe, pero que el público no tenga alientos para protestar ante un fraude, es signo nefasto del tiempo y la sociedad en que vivimos.


Landrú en cambio es un éxito y, en mi opinión, un acontecimiento dramático más importante que las Obras Completas del Seguro Social, en donde después de todo, no se ha descubierto nada nuevo.


A primera vista el espectáculo no es más que una comedia musical pequeñísima, pero meditando, veremos que tiene grandes virtudes: en primer lugar, no hay un momento romántico, que es la plaga y muerte del teatro lírico; en segundo, gracias a lo reducido del elenco y a lo inconcluso del texto, se logran unos efectos surrealistas que son muy interesantes; por ejemplo: el mismo actor que hace Landrú, hace el Jefe de la Policía y, además, se parece muchísimo a don Alfonso Reyes, así que nunca se sabe muy bien quién está hablando, con lo que la obra adquiere una dimensión misteriosa y absurda; por otra parte, las mismas mujeres que Landrú ha asesinado entran después disfrazadas de policías, pero son unos policías maricones y horripilantes.


La gran virtud de Gurrola como director es que deja tantas cosas al azar, que de repente logra unos efectos que serían imposibles de planear. ¿Quién hubiera imaginado, por ejemplo, que Marta Verduzco, una muchaca tan apetitosa haría un policía tan siniestro? ¿Quién hubiera creído que unas frases poco dramáticas como "La mano que apuñala / la mano que sujeta / el crimen policía / el completo hermafrodita", harían un buen final dichas por Jordán? ¿Quién hubiera inventado un personaje como el de Maria Antonieta Dominguez, que parece que va a tirar el teatro de pura intensidad?


El héroe de la Casa del LAgo, sin embargo, no fue, para mi modo de ver, Gurrola, sino Elizondo, que escribió la música y la interpreta cada domingo, con su cannotier y su camisa rayada. Este joven ya había escrito música para el teatro bastante mala, pero esta vez logró algo verdaderamente importante: una música ligera en el mejor sentido de la palabra, que sirve para bailar y para cantar, que produce un efecto y se le queda a uno en la cabeza. El tango y el himno al amor son magníficos y el coro de la policía, sin ser tan bueno, es adecuado.


Carlos Jordán, que interpreta a Landrú, al Jefe de Policía, a Don Alfonso Reyes y en general a todo el mundo, porque la obra demuesta que todos podemos ser cualquier cosa, es astracanado, grotesco y excelente. Hay dos momentos que son sendas cumbres de nuestro raquítico teatro lírico: Jordán cantando Ven, Himeneo a la vera de un cadáver y Jordán cantando "¡Las mataba por dinero! / ¡Qué barbaridad!"


A esto que escribió Jorge Ibargüengoitia lo responde, casi regañando, Carlos Monsiváis en otro artículo publicado en el mismo número de la Revista de la Universidad (no se sabe si por encargo de la dirección de la revista o por defensa espontánea a Alfonso Reyes). A continuación lean a un Carlos Monsiváis muy, muy distinto al Monsiváis irónico que escribiría décadas después Por mi madre bohemios:


Landrú o crítica de la crítica humorística o cómo iniciar una polémica sin previo aviso


A propósito de un gran experimento de la Casa del Lago: Landrú -dirección de Juan José Gurrola y música de Rafael Elizondo-, Jorge Ibargüengoitia intenta demoler la validez literaria de dos textos de don Alfonso Reyes. Y a propósito de Jorge Ibargüengoitia, intentaré, a la vez que señalo mi radical discrepancia con sus opiniones, atisbar algunos de los escollos más evidentes de la crítica en México.


Pero hay que exponer el caso con mayor detalle. Como ustedes ya habrán advertido, Ibargüengoitia - a quien no citaré por gratitud sino por el afán de contradecir - se lanza sobre un mito, el de Henri Desiré Landrú (1869-1922) a quien vuelve a enjuiciar y a quien, por supuesto, vuelve a condenar. Desde el punto de vista de la moral criminal, del asesinato como una de las bellas artes, lo que a JI le resulta intolerable en los exégetas de Landrú, es que no adviertan el burocratismo, la baja artesanía, la sexualidad oportunista de su héroe. Chabrol sería el caso del homenaje que deviene en el aburrimiento de ver morir mujeres. Reyes en cambio, acertaría al desenmascarar el conformismo de Landrú, sus enormes convenciones. Pero Reyes también mostraría el fracaso de las resurrecciones literarias del industrial de la cacería de viudas.


Si no fuera porque Jorge Ibargüengoitia es uno de nuestros mejores críticos teatrales (y el más agudo y regocijante), sus juicios no me importarían. Y antes de decidir si esta observación revela o no mi solidaridad con la estulticia, permítaseme mi defensa. Conviene primero acudir a la campaña de desprestigio por derrumbe que JI desata en relación a Landrú y observar la congruencia aparente de sus argumentos. Y después, promover no la defensa de quien ("primer hombre de letras de Hispanoamérica") por sí solo establece su categoría, sino el recuento de los daños que nos causa la crítica o la reseña impresionista. Porque es muy peligroso que lo pintoresco haga las veces de razonamiento y que se pueda, en nombre del sentido del humor, legalizar la arbitrariedad. Desde luego, fundándose en impresiones -muy eficaces algunas-, en honestidad implacable y en chistes de la mejor ley, se pueden obtener notas convincentes y divertidas. pero estaremos frente a una nueva exaltación del sofisma. Se parte de un chantaje cultural: "el ingenio es elogiable", y se concluye: "luego, el ingenio es verdadero". Y de allí a convertir cada artículo en una picota, linchamiento o paredón, sólo hay un paso.


Ibargüengoitia, después de poner en su sitio a Landrú, afirma que Reyes, entre las muchas cosas que hizo bien, guardó su texto por silenciosos 24 años; 24 años que no le bastaron para dar término a su empresa. Así pues, publicarlo, "exhumarlo", pertenece como acto, más al Vampirismo que al reconocimiento público. En este momento, solicito un paréntesis: estoy seguro que Doña Manuelita, la admirable viuda de Don Alfonso, al confiar a La Casa del Lago el Landrú, no traicionó en modo alguno a su esposo, y sí en cambio se mostró como su fiel albacea literaria. Y quiero también, en la disgresión, declarar, aprovechándome de la atmósfera de frases definitivas, que Landrú es una incursión genial en el calambur, en el lenguaje vivo del pueblo, que nos muestra a un Reyes irónico, ambiguo, muy jovial y que, también no desmerece en el contexto de la obra del autor de El deslinde.


Pero volvamos a Ibargüengoitia en el instante en que, alucinado por la indignación, define sin misericordia a Landrú: "una especia de monólogo de un Segismundo cincuentón o intelectual que lo mismo puede llegar a ser asesino notable que director del Colegio de México". Bella incursión, en efecto, en el terreno de las alusiones finas. ¿Se identifica aquí entonces a Landrú con los anhelos incumplidos de quien el no ser asesino notable, si fue director del Colegio de México? ¿O, simplemente, se ha caído de nuevo en la crítica en bloques, en las descripciones tajantes, de una vez y para siempre de las cosas? Y ahora observemos cómo demuestra JI sus definiciones.


Con anécdotas. O sea, lo que los paremiológicos calificarían como "tomar al rábano por las hojas". Entusiasmado con mi método comparativo, declaro también que a este tipo de crítica los árboles le niegan la posibilidad visual del bosque. JI estipula: Así no se empieza una obra. Un monólogo tan de sopetón, desconcierta, pues nada informa sobre el personaje. Es como sí... (siguen ejemplos clásicos). Pero ocurre que no es como sí... (de nuevo van ejemplos clásicos). Porque el Preludio en la Soledad parte de un hecho criminológico: la realidad de Landrú, y de una certeza: la nota roja es la historia sentimental de Occidente. Por ello, Segismundo puede cometer delitos naciendo, pero si no lo consignan en gacetillas policiales está realmente perdido. Con el solo nombre de la opereta, Reyes nos proporciona una atmósfera criminal y un personaje establecido. No se requería que empezara diciendo: "En enero de 1915, Landrú asesina a Madame Cuchet y a su hijo. Trágico incidente que inicia una carrera de..." aunque esto en rigor exija Ibargüengoitia, quien de inmediato lanza otra objeción: el material de Reyes es muy pobre como para integrar una opereta. Aunque me parece una ortodoxia de JI bastante inesperada y exigente, en este punto es posible admitir que si de géneros se trata no importa que Landrú no sea una opereta sino un crime-for-money-show.


Y ahora un breve recorrido por las técnicas críticas de JI y lo que revelan. El tono de este artículo es el índice de un dramita mexicano: se puede, al prescindir de la oquedad del elogio infinito y del calificar todo como "el experimento que revela nuestra madurez teatral", caer en lo opuesto y resolver problemas de análisis de una obra con un chiste ("Hamlet: sólo un insignificante prontuario policial") o evitar la indagación formal con la ironía, el sarcasmo o la cuchufleta. Nos hace todavía mucha falta el ánimo de expresar con ideas -esas vulgarizaciones organizadas de los chistes- el sentido y las posibilidades dramáticas de una obra, el apremio de juzgarla como un todo y no como una serie de oportunidades para la "puntada". Si se actúa con frivolidad graciosa frente al objeto del examen, se reniega de un principio esencial de la crítica: partir de un respeto elemental hacia lo que se juzga, para concluir, por un proceso orgánico, en la pérdida o en el enriquecimiento de ese respeto. El choteo tiene sus desventajas: una de ellas es que se decide ignorar la lucidez en beneficio de la agilidad circense, y la frase usurpa el lugar de la convicción.


Vayamos al ejemplo. A JI le parece que la cuarteta con que se inicia la obra:


¿Qué suceder es éste, qué armonia
vibrada entre la rueda y el cuadro?
¿Quién al espacio-tiempo me confía?
¿Quién se burla de mí, pues me ha creado?


es "pedante, confusa y floja". A lo cual cabe preguntar: ¿Cuál es el valor de este procedimiento que aisla una cuarteta para mejor enjuiciarla y fusilarla por separado, sin darle la garantía del contexto? Y también, ¿cómo demuesta JI sus sentencias? De igual modo yo podría decir que esa cuarteta me resulta "vivida, teológica y espléndida". Con lo cual, el debate descendería hasta el pugilato de adjetivos o la esgrima de slogans (¡Una obra siniestra! ¡Lo mejor desde Romeo y Julieta!). Otro ejemplo; dice JI que una cuarteta


Y gracias que, de triste, me deslío,
y oceanográficamente me dejo
ir en la barca suelta de mi hastío
hasta el otro hemisferio del espejo.


nos habla de una moda poética periclitada, insoportable. Yo no la advierto así. Me resulta de una sorprendente eficacia estética y encuentro actual, vigente esta poesía. Con lo cual me encuentro en el mero enfrentamiento de juicios, en el careo de opiniones. Y esa actitud de exigir la fe y no la razón en los posibles lectores, ha producido ese ingenuo personaje que confía o recela, pero que tiene, como único argumento de convicción, el nombre que ampara las cuartillas "Lo dice Fulano". ¿Y por qué lo dice? "Porque sabe su cuento". Creo que JI, al atender a la obra de Reyes y juzgarla como el relato sobre "un señor mediocre y vagamente degeneradón", cayó en la trampa de su facilidad humorística: es muy gracioso, pero apartado de un análisis coherente, el afirmar, digamos, que Landrú "no era necrófilo, sino roasbeefilo". Con chistes se puede alejar al lector del desarrollo lógico de un punto de vista.


De esa actitud de resolver de una plumada su compromisos críticos, son testigos implacables los párrafos que JI dedica a otro texto de Reyes, La mano del Comandante Aranda. Sin más trámites le dedica el remalazo de un chiste que podría funcionar referido a un discurso político, pero que al adjudicarse a un escrito con la amenidad de Don Alfonso, se vuelve francamente torpe. Según esto, La mano se podría llamar Cómo matar de tedio en ocho páginas y además "es de una estupidez y densidad verdaderamente lamentables". ¿De qué modo Ibargüengoitia pretende demostrar sus asertos? De ninguno, ya que de la condena abrupta pasa a la sedición, al disgustarse y afligirse porque el público no proteste y silbe ante la majadería que presencia y porque sólo la celebra por inercia y por los disimulados gestos pornográficos de quienes están leyendo.


Y si se relee La mano del Comandante Aranda uno puede, en este desafío de criterio, decidir que Ibargüengoitia sencillamente no entendió el texto. Porque es difícil resumir las aventuras de una mano -como tema y como símbolo contemporáneos- con la riqueza idiomática, la maestría, la erudición sonriente, el humor puro, la cultura afable de Don Alfonso. No hay, ni por asomo, "estupidez y densidad". Y aquí ni siquiera solicito la credulidad para mis afirmaciones.


Por último, y aunque no corresponde a las intenciones de esta nota, quiero sumarme con entusiasmo que sucita la puesta en escena de Juan José Gurrola y la música de Rafael Elizondo, "como en los roaringtwenties". Y no está de más mencionar a esos magníficos actores. Carlos Jordán, Tamra Garina, Marta Verduzco, Pixie Hopkin, María Antonieta Domínguez, y citar la excelente, comprensiva lectura que de la La mano del Comandante Aranda realizan Marta Verduzco y Claudio Obregón.

A lo que Jorge Ibargüengoitia, recontrarevira





y de paso anuncia que el teatro ya lo tiene harto. Téngase en cuenta que esto pasaba a mediados de 1964, cuando ya estaba escrita y enviada (y apuesto que seleccionada ganadora) al premio Casa de las Américas, Relámpagos de Agosto.


Oración fúnebre en honor de Jorge Ibargüengoita


Escribo este artículo nomás para que no digan que me retiré de la crítica porque Monsiváis me puso como Dios al perico (ver el número de junio de esta revista) o porque me corrieron de aquí por mal crítico. No me voy ni arrepentido, ni cesante, ni, mucho menos, a leer las obras completas de Alfonso Reyes. Me voy porque ya me cansé de tener que ir al teatro (actividad que he llegado a detestar), escribir artículos de seis páginas y entregarlos el día 20 de cada mes. Los artículos que escribí, buenos o malos, son los únicos que puedo escribir. Si son ingeniosos (Monsiváis, loc. cit.) es porque tengo ingenio, si son arbitrarios es porque soy arbitrario, y si son humorísticos es porque así veo las cosas, que esto no es virtud, ni defecto, sino peculiaridad. Ni modo. Quien creyó que todo lo que dije fue en serio, es un cándido, y quien creyó que todo fue broma, es un imbécil.


Antes de hacer algún comentario a lo que dijo Monsiváis, quiero advertirle al mismo que no habrá la polémica que creyó iniciar "sin previo aviso", porque si él quiere que la crítica se haga "[partiendo]... de un respeto elemental hacia lo que se juzga, para concluir por un proceso orgánico en la pérdida o en el enriquecimiento de ese respeto", que la haga él, porque para mí, el respeto mismo debe tener una base orgánica y en general puedo decir que respeto mucho más al teatro que a las obras que montan en él y, en particular, que respeto mucho más a Landrú que a Alfonso Reyes.


En cuanto a la acusación de que me hace objeto Monsiváis de "tomar el rábano por las hojas" (expresión que nunca me atervería a usar porque no sé si "tomar" equivale a "coger" o a "confundir") y de emplear frecuentemente expresiones tales como "es como si tal cosa" o "es como si tal otra", debo decir que el recurso aludido me parece perfectamente válido, aunque, claro, requiere cierta pericia en el uso y una habilidad natural para encontrar equivalencias. Acepto los riesgos del procedimiento y por eso lo uso. Monsiváis, en cambio, a pesar de considerarlo ilícito, lo usa para criticarme a mí. Dice, por ejemplo, refiriéndose a mis objeciones al comienzo de Landrú: "No se requería que [la obra] empezara diciendo 'En enero de 1915, Landrú asesina a Madame Cuchet y a su hijo. Trágico incidente que inicia una carrera de...' aunque esto en rigor exija Ibargüengoitia" En las frases contenidas en esa cita hay un "es como si" oculto, porque yo nunca exigí tal cosa. La cita puede redactarse de la siguiente manera: "es como si Ibargüengoitia exigiera que la obra comenzara diciendo, etcétera." "Es como si" yo fuera tan tonto para exigir tal cosa. Porque aunque, como dice Monsiváis, el monólogo parte de la realidad de Landrú, lo único que sabemos de él es eso, precisamente: que, en enero de 1915, asesinó a Madame Cuchet. Pero ¿por qué la asesinó? Monsiváis tiene la certeza de que "la nota roja es la historia sentimental de Occidente". Pero la nota roja sólo nos informa quién mató a quién y dónde y cuándo, el por qué es materia de conjetura y asunto precisamente del cine, del teatro, de la novela, etcétera. Así que ¿por qué asesinó Landrú a Madame Cuchet? Vaya usted a saber, porque el Landrú de don Alfonso Reyes nos responde con otra pregunta:


¿Qué suceder es éste, qué armonia
vibrada entre la rueda y el cuadro?
¿Quién al espacio-tiempo me confía?
¿Quién se burla de mí, pues me ha creado?


Ahora bien, yo pido a mis lectores que se sienten en el teatro a ver a un señor que sale a decir esta cuarteta y verán si entienden a qué rueda y a qué cuadro se refiere don Alfonso, con lo erudito que era. Por eso dije que me parecía "pedante, confusa y floja". En cuanto a mi "Bella incursión... en el terreno de las alusiones finas" (nótese el sarcasmo) "¿Se identifica aquí entonces a Landrú con los anhelos incumplidos de quien al no ser asesino notables, sí fue director de El Colegio de México?" Pues sí. Precisamente. Sólo que la identificación no la hice yo, sino Gurrola. Esto puede comprobarse fácilmente comparando una foto del verdadero Landrú, con las de Alfonso Reyes y Carlos Jordán, para que se vea quién se parece a quién.


Se me acusa de ortodoxia porque dije que la obra no era opereta, pero no es sino otra vez el mismo recurso: "es como si" yo hubiera dicho que no era opereta sino sainete, cuando dije que no era opereta, sino cuatro monólogos y dos coros. El recurso está otra vez mal usado, porque no estaba yo aludiendo al género, sino a lo incompleto de la pieza, y al hecho de que no tiene diálogo, recurso inventado hace dos mil quinientos años.


De La mano del comandante Aranda dije que era tediosa, porque me mató (metafóricamente) de tedio. Si es como afirma Monsiváis, "un resumen de las aventuras de una mano, como tema y como símbolo contemporáneo", cabe advertir que en el resumen faltó hacer mención de la masturbación, omisión que me parece imperdonable en una obra tan ambiciosa.


Por último, quiero hacer notar que Monsiváis también cae en el error del que me acusa, de hacer afirmaciones rotundas al decir: "una certeza: la nota roja es la historia sentimental del Occidente", o bien "la defensa de quien ('primer hombre de letras de Hispanoamérica') por sí solo establece su categoría". ¿Ah, sí? Lo que pasa es que cada quien tiene su cañoncito, unos grandote y otros, chiquito, y cada quien lo usa como puede, pero venirme con la reclamación de que estoy destruyendo prestigios por amor al malabarismo, sale sobrando, porque con otros me he metido y nadie dijo nada. El caso es que decir que Alfonso Reyes escribió dos obras malas (una de las cuales, por cierto, él no se atrevió a publicar) sigue siendo aquí un pecado tan grande "como si" alguien dijera, hace cincuenta años, que Angela Peralta cantaba muy feo, o hace veinticuatro que Francisco Sarabia era un mal piloto. Así que: ¡Viva México! ¡Gloria a los héroes es que nos dieron libertad!

No hallé referencias que indicaran que Monsiváis continuara este duelo de revires. Luis Moncada en un pie de página, comenta: "Era intención de los editores incluir en este volumen el artículo de Carlos Monsiváis titulado Landrú, o crítica de la crítica humorística o cómo iniciar una polémica sin previo aviso. Sin embargo, al no conceder el autor su autorización para publicarlo, remitimos al lector interesado en conocerlo integramente a la Revista de la Universidad..." etcétera.

viernes, abril 27, 2012

Puny god!






Si no han ido a ver The Avengers, quiéranse tantito y vayan a componer su lamentable situación. Ya.

jueves, abril 19, 2012

Vivimos en un estado laico, dizque neocristeros zoquetes

A esos que berrean "¡Viva Cristo Rey!" entusiasmados por el estreno de una película cuyo trailer me provoca ataques de bostezos  les tengo un mensaje:


Estuve casado con una presbiteriana.


Estoy casado con una católica no practicante.


Mi mejor amigo muerto era agnóstico.


Mi mejor amigo vivo es católico.


Yo soy un ateo.


Y a todos nos vale -o valía en caso del cuate muerto- pura reata lo que crea el otro en tanto eso no eche a perder el resto de nuestros derechos.


Como el derecho que tienen unos a celebrar bautizos.


Como el derecho que tienen otros a congregarse a cantar aleluyas.


Como el derecho que tenemos todos a recibir una educación pública basada en ciencia en vez de una adoctrinación basada en dogma.


Como el derecho que yo tengo a pitorrearme de sus dislates y uds de los míos.


Eso se llama vivir en un estado laico. Y vayan metiéndose en la cabeza que eso significa vivir en un lugar donde no caben las ansias fundamentalistas de que todos creamos lo mismo.

domingo, abril 15, 2012

Condones e ideologías

La discusión


Hace unos días alguien de mis facebookamiguises compartía la siguiente nota:







Click en la imagen para leer la nota


La nota dice que un par de diputados del PAN, Miguel Osuna Millán y Paz Gutierrez Cortina habían propuesto una iniciativa de ley respecto a los condones para " limitar la publicidad de esos productos, que no llegue a los menores de 14 años, que los anuncios publicitarios se transmitan en televisión después de las 22:00 horas y que en salas de cines se incluya en las películas para adultos con clasificación C o D."


Bueno, eso no me extraña, ya sabemos de más de uno que se escandaliza porque sus hijos sepan de la existencia de penes y vaginas (con todo y que son los portadores de unos u otras).


No obstante, lo que más me llamó la atención de la nota fue lo siguiente:
Según la legisladora, “varios estudios” –no dijo cuáles– demuestran que los preservativos tienen una efectividad de 80% en transmisión de enfermedades venéreas.
- ¡A los internets! - dije -ah chinga, pues si ya estoy ahí.


Los estudios


Unos clicks más tarde estaba yo leyendo la mentada iniciativa de ley de Osuna Millán y Gutierrez Cortina y encontré dos cosas notables:


a) que la iniciativa no menciona todo ese rollo de limitar la publicidad a adolescentes, que yo creo que son de los más necesitan saber del tema (aunque no nada más por las razones que aquí se exponen -de eso platicaremos en otra bosta-), y


b) que la iniciativa tiene bibliografía de estudios sobre efectividad del condón.


"Y yo que pensaba que los legisladores panistas eran absolutos analfabetos de estudios científicos" pensé.


La bibliografía que señalan en su iniciativa es la siguiente.


1 Weller, SC. “A meta-analysis of condom effectiveness in reducing sexually transmitted HIV”, en Soc Sci Med, 1993; 36:1635-44.


2 Davis, KR; y Weller, SC. “The effectiveness of condoms in reducing heterosexual transmision of HIV”, en Fam Plann Perspect, 1999; 31(6):272-9.


3 Pinkerton, SD; y Abramson, PR. “Effectiveness of condoms in preventing HIV transmission”, en Soc Sci Med, 1997; 44(9): 1303-12.


Ahora bien, si uno lee al menos el abstract de cada estudio, se vuelve evidente que en su iniciativa de ley los diputados panistas omitieron las partes más importantes de las conclusiones, así que voy a enmendarles la tarea.


El primer estudio (el de hace 19 años) dice claramente: "los resutados de estudios de transmisión de VIH indican que los condones podrían reducir el riesgo de infección aproximadamente en un 69%. Por lo tanto, la eficacia podría ser mucho más baja que la que comunmente se asume, aunque los resultados deben interpretarse tentativamente debidos a limitaciones de diseño en los estudios originales (el énfasis es mío).


El segundo estudio (de hace 13 años) señala: "El uso consistente del condón provee de protección contra el VIH. El nivel de protección se acerca al 87%, y el rango depende de la incidencia de los que no usan condón."


El tercer estudio (de hace 15 años) indica: "Una reexaminación de los estudios de seroconversión de VIH sugiere que los condones son de 90% a 95% efectivos cuando se usan consistentemente[...] Aunque imperfecta, los condones proveen de una sustancial protección contra infección por VIH. La promoción del condón, por lo tanto, permanece como importante prioridad internacional en la lucha contra el VIH" (otra vez, el énfasis es mío).


Servicio a la comunidad


Continuando con la lectura de la iniciativa de los diputados panistas llega uno a lo siguiente:
[...]Se somete a consideración de esta soberanía la siguiente iniciativa con proyecto de Decreto por el que se adiciona un artículo al título décimo tercero de la Ley General de Salud Único.
Se adiciona un artículo al título décimo tercero de la Ley General de Salud, para quedar como sigue: 
Artículo 310. La publicidad relativa a preservativos deberá contener información veraz y completa respecto a la protección contra enfermedades de transmisión sexual, evitando expresiones que confundan sobre la eficacia de los mismos.
Eso de que la publicidad contenga información completa y veraz me parece muy bien, por lo tanto ahí va mi granito de arena. Según el CDC (Centro para Control y Prevención de Enfermedades) la manera rifadora para usar un condón es:

  • Usa un condón nuevo para cada penetración vaginal, anal u oral en todo el coíto (de inicio a fin).
  • Antes de cualquier contacto genital, coloca el condón desenrollándolo directamente en el pene erecto hasta su base (no lo desenrolles, estás poniendo un condón no las cortinas en la sala de tu madre).
  • Pellizca la punta del condón mientras se desenrolla para dejar espacio para el semen.
  • Después de la eyaculación, sostén el borde del condón y saca el pene del orificio de tu pareja en que lo tengas metido, antes de que pierda la erección, para evitar que el condón se deslice y hagas un batidero.
  • Desecha el condón en forma adecuada, procurando que otros no tengan que manipularlo.
  • Si el condón se rompe durante la cogedera, interrumpe inmediatamente lo que estés haciendo, saca tu pene de tu pareja, saca el condón roto de tu pene y ponte uno nuevo.
  • Procura usar lubricante a base de agua. Los lubricantes de aceite podrían echar a perder el látex, aumentando la probabilidad de que se rompa.

Y la manera incorrecta de usar un condón es esta:










Y finalmente...


Esta bosta no nada más es un rant contra iniciativas panistas de ley o notas de Proceso malhechas. Es también para poner, avezados lectores, a su consideración la siguiente idea:


Si hay alguien pensando que con puros condones o con pura abstinencia moralina, ya tiene una sociedad todas las herramientas necesarias para encarar una epidemia tan compleja como la transmisión de VIH-SIDA, piénselo de nuevo. De acuerdo a este texto nada más con condones no basta.


No es sólo con ideología, ni de las progresistas ni de las mochas, como se resuelven problemas complejos.


Es con ciencia.

miércoles, abril 11, 2012

Un escéptico en Museo de Medicina Tradicional

Cuando Maximiliano de Habsburgo edificó en 1866 La Villa Olindo, en Acapantzingo (en aquél entonces un poblado al que se llegaba en caballo o en burro desde Cuernavaca) yo creo que nunca pensó que el lugar se fuera a convertir en albergue de museo de medicina tradicional.


Y si se lo imaginó apuesto a que no contempló que un día acudiera, al mismísimo recinto donde dicen que el Emperador le bajaba los chones a la India Bonita, un escéptico epiléptico a pitorrearse de un discurso museográfico.


Como hayan sido los sueños del futuro de Maximiliano, el caso es que en los terrenos de la otrora villa, ahora a resguardo del INAH, están el Jardín Etnobotánico de Morelos y el Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria al que recientemente fui y del que salí diciendo: "¿desde cuándo la medicina tradicional y el pensamiento crítico son materias separadas?"


A continuación va algo del contenido del mentado museo.


Como justificación para no abordar los estudios sobre la eficacia terapeútica de la medicina tradicional que se exhibe en el museo, hay un párrafo en una mampara que dice:

"Muchos procedimientos curativos tradicionales resultan poco accesibles al pensamiento racional. Sin embargo, desatan procesos favorables a la curación, estimulando mecanismos poco analizados aún por la ciencia occidental, como los que vinculan entre sí emociones y actitudes de respuesta inmune y el sistema nervioso. El ritual no ha persistido por casualidad: puede estimular poderosamente los procesos internos de curación, independientemente de nuestra capacidad para comprenderlo."
Con ese párrafo quien haya estado a cargo de la museografía arropa con velo de gran misterio para la ciencia el fenómeno bien estudiado del efecto placebo.


Como si eso confiriera legitimidad. O eficacia terapeútica.


Ahora examinen los diagnósticos y los tratamientos. Los textos son del museo y mutatis mutandis.


Mal de aire


El mal aire se pega en Morelos cuando una persona pasa caminando cerca de un hormiguero de cuachalatas sin saludar al Hermano Aire, o no se le convida de lo que está uno comiendo o bebiendo en ese momento. Esto provoca el enojo de la culebra coralillo que ahí habita. Para curarse hay que ir a tratarse con un curandero que haya sido tocado por el rayo.


La curación consiste en dos limpias con jarilla, ruda y alcohol e incluye la ofrenda al aire. Es decir, alrededor del hormiguero se colocan 12 figurillas del aire, frutas, alcohol, y cigarros. Se golpea el piso con el pie y luego de rociar alcohol con la boca se reza:


Te traemos tus cosas que necesitabas
ya no mortifiques a este cristiano.
Aquí te traigo tu culebrita que estabas deseando,
ya deja en paz a este cristiano, ya no lo molestes.
Ten piedad y misericordia.
Aquí está tu frutita, aquí está tu pancito.
Aquí están tus ceritas.



Finalmente se enciende una vela que se deja junto a la ofrenda.

Empacho


Se trata de un problema eminentemente mecánico, atribuido con frecuencia a materia que se queda adherida a la pared del intestino, como cáscaras de fruta, carne, papel, tierra, masa de harina o chicle.


También ocurre por enfriamiento de intestinos, o porque la madre que da pecho ha comido algo que le cae mal al niño, o este se acuesta inmediatamente después de comer.


El empacho se trata tronándolo. Una variante de la tronada consiste en acostar al paciente con los brazos extendidos y pellizcarlo en la parte media de la columna vertebral, procurando tronar el empacho.


Con frecuencia se purga al niño y se usan plantas como la hierbabuena, la rosa de castilla, la malva, y la Santa María. En Morelos se usa también el Estomaquil combinado con refresco Onda rojo.


Entre las manifestaciones del empacho se encuentra la hinchazón de vientre, la diarrea, la mala digestión y el dolor abdominal.


Si hay diarrea, se dice empacho aguado, si no, empacho seco.


El susto


Se atribuye generalmente a una experiencia brusca, que resulta en un estado de tensión o angustia momentánea, que en muchos casos provoca la pérdida del alma.


Entre las diversas causas del susto, existe la idea de que hay seres naturales dedicados a espantar como los naguales o los fantasmas, y que hay otros que espantan al encontrarse con ellos, como los chanes o chaneques, duendes de la lluvia.


El tratamiento depende de la causa del susto: pero generalmente requiere de medidas prontas porque se puede perder el alma y el mal puede generar la muerte o bilis, o presión.


En algunos casos los pulsos son chupados para volverlos a su lugar y con ello hacer que el alma retorne. También se estiran los brazos y los dedos, todo ello acompañado de rezos, limpias, fricciones y remedios vegetales.


Para saber que alguien está enfermo del susto, hay que averiguar si el afectado se agita mientras duerme, y que cuando esté despierto se encuentre indiferente, sin apetito, sin ganas de vivir, introvertido y débil.


El curandero detecta el espanto por la debilidad del pulso o leyendo velas o mediante la adivinación, la revelación divina, o la interpretación de los sueños del afectado.


Ajá, sí. Por revelación.

Ahora bien, avezados lectores, si alguno está pensando que con eso que he compartido ya está en posición de poner un consultorio para curar a los más despistados y desesperados, tengan en cuenta que van a tener que incorporar a su discurso frases como las siguientes:
"Este daño ya lo llevas desde hace rato... y lo peor es que te quejas y sigues lambiendo las coyundas... bueno, eso veo en el huevo... ¿quién te va a espabilar?... Mis 62 protectores aztecas me visitan en sueños, me dan consejo, me dan razón de la vida y del sufrir, pero no hay consuelo si no pones de tu parte, hermanito..."
El discurso museográfico cierra con el siguiente texto:
"La formación médica universitaria no permite comprender otras prácticas diagnósticas y curativas y aprender de ellas. 
El médico ha aprendido a descalificar aquello que no conoce en lugar de intrigarse por ello; como resultado, el clínico no somete a prueba procedimientos y recursos curativos que le son extraños"
Me pregunto cómo se haría un estudio clínico, aleatorio y de doble ciego para pacientes diagnosticados con susto y cómo se cuentan los protectores aztecas de un curandero que le dan consejo.




Doña con superpoderes y moscas como dragones