miércoles, abril 11, 2012

Un escéptico en Museo de Medicina Tradicional

Cuando Maximiliano de Habsburgo edificó en 1866 La Villa Olindo, en Acapantzingo (en aquél entonces un poblado al que se llegaba en caballo o en burro desde Cuernavaca) yo creo que nunca pensó que el lugar se fuera a convertir en albergue de museo de medicina tradicional.


Y si se lo imaginó apuesto a que no contempló que un día acudiera, al mismísimo recinto donde dicen que el Emperador le bajaba los chones a la India Bonita, un escéptico epiléptico a pitorrearse de un discurso museográfico.


Como hayan sido los sueños del futuro de Maximiliano, el caso es que en los terrenos de la otrora villa, ahora a resguardo del INAH, están el Jardín Etnobotánico de Morelos y el Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria al que recientemente fui y del que salí diciendo: "¿desde cuándo la medicina tradicional y el pensamiento crítico son materias separadas?"


A continuación va algo del contenido del mentado museo.


Como justificación para no abordar los estudios sobre la eficacia terapeútica de la medicina tradicional que se exhibe en el museo, hay un párrafo en una mampara que dice:

"Muchos procedimientos curativos tradicionales resultan poco accesibles al pensamiento racional. Sin embargo, desatan procesos favorables a la curación, estimulando mecanismos poco analizados aún por la ciencia occidental, como los que vinculan entre sí emociones y actitudes de respuesta inmune y el sistema nervioso. El ritual no ha persistido por casualidad: puede estimular poderosamente los procesos internos de curación, independientemente de nuestra capacidad para comprenderlo."
Con ese párrafo quien haya estado a cargo de la museografía arropa con velo de gran misterio para la ciencia el fenómeno bien estudiado del efecto placebo.


Como si eso confiriera legitimidad. O eficacia terapeútica.


Ahora examinen los diagnósticos y los tratamientos. Los textos son del museo y mutatis mutandis.


Mal de aire


El mal aire se pega en Morelos cuando una persona pasa caminando cerca de un hormiguero de cuachalatas sin saludar al Hermano Aire, o no se le convida de lo que está uno comiendo o bebiendo en ese momento. Esto provoca el enojo de la culebra coralillo que ahí habita. Para curarse hay que ir a tratarse con un curandero que haya sido tocado por el rayo.


La curación consiste en dos limpias con jarilla, ruda y alcohol e incluye la ofrenda al aire. Es decir, alrededor del hormiguero se colocan 12 figurillas del aire, frutas, alcohol, y cigarros. Se golpea el piso con el pie y luego de rociar alcohol con la boca se reza:


Te traemos tus cosas que necesitabas
ya no mortifiques a este cristiano.
Aquí te traigo tu culebrita que estabas deseando,
ya deja en paz a este cristiano, ya no lo molestes.
Ten piedad y misericordia.
Aquí está tu frutita, aquí está tu pancito.
Aquí están tus ceritas.



Finalmente se enciende una vela que se deja junto a la ofrenda.

Empacho


Se trata de un problema eminentemente mecánico, atribuido con frecuencia a materia que se queda adherida a la pared del intestino, como cáscaras de fruta, carne, papel, tierra, masa de harina o chicle.


También ocurre por enfriamiento de intestinos, o porque la madre que da pecho ha comido algo que le cae mal al niño, o este se acuesta inmediatamente después de comer.


El empacho se trata tronándolo. Una variante de la tronada consiste en acostar al paciente con los brazos extendidos y pellizcarlo en la parte media de la columna vertebral, procurando tronar el empacho.


Con frecuencia se purga al niño y se usan plantas como la hierbabuena, la rosa de castilla, la malva, y la Santa María. En Morelos se usa también el Estomaquil combinado con refresco Onda rojo.


Entre las manifestaciones del empacho se encuentra la hinchazón de vientre, la diarrea, la mala digestión y el dolor abdominal.


Si hay diarrea, se dice empacho aguado, si no, empacho seco.


El susto


Se atribuye generalmente a una experiencia brusca, que resulta en un estado de tensión o angustia momentánea, que en muchos casos provoca la pérdida del alma.


Entre las diversas causas del susto, existe la idea de que hay seres naturales dedicados a espantar como los naguales o los fantasmas, y que hay otros que espantan al encontrarse con ellos, como los chanes o chaneques, duendes de la lluvia.


El tratamiento depende de la causa del susto: pero generalmente requiere de medidas prontas porque se puede perder el alma y el mal puede generar la muerte o bilis, o presión.


En algunos casos los pulsos son chupados para volverlos a su lugar y con ello hacer que el alma retorne. También se estiran los brazos y los dedos, todo ello acompañado de rezos, limpias, fricciones y remedios vegetales.


Para saber que alguien está enfermo del susto, hay que averiguar si el afectado se agita mientras duerme, y que cuando esté despierto se encuentre indiferente, sin apetito, sin ganas de vivir, introvertido y débil.


El curandero detecta el espanto por la debilidad del pulso o leyendo velas o mediante la adivinación, la revelación divina, o la interpretación de los sueños del afectado.


Ajá, sí. Por revelación.

Ahora bien, avezados lectores, si alguno está pensando que con eso que he compartido ya está en posición de poner un consultorio para curar a los más despistados y desesperados, tengan en cuenta que van a tener que incorporar a su discurso frases como las siguientes:
"Este daño ya lo llevas desde hace rato... y lo peor es que te quejas y sigues lambiendo las coyundas... bueno, eso veo en el huevo... ¿quién te va a espabilar?... Mis 62 protectores aztecas me visitan en sueños, me dan consejo, me dan razón de la vida y del sufrir, pero no hay consuelo si no pones de tu parte, hermanito..."
El discurso museográfico cierra con el siguiente texto:
"La formación médica universitaria no permite comprender otras prácticas diagnósticas y curativas y aprender de ellas. 
El médico ha aprendido a descalificar aquello que no conoce en lugar de intrigarse por ello; como resultado, el clínico no somete a prueba procedimientos y recursos curativos que le son extraños"
Me pregunto cómo se haría un estudio clínico, aleatorio y de doble ciego para pacientes diagnosticados con susto y cómo se cuentan los protectores aztecas de un curandero que le dan consejo.




Doña con superpoderes y moscas como dragones

1 comentario :

Sir David von Templo dijo...

El leer este tipo de anécdotas me hace preguntar en que momento los monos se volvieron indistinguibles de los humanos...

Lo malo es que parece que a nivel científico estamos retrocediendo pero con mucho entusiasmo.

Saludos.