miércoles, abril 17, 2013

El niño y el Tepozteco

Si aún hay lectores de este blog quizá recuerden que hace algunas semanas estaba yo contando de la ordalía voluntaria -y nada gratuita- a la que me sometí al participar en una Spartan Race Sprint.

Pues bien, tantito por masoquismo, tantito porque fue una experiencia más divertida que agotadora y muchote porque no quiero yo volver a tener carnes fofas producto de mi godinismo glotón y sedentario (aunque eso de mi godinismo está en suspenso, como ya expliqué), me he inscrito a una siguiente Spartan Race. Ésta, Super (es decir, más kilómetros y más obstáculos), en Valle de Bravo, en mayo.

He aquí la altimetría de la ruta que publicaron los organizadores en FB.



Ante ese panorama de corredera tan abrupta, hace unos días que estuve en Morelos, decidí incorporar a mi entrenamiento treparme al Tepozteco. Hasta la cima, no hasta la pirámide que es a donde nomás llegan los turistas que no hallan qué hacer el fin de semana.

Cuando subo al Tepozteco me gusta hacerlo en la mañana. Así que paso la noche previa en la casa de mis papás que viven en Cuernavaca. Mi mamá, cuando se entera de lo que quiero hacer a la mañana siguiente, me cuenta una historia disuasoria, sin importarle si ya lo ha hecho decenas de veces antes y si yo ya he subido otras tantas el mentado Tepozteco.

Digo que es historia disuasoria porque creo que la intención de mi madre es que yo reaccione diciendo "uy que susto, no subiré al Tepozteco, me quedaré y seré un fofo feliz como tus otros hijos".

La historia va así.

Iba mi mamá caminando un día, muy contenta, al pie del Tepozteco con intenciones de subir el cerro y llegar a la pirámide cuando ve pasar corriendo a unos paramédicos cargando una camilla vacía en la misma dirección que ella llevaba. Más tarde ve pasar a los mismos paramédicos, esta vez en dirección contraria y con la camilla ocupada por un señor que parecía desmayado pero que ya estaba muerto.

Mi madre no es que tenga superpoderes de diagnóstico clínico remoto. Se enteró que el señor por el que se había armado tanto relajo estaba muerto porque cuando se desanimó y desandó el camino hasta el estacionamiento, se dio cuenta que la camilla con todo y muerto estaba obstruyendo la salida del cajón que ocupaba su coche mientras los paramédicos esperaban a que llegara alguien del Ministerio Público a decirles qué hacer con el cadáver.

Así que mi mamá se quedó esperando también. Durante la espera, antes que el agente del Ministerio Público, llegó la recién viuda llevando a un niño recién huérfano. Mi mamá no tiene superpoderes de diagnóstico clínico remoto, pero sí los tiene para entablar conversación con todo mundo sin importar las circunstancias. Así fue como se enteró que el muerto era cuarentón, que jamás se había enfermado de nada grave antes, que durante su vida matrimonial no había ido a una consulta médica y que ese fin de semana quiso subir El Tepozteco amparado con su última frase célebre que fue mutatis mutandis "todavía las puedo" antes de caer exánime al suelo.

Fin de la historia que me cuenta mi mamá.

Cada vez que oigo esa historia me quedo pensando no en el muerto ni en la viuda, y mucho menos en que me vaya a pasar lo mismo, sino en la criatura. A veces me lo imagino en brazos de su mamá, otras veces, ya más crecido, de pie y sin soltar la mano de su mamá. Pero siempre con los ojos abiertos como platos contemplando los elementos de la escena: el papá tumbado en una camilla y mosqueándose al pie de las llantas traseras del coche de mi madre, los paramédicos esperando y su mamá explicando a sollozos como cayó fulminado su papá. Sin entender del todo lo que pasa pero quedándosele grabado en la cabeza el drama.

Como ésta es una historia repetida hasta la naúsea, ya han pasado algunos años del incidente. El niño ya no lo es. Debe ser un adolescente o está a punto de serlo. También me lo imagino yendo al Tepozteco por su cuenta para enfrentar la cordillera que mató a su padre...

... y la cara de desconcierto que ponga cuando vea que el lugar está repleto de gordos y gordas subiendo las lajas de piedra que conducen a la pirámide, echando sudores y jadeos, pero sin caer fulminados.

Por eso amiguitos, levanten el culo de vez en cuando de enfrente del monitor y usen el poder de sus piernas para ir de un lado a otro. Si han cumplido al menos cuatro décadas (si no saben contar décadas eso quiere decir que están treintones) usen ese poder para irse a hacer un chequeo. No vayan a ser los progenitores de chamacos que pasen sus primeros años pensando en retos imposibles donde no los hay.

4 comentarios :

MAAG dijo...

Se ve rifada la ruta; con sesiones de un día de entrenamiento a la semana en la mítica “pared” del Bosque de Tlalpan, la sacas. A tres cuartos (casi arrancones) subir unas cinco o siete veces irás fortaleciendo para esas subidas.
A mí me encantan esas rutas (solía entrenar solo en pendientes). Si vives en el sur de la ciudad, el cerro (me imagino ya casi pelón) de la cruz de Tepepan (cerca del Colegio Militar) es una muy buena opción para otro día de entrenamiento más aeróbico pero igual de “subido”. El resto, con vueltas planas de 7 a 12 km, y una que otra de 15. A darle.

Anónimo dijo...

0-10 1a decada de vida
10-20 2a decada de vida
20-30 3a decada de vida
30-40 4a decada de vida

si tienes mas de cuatro decadas tienes al menos cuarenta, corrigeme?

Héctor Coronado dijo...

MAAG: Empecé a bloguear con la promesa de fama y mujeres. No obtuve ninguna de las dos pero me alegro del canje de haber encontrado coach. He segudo esas indicaciones y creo que sí las podré en la carrera.

Anónimo:

0-9 1era década
10-19 2da década
20-29 3era década
30-39 4ta década
40-49 5ta década

lo escribí mal, debí poner "si ya tienen al menos cuatro décadas (si no saben contar décadas eso quiere decir que están treintones". Ya lo corrijo.

Anónimo dijo...

¿donde le pongo "Like"?...¿dónde estoy? =D
Muy buena.