viernes, mayo 03, 2013

Lo que oigo cuando corro y de lo que habla Murakami cuando habla de correr

I.

Recién me preguntaron qué oigo cuando corro. Creo que soy tradicional al respecto. Lo que encuentre que me guste y cuyos beats suenen parecido al golpe de mis pies contra la arcilla es lo que oigo. A mi playlist le puse "No oí que sonara la campana, hijodeputa" (al lector que requiera explicación de esa referencia péguese un balazo, o mejor aún, siéntese a mirar las películas de Rocky). Dura aproximadamente 55 minutos y pasé depurándola el último trimestre de entrenamiento para la siguiente Spartan Race. Cuando hago 10K suelo quedarme sin oir una o dos rolas (depende de la altimetría de la pista donde corra) pero cuando hago 12K o 15K empiezo a oir rolas repetidas. Lo que está bien para mí.

Va mi soundtrack para correr -y también lo uso cuando el entrenamiento no incluye correr- (sin ningún orden en especial).

1. Hyperballad de Björk. Por alguna razón que muchos encuentran inquietante a mí me anima a correr la imagen mental cuando dice

it's real early morning
no-one is awake
i'm back at my cliff
still throwing things off
i listen to the sounds they make
on their way down
i follow with my eyes 'til they crash
imagine what my body would sound like
slamming against those rocks

and when it lands
will my eyes
be closed or open?

2. Tema principal de la película de Superman. John Williams, con cuerdas y metales me ha servido para remontar sin detenerme "la pared" del Bosque de Tlalpan.

3. Heart's on fire de John Cafferty. Del soundtrack de Rocky IV, las pocas sesiones que estuve probando las aplicaciones chafas para celular -Nike+, Runkeeper, etc- que miden distancia a esta era la que configuraraba como mi power song. Si Rocky pudo detener la guerra fría a puñetazos con esto seguro yo puedo correr una vuelta más.

4. Training montage, también del soundtrack de Rocky IV. Hace buena mancuerna con la anterior y funciona bien sola cuando hay que hacer secuencias de sprints.

5. Pressure de Billy Joel. Si suena cuando me están molestando las pantorrillas, el tobillo derecho o la rodilla izquierda -lo que pasa con más frecuencia de lo que me gusta admitir- no ocurre ninguna magia de desaparecer el dolor pero sí cumple su cometido de que me de cuenta que aún las puedo y continuo.

6. Over and over again de Clap your hands Say Yeah. No importa si suena al inicio, a la mitad o al final del entrenamiento, siempre me sirve de recordatorio para seguir dando zancadas. O haciendo burpees. O colgándome como chango de una barra. Lo que toque.

7. Light and Day de Polyphonic Spree. Me gusta en especial cuando corro en las mañanas o en las tardes y sol está cerca del horizonte. La imagen mental de perseguirlo corriendo la encuentro alentadora.

8. Raiders of the Lost Ark. John Williams de nuevo haciendo lo suyo para que yo haga lo mío.

9. Shine de Love Freaks. Cuando la oigo, mi cabeza pone play al video donde sale una guapa bailando en patines. Se está divirtiendo tanto que considero que vale la pena procurar imitarla.

10. Steam train to Mallaig. Esta venía en un disco que les compré a los de la Banda de Gaitas del Batallón de San Patricio. Y ha de ser la única rola de gaitas que he oído que resulta alentadora, no nostálgica. La tocan mejor los del Batallón de San Patricio que cualquier otra banda que he oido en los youtubes.

11. Arise de Posthumus. Si con chelos y violines en permanente crescendo justo antes de que lleguen las percusiones y metales a hacer lo mismo, no levantas las rodillas, con nada lo vas a hacer.

12. Spectrum de Zedd. Esta rola tiene la característica nada despreciable de quitarme el mal viaje que tenga.

13. Firework de Katy Perry. De nuevo, esta rola remite mi cabeza al video, donde, ya se sabe, sale Katy Perry echando fuegos artificiales por las tetas. Por supuesto, es una imagen para correr por ella.

14. A little less conversation de Elvis vs JXL. Si el señor Elvis Presley dice que menos conversación y más acción, uno le hace caso. Si te pones a discutir lo estás haciendo mal.

Y ya.

II.

Compré el libro de Haruki Murakami De qué hablo cuando hablo de correr, atraído por la perspectiva de leer sobre una actividad a la que en los últimos meses le he dedicado tanto tiempo, desde el punto de vista de un señor que vive de juntar palabras una detrás de otra.

El libro consta de un montón de textos o memorias, escritos entre el verano de 2005 y otoño de 2006, en los que Murakami aborda sus entrenamientos (no se espanten, no se van a encontrar tablas inmensas de tiempos y distancias semanales), sus recorridos en Hawaii, Boston, NY y Japón, y sus preocupaciones y reflexiones antes y durante las carreras en las que ha participado (hace maratones y triatlones y ha corrido una ultramaratón), más o menos acomodados cronológicamente.

Y en algunos textos aborda los paralelismos que ha encontrado entre correr carreras de fondo y escribir novelas.

También resultó refrescante ver que incluso para alguien tan experimentado como Murakami, el hecho de encarar una carrera para la que se estuvo entrenando, siempre es una incógnita. En mi caso las preguntas que repito en mi cabeza unas cienmil veces diarias los días previos a estar yo cagado de nervio ante la salida son ¿habré entrenado lo suficiente? ¿sí las podré llevar hasta la meta? ¿la sufriré más de lo que la disfrutaré?

De todo lo que leí lo que viene a continuación es lo que encuentro más rifador. No es una cita corta:


[Después de terminar un triatlón del que Murakami salió satisfecho] 
Por supuesto, físicamente resultó muy duro y, en el plano psicológico, viví también momentos de gran decaimiento. Pero esa dureza viene a ser algo así como una premisa para los deportes de esta índole. Si el sufrimiento no formara parte de ellos, ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafíos como una maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan? 
Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, sí al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las calificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos. 
Mientras conducía en el camino de vuelta desde Niigata a Tokio, vi a varias personas que regresaban de la carrera con las bicicletas sujetas a los techos de sus coches. Gente bronceada y de complexión fuerte. Cuerpos de triatletas. Había terminado nuestra modesta carrera dominical de principios de otoño y volvíamos a nuestras casas y a nuestras rutinas. Y, cada uno en su ciudad, nos entrenaríamos en silencio como hasta ahora (supongo) para preparar la siguiente carrera. Aunque este tipo de vida, vista desde fuera (o tal vez desde muy arriba), pueda parecer efímera, inútil y sin mucho sentido, o sumamente ineficaz, me digo que hay que resignarse a lo que hay. Aunque realmente no se trate sino de un acto vano, como verter agua en una vieja olla agujereada, al menos siempre quedará el hecho de haber realizado el esfuerzo. Tendrá su utilidad o no, será o no atractiva a los ojos de los demás, pero, en definitiva, lo más importante para nosotros es, en la mayoría de los casos, algo que no puede verse con los ojos (aunque sí sentirse con el corazón). Y, a menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad. Tal vez sean tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas. Eso pienso yo. Pienso así tanto por lo que siento, como por mi experiencia. 
Por descontado, ignoro hasta cuándo podré mantener este ciclo de tareas y actividades de escasa utilidad. Pero, por lo pronto, ya que hasta ahora he venido realizándolas con perserverancia y sin hastiarme, pienso intentar seguir realizándolas mientras pueda. Y es que las carreras de larga distancia han ido educando y formando (en mayor o menor medida, para bien o para mal) a esta persona que soy yo ahora. Así que presumo que, en adelante y mientras me sea posible, tendré que seguir viviendo y sumando años junto a todo lo que tenga que ver con ellas. Supongo que ésa es también una (y no pretendo de calificarla de coherente) forma de vivir. O, mejor dicho, es la única que a estas alturas puedo elegir, ¿no? 
Es esos pensamientos perdía mi mente mientras iba con las manos al volante. 
Supongo que el próximo invierno tendré que volver a correr a otro maratón en alguna parte del mundo. Y supongo que, en el verano del año que viene, tendré que enfrentarme de nuevo a una carrera de triatlón en algún otro lugar. De este modo irán sucediéndose las estaciones y transcurriendo los años. Yo cumpliré un año más y tal vez escriba una novela más. De cualquier modo, tomaré en mis manos las tareas que en ese momento tenga frente a mí y las iré despachando una a una con todo mi empeño. Me concentraré en cada una de las zancadas que deba dar. Pero, al mismo tiempo, intentaré reflexionar sobre las cosas con la mayor amplitud de miras posible y ver los paisajes lo más alejado que pueda. Porque está claro que soy un corredor de distancias largas. 
Los tiempos individuales, el puesto en la clasificación, tu apariencia, o cómo te valore la gente, no son más que cosas secundarias. Para un corredor como yo, lo importante, es ir superando, con sus propias piernas y firmeza, cada una de sus metas. Quedarse convencido, a su manera, de que ha dado todo lo que tenía que dar y de que ha aguantado como debía. Ir extrayendo alguna enseñanza concreta (no importa lo nimia que sea, pero que sea lo más concreta posible) de las alegrías y los fracasos. Y, a base de tiempo y de años, ir acumulando una por una carreras de ese tipo para, finalmente, sentirse satisfecho. O, tal vez, aproximarse, siquiera un poco, a algo parecido a eso (sí tal vez esta expresión sea más adecuada). 
Si algún día quisieran grabarme un epitafio y pudiera elegir yo las palabras, me gustaría que dijera lo siguiente 

HARUKI MURAKAMI
Escritor (y corredor)
(1949-20**)
Al menos aguantó sin caminar hasta el final 
Es estos momentos, eso es lo que desearía
Pocas veces estoy tan de acuerdo con alguien. Murakami, tiene razón, uno vive con base en esfuerzos que no son otra cosa que aproximaciones sucesivas a un ideal (paréntesis para recordar que ese concepto de aproximaciones sucesivas también funciona en la ciencia: como nuestro mapa-rompecabezas en permanente construcción del Universo).

Aguantar sin caminar hasta el final es un buen motivo para continuar. Estoy considerando adoptarlo.

7 comentarios :

Rox dijo...

A mí lo que más me impresionó fue su narrativa del dolor. La de los 100 kms o el triatlón que abandonó. La parte de reponerse del abandono y posterior recuperación también rifa.

Saludos

Héctor Coronado dijo...

Oh sí. Lo que cuenta que pasó tras el kilómetro 75 de la ultramaratón (ese "cruzar algo") es impresionante y evocativo. Fue genial leerlo.

MAAG dijo...

Rebién la lista, mucho mejor que las que luego llenan cedés «para correr»; compré uno y lo mejor que tenía era la sugerencia para el orden según la rutina o entrenamiento del día. Yo suelo optar por el blues o rock clásico para las carreras largas (más de 15k); para las cortas he llegado a correr hasta con Pérez Prado. El soundtrack de Rocky es garantía, sin duda, también Queen e incluso cantantes como Tina Turner. Creo que en sí he corrido más con Eric Clapton.
De apps, no dejo de recomendar a micoach: en verdad me convence.
Más saludos.

Anónimo dijo...

Desde que que te dio por correr tus posts dan güeva

Ernesto dijo...

El nivel cultural de las lecturas (me sobrepasa) no va de acuerdo al nivel cultural de la música. El gusto musical es también un viaje en el que ojalá conozcas mejores parajes, menos comerciales (Katy Perry et al.) y menos empalagosos y superficiales (Williams). Red House Painters, por ejemplo.

NeuTrihno dijo...

¿Nada de Vangelis? Chariots of fire es un clásico.

Eragon dijo...

Hector, te dejo mi ensayo de Softtek.
http://www.daghdaprod.com/softtek/