lunes, julio 15, 2013

Espartanas

La idea

Hace 8 semanas, cuando aún estaba yo borracho de serotonina por mi participación reciente en la Super Spartan de Valle de Bravo, tuve un idea impulsiva que decidí seguir. El impulso iba así:

"Ya van dos Spartan Races en las que participas y al pisar el tapetito de la meta piensas que es la actividad física más genial que puede hacer uno con la ropa puesta. ¿Qué tal si compartes la experiencia más allá de los confines de tu blog pitero? Los organizadores han dicho que harán otra de 5K con 20+ obstáculos en el Estadio Azteca a mediados de julio. Tienes tiempo para armar un equipo y ayudar a los integrantes con su entrenamiento de acuerdo a lo que has aprendido en las dos carreras."

Plantear los criterios de selección para decidir a qué gente le preguntaba "¿te inscribo?" fue muy sencillo. Eran sólo dos: primero, que no me fueran completamente execrables (toda la gente es execrable en algún grado para cualquiera, nomás que yo soy de los que reconoce ese hecho gracias a mi execrablemetro de bolsillo). Y segundo, que no estuvieran mancos y cojos -literal o figurado-.

La preparación

Entre las negativas e ignoradas, recibí cuatro "va, pero me ayudas a entrenar". Ahora que ya pasó la carrera me doy cuenta que fuí muy, muy, muy afortunado de que las cuatro que aceptaran fueran parte de mi cada vez más reducida lista de gente que estimo y quiero.

Una venía de entrenar para un concurso de porristas que se apestó, otra había dejado su incipiente entrenamiento corriendo porque sentía que su rodilla ya no las podía, otra llevaba unas pocas semanas yendo esporádicamente al gimnasio y otra recorría los ciclotones (¿semanales, quincenales, mensuales?) cortesía del GDF.

Ante la premura de tiempo me decidí por fundar una base más o menos común de fuerza y resistencia que les permitiera terminar como equipo una Spartan Race Sprint y disfrutarla más de lo que la sufrirían, pese a sus distintas condiciones físicas. Fue genial ver su avance. En la primera semana comenzaron corriendo menos de 15 minutos seguidos. En la última semana hacían rutinas que incluían decenas de minutos corriendo, más de 6.5K con holgura y burpees que ya se podían contar como centenas.



Algunos domingos previos al de la carrera nos juntamos para ver sus avances. La primera de esas sesiones de revisión consistió en ver si podían aguantar 30 mins corriendo. En la segunda fuimos a correr/caminar el circuito de la montaña en el Bosque de Tlalpan (al final de esa sesión cuando anuncié que habían recorrido 7.4K una de ellas hizo como que se desmayaba). La tercera sesión fue un ensayo general que consistió en hacer 12 rondas de 400 mts y algún ejercicio que se asemejara al esfuerzo que había que realizar para los obstáculos que había yo visto en las carreras previas.



Después de esa última sesión grupal en donde los cinco descubrimos que lanzamos la javalina con la misma gracia y estilo con la que escupimos una flema, me sentí confiado en que las cuatro sí las podrían en la carrera. Ese día mi confianza se transformó en desconcierto cuando me vi visitando más de una tienda en el Centro Histórico para comprar con cuatro fashionistas, playeras que les gustaran y con las que hiciéramos juego.

Al inicio de cada semana , que era cuando les mandaba el entrenamiento de los siguientes cinco días, apuesto a que pensaban que yo me regodeaba en mi sadismo. Lo cierto es que esas siete semanas las pasé temiendo que alguna o todas llegaran al punto del sobreentrenamiento o peor, a lesionarse. No pasó en parte por que me fijaba muy bien cuánta carga les ponía y porque soy un chingado genio (y modesto, además). También ayudó que ellas son muy listas. Pero no faltaron los accidentes. Una se torció el tobillo pero no por mi culpa, sino por usarlo de tiro al blanco yendo a jugar gotcha un día que les dije "hoy descansen". No obstante, se compuso gracias al hielo, al flanax, al reposo y a su veinteñearismo. Otra se torció el pie bajando unas escaleras usando unos tacones más altos que mi copete pero también se compuso yendo a chelear ese mismo día.

La carrera

Como ya lo platiqué en febrero, la onda de correr una Spartan Race no consiste en limitarse a poner un pie adelante del otro al mejor ritmo que uno pueda a lo largo de una ruta estudiada de antemano. En una Spartan Race se trata de ir avanzando, sin conocer la ruta, por los obstáculos, unos naturales del terreno donde transcurra la carrera (en la de Valle de Bravo, la altimetría estaba de nomamar y cuando el terreno era plano había que ir brincando entre matorrales tuercetobillos) y otros fabricados (trepar paredes, levantar pesos muertos con poleas, arrastrar bloques de concreto, etc).

En el Estadio Azteca no esperaba yo que hubiera más rigor en el ámbito del terreno que en las ocasiones en las que hubo que subir y bajar cerros, metiéndose en ríos de lodo, internándose en barrancas y recibiendo bofetadas de ramas. Y no lo hubo. Lo que sí hubo en cambio, fue un conjunto de obstáculos más difíciles que lo que habían puesto en Valle de Bravo y Santa Ana Jilotzingo. Y eso era lo que reportaban los que corrieron el sábado.



El domingo, lo madrugamos para estar a las 7:30 ante el Estadio Azteca del lado de Insurgentes recogiendo nuestros números y chips de participantes. Llevábamos una porra reducida pero muy cariñosa, y aplaudidora. Mientras calentábamos y nos enfilábamos al corral de salida, mis cuatro enjaretadas se retorcían de nervios. Nervios que se les quitaron cuando dimos el primer paso poco después de que nos preguntaran como se llamaba nuestro equipo:

"Ninguna mula se me echó".

Pocas veces he escogido un mejor nombre. Ninguna de las cuatro, repito, ninguna, dijo en algún momento de la carrera "hasta aquí llegué", a pesar de los dolores, el cansancio, las burpees de castigo cuando fallaban algún obstáculo, siguieron avanzando hasta llegar a la meta. Estoy contento y orgulloso de que pasaran con varios grados de habilidad, pero sin perder nunca la gracia, los obstáculos de la carrera, de los que destaco:

a. Chingomil gradas que había que subir y bajar, primero sin carga y luego llevando un bulto de arena.
b. Paredes que parecían que brotaban como hongos del suelo. Unas bajitas, unas altas, otras altísimas. Pero todas las cruzaban (después de un impulsito por parte del coach).
c. Una subida y bajada en polea de un peso de 45 kg.
d. Una subida de rampa caminando como oso y otra subida de rampa caminando como la niña de El Exorcista (nomás que gritando más fuerte y echando más maldiciones).
e. Tres redes de cuerda en algunos de los desniveles del estadio.
f. Una paseada de garrafón de agua de 10 lts (los participantes sin vagina cargábamos uno de 20 lts) entrando por uno de los túneles, pasando unas gradas y saliendo por otro túnel.
g. Remar 500 mts en 2 minutos.
h. Trepar de un lado a otro por los soportes de una pared transversal.
i. Cargar un barril de concreto unos 15 mts, hacer 5 burpees y llevarlo al lugar de donde lo recogieron.
j. Quitarse de encima a un trío de gladiadores blandiendo cotonetes.

Verlas recibir su medalla y playera de finalista después de haber pasado 5K y 20+ obstáculos es una de esas imágenes que me harán sonreir cuando tenga que enfrentar al pelotón de fusilamiento dentro de cincu... sese... dentro de muchas décadas.

El resultado

Hicimos dos horas. Los más rápidos hicieron poco menos de 50 mins. (Siguiente objetivo personal: en la próxima Spartan Sprint inscribirme en una oleada Elite y en otra oleada en equipo). Mis espartanas se divirtieron más de lo que sufrieron. Hoy, a un día después de la carrera, unas en vivo y otras por whatsapp han manifestado que les duelen partes del cuerpo que ya sabían que tenían gracias a los entrenamientos, pero que no se imaginaban que pudieran doler más. Las paredes y las levantadas de peso están cobrando la cuota, pero no al grado de que alguna se desdiga de lo que platicaban ayer, mientras nos zampábamos una hamburguesa c/ malteada de premio.

"Queremos seguir entrenando".

Son la onda. Y yo soy muy feliz de haber participado diciéndoles cómo y por dónde. Y seguiré estando ahí para continuar diciéndoles cómo y por dónde mientras las puedan, y de paso ir aprendiendo y divirtiéndome en el proceso.



Con ellas y con quien quiera y pueda.

3 comentarios :

Vivish dijo...

¡Yeiii! Sin duda de las mejores experiencias de la vida.
Participar en grupo estuvo muy divertido.
Y aunque siguen apareciendo moretones, definitivo:
¡Queremos seguir entrenando! \o/ ouchhhh

drneon dijo...

Hasta las veo más delgadas en la foto final. Buen trabajo Héctor! Entrenar gente y contagiar pasiones no es nada sencillo y tu lo lograste cuatro veces.

Héctor Coronado dijo...

Como un chef cocinando: buena parte del éxito está en la calidad de los ingredientes.