lunes, febrero 18, 2013

Correr y más correr

Octubre

Paso en pelotas ante un espejo y no reconozco mi reflejo.

- ¿Quién es ese fulano blando de carnes fofas y godinezcas? - digo.

Decido que ya estuvo bueno de tanta huevonería. Me consigo unos tenis buenos y salgo a correr a las 6 de la mañana.

Hago cuatro kilómetros a 8 minutos por kilómetro, como viejito, pues; mientras me empapo con la última tormenta madrugadora del año.

Al terminar convenzo a mi cerebro de que fue una gran experiencia que conviene repetir al día siguiente.

Diciembre

Me subo a una báscula. Mis afanes reduciendo la ingesta de calorías y el tiempo en el que recorro un kilómetro han dado algunos resultados. Mi peso está más cerca de 80 kg que de 90 kg.

Lo encuentro alentador.

Al regresar a mi oficio computito, me encuentro un anuncio en no sé qué página que dice Spartan Race México. Hago click en la imagen y miro un video donde salen unos corriendo a campo traviesa y pasando por obstáculos salidos de la imaginación de un inquisidor.

Se ve divertido y me inscribo.

Enero

Reviso los ejercicios que propone uno de los patrocinadores de la carrera. Aprendo a hacer burpees. Cuando termino esas sesiones no me queda claro si en los charcos del suelo hay más sudor que lágrimas.

Un día en la chamba noto que lo único que sostiene mis pantalones son mis nalgas. Al otro día en el closet encuentro un pantalón que no me ponía desde hace años, talla 32. Me cierra sin quitarme el aliento como la vez previa que me lo probé.

El último sábado de enero visitamos la lupe y yo a Culimocho que recién se convirtió en padre de una bebé. Estrena chamba más cercana a su casa y no nos hemos visto en un par de meses. Cuando me abre la puerta su primera reacción consiste en decir "¡qué pinche flaco estás!" y en ir corriendo, no por su hija para que la conociera, sino por una báscula que me avienta a los pies.

Febrero

Hago 6 kms en 32 minutos. En la pista llena de polanquitas donde corro no hay gordos que me rebasen. Una mañana de domingo voy a correr a Viveros. Doy tres vueltas al circuito y voy rebasando a la mayoría.

Pasa mi cumpleaños 40. Lo celebro comiendo como "boa y naúfrago".

17 de febrero (día de la carrera)

Hago que mi porra consistente en la lupe, carnala, cuñado, sobrino e hija me lleve de mi casa al lugar de la carrera. Considero que los organizadores debieron haber incluído en su conteo de obstáculos el traslado a ese ano del Estado de México en medio de la nada.

Llego y veo todo muy bien organizado. Firmo una carta diciendo que si quedo muerto o mutilado no se culpe a los organizadores. A cambio de esa cartita y mi boleto de inscripción me dan mi número y mi chip.

Veo salir a dos rondas de corredores antes de que sea mi turno. Mientras caliento les echo un discurso a mis rodilla izquierda y tobillo y hombro derechos:

- Uds me odian y yo los odio. Procuremos mantener esa sana relación sin que los tenga yo que amputar a media carrera.

Los que correríamos a las 10 nos congregamos ante la salida y dos animadores muy pendejos.

- ¿Aguantar estos chistes chafas será otro obstáculo?

A las 10 salimos corriendo. Los más entusiastas somos los primeros en bajar una loma, subir otra, bajar otra y aterrizar en un río de agua con lodo. El fango del fondo parece que se va a zampar nuestros tenis a cada paso.

Después del río de lodo hay que escalar una red, bajarla y correr un tramito para echarse a otro río de lodo surcado por alambre de puas. Al salir brincamos unas brazas y corremos y corremos y corremos hasta llegar a tres paredes a la mitad de un páramo. Una pared la brincamos, otra la pasamos por abajo y otra por en medio. Ahi me doy cuenta que no llevo más mi número de competidor.

- Espero que nadie tenga que consultar la información "que puede salvarme la vida" que me hicieron escribir detrás.

Sigo corriendo hasta ver a un grupo hacer fila para tomar una cuerda y jalarla. En el otro extremo de la cuerda está un peso que hay que subir hasta la copa de unos árboles. El corredor que estaba delante de mí dejó caer su peso y la cuerda fue a dar hasta la chingada donde voy a recogerla. Procuro ser más solidario con el corredor que está formado detrás mío.

Más correr.

Al pie de una lomita nos dan un buche de bebida de colores y nos esperan unos bultos de arena. Los oscuros son para los hombres y los rosas para las mujeres. Me pongo uno de los oscuros en los hombros y los paseo de subida y de bajada por la mentada loma.

Más correr. De subida. De bajada. Con brincos. Con ramas en la jeta.

Llego a un sitio donde están incrustadas en la tierra unas tablas formando zigzag. Hay que subirse al canto de las tablas y cruzarlas sin caerse. Sólo me faltan 3 pasos para llegar al otro lado, pero pierdo el equilibrio y caigo.

Burpees antes de seguir corriendo.

Al fondo de una cañada hay unos bloques de cemento con cadena. Tomo uno y lo arrastro un circuito corto pero demandante. Después de eso, adivinaron, salgo corriendo al monte.

La mayoría alcanzamos la cima caminando. Mientras bajo ese cerro llego a un recodo donde descubro que para llegar al fondo hay que hacerlo con la ayuda de una cuerda.

Hay que correr. Ahora por un sendero muy angosto, sinuoso y repleto de raíces. Para recorrerlo con rapidez pego brincos en todas direcciones.

Me acerco a un río, de agua turbia y helada, de poca profundidad pero un chinguero de piedras. Descubro con sorpresa que es una delicia meter ahí los pies después de tanta corredera a pesar del riesgo de torcerme una pata.

Otra subida a un monte que parece que no se va a acabar nunca. A ratos camino y a ratos corro.

Al llegar a la cima hay un gran extensión. Paso por debajo de unas escaleras que una hora antes había subido. Estoy llegando al último set de obstáculos.

Ante mí hay tres paredes de madera que hay que trepar. La más bajita está de mi tamaño. Cuando logro estar a horcajadas sobre la tercera una chava chaparra que no recibe el suficiente impulso de alguien de su equipo me pide ayuda. Logro jalarla para que alcance la parte superior y trepe antes de soltarme por el otro lado.

Más correr. No muy lejos escucho unas campanas. Temo que sea uno de los obstáculos para los que casi no entrené. Después de un recodo confirmo que tengo razón: hay que trepar una cuerda. Mientras me formo por mi turno miro a los que logran llegar hasta lo alto, para imitar sus movimientos... y meto la pata en un agujero torciéndome el tobillo. Muy torcido.

Veo luces que un epiléptico reconocería.

Al subir la cuerda no logro que mi pie derecho logre afianzar junto con el izquierdo los nudos para impulsarme por la cuerda. Bajo lo poco que había logrado subir.

Otras 30 burpees. Éstas a un pie.

Reflexiono que un tobillo torcido no me va a detener y continuo corriendo.

Ya está cerca la meta. Hay que cruzar una pared a lo ancho poniendo pies y manos en unas agarraderas de madera. La corredora que va adelante de mí titubea mucho y tarda lo que me parece años en cruzar, al grado de que casi hace que yo pierda asidero. Aguanto más por necio que porque todavía las pueda.

Sigue un tramo corto corriendo antes de llegar a un lugar donde hay unas pacas de heno para ensartar con una javalina. Me dan una y veo la punta roma y corta.

 - Mejor pásenme un mondadientes.

Lanzo la javalina con más fuerza que tino.

Otras burpees. En el lodo, pues hasta ahí llega el agua de uno de los últimos obstáculos en el que hay que trepar por una pared de madera inclinada a la que siempre le están echando un chorro de bombero nomás que de agua con lodo. 

Llego a la cima de ese obstáculo y bajo por el otro lado donde veo a tres del staff haciendo de gladiadores. Están con unos cotonetes que de cerca se ven enormes, listos a soltar de madrazos a los corredores. Del otro lado está la meta.

Un corredor baja a mi lado. Vamos corriendo juntos contra los de los cotonetes. Logramos quitárnoslos de encima sin tanto madrazo. De pronto un linebacker gigante me tapa el paso.

- Sigue, no te detengas - me grita.

- Sí, cómo no. Sólo quítate de en medio - pienso. 

Pero mi cuerpo decide no hacerme caso a mí sino al linebacker y después de un breve intercambio de empujones y bofetadas entre caballeros llego a la meta.

Mientras me ponen mi medalla al cuello y hago fila para entregar mi chip suena el señor Freddie Mercury por los altavoces diciendo "We will rock you".

- Sí, Freddie. Como siempre tienes toda la razón - pienso mientras escogía la talla de una playera que planeo no quitarme hasta el fin de los tiempos.



pd. A ver qué tal me va en la próxima carrera en mayo. En esta hice 1:24:27 y quedé en el lugar 2259 de un total de 4785 corredores sin vagina.

Actualización 19/02/2013: Acá las fotos.

viernes, febrero 15, 2013

Así explota un meteorito


Hace unos años,  abordando el libro de Phil Plait que trata del menú que tiene el Universo para matarnos, platicábamos sobre lo que ocurre cuando un meteorito entra a la atmósfera.

Va una parte de aquella serie de bostas:

¿Cómo es que algo tan pequeño brilla tanto [...]? Para responder eso tienes que saber dos cosas. Primero, el aire comprimido se calienta (cualquiera que haya usado una bomba de aire para inflar un balón o una llanta de bicicleta lo sabe). Mientras más se comprima el gas, más se calienta. Segundo, la velocidad de un meteoroide puede ser enorme. Entre 15 y 30 kms por segundo. Algunos viajan a 95 kms por segundo. 
Cuando algo así de rápido entra a la atmósfera terrestre comprime mucho el aire. El aire se comprime tan rápido y a tanta presión que se calienta en miles de grados y empieza a brillar. 
El meteoroide viajando a algunos centímetros detrás de ese aire comprimido no es inmune al calor. No dura mucho en esas condiciones y termina consumiéndose. Añadiendo su masa a la de la Tierra.
Eso pasa a 80 kms de altura. Donde el aire no es tan denso, pero sí lo suificiente para comprimirse y calentarse como ya lo platicamos y detener meteoroides pequeños. 
¿Pero qué pasa si el meteoroide es del tamaño de un sofá o un carro o de un autobús? 
Explota. 
¿Cómo que explota? preguntarán uds. Pues sí, explota 

La física es la misma, nomás que aplicada en mayor superficie. El aire comprimido por la velocidad del meteoroide, también ejerce una presión enorme sobre su superficie. La piedra sólo puede aguantar esa presión unos instantes antes de desmoronarse. En pocos segundos, en lugar de una piedrota, tenemos muchas piedritas, centenares o miles, todas moviéndose a varios kilómetros por segundo y todas transfiriendo su energía al aire que las rodea, que a su vez se comprime y se calienta. En instantes, hay un montón de piedras liberando su energía de una patada. 
Eso es una explosión. 
Así que los meteoroides de tamaño regular explotan. De nuevo, esto pasa bastante arriba de nuestras cabezas. Dependiendo de lo que esté hecho el meteoroide (hay unos de metal) puede penetrar profundamente en nuestra atmósfera, pero aún así explotan a gran altura. La energía que liberan es impresionante, una piedra de un metro de diámetro libera el equivalente a centenares de toneladas de TNT. De acuerdo a registros mlitares, estas explosiones ocurren en promedio una vez al mes. 
La mayoría de las veces estamos a salvo de meteoroides de ese tamaño. Pero si no viajan tan rápido, la fractura inicial puede frenarlos lo suficiente para que los pedazos más duros no se continúen desintegrando y lleguen hasta el suelo. Si hacen eso, los meteoroides se graduan a meteoritos. 
Esos pedazos llegan al suelo a velocidades terminales. De uno o dos centenares de kilómetros por hora. Como si los tiraras de un edificio alto. Mientras no te caiga en la cabeza, está bien. En 1954 le cayó a una mujer uno de estos en su casa, mientras dormía. La dejó toda morada pero sobrevivió. 
En 1992 un meteoroide del tamaño de un autobús, entró a la atmósfera y viajó rumbo al noreste sobre Estados Unidos y fue visto por miles de personas. El meteoroide se fracturó y dejó regados pedazos por todos lados. Uno de ellos, del tamaño de un balṕn cayó en un coche. 
Pero la superficie de la Tierra es grande y estas piedras cayendo del cielo son pequeñas. El chance de que te descalabre una es pequeño. 
Pero no todas las piedras que caen del cielo son pequeñas.

Ahora bien, a menos que uds vayan por la vida sin enterarse de nada, ya sabrán que hace unas horas cayó un meteorito en Rusia, dejando casi 1000 heridos, al momento de escribir estas líneas.

De acuerdo a los testigos, "la caída del cuerpo celeste se acompañó de fuertes explosiones".

Bueno, ya revisamos cómo es que eso ocurre. Ahora examinemos cómo se ve gracias al youtube y a que buena parte de la población carga con una cámara de video en la bolsa en estos días.



Impresionante.

jueves, febrero 07, 2013

Cuarenta

Si fuera yo de esos que cuentan su edad usando el sistema decimal, hoy que cumplí 40 años escribiría muchas líneas como excusa por llegar vivo a esta década y sobre lo poco que he aprendido y lo mucho que me falta por aprender y bla bla bla.

Pero como yo soy yo y no cuento mi edad en años ni décadas sino en kilómetros que llevo recorridos sobre esta bola de barro que comparto con uds, avezados lectores, diré solamente que según mis cuentas llevo aproximadamente 37680x10^6 kms de vueltas al Sol.

Lo que se presta a chistes sobados de que voy por la vida dando vueltas en círculos. Chistes que se desbaratan en cuanto uno amplia su marco de referencia.

Por ejemplo, esas vueltas en círculos que parece que voy -vamos- dando alrededor de el Sol no lo son tales pues nuestra estrella también tiene un movimiento de translación siguiendo la ecliptica de la Via Lactea, ésta que a su vez va moviéndose dando tumbos junto con otras galaxias del Grupo Local por el Super Cluster de Virgo.


Así que si algo tengo que decir en este cumpleaños es que aprecien el sitio por el que pasan. No volverán a transcurrir por él jamás.

lunes, febrero 04, 2013

Estimado Facebook, ¿dónde pusiste mi vagina? y otras cuestiones importantísimas (NSFW)

El domingo pasado, día de Super Bowl y eventos deportivos que me provocan tanto interés como conocer el número de ángeles que bailan en la punta de un alfiler, decidí participar en el borlote por red social diciendo qué es lo que yo entiendo por un touchdown.

Esto es lo que pasa por mi cabeza cuando escucho la palabra touchdown. Puro literalismo el mío, como pueden ver.


Y subí la foto con comentario al calce a twitter y a facebook.

En twitter no hubo bronca, pero a los 15 minutos facebook me notificó que había yo infringido no sé cuántas leyes de tráfico de pitos y vaginas y que había que borrar ese contenido, o se inundaba Tabasco. O algo peor.

Iba yo a optar por mandar a facebook muy a la chingada pero me acordé que ando a mitad de afán divulgatorio de obra de Ibargüengoitia así que me aguanté las ganas de borrar mi cuenta de ese convento de monjas de la vela perpetua disfrazada de red social.

Luego me acordé "oei, tienes un blog al que de vez en cuando llega alguien todavía, y Google no es tan espantadizo como Facebook". Por eso estoy actualizando.

Esta censura feisbuquera me recordó las reacciones que leí en una reseña en La Jornada de la inaguración en junio de 1995 de la exposición "Toscani al muro" en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Desafortunadamente las ediciones de La Jornada sólo están disponibles hasta marzo de 1996, así que no les podré citar las paradas de pestañas de algunos visitantes del MAM cuando vieron en un fotomural los siguientes pitos y vaginas.


Pero lo que sí les puedo citar es algo que Oliviero Toscani, el autor de esa foto de Benetton, dijo en una conferencia previa a la inaguración de la exposición: 
"La provocacion proporciona la posibilidad de ver la realidad con otro enfoque".
Esa es una idea con la que comulgo y la principal falla que le encuentro a Facebook y a otras redes sociales o ámbitos comunitarios con reglas de vamos-todos-a-llevar-la-fiesta-en-paz.

pd. Tengo la sospecha de que alguien en facebook está revisando las denuncias de contenido "inapropiado" para ver si hay pornografía que valga la pena llevarse. Sí es así, espero que la aproveche en muchas puñetas.