lunes, diciembre 23, 2013

La controversia de Santa

La navidad tiene distintos olores. A veces huele delicioso a manzana y a canela. Otras, a foco quemado de serie de lucecitas en centro comercial.

Pero a veces, como ésta, huele a hora de hacer arder al mundo.

Tranquilos; no los aburriré con mi cantaleta sobre la conveniencia de echarles cuentos sobadísimos a sus criaturas como excusa de obsequiarlos en estas fechas.

(Respecto a ese tema, los niños tienen muchas más oportunidades, además del cuento de Santa y los Reyes, para darse cuenta de que están siendo criados por adultos con más interés en llenarles la cabeza de mierda que en explicarles de qué va el mundo).

No, avezados lectores, los aburriré contándoles una comedia en tres actos.


1er acto

Slate publica el 10 de diciembre, un artículo de una Aisha Harris en donde la autora aborda lo estereotipado que es tener como ícono navideño a un señor gordo y rosado, en una sociedad en la que la gente con melanina defectuosa ya no es mayoría.


2do acto

Días más tarde, en Fox News, una Megyn Kelly usa su tiempo aire para decir "... a todos uds niños que nos ven en casa, Santa nomás es blanco, pero por ahí hay alguien alegando que deberíamos tener a un Santa negro". Y como discutir sobre el color de piel de un solo personaje imaginario en un noticiero aparentemente no basta para llenar el espacio entre anuncios, remató su joyita diciendo "Jesús era blanco".

3er acto

Pitorreo de los dislates de Megyn Kelly por un lado y porras por el otro. Entre estas últimas, la más jocosa es la de Rush Limbaugh, quien ha de pensar que todos los gordos deben ser del mismo color nalgademandril que tiene él.

Y, finalmente, ¿qué opino yo de todo esto? Dos cosas.

Primero, que necesito un bat con clavos más grande.

Y segundo, que el señor Scrooge tiene toda la razón cuando le dicen "Navidad" y él responde Bah! Humbug!

pd. Santa como bien sabemos los leídos y enterados, ni es color malteada de fresa ni vive en el Polo Norte. Vive entre las gloriosas nalgas de la Diana.

jueves, diciembre 19, 2013

Componiendo dos películas

Recientemente ví dos películas que con un poco de imaginación se pueden componer. Una sí requiere una compostura de fondo y la otra nomás es una enmendadura de plana. Empecemos por la que más le urge el cambio.

Life of Pi

Antes de que me pregunten "¿qué haces viendo esas chingaderas?" aclaro que no la ví porque yo quisiera. Fuí víctima de la programación de Grupo Pullman de Morelos un día que me subí a uno de sus camiones para viajar de Cuernavaca al DF. Para acabarla de chingar, había concurso de futbol en el Azteca y los asistentes iban saliendo. La mayoría agüitados, porque había perdido el equipo local, lo que no los volvió menos estorbosos.

Como sea, ahí iba yo a vuelta de rueda soplándome Life of Pi a la que debieron nombrar El Naufragio de Pi. No me acuerdo bien si el tedio que me provocó la película hizo que me durmiera o si llegamos a la terminal antes, el caso es que no supe en qué acabó.

Durante la comida de hoy le conté esa ordalía a una amiga -previamente mencionada en estas líneas- y agregué que varios me dijeron que el final era la onda. Ella me contó algo del final, dijo mutatis mutandis:

- El tigre y los otros animales no son literales, son figurados. Son personas.

Exageraron los que dijeron que el final era la onda.

En ese momento se me ocurrieron algunas maneras de arreglar la película. La más obvia es que el tigre fuera real y se comiera al protagonista que cuenta su propia historia mientras es masticado. Otra compostura, consiste en que el tigre, real, con el protagonista, después de llegar a tierra firme se quedara de mascota de Pi, quien a su vez, termina casándose, teniendo hijos para dárselos de comida al tigre.

Pero todas las composturas a la película que se me ocurrieron palidecieron cuando se me ocurrió que llegaban Calvin y Hobbes en una lancha, sacaban a Pi y a Richard Parker de cuadro, y ellos, en tres viñetas, contaban una mejor historia.

Mucho mejor historia.

Gravity

Mucho mame se ha escrito dedicado a la mala ciencia de la película (que no es tanta). Uno de esos momentos de mala ciencia ocurre después de que Sandra Bullock y George Clooney, casi sin oxígeno y sin combustible para maniobrar, llegan a la estación espacial, a la que a duras penas se sujetan gracias a que una de las bien torneadas piernas de Sandra Bullock queda atorada a las cuerdas del paracaídas de un módulo Soyuz.

La mala ciencia ocurre cuando el personaje de Clooney, que no logra sujetarse a nada de la ISS, es pescado apenas por Sandra Bullock quien lo sujeta de una cinta de su traje. Clooney, entonces para no arrastrarla se zafa de su cinta y se va flotando al carajo (el carajo es ese lugar a donde llegan flotando todos los astronautas que se pierden en el espacio).

¿De dónde salió la inercia para que George Clooney siguiera jalando a Sandra Bullock al grado de casi hacerla perder su sujeción a la ISS?

Misterio.

Bueno, el mame que he leído contra esa mala ciencia, yo creo que lo escribieron puros fans de Clooney que se quedaron sin seguir viendo a su ídolo a un tercio de la peĺícula, pero no es a ellos a los que hay que componerles la plana: es a Alfonso Cuarón, el director.

Si de lo que se trataba era de despedirse del personaje de Clooney en ese momento (lo que está bien, a mí ya me daba hueva), la manera correcta de hacerlo no consistía en usar el recurso del escalador que corta su propia cuerda para que no se caigan con él sus compañeros. Ese recurso funciona cuando los personajes están en la superficie de la Tierra y la gravedad da un buen jalón a todos rumbo al centro del planeta. Pero es chafa cuando los personajes están en órbita.

Lo que había que hacer era aprovechar la inercia que llevaba Clooney antes de ser sujetado por Sandra Bullock.

Sandra Bullock y Clooney van rebotando por todo el exterior de la ISS sin lograr sujetarse y entonces Sandra Bullock se atora con las cuerdas del paracaídas de la Soyuz por muy poco, tal como ocurre en la película. Entonces, Clooney pasa flotando a su lado y el único chance que tiene de lograr sujeción es pescarse a una cinta del traje de Sandra Bullock, pero si lo hace puede hacer que Sandra Bullock pierda su precaria sujeción. ¿Qué hace? Deja deslizar la cinta entre sus dedos mientras sigue su trayectoria hacia el olvido.

Más heróico y más efectivo y sin tanto dengue y vericueto.

De nada.

pd1. Si no han visto Gravity me dan pena.

pd2. Si no han visto Life of Pi, procuren llegar a su tumba en esa condición.

pd3. Si cuando vieron "Calvin y Hobbes" no sabían de qué hablaba yo, mejor ya métanse a la mencionada tumba.

jueves, diciembre 05, 2013

Se murió Mandela pero dejó un recado


Háganse un favor y consulten la wikiquote.

De nada.

martes, diciembre 03, 2013

Trifecta


Justo antes de la caída me sentía bien. Cansado pero bien. Había subido y bajado a brincos y tropezones dos cerros, vadeado un río y pasado por una docena de obstáculos sin hacer burpees de castigo. Incluso cuando el paisaje de San Luis Potosí me parecía contemplativo, me detenía y miraba.

Aún las podía. Las semanas previas de distancias de más de 40K y decenas de rondas combinadas de ejercicios de bodyweight en piso y en barras paralelas se estaban notando. No obstante, estaba yo en el terreno más difícil en el que hubiera corrido.

- Pfff, al lado de este terreno, las otras Spartan fueron como en alfombra - iba pensando.

Tenía ante mí otro cerro para subir. No llevaba ni reloj ni cuentakilómetros. Suponía que quedaba un tercio de los 21K por recorrer. La pendiente no era tan accidentada como en los anteriores cerros y dos corredores, ya agotados, caminaban delante de mí. Yo aún corría.

Me salí del sendero para rebasar, y por ir viendo qué tenis traían puestos ellos en lugar de fijarme donde ponía yo los míos, pisé debajo de la maleza una piedra que rodó. La piedra hizo que rodaran más piedras y que rodara yo.

También rodó mi tobillo sobre sí mismo.

Los otros corredores se detuvieron a ver si no me había yo matado. Hicieron la pregunta solidaria más inútil que se le puede hacer a alguien que se tuerce una pata en una carrera y yace desparratado en el suelo.

- ¿Estás bien?

No estaba bien. Tenía espinas enterradas en la mano y en el brazo del cactus en el que aterricé. Ese era el menor de mis problemas. El tobillo me dolía un carajo. No sólo me lo había torcido, de acuerdo a mi experiencia en torceduras, me había desgarrado algunos ligamentos, y además, la piedra que me hizo rodar me lo había machacado. Evalué qué tanto lo podía mover: rotación lenta a la izquierda, rotación aún más lenta a la derecha. Apenas un 40% de movilidad, juzgué. Ya se estaba comenzando a hinchar.

Eché una mentada.

Los demás corredores me dieron consejos contradictorios. Dejé de escucharlos y me levanté.

- Estoy bien - mentí. - Seguiré caminando.

Cuando se fueron intenté trotar. A los cinco metros me detuve y me senté en el suelo a sobarme la pata.

Me acordé que en la Super Spartan de Valle de Bravo oí a un voluntario diciendo por radio a sus compañeros que había que sacar de la carrera a un corredor que iba rengueando. Me pregunté si el primer voluntario que me viera mandaría a la caballería a rescatarme.

Volví a echar mentadas. Sentí que todo el esfuerzo de meses lo acababa yo de mandar directo y sin escalas a la verga. Por torpe y por no fijarme dónde pisaba. Las torceduras que había tenido a lo largo del año habían sido picaduras de mosco al lado de esta.

Entonces, lo que hizo que recomenzara a correr hace meses, que es lo mismo que hizo que siguiera adelante cuando sentía que ya me estaba yo desarmando en las carreras previas y en las nomedalaganacontar horas de entrenamiento, tomó el volante.

- Levántate hijo de puta, que no oí que sonara la campana.

No fue fuerza de voluntad (si tal cosa existe la mía ha de ser como la de un adicto a la heroína). Si le tuviera que poner un nombre a lo que me movió lo llamaría necedad.

Ensayé unas zancadas, me di cuenta que si me esforzaba por aterrizar con la parte media del pie en lugar de usar la punta, como acostumbro, podía ir a velocidad de trote. Así subí el cerro.

Esa fue la parte fácil. Cuando comenzó la bajada ya no pude correr. El terreno estaba muy desnivelado y en una partes parecía que iba uno en un río de cascajo.

Pasé por el pasamanos, las paredes y la tabla de equlibrio con todo el cuidado del que fuí capaz. Cuando el terreno se nivelaba trotaba. Me rebasaron docenas de corredores. El último kilómetro lo recorrí en mutuas porras con otro corredor que daba 50 zancadas y se detenía por calambres.

Fallé la jabalina y la trepada de cuerda. Maldije esas burpees. Al final pasé el obstáculo de las llamas con más temor por mis tobillos torcidos que por mis tompiates chamuscados. El reloj de la meta decía 3h38m. Casi me abrazo de la guapa que estaba poniendo las medallas a los corredores. Después de ir por mi Trifecta (otra medalla por haber acumulado los tres tipos de Spartan en menos de un año) se me olvidó la torcedura un rato.

El rengueo y el dolor intenso me duraron tres días. El hielo, muchas horas de descanso y probar algo que he aprendido de biomecánica aceleraron la recuperación. Una semana después pude correr de nuevo.

Ahora bien, ¿qué fue lo que aprendí de tanta pinche tortura? Varias cosas. A continuación las enlisto sin orden ni concierto:

1. Ningún tenis con toda la tecnología del mundo (al menos la disponible actualmente), puede sustituir a tus ojos y a tu cerebro. Cuando corras fíjate dónde tienes los pies y dónde los vas a poner. Cuando hagas carreras de trail aumenta esa precaución.

2. Nunca deseches, sin probar antes, un ejercicio que pueda llevarte a mejorar tu equilibrio o tu fuerza o tu flexibilidad o tu coordinación. Pensar de antemano que un movimiento es muy sencillo o que no se ve como un ejercicio badass no es razón para desecharlo.

3. No todo son repeticiones y series. Si descuidas la forma en que te mueves al realizar cualquier ejercicio, importa. E importa mucho. Además procura tener en mente la siguiente pregunta ¿este ejercicio que estoy haciendo me está acercando a mi objetivo? (sí hay que tener uno, si no, sólo te estás haciendo guey). Si la respuesta es no, estás perdiendo el tiempo. Si la respuesta es no lo sé, empieza por averiguarlo.

4. Repetir como perico que tal movimiento va a servir para trabajar tal grupo de músculos, es inútil. También lo es llevar la cuenta de las calorías y las tallas. Lo que importa es cómo te muevas y que comas rico y balanceado, lo demás ya llega como consecuencia.

5. Llenarse de puras lechugas no es rico ni es balanceado.

6. Los períodos de descanso y recuperación son tan importantes como el tiempo de ejercicio.

7. Como todo en la vida, la variedad rifa. Variar tu rutina de ejercicio mejora mucho el desempeño y aparte evita que te aburras y mandes al carajo el progreso que llevas.

8. Hay gente a la que le funciona ejercitarse en grupo para animarse. Yo no soy de esa gente, pero aunque uno vaya por la vida como lobo de las estepas, eso no es excusa para no aprender de otra gente.

9. Martí tiene la peor selección de ropa y tenis para correr.

10. Correr no te hace mejor persona. Ni siquiera te quita un poquito lo hijodeputa que seas. Y tampoco tiene nada de místico ni de espiritual. Nada lo tiene.

11. Entrenar no sirve para que te canses menos. Para lo que sirve es para que cuando llegue el cansancio, no te detengas.

12. El agua es tu amiga. Las bebidas isotónicas, no. Los refrescos ni siquiera los consideres como bebida.

13. Una burbuburguesa o una pizza o unos waffles o unas cervezas o media botella de mezcal (sí, tomo mezcal, porque puedo y quiero) o una orgía de tocino de vez en cuando no van a hacer que se eche a perder tu progreso. No mamar.

14. No a todas las chavas que se van a encontrar en la pista les quedan los leggings. *Se estremece del horror*

15. A la gente le vale pura reata lo que tengas que decir sobre el tema de correr y hacer ejercicio. Lo que tampoco es excusa para que no llenes unas líneas sobre eso. O lo que sea.

pd. ¿Cómo se llamarán 3 trifectas? ¿Tritrifecta? ¿Trifecta inception? ¿Trifecta al cuadrado?