miércoles, marzo 12, 2014

Un libro ilustrado y un postre

Entre los primeros libros ilustrados que me gustaron para aprender a dibujar lo que leía estaba La historia del señor Sommer, allá en los noventas.

*Se apoya en su bastón para echar rollo*

Dice la wikipedia en español que La historia del señor Sommer es un cuento corto de Süskind. Yo en cambio digo que es una novela, pues el protagonista (que no es el señor Sommer sino el narrador) pasa por más momentos de anagnórisis (descubrimientos críticos del personaje) y peripecias que las que pasarán los editores de la wikipedia en español en toda su puñetera vida.

Como sea, la editorial Diógenes tuvo la genial idea, cuando publicaron el libro en 1991, de encargarle las ilustraciones de la historia de Süskind a Jean-Jacques Sempé con resultados rifadores.







Y hasta ahí lo que tengo que decir del libro ilustrado. Ahora va la parte del postre.

En la edición de 2013 de La Feria de las Culturas Amigas (si no saben de qué va esa feria péguense un balazo o den click aquí) si uno caminaba hasta el puesto de Países Bajos se iba a encontrar dos cosas notables: una fila perenne de comensales y un aroma a caramelo y mantequilla que tenía los mismos efectos adictivos que la heroína (conozco a alguien que se volvió adicta al grado de echar charcos de baba cada vez que se acuerda del aroma).

Lo que vendían en ese puesto eran stroopwafels (o como yo les digo, stormtrooperwafles), que consisten en dos mini wafles untados con delicioso caramelo y que son el mejor acompañamiento que ha inventado la humanidad para una taza de café o té.




Atención: este producto produce adicción. Mucha.

Cuando se fue la Feria también se fueron los stormtrooperwafles y me resigné a esperar un año completo para intoxicarme probar otra vez esa maravilla holandesa.

Así hasta que un día, mientras veía lo que vendían en el área gourmet del Liverpool de Polanco encontré unas cajitas que estaban ilustradas con dibujos que de lejos se parecían a los de Sempé.



Cuando miré de cerca los dibujos, ví el contenido de las cajitas y tuve un gastrorgasmo: ¡estaban rellenas de stormtrooperwafles!

Los siguientes meses estuvieron complementados con felicidad. Pura felicidad... hasta que el encargado de comprar productos importados en Liverpool la cagoteó y dejó de rellenar anaqueles de stormtrooperwafles y en su lugar puso unas galletas más insípidas que unas MacMa.

Ahora bien, si alguno de uds lectores sabe dónde se venden stormtrooperwafles aquí en México le ruego que pase el dato porque no quiero yo volverme traficante de wafel holandés. Todo indica que es más difícil que traficar mota. O riñones. O riñones con mota.

pd. Si van a poner alguna receta en los comentarios por favor procuren poner una que hayan cocinado, queridos googleadores expertos en todo y buenos para nada.

4 comentarios :

Yako dijo...

Hola Héctor.
Hace años soy lector de tu blog.
Tocas temas muy intersantes que más d euan vez me han hecho reflexionar.
Y pues extrañamente comento porque a mi también me gustan mucho los stroopwafels. Los probé por primera vez allá en el 2011 cuando a mi trabajo llegaron unos holandeses que traían muchos de ellos. El nombre no lo conocía hasta ahora que lo vi en tu blog, te aseguro que si veo donde hay te notifico de inmediato.
Saludos!

Yako dijo...

Por cierto, esta nota salió en un diario local, chance y aún estén ahí:

http://www.vanguardia.com.mx/stroopwafelslasgalletasholandesasquelecambianlavidaajovenesentepito-1901153.html

Héctor Coronado dijo...

Gracias por compartir la nota. Culminó en encontrar a Kuhn el waflero y su changarro Dulcendam. Soy feliz.

Alexander Strauffon dijo...

Oye, seria interesante probar ese postre que pusiste, los stromboliputaschingasmameswafels.