miércoles, noviembre 12, 2014

Marcha y música

El sábado en la noche fui a caminar con los que marchaban por el pronto encuentro con vida de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapa y para repudiar las labores chambonas de la PGR y del Gobierno en turno para encontrarlos. La marcha terminó en el Zócalo con incendio de una puerta del Palacio Nacional por parte de una minoría encapuchada y torpe para encender material flamable, y en detenciones arbitrarias de más de un docena de mirones y paseantes por parte de granaderos.



La marcha había sido convocada el mismo día vía redes sociales para apersonarse ante la PGR, en el 211 de Reforma, a las 20hrs y caminar hasta el Zócalo. Yo me junté a los marchantes cuando se aglutinaban frente a la PGR. Comenzamos a avanzar después de un rato y caminé junto entre toda la bola. Algunos llevaban veladoras. Pasando Insurgentes una media docena de marchantes cambió las veladoras por antorchas. Cuando pasaba ante la fuente de Felguerez ví a un encapuchado gordo poner una pinta en la fuente que decía ¡Los vengaremos! Contuve mi ibarguengoitiafilia y no lo molí a golpes.


Entre consignas, gente lenta para caminar y una valla cada vez más nutrida de apoyo a la marcha de espontáneos cargando cartulinas o coreando, llegué al Zócalo a las 22hrs aproximadamente.

La camioneta con sonido que encabezaba la marcha ya estaba a un lado del asta. Cuando me acerqué, alguien pasaba la lista de los 43 estudiantes desaparecidos. Al terminar, convocó a tumbarse al suelo para hacer un performance de gente tirada en el suelo contando a coro hasta 43 en voz alta.

Esa fue mi participación en la marcha. Cuando terminó el perfomance, me levanté, me dio sed y como no tenía muchas ganas de quedarme a chelear por el centro, me fui a mi casa. Ahí, me enteré que me perdí de las emociones de practicar el deporte de "brinco de granadero chaparro".

Pfff.

Durante las siguientes horas, lo que se comentaba en redes sociales y notas de periódicos era la puerta quemada y la correteada de granaderos. La imagen de una puerta en llamas del Palacio Nacional se convirtió en estandarte para que  zoquetes y tibios, estigmatizaran toda la protesta social.

Supongo que varios se quedaron con esa imagen como visualización del final de la marcha.

En mi cabeza hay otra imagen del final de la marcha.

Al pasar por la esquina de 5 de Mayo y Bolívar me encontré a una chica que tocaba el cello. No reconocí la rola pero me gustó. No era la primera vez que veía a la cellista. Dos fines de semana antes, en la cervecería de la contraesquina, alguien me hizo notar como una patrulla era convocada por un policía para obligar a la cellista a irse con su música a otra parte.

No obstante, la noche de la marcha la cellista tocaba en paz. Ignoro si los disturbios de más tarde la interrumpieron, pero mientras yo caminaba por ahí, ella tocaba sin ser interrumpida por los policías, ocupados redirigiendo la circulación lejos de la marcha.


Una chica tocando el cello sin que llegaran a chingar los policías. Así terminó para mi ese episodio de protesta social.

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