jueves, febrero 12, 2015

Día del evolucionamesta




Hoy es el cumpleaños 206 de Darwin, fiesta anual denominada también El Día del Evolucionamesta. Para celebrar vamos a ver algo de lo que dice Darwin en su Autobiografía (lo que está en negritas es parte de lo que censuraron su esposa y su hijo):
Nací en Shewsbury, el 12 de febrero de 1809. Mi padre, según le oí decir, creía que los recuerdos de las personas de mente poderosa se remontaban, en general, muy atrás, hasta períodos muy tempranos de su vida. No es mi caso, pues mi recuerdo más temprano se retrotrae únicamente a unos pocos mese después de haber cumplido cuatro años, cuando fuimos a tomar baños de mar cerca de Abergele [...]
Más adelante, cuando cuando Darwin cuenta de su asistencia a Cambridge para hacerse clérigo y darle contentillo a su padre que llegó a decir que su hijo "sería una desgracia para sí mismo y la familia", explica:
Ninguna de mis dedicaciones en Cambridge fue, ni de lejos, objeto de tanto entusiasmo ni me procuró tanto placer como la de coleccionar escarabajos. [...] Quisiera presentar aquí una prueba de mi dedicación: cierto día al arrancar una corteza vieja, vi dos raros escarabajos y lo cogí, uno con dada mano; luego vi un tercero de una especie distinta que no podía permitirme perder, así que me introduje en la la boca el que llevaba en la derecha. Pero ¡ay!, el insecto expulsó un fluido intensamente acre que me quemó la lengua, por lo que me ví obligado a escupir aquel escarabajo, que se perdió, lo mismo que el tercero.
Platica del Beagle, de su regreso a Londres, de su matrimonio con Emma, de su paternidad, sus publicaciones (¡hasta tiene un libro de orquideas!), plantea sus creencias religiosas y lo que pensaba de algunos de sus contemporáneos. Al final de su Autobiografía, en el capítulo "Valoración de mis capacidades mentales", dice:
No poseo una gran rapidez de entendimiento o de ingenio, tan notable en algunas personas inteligentes, como, por ejemplo, en Huxley. Por tanto, soy un mal crítico: cuando leo por primera vez un artículo o un libro, suscitan mi admiración y no percibo sus puntos débiles, hasta después de una considerable reflexión. Mi capacidad para el pensamiento prolongado y puramente abstracto es muy limitada: además, nunca habría tenido éxito en el terreno de la metafísica o las matemáticas. Mi memoria es amplia pero imprecisa: para hcer que me muestre cauteloso, basta con decirme vagamente que he observado o leído algo contrario, o favorable, a alguna conclusión a la que estoy llegando, y al cabo de un tiempo soy capaz, en general, de recordar dónde debo buscar una confirmación. En sentido concreto, tengo una memoria tan mala que nunca he conseguido recordar más de unos pocos días una fecha concreta o un verso. 
Algunos críticos han dicho: "¡Oh! es un buen observador, pero no posee un razonamiento poderoso". No creo que sea verdad, pues El origen de las especias es un largo argumento de principio a fin y ha convencido a un número considerable de gente bien dotada. Nadie podría haberlo escrito sin cierta capacidad de razonamiento. Tengo bastante imaginación y sentido común o sensatez como deben de tenerlas todos los abogados o médicos de éxito, pero no más, según creo.
Era, no obstante, muy organizado, meticuloso y fan de tener etiquetada su información y hacer borradores, mapas mentales e índices cruzados (aunque él no los llama así). En el mismo capítulo dice al respecto:
[...] En el pasado solía pensar las frases antes de ponerlas por escrito; pero desde hacer varios años he descubierto que ahorra tiempo garabatear páginas enteras con mala caligrafía y con la mayor rapidez posible, comprimiendo las palabras para luego corregirlas pausadamente. Las frases garabateadas de ese modo suelen ser mejores que las que podría haber hecho sin prisas. 
Dicho esto sobre mi forma de escribir, añadiré que en mis libros más extensos dedico mucho tiempo a la organización general de la materia. Al principio trazo un esquema muy tosco en dos o tres páginas, y luego otro más amplio en varias, en las que unas pocas palabras o una sola representan todo un análisis o una serie de datos. Antes de comenzar a escribir por extenso vuelvo a expandir, y a menudo transformo, cada uno de esos epígrages. Como en varios de mis libros he utilizado con mucha amplitud hechos observados por otras personas, y como siempre me he ocupado de varios temas muy distintos al mismo tiempo, debo mencionar que tengo de 30 a 50 grandes carpetas en armarios con estantes etiquetados en las que puedo introducir enseguida una cita suelta o una nota. He comprado muchos libros, al final de los cuales elaboro un índice de todos los datos relacionados con mi trabajo; o, si el libro no es de mi propiedad, redacto un resumen aparte. Tengo un gran cajón lleno de esos resúmenes. Antes de iniciar cualquier tema, consulto todos los índices breves y elaboro un índice general ordenado; y tomando la carpeta o carpetas adecuadas, tengo lista para su empleo toda la información recogida a lo largo de mi vida.
Es la onda su forma de trabajar y organizar la información.

Cierra con esto:
[...] Independientemente del nivel que haya podido alcanzar, mi éxito como hombre de ciencia ha estado determinado, hasta donde me es posible juzgar, por un conjunto complejo y variado de cualidades y condiciones mentales. Las más importantes han sido el amor a la ciencia, una paciencia sin límites al reflexionar largamente sobre cualquier asunto, la diligencia en la observación y recogida de datos, y una buena dosis de imaginación y sentido común. Es verdaderamente sorprendente que, con capacidades tan modestas como las mías, haya llegado a influir de tal manera y en una medida considerable en la convicciones de los científicos sobre algunos puntos importantes.
pd. Para continuar las celebraciones iré a meterme unos escarabajos en la boca. Chomp.

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