martes, febrero 10, 2015

Sobre el amor

Hace un tiempo, cuando aún tenía chamba y había que fingir que uno "producía", me encontré en Brain Pickings un texto que me gustó de Susan Sontag:

Le pedimos todo al amor. Le pedimos que sea anárquico. Y también le pedimos que sea el pegamento que mantenga a las familias unidas, y que permita a la sociedad funcionar y transmitir valores de una generación a otra. Pero creo que la conexión entre amor y sexo es muy misteriosa (nota controlzape: yo también digo que es misteriosa pero en el sentido de que la mayor parte de los textos que he leído al respecto están más basados en ideología que en hechos). 
Parte de la ideología moderna del amor consiste en asumir que el amor y sexo siempre van juntos. Pueden ir, supongo, pero pienso más bien que eso pasa en detrimento de uno o del otro. Y probablemente el más grande problema de las relaciones humanas es que no van juntos. 
Y a todo esto ¿por qué la gente quiere enamorarse? Eso es lo interesante. En parte, la gente se enamora de la misma manera en la que se sube a una montaña rusa. Lo que me fascina del tema es todo lo que tiene que ver con las expectativas culturales y valores que le inyectamos al concepto.
Pues bien, la pregunta que puse en negritas tiene una contestación insuficiente en el texto de Sontag, así que me puse a buscar más al respecto y dí con este libro:



Click en la imagen para leer el libro

Helen Fisher es una antropóloga con una buena bibliografía sobre el comportamiento amatorio: por qué miramos a quienes nos gustan como los miramos, cuáles son las estrategias societales para bajar chones, en qué se basan los mecanismos de apego para formar parejas y qué ocurre cuándo el apego se convierte en distanciamiento. La autora, examina los procesos de matrimonio y divorcio en 58 sociedades y revisa el adulterio en 42 culturas. Toda esa cantidad de datos y hechos, los pasa por el tamiz de interpretación darwiniana y llega a la conclusión de que mucho de lo que entendemos respecto al sexo y al rol de género está equivocado (por ejemplo, la cantaleta de que las mujeres son más fieles que los hombres es una burrada). Y va más allá: propone que el comportamiento con el que nos regimos para negociar, tener sexo, enamorarnos, casarnos y divorciarnos son muy compatibles con el comportamiento de nuestros ancestros homínidos (quienes a su vez desarrollaron ese comportamiento como estrategia evolutiva).

El pasaje del libro que más me gustó, fue cuando la autora se pone especulativa (pero no a especular a lo guey como hacen esos conspiranóicos, ovnilocos, etc, sino especulativa basada en hechos) e imagina cómo debió ser amar para Lucy, la autralopitecus afarensis cuyos restos fósiles se encontraron en 1974 en Etiopía:

El animal humano parece impulsado por una corriente de sentimientos que se entrelazan y fluyen de acuerdo con un compás interno, un ritmo que surgió cuando nuestros antepasados bajaron de los árboles que estaban en rápida desaparición en Africa y desarrollaron un ritmo en sus relaciones que estaba sincronizado con su ciclo natural de reproducción. 
Es probable que haya flirteado con los muchachos que conocía cuando, a comienzos de la sequia, se congregaban los diferentes grupos.Y es posible que se haya enamorado de alguno que le regalaba carne. Puede haberse acostado junto a él entre los matorrales para besarse y abrazarse y luego haber permanecido despierta toda la noche, eufórica. Mientras ella y su amigo especial recorrían juntos la llanura buscando melones, bayas y carne de antílope fresca, debe de haberse regocijado. Cuando se abrazaban para soñar juntos, probablemente sentía el calor cósmico del apego. Tal vez se aburrió a medida que pasaban los dias, y conoció la alegría de escaparse al bosque para copular con otro. Probablemente se sintió muy triste cuando ella y su compañero se separaron una mañana para integrarse a grupos diferentes. Y luego volvió a enamorarse. 
No me sorprende que sintamos con tanta intensidad. Después de todo, la reproducción es el objetivo principal de todo organismo. La naturaleza habría hecho mal las cosas si no nos hubiesa provisto de mecanismos poderosos que nos hicieran reproducir una y otra vez. 
¡Que programación más asombrosa! La desgarradora pasión del enamoramiento, la profunda intimidad del apego, la seductora inclinación a la infidelidad, el tormento del abandono, la esperanza de una nueva pareja: los hijos de los hijos de los hijos de Lucy habrían de legarnos, a cada uno de nosotros y a través de las eras y de los laberintos del azar y las circunstancias, la semilla de la mente humana. Y de esta historia evolutiva surgiría la lucha eterna del espíritu humano: la inclinación a casarnos, a ser infieles, a divorciarnos y a formar nuevas parejas. 
No es de extrañar que rindamos culto al amor. No es de extrañar que tantas personas hayan conocido el dolor de un corazón destrozado. Si el amor es un proceso cíclico del cerebro humano que evolucionó para generar la variedad en nuestra especie, la pasión romántica debe ser poderosa, y pasajera.
Eso.

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