martes, diciembre 22, 2015

El Teatro Morelos

Cuando los Rebambaramba se enteraron de que me mudaba yo de la Cd. de México a Cuernavaca me miraron como si les hubiera anunciado que me iba a vivir a la Antártida.

- En Cuernavaca no hay nada qué hacer - dijo Matías Rebambaramba.

- Te vas a aburrir - dijo Fabián Rebambaramba.

- Lo único bueno de Cuernavaca es que está cerca del D.F. - dijo Matías.

- Y la Cineteca te queda en corto - dijo Fabián.

- Vas a poder seguir viendo cine de haaarte - dijeron los dos.

Los Rebambaramba pronuncian arte como quien ya se hartó de él. Intuyo que es porque en lugar de disfrutarlo viven en la histeria de que no les falte ese ingrediente para alimentarles el espíritu, hacerlos mejores personas, reinvindicar su superioridad moral y noséqué más idioteces.

- Necesito conseguirme otros amigos o volverme ermitaño - pensé.

Cuando vivía en el D.F. no era de los que iba a la Cineteca a cada rato pues me daba hueva el trayecto. El cine que no consistía en blockbusters lo veía yo en un Cinemex en Río Guadalquivir en la Cuauhtemoc, (antes Lumiere Reforma y antes de eso, Elektra) que me quedaba cerca. Ahora que vivo en Cuernavaca, puedo seguir viendo películas "de haaarte" sin tener que salir de la ciudad y sin tener que soplarme los anuncios de los bandidos de Grupo México, en un lugar que se llama Cine Morelos, que es un edificio céntrico al que los taxistas más añejos de por aquí insisten en corregirle el nombre a Teatro Morelos (sí también sirve de teatro pero pasan más cine que dramas de gente vestida con cortinas).

- Han de pasar puras cosas horribles - quizá piensen despistados los Rebambaramba.

No. Pasan cosas geniales. Por una cuota de recuperación de 25 pesillos por función y en ocasiones por nada (hay funciones de entrada libre) he podido ver lo siguiente, últimamente:

Asteroide: Estreno de entrada libre, con presentación de productor y director. Es una película filmada en Cuernavaca que trata de las relaciones contraproducentes de dos hermanos que recién se encuentran y que aún viven con la culpa no resuelta de un accidente en carretera donde falleció uno de sus amigos. Los protagonistas se mueven y hablan con languidez de vecinos de la Roma o de la Condesa: como en arenas movedizas. Al terminar la película, el director explicó que quería hacer contar una historia que retratara la relaciones de conflicto y no las relaciones idílicas entre familiares. La idea fue bien ejecutada, aunque no tenga la novedad que pretendía vender el discurso del director.

Una chica regresa sola a casa de noche: Película a blanco y negro donde los personajes hablan en farsi y que culmina con romance de vampira empoderada y combatiente del heteropatriarcado y chico de Bad City, una ciudad que se parece a Ecatepec, nomás que con campos petroleros y refinerías. Mi escena favorita es donde la vampira conoce al protagonista, disfrazado de Drácula, quien está perdido en viaje postfiestero y al que le da ride a su casa sentado en patineta.

Cuetlaxóchitl: Este es un corto cuyo cartel decía que era documental y que a la hora de verlo resultó ser un musical. Cuenta de manera muy resumida el mito prehispánico de la flor de nochebuena y los procesos actuales de cultivo en los viveros de los productores de la flor. El musical me recordó a los spots turísticos del Estado de Morelos que pasan en los camiones que vienen a Cuernavaca pero, a diferencia de esos, tiene la virtud de contar con la participación de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Quebrantadero y suena bien. El punto bajo de esta ida al cine fue el discurso "de la autoridad" que duró más que la proyección.

Mirar morir: Esta película de Coitza Grecko es de esas que, a diferencia de las que maman del discurso oficialista, señalan con dedo certero las responsabilidades del Ejército en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa en Iguala y la investigación correspondiente realizada al vapor por la PGR de Murillo Karam. Es el documental del tema en el que he visto que pasan más tiempo entrevistando a los estudiantes supervivientes del ataque orquestado por el narcoestado en que se ha convertido Guerrero. Si dieran premio a las películas por la indignación que causan los hechos criminales documentados, Mirar Morir sería premiada. Al terminar la proyección, entre otras cosas, dijo mutatis mutandis Temoris Grecko (reportero y productor), "Vivimos en emergencia nacional y lo peor es que no lo queremos ver y donar al Teletón no basta."

Y esas son algunas de las películas que he visto en el Morelos.

pd. Llegar de mi casa al cine Morelos es una experiencia que me ofrece emociones que una ida a la Cineteca no tiene. Hay que subir a una unidad de transporte colectivo (rutas, les dicen acá) que suelen ser conducidas por señores que no temen a infracciones (ni siquiera a las de ley de la inercia) y cuya temeridad puede uno apreciar en las pendientes de bajada de las calles precipitosas de Cuernavaca, yendo en dirección al fondo de alguna de las barrancas de la ciudad. Es como ir al cine montado en carrito de montaña rusa.

¡En su cara, rebambarambos de cineteca!

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