lunes, julio 04, 2016

Lecciones del primer semestre del diplomado

En noviembre del 2015 vi la convocatoria para ingresar al Diplomado de la escuela de escritores Ricardo Garibay en Cuernavaca y se me dio la gana inscribirme. El proceso, más simple que en la SOGEM, consistió en mandar un texto de 2 cuartillas y esperar a que le gustara a quiénsabe qué comité dictaminador. En la segunda semana de febrero, cuando ya me preguntaba si no sería mejor ponerme una corbata y escribir casos de uso y escenarios de prueba, me llamaron diciendo que había sido aceptado.

A los pocos días de iniciado el semestre, me dieron mi hoja de aceptación oficial al diplomado. El dictamen contenía la siguiente frase críptica: "Tendrá que trabajar mucho para mejorar su proceso creativo."

- ¿Se habrán dado cuenta que soy un vulgar robatuits? - pensé.



El texto que entregué lo escribí para la ocasión. Trata sobre una palmera que se quiere comer a un niño. El niño logra escapar y cuando es adulto va con una motosierra a tumbar a la palmera. Al final, después de una gran tormenta, no queda ni protagonista ni palmera, sólo queda un diario: muy Poltergeist pues, aunque yo me inspiré en la sombra que proyecta una palmera vecina sobre la pared de mi cuarto. Nací sin pudor y no cierro las cortinas, entonces en las noches de viento y relámpagos veo las palmas, largas y flexibles, que se mueven como falanges dispuestas a atrapar al despistado más a la mano.

Este semestre que terminó en junio pasado, cursé junto con una veintena de alumnos las siguientes materias: Literatura infantil, Autobiografía, Novela, Filosofía de la literatura, Lectura comentada, Narrativa visual y Microficción. De esas la más instructiva fue Autobiografía, la que fue una total pérdida de tiempo fue Novela y las que más me gustaron fueron Microficción y Literatura infantil.

"Trabajar mucho para mejorar mi proceso creativo" se tradujo en varias tareas que hice sin gran pena, sin ninguna gloria, con cierto esfuerzo y que me enseñaron mucho. Menciono algunas de las más notables. Las 2+ cuartillas por clase de autobiografía aplicando los biografemas que les aprendíamos en sus respectivas autobiografías a los premios Nobel hispanos, más la retórica que nos enseñaba la maestra sudaca, fueron un buen ejercicio de resistencia. El libro álbum para la clase final de Literatura Infantil fue un reto de claridad y narrativa visual que debo corregir aún mucho (gracias libro de Narrativa Gráfica de Will Eisner comprado hace décadas en Comicastle). Añado que en esa clase me quedó claro que la literatura infantil no es subgénero ni es ejercicio literario menor. También fueron muy instructivas las discusiones para aprender a comentar textos usando análisis literario en la materia de lectura comentada. Los ejercicios hechos en casa y en clase del taller de microficción a partir de otros microrelatos fueron un desafío chido de concisión.

Este semestre hasta aprendí a reconciliarme con Platón en filosofía de la literatura. ¿Quihúbole?

Además, hubo varias actividades extracurriculares: conferencias e invitaciones para ir a leer nuestros textos. De las conferencias las más chidas fueron una con Juan Gregorio Regino, en la que oímos poesía en mazateco y español; otra con Zaira Espíritu, en la que aprendí a distinguir arte moderno y contemporáneo, y finalmente una con Ana Clavel, donde en 90 minutos aprendí más sobre escribir novelas que en las 10 sesiones de 3 horas de pura anécdota bleh de la clase de Novela.

De las invitaciones para ir a leer textos y a platicar sobre escribir, la que me gustó más fue la que me hicieron a la Biblioteca Vagabunda. La Vagabunda es un proyecto que lleva ochos años realizándose y consiste en llevar a todos los municipios de Morelos un remolque que se convierte en una sala de lectura muy cómoda para estar. A mí me tocó ir a Huitchila en Tepalcingo, en el ombligo del Estado, a platicar con niños de primara. Conocí a gente chida (aplausos muchos y sonoros al coordinador y a las talleristas que hacen funcionar la Vagabunda y a los anfitriones en la Feria Cultural de Huitchila). Fue genial ver a niños participar en un cadáver exquisito que incluía dinosaurios, perros y zombies. Participar en La Vagabunda es una experiencia que repetiría gustoso.

El último día de clases del semestre hicimos un simposium de pisco, cerveza, palomitas y tacos. Platiqué con una alumna lista y otro compañero y discutimos sobre lo que nos parecieron las materias. Coincido con alumna lista en que en un extremo estuvo Autobiografía y en el otro Novela. Si tuviera que hacer un simil diría que la diferencia es la misma que hay entre una manguera para extinguir incendios en rascacielos y un gotero sin agujero. En ese simposium también expuse mi hipótesis de que los dictámenes que nos entregaron este semestre a los de nuevo ingreso, los sacó el "comité dictaminador" de una tómbola.

En conclusión, el diplomado de la Escuela de escritores Ricardo Garibay ha de ser la única experiencia curricular de toda mi chingada vida que sí quiero concluir. Faltan otros tres semestres.

pd. "Trabajar mucho en el proceso creativo" no fue la frase más críptica que recibí este semestre: esa distinción la tiene la frase "Sálganse del cuadrito". Hasta la fecha, los que la oímos ignoramos si es consejo sobre pintura, decoración, arquitectura, coloreado, autoayuda, control de plagas, todas las anteriores o qué.

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